CAPITULO 5. Ciudadanía civil. Universalizar la aristocracia
De ser el gobierno de los aristoi, de los mejores, la aristocracia ha caído en un claro declive. Y sin embargo, la necesidad de una cierta aristocracia ha ido surgiendo en los diferentes campos de la vida social. En 1983 Peters y Waterman publicaron el libro En busca de la excelencia, expresivo de las aspiraciones del mundo empresarial, preocupados por superar la mediocridad y situarse entre los mejores. Lo cierto es que la fuente principal de la riqueza de los pueblos es la cualificación de los que en ellos trabajan, la calidad de sus recursos humanos. Se pide calidad en todo, productos, información, profesionales, lo que está fuera del alcance de los mediocres. Los profesionales aspiran a la virtud, a la areté, como excelencia del carácter. No contentarse con la mediocridad, aspirar a la aristocracia, no de unos pocos, sino de todos los que se esfuerzan por realizar mejor su tarea profesional. La actividad profesional es una actividad social. De los profesionales se espera que no ejerzan su profesión solo por afán de lucro. En la sociedad se ha producido un cambio de conciencia moral social, que hace que deba ejercerse una profesión de manera acorde a la conciencia moral de su tiempo. La opinión pública no está ya formada por los ilustrados, como en la época de Kant, sino por aquellos "ciudadanos cívicos" capaces de preocuparse por las cuestiones que afectan a todos. La opinión pública civil está formada por asociaciones voluntarias, no estatales y no económicas, que arraigan las estructuras comunicativas de la opinión pública en el mundo de la vida. Por otro lado, el principio de la ética discursiva (Habermas), afirma que toda persona es un interlocutor válido y ha de tenerse en cuenta su opinión al decidir normas que le afecten.