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Banco Bibliográfico > EL NIÑO DESOBEDIENTE > Capitulo 2 : ¿Por qué mi hijo es desobediente?

CAPITULO 2. ¿Por qué mi hijo es desobediente?

La conducta de un niño -como la de un adulto- depende en gran medida de las consecuencias que esa conducta produce para uno mismo y para los demás. Los comportamientos que provocan consecuencias positivas tienden a repetirse en el futuro, mientras que las que producen consecuencias negativas tienden a hacerse menos probables. Las consecuencias positivas que siguen a una conducta se conocen como reforzadores, dado que ayudan a reforzar una conducta. Una conducta se puede reforzar positivamente (con un premio o recompensa, sea de tipo material -juguete, dulce- o social -elogio, atención-), a lo que se llama reforzador positivo o negativamente, poniendo fin a una situación desagradable, lo que produce un alivio, y entonces nos hallamos ante un reforzador negativo. A la hora de educar a un niño es imprescindible tener presente la importancia del reforzamiento en la conducta. Es difícil que un niño se porte bien solo porque es su deber. Si la conducta positiva se refuerza se mantendrá, mientras que si no se refuerza se extinguirá. Se pueden utilizar muchos tipos de reforzadores: 1) los reforzadores materiales o tangibles (dulces, juguetes, dinero, etc.). 2) Los reforzadores de actividad (jugar con los amigos, ver la Tele, dibujar), 3) Los reforzadores sociales (elogios, sonrisas, prestar atención abrazos). 4) Los reforzadores cambiables: fichas o puntos que después pueden canjearse por un reforzador material o de actividad. ¿Qué tipo de reforzador es mejor utilizar? Depende de las circunstancias, pero de manera general puede decirse que los reforzadores materiales y los de actividad son los más potentes, por lo que es aconsejable utilizarlos en los primeros momentos del aprendizaje de una conducta, y han de cambiarse para que no produzcan saturación o aburrimiento. Cuando se utiliza un reforzador de este tipo debe ir acompañado de un reforzador social, para poco a poco poder suprimir el material y sea el reforzador social el que mantenga la conducta. El efecto saciante puede evitarse con el reforzador cambiable-fichas, puntos- el material debe ir acompañado del social para que sea éste el que después de un primer momento sea suficiente. A la hora de aplicar los reforzadores es preciso tener en cuenta algunos principios fundamentales:

1.- Es más eficaz cuando se administra inmediatamente después de la conducta que queremos reforzar (especialmente si se trata de niños pequeños).
2.- En las primeras fases del aprendizaje debe aplicarse de forma continua, cada vez que el niño observe la conducta a lograr.
3.- En un primer momento el niño debe conseguir mucho refuerzo con poca conducta, que le sea fácil conseguir el refuerzo (para que se anime).
4.- Cuando una conducta es compleja, hay que reforzar cada uno de los pasos de que se compone, y no esperar a que la conducta se de en su totalidad.
5.- Cuando la conducta se aprende y se da con cierta frecuencia, conviene dejar de reforzarla de forma continua para pasar a reforzarla de forma intermitente.
6.- Todos, tanto los niños como los adultos, necesitamos el refuerzo y la aprobación de los demás, si el niño no es reforzado perderá interés y su conducta y desarrollo pueden presentar deficiencias.

Las consecuencias negativas que siguen a una conducta reciben el nombre general de castigos. Existen dos formas de penalizar una conducta: haciendo que la conducta vaya seguida de un estímulo o situación aversiva (cachete, azote, burla), que es lo que se conoce como castigo positivo, o haciendo que la conducta vaya seguida de una retirada de una recompensa que el niño había conseguido previamente ("si pegas a tu hermana te quedarás sin ver la tele, o sin la paga"), es el castigo negativo o costo de respuesta. Para que este tipo de castigo sea eficaz debe ser intenso, de corta duración y aplicarse nada más realizarse la conducta que queremos eliminar. ¿Qué sucede cuando una conducta no produce ninguna consecuencia? Lo más probable es que se produzca la extinción de la conducta, en especial si antes se había reforzado. En ocasiones, la misma conducta tiene consecuencias diferentes e incluso contradictorias. A veces el niño lo puede entender (puede jugar al fútbol en el patio, pero no en el salón), pero otras veces no entiende porqué haciendo lo mismo unas veces es premiado y otras ignorado. También puede que haya desacuerdo entre el padre y la madre, si esto ocurre el niño no puede aprender a comportarse, porque no puede saber que consecuencias va a tener su conducta, lo que le genera desconcierto e inseguridad. Patterson (1982) enfatiza el papel del refuerzo negativo en las conductas coercitivas e inadecuadas no sólo por parte de los niños sino también por parte de los padres. A veces un niño que chilla o grita o llora consigue lo que quiere más fácilmente que si lo pide, lo que reforzará su mala conducta. O se presta más atención -un potente reforzador- a la conducta negativa que a la adecuada. La conducta del niño es el resultado de una compleja interacción de factores que es preciso tener en cuenta.

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