CAPITULO 6. La virtud cívica en el trabajo: los sindicatos como semilleros de virtudes cívicas.
El autor estudia el papel de los sindicatos en la sociedad americana. Desde los años 50 ha habido un descenso lento pero sostenido de las afiliaciones a sindicatos en EEUU. La mayoría de los americanos cree que los sindicatos son importantes, que hacen más bien que mal y que sin sindicatos los empleadores abusarían de los empleados. La mayoría cree también que los trabajadores deberían tener derecho a pertenecer a sindicatos. Sin embargo, esta aprobación de la función de los sindicatos no lleva a votar o a participar en ellos. En las encuestas, sólo 3 de cada 10 trabajadores dicen que se afiliarían a un sindicato si existiese uno en su lugar de trabajo. El declive de los sindicatos se produce al mismo tiempo que el de otros tipos de asociaciones o instituciones mediadoras en EEUU. Aunque la participación de los americanos en asociaciones voluntarias es muy elevada, en muchos casos se reduce a pequeñas aportaciones de dinero. Algo similar sucede con la religión: los americanos conceden mucha importancia a la religión, pero no a la asistencia a los servicios religiosos o la pertenencia a una iglesia. Muchos americanos creen que pueden ser buenos judíos o cristianos sin participar en sus iglesias. Aproximadamente la misma proporción de americanos creen que las funciones de los sindicatos en la sociedad son positivas y que no necesitan un sindicato para ser tratados de manera justa en su trabajo. En conjunto, el autor considera que los americanos han dejado de ver la necesidad de las instituciones mediadoras.
Las comunidades tienen una función normativa, de manera que las comunidades que funcionan bien son un bien importante. Desde esta perspectiva, comunidades y asociaciones funcionan para el individuo, y sin embargo el bien social es prioritario ante el bien inividual. Si el bien común no está por encima del individual, no puede obtenerse un bien para el individuo dentro de una sociedad. Los americanos han llegado a creer comúnmente, según el autor, que “los individuos son seres soberanos investidos de derechos que existen independientemente y a pesar de cualquiera que sean los acuerdos o las estructuras de la sociedad”. Por lo tanto, las asociaciones de cualquier tipo han llegado a considerarse instrumentalmente, para satisfacer desesos de sus miembros, que suelen ser deseos de compañía o de poder económico y político. Estas perspectivas anulan las ideas de deber cívico, de responsabilidad pública y de vida política completamente. El error fundamental consiste en creer que la asocación se basa en la identidad, que el individuo y el grupo al que se asocia se reflejan y se reafirman entre sí.