CAPITULO 7. Ecologías sociales y naturales: Similitudes y diferencias.
El autor indica que actualmente existe un prejuicio muy extendido a favor de lo natural y en contra de lo social. Se consideran los entornos y los sistemas naturales un ejemplo de organización compleja del que se extraen conclusiones para resolver problemas de los entornos sociales. La preocupación en el campo social es respecto de los derechos individuales, y no tanto de las condiciones sociales que permiten crecer a las personas. Por este motivo, el autor cree que es necesario desarrollar modelos sobre el funcionamiento de los sistemas sociales, no imitando los modelos de las ciencias naturales o aplicándolo directamente sobre los problemas sociales. No se trata de si los fenómenos sociales tienen causas biológicas o naturales, sino de desarrollar una ecología social distintiva, ya que los seres humanos tenemos carácterísticas diferentes de las de otros seres de la naturaleza, fundamentalmente dos: pensamos y elegimos.
Las similitudes entre las ecologías sociales y naturales son la interdependencia, la fragilidad, la adaptabilidad y la necesidad de atención o de cuidado. Estos cuatro aspectos semejantes entre la naturaleza y la sociedad adquieren su sentido en esta última cuando se establece algún tipo de criterio compartido sobre el propósito y el significado de la vida humana. Los aspectos que dificultan las analogías entre ecologías naturales y sociales son: las normas que regulan el comportamiento de los organismos en entornos naturales no necesitan conocerlas estos organismos, por muy complejas que sean, el estado de la comprensión científica de los fenómenos naturales impide considerar seguros muchos de los conocimientos, y la velocidad de cambio de los sistemas sociales y los sistemas naturales es diferente.
El autor considera que en el próximo ciclo ideológico (sobre las políticas públicas), se desarrollarán programas que exijan más de los ciudadanos a cambio de lo que la sociedad da, para lo que es necesario conocer mejor a la persona: cómo responde a las alternativas, qué creencias motivan su comportamiento, cuándo son egoístas y cuándo altruistas, y cómo comprenden el “contrato” que tienen como individuos con la sociedad en su conjunto. Para ello, el autor considera que no son suficientes las analogías con el comportamiento animal, sino que debemos partir de dos realidades: existe una ecología social de la que el individuo no puede separarse nunca, ya que vive junto a otras personas y, ya que cada individuo tiene su propio pensamiento, esta ecología social sólo puede comprenderse y orientarse cuando los ciudadanos logran comprenderla correctamente y en sus propios términos.