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Banco Bibliográfico > CUANDO LOS PADRES SE SEPARAN > Capitulo 2 : ¿DECIR O NO DECIR?

CAPITULO 2. ¿DECIR O NO DECIR?

¿Cuándo y cómo debe anunciarse al niño el divorcio? Lo esencial es que los niños estén al corriente de lo que se prepara al comienzo del trámite y de lo que se decide al final del mismo, aunque se trate de niños que aun no caminen. Asimismo, deben conocer que, el hecho de que la justicia haya reconocido como válido el divorcio de sus padres, no supone que éstos estén eximidos de sus deberes hacia los hijos. Debemos partir de que un divorcio es algo tan “honorable” como un matrimonio, si bien el silencio que normalmente se produce alrededor de aquél lo convierte para los niños en algo malo en una “cochinada”. Sin embargo, es evidente que no es fácil para los padres hablar a sus hijos abiertamente sobre el divorcio. También los padres necesitan ayuda para poder humanizar su separación, explicarla con palabras y no guardársela para sí mismos en forma de una angustia inexplicable. En los divorcios, hay quienes no necesitan de la ayuda de una tercera persona, pero son pocos. En las situaciones pasionales, si no hay un tercero, no se puede dialogar. Por eso sería deseable que, antes de presentar la demanda de divorcio, los cónyuges tuvieran la posibilidad de expresar, en presencia de un tercero, las razones por las que no ven otra salida que la separación. Es en ese momento cuando podrán anunciar a los hijos que el desacuerdo es realmente muy serio y no tiene otra solución. En tal momento, los hijos deberán soportar el trance junto a los padres. ¿Deben los padres manifestar, en el momento de comunicar el divorcio a sus hijos, que no lamentan haber tenido tal hijo? En efecto, es muy importante, pues de lo contrario el niño puede creer que no sólo anulan sus propios acuerdos, sino también el amor que tienen por él. El niño necesita que cada uno de sus padres le diga: “no lamento haberme casado, aunque divorciarse sea difícil, porque tu naciste y es porque a los dos nos hace falta tu existencia, por lo que peleamos por poseerte más”. Algunos autores opinan que es necesario explicar al niño los motivos del divorcio: “tu padre bebe”, “tu madre...”, “nos peleamos...” Françoise Dolto opina que cualquiera de estas razones, alegadas por cada uno de los padres por separado, son siempre falsas razones. Hay que tener en cuenta que el niño ve simplemente que sus padres se pelean, pero al contrario de lo que mucha gente cree, las peleas no son razón de divorcio; lo que es motivo de divorcio es que cada cual quiera recobrar su libertad, sin tener que escuchar las críticas del otro; ya no hay amor y, sobre todo, ya no existe el deseo que hace que dos seres, a pesar de los frecuentes desacuerdos, permanezcan juntos. Todas las justificaciones del divorcio son, como hemos dicho anteriormente, falsas justificaciones. Pero lo que se puede decir a un niño, es que cada uno de sus padres ha asumido su responsabilidad por separado. No obstante, hay que tener en cuenta que después del divorcio a los niños les resulta difícil ver a sus padres en sosegada charla en restaurantes o cafés donde se encuentran, en reuniones familiares, donde los padres parecen, como ellos dicen “quererse bien”. Por tanto hay que darles respuestas concretas para que comprendan este sentido de la responsabilidad asumida por cada uno de los padres con posterioridad al divorcio, aun cuando todavía no puedan comprender esta responsabilidad en toda su dimensión. En todo caso, el anuncio del divorcio siempre debe realizarse por los dos padres y dando tiempo a los niños a que asuman la nueva situación. También es importante que el niño sepa que el divorcio es siempre un mal menor. ¿Hay un momento particularmente delicado de la vida del niño en el que los padres tendrían que aplazar cualquier trámite de divorcio? Con carácter general sí, durante la etapa de la primera infancia hasta los cuatro años cumplidos; pero en determinadas situaciones este período puede prolongarse hasta los 11 ó 12 años. En estos casos es importante que los padres acepten convivir en situación “socioamistosa”, que es lo contrario de la hostilidad; ello no implica obligatoriamente que duerman juntos y que ambos estén siempre presentes en el hogar, pero sí que ambos se interesen por cada uno de sus hijos y no dejar que su papel sea desempeñado por otros.

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