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Banco Bibliográfico > CUANDO LOS PADRES SE SEPARAN > Capitulo 3 : FUNCION POSITIVA DE LOS DEBERES

CAPITULO 3. FUNCION POSITIVA DE LOS DEBERES

¿No tenderá el niño a creer que el progenitor a quien se asigna la tutela (progenitor continuo) fue mejor considerado por el juez o que este padre es el que tiene razón y el otro (progenitor discontinuo) no y por eso se le castiga? El juez debería recibir a los niños y explicarles el por qué de su decisión, que a veces puede suscitar interpretaciones falsas tanto en los padres como en los hijos. En el niño menor de 4 años hay una tendencia a asignarlo a la madre, sobre todo si ha sido ella la que se ha ocupado del niño desde que nació. Pero, como ya se ha señalado, lo que el niño más necesita es el sitio en el que ha vivido hasta entonces, pues este lugar es para él una especie de “mamá”, una especie de envoltura de su seguridad. Cuando el otro cónyuge quiere ver al niño pequeño, debería hacerlo en el mismo marco donde el niño vive habitualmente. En principio, a partir de los 5 años sería mejor que el padre y la madre tuviesen, cada uno por su lado, su propia vida afectiva y sexual, con el fin de que el hijo no se vea obligado a considerarse a la vez como el hijo y el cónyuge de su padre o de su madre, lo cual bloquea su estructura dinámica. Pero en el caso en que padre y madre permanezcan solos, sería preferible que el varón, a partir de los 5 ó 7 años, si sufre de algún retraso afectivo, fuera a vivir con su padre; en cuanto a la niña, debería vivir con su madre, pero a condición de que ésta no se aboque por entero en su hija, ofreciéndole una imagen de mujer víctima, pues tal imagen dificultaría la evolución de la niña. De todas maneras, sería preferible que, después de la separación, hubiese en casa un adulto de cada sexo; de lo contrario puede producirse en el niño un tipo de hemiplejía simbólica. No obstante, esta situación puede compensarse si el niño dispone de una familia amiga cuya casa puede frecuentar y de los que la madre o el padre no se sientan celosos. ¿Es preferible confiar todos los hijos al mismo progenitor o separarlos? Hay que ver cada caso pero, en general, cuando los niños son pequeños, lo legítimo es no separarlos. Cuando crecen, no siempre es cierto que necesiten vivir juntos. Incluso en algunos momentos puede resultar beneficioso para su propio desarrollo que unos vivan con el padre y otros con la madre. ¿Cómo deben articularse las visitas? Después de una separación es evidente que el niño tiene necesidad de estar con sus dos progenitores. Es evidente que el padre “continuo” es el que más tiempo pasa con el hijo, pero en ningún caso aquél puede decidir sobre las visitas que el padre “discontinuo” haga a su hijo. Hay que tener en cuenta que aunque normalmente hablemos del “derecho” de visita del otro progenitor, visitar a su hijo es un “deber” absoluto, por lo que nadie puede interponerse ante el deber de otro. Si se evita la relación con el otro progenitor, se producirá en el niño una enorme inseguridad en el futuro. Hay veces que en el niño se producen reacciones psicosomáticas en el momento de las visitas del progenitor discontinuo. La emoción al ver al padre a quien no ve habitualmente, puede hacer al niño vomitar; esto es una reacción psicosomática. Se trata de una forma de lenguaje y en absoluto tiene que ser un rechazo al progenitor discontinuo; este fenómeno no es atribuible a las personas en concreto, sino a la peculiaridad de la situación (la situación se puede producir de igual forma tanto con el padre como con la madre, si es ésta la progenitora discontinua). En todo caso, parece importante que cuando un niño tenga una reacción de este tipo, el progenitor con quien habitualmente convive, ese día le diga: “hoy no puedo estar contigo porque es el día en que te debes a tu padre (o a tu madre)”. El padre continuo debe respetar ese momento y ese espacio no estando junto al niño ese día, aunque éste se niegue a ver a su otro progenitor o aunque sea éste el que no se presente. No se trata de liberar al padre continuo, sino de que el propio hijo cumpla con su “deber” de hijo de una pareja”. ¿Pierde el niño sus puntos de referencia si el padre discontinuo no cumple con su deber de visita en días establecidos y conocidos por él? No es claro si es necesario que haya días fijados, pero en todo caso, deben ser días que el niño conozca previamente. El debe saberlo por anticipado y la fecha debe ser respetada. Todos los niños necesitan seguridad de espacio y tiempo, que son los referentes de un ser humano vivo. Si los padres no van a verles en la ocasión prevista, tal hecho debe explicarse al niño mediante palabras. Hay veces que las visitas físicas resultan difíciles por diferentes motivos (el trabajo de los padres, las obligaciones escolares de los niños o la distancia física por vivir en ciudades diferentes). Debe tenerse en cuenta que también puede utilizarse el teléfono aun con niños muy pequeños. Sería conveniente que el padre continuo tolerase comunicaciones telefónicas entre su hijo y el otro progenitor, cualquiera que sea la edad del primero; de lo contrario, el niño podría sentirse desgarrado. Es conveniente que el padre y la madre se pongan de acuerdo acerca del valor de las comunicaciones con el niño y su frecuencia. La regularidad es más importante que la frecuencia. Si el padre incumple lo acordado, el niño permanece a la espera de algo que no se produce y, para un niño, nada es más terrible que una promesa incumplida. ¿Cómo puede un niño reaccionar ante la custodia alterna (se le confía por igual a cada uno de los padres)? Cuando el niño es pequeño no puede soportar la custodia alterna sin que su estructura se resienta. La reacción más común es el desarrollo de un temperamento pasivo. El niño pierde el gusto por la iniciativa, tanto en su actividad escolar como en el juego. Así pues, hasta los 12 ó 13 años, la tutela alternada es nefasta para los niños; y a partir de esta edad, damos por supuesto que dicha alternancia nunca debe suponer un cambio de colegio. Esto sería extremadamente nocivo, porque no hay entonces ni continuidad afectiva, ni espacial, ni continuidad social. Respecto a las guardas alternas, también hay que tener en cuenta que los padres pueden tener principios educativos muy diferentes, aunque en niños de 12 ó 13 años esto ya plantea muchos menos problema, ya que su base educativa ya está formada. En todo caso, siempre hay que valorar cada una de las situaciones, no se puede generalizar.

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