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Banco Bibliográfico > CUANDO LOS PADRES SE SEPARAN > Capitulo 6 : EL TRABAJO DE LA CASTRACIÓN

CAPITULO 6. EL TRABAJO DE LA CASTRACIÓN

Podríamos decir que el término desorientación para definir la situación de un niño cuyos padres están divorciados, es un término muy acertado; los niños no saben cómo orientarse de cara a su futuro. Por otra parte, el hijo de padres divorciados es fácil que se sienta culpable. El niño se siente el centro del mundo; cuando ocurre algo que le hace sufrir o que hace sufrir a alguien, cree ser él el agente desencadenante. Si se tienen ocasión de escuchar a un niño que se siente responsable del divorcio de sus padres, habría que decirle: “No es cierto que tus padres se hayan separado por tu culpa; tu no eres la causa; tu cumplías tu rol de hijo comportándote como tal, pero ellos no eran lo suficientemente maduros como para tener un hijo entre ambos o, simplemente, no supieron cumplir su rol de padres”. Sin embargo, también el divorcio puede ser un factor de maduración. Cuando los padres han asumido su divorcio de forma responsable y ellos mismos han madurado, el niño, a pesar de estas difíciles pruebas, puede conservar el afecto por su padre y por su madre. Es notable observar hasta qué punto ciertos hijos de divorciados avanzaron en su maduración social y en su autonomía. En la actualidad, dos tercios de los divorcios son solicitados por las mujeres y los motivos frecuentemente aducidos son el alcoholismo y la violencia del marido. Según Françoise Dolto, muchos divorcios a causa del alcoholismo del hombre provienen, en gran medida, de que la mujer quedó capturada en la maternidad. Cuando el hijo nace, el hombre se siente abandonado de los tratos maternales inconscientes que encontraba antes en su mujer; por su parte, la mujer abandona a su hombre, quien se pone a beber porque le es necesario algún consuelo. Por esto, piensa la autora que son las mujeres quienes hacen alcohólico al hombre. También opina que las madres que continuamente se quejan de sus hijos pueden contribuir a convertirlos progresivamente en alcohólicos. Son madres que durante la infancia estuvieron muy apegadas a sus hijos, siendo casi sus esclavas y sirvientas; al final, el hijo varón se convierte en el verdugo de su madre; sin embargo, es ella la que le volvió así. Ciertos tipos de divorcio con conflicto modifican en el hijo el valor de modelo y de credibilidad del adulto. Por ello, hay veces que cuando un divorcio se convierte en algo muy conflictivo, la mejor solución sea confiar al hijo durante un ciclo lectivo a una familia sustituta o, incluso, llevarlo a un internado hasta que se calmen los encendidos ánimos de los cónyuges. Naturalmente, es necesario conversar con el niño y explicarle que, de todas formas, esa atmósfera de crisis aguda no le conviene y que es por ello por lo que han tomado esa decisión. Es importante que los hijos de padres divorciados, antes de lanzarse a vivir su propia vida fuera de la casa de ambos progenitores, no sólo hayan vivido con el progenitor continuo; es necesario que pasen largas temporadas, incluso hasta 1 ó 2 años con el otro progenitor. Es indispensable que el adolescente haga su propio juicio sobre la persona de su padre (normalmente progenitor discontinuo), considerándolo como un adulto con respecto a su relación con otro adulto. Sin embargo, es una lástima que el progenitor continuo (normalmente la madre) a veces considere esta búsqueda del hijo una censura respecto de él. Al el contrario, esta búsqueda es señal de que este progenitor le educó bien y le preparó para vivir las emociones y la búsqueda de la adolescencia y de la edad adulta.

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