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CAPITULO 0. Prefacio

Apple, escribió un libro anterior (Oficial Knowledge: Democratic education in a Conservative age, 1973) que trataba sobre las tendencias conservadoras en la educación y en la sociedad norteamericana. Este libro supondría el modo actual de ver la cuestión -que no parece haber variado mucho-. El autor nos cuenta que empieza el libro al volver de un campo de refugiados bosnios, y como en medio de privaciones, miedo, desesperación, pero con un coraje fuera de lo común, esas personas lo primero que hicieron en el campo fue crear una escuela para sus hijos. Constituye lo que Williams llamó "un viaje de esperanza". Denuncia la situación de EEUU, donde "el fundamentalismo religioso de derechas sigue creciendo y adquiriendo mayor influencia en la política electoral, en las normas sociales y en lo que los profesores enseñarán o dejarán de enseñar en las escuelas". Todo ello junto a un recrudecimiento del racismo. Es también un periodo complicado desde el punto de vista intelectual: "Este libro está escrito cuando las teorías postmodernas y postculturales están influyendo cada vez más en los estudios culturales y en los estudios educativos críticos". Resucitan las jerarquías más tradicionales de clase social, género y, sobre todo, raza. Pretende el autor una comprensión estructural crítica y autocrítica de la educación, ya que vivimos en un marco capitalista de relaciones. Al lado de las ideas postestructurales y postmodernas aparecerán otras -en el libro- basadas en las teorías estructurales. El análisis crítico de la educación puede abordarse de dos modos diferentes: a través de los análisis personales -literarios- autobiográficos y a través de los estudios de la cultura popular •Gran parte de la fuerza que subyace a las historias personales es de “carácter moral". Se considera que la educación es una empresa ética y lo personal aparece como una forma de reavivar las sensibilidades ética y estética, que han ido desapareciendo del discurso cientifista de los educadores. Pero cualquier enfoque que elimine lo estético, lo personal y lo ético de nuestras actividades como educadores, no tiene nada que ver con la educación. En el segundo enfoque hay que señalar que la cultura popular es, en parte, un ámbito de oposición y lucha, pero también que para que la escolarización marque una diferencia, debe conectarse con el saber popular y las formas culturales, aunque a veces acudir a este tipo de cultura ha hecho que se dejen de lado el conocimiento real que se enseña en las escuelas, el currículo, la enseñanza y la evaluación que siguen teniendo mucha fuerza. Lo que tiene que hacerse es que la cultura popular ayude a configurar unos modelos de currículo y de enseñanza más justos, desde el punto de vista social. El autor defiende aquí un modelo de educación pública, encaminada a un cambio real, aunque no todo debe ser reformado o suprimido, y así hay algunas cosas que deben ser mantenidas y defendidas, en contra de algunos educadores que han sostenido que en la escuela todo es racista, capitalista, patriarcal, homofóbico. Esta postura incapacita a los que quieren luchar por una escuela más justa que no responda solo a las necesidades de los poderosos. Como dijo Gramsci, "pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad". Con este libro el autor quiere criticar gran parte de lo que sucede hoy en la educación, pero también iluminar lo que hay que defender.

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