nombre
 
contraseña Entrar
Registrarse | Olvidó su contraseña
Banco Bibliográfico > DEFINIR Y SELECCIONAR LAS COMPETENCIAS FUNDAMENTALES PARA LA VIDA > Capitulo 4 : Competencias para una buena vida y una buena sociedad.

CAPITULO 4. Competencias para una buena vida y una buena sociedad.

La filosofía moral de las últimas décadas se ha preocupado por definir qué es la buena vida en términos prácticos, y cuales son los valores que dan significado a la vida humana. La ética de la virtud está dentro de esta corriente y se centra en los aspectos que determinan a la persona para actuar, como son sus creencias, deseos, sentimientos, disposiciones internas o habilidades. La virtud se ha comprendido como una disposición a actuar y la competencia que corresponde a cada virtud, y además como la disposición a juzgar y sentir de forma adecuada en una situación. Se considera al hombre un ser normativo, que absorbe reglas tradicionales y que aprende por medio de la imitación. Actuar correctamente es el objetivo, y para ello es imprescindible interiorizar normas de comportamiento; la capacidad de evaluar nuestras acciones resulta esencial. La sociedad, por otra parte, es el resultado de las acciones individuales y es mayor que todas esas acciones, y no es controlable en su totalidad. Es un orden que no puede ser racional completamente, porque tiene una dimensión instintiva. El resultado de un sistema compleja es la sociedad, y tiene capacidad de autoorganización, aunque esto no quiere decir que la sociedad se pueda comprender como sujeto. El conocimiento que el sistema social moviliza se distribuye entre los individuos y nunca surge como un conocimiento total o absoluto. Es una forma de conocimiento colectivo. A partir de estas concepciones el proyecto Deseco supone definir las competencias que permiten vivir bien, y encontrar la mejor forma de educarlas. Según los autores, las competencias para una buena vida son competencias irreductibles a la lectura o las matemáticas, o a conocimientos básicos o proposititos; las competencias son un know-how, una mezcla de capacidades conceptuales y prácticas. No son estrictamente conocimientos cognitivos, ni habilidades relacionadas con una parte del currículo escolar, sino que son intracurriculares; forman parte de las materias del currículo, aunque no son un resultado únicamente escolar, surgen igualmente de la vida diaria. Los autores definen cinco competencias clave:

Competencias para enfrentar la complejidad: Consiste en la habilidad intelectual y práctica de abordar las contingencias de cada situación. Requiere que en la sociedad exista cierta complejidad y que los individuos sepan manejar lo complejo (se diferencia complejo de complicado; complejas pueden ser las actividades más cotidianas – el habla es un sistema de complejidad infinita-, y por ejemplo, la tecnología actual es más complicada que compleja). Las normas y los valores sociales no sirven para enfrentar la contingencia, aunque sean utilizables, porque es el individuo el que encuentra las soluciones idóneas para cada situación, con una flexibilidad mayor que el sistema normativo en el que se inscribe su comportamiento. Esto requiere el reconocimiento de patrones y establecer analogías entre situaciones distintas, y usar lo ya experimentado para decidir.

Competencias perceptivas: Permite discriminar entre los elementos más o menos relevantes de una situación, apreciar la importancia relativa de detalles con respecto a nuestros objetivos. Son habilidades que forman parte del sentido común, que es lo que la inteligencia artificial no ha logrado resolver (discriminar los aspectos relevantes de los no relevantes en una situación y a partir de unos intereses determinados, el “problema de marco”). El sentido común no es reductible a la razón mecánica o algorítmica. Consiste en la sensibilidad al contexto, la diferenciación entre los antecedentes y las condiciones futuras y la capacidad de encontrar caminos alternativos para llegar a una misma meta (rodeos).

Competencias normativas: Deliberación y reflexión sobre las acciones, a partir de juicios normativos. Permite que se pueda evaluar una acción como correcta con independencia de las normas sociales. Los juicios que cada persona puede elaborar seguirán patrones estables de razonamiento. Requiere una perspectiva crítica sobre uno mismo. Forma parte de la reflexión general sobre al vida humana, lo que implica concepciones sobre lo que debería ser vida. Permiten alejarnos de intereses inmediatos, definir qué tipo de persona queremos ser y orientar nuestros esfuerzos en una dirección, construir una buena vida y apreciar los valores más importantes, ajustando las tradiciones morales con la vida individual, aplicar los principios a la vida cotidiana, evaluar el buen y el mal comportamiento, las situaciones buenas y malas y comprender qué valores humanos son fundamentales, evaluar las acciones y las decisiones, y ser autónomo.



Competencias cooperativas: Se basa en la capacidad de confiar en otras personas. LA confianza se considera en la actualidad el capital social decisivo, que determina la productividad, el bienestar social y la vitalidad de un país. La confianza es “una representación o expectativa que satisface a la persona”. Incluye la capacidad de ponerse en el lugar de los otros. El capital social de acumula por un movimiento cultural, no es fruto de un cálculo racional. Es aplicable a la confianza que puede existir en un equipo de trabajo, en la vida social, en la política. Conlleva creer en que la tradición (de la sociedad) en la que se vive es racional, y que se acepten sus reglas, y que esto no se haga por un cálculo matemático de costes-beneficios. Tiene algo de acto de fe, y permite desarrollar virtudes como la lealtad, la honestidad o merecer la confianza de otros. Se trata de un “racionalismo crítico” que fomenta la cooperación.

Competencias narrativas: Consisten en la capacidad de contar historias. Permiten entender lo que pasa en la vida. La vida es heterogénea y compleja, y narrar consiste en encontrar patrones en lo que está disperso. Permiten imaginar posibilidades o resultados. Requieren la capacidad de distanciarse de lo inmediato y la capacidad de hacer planes. Supone la sensibilidad a la situación y a sus modificaciones, y llevan a preguntarse por las razones de lo que sucede, o por sus significados. Permite reconocer las distintas posibilidades.

Capitulo AnteriorVolver al Indice Capitulo Siguiente


acerca de | nota legal | condiciones de uso | contacto | Optimizada para Internet Explorer 800x600
© Empresas Filosóficas S.L. | joseantoniomarina.net | | Diseño web