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CAPITULO 8. Apéndice 1: Manifiesto sobre la educación del carácter

Las escuelas americanas han tenido desde su fundación un mandato moral. La autoridad moral, después de haberse implantado firmemente en nuestras escuelas y maestros, ha retrocedido dramáticamente en las pasadas décadas. Mientras muchos maestros trabajan esforzadamente para promover el buen carácter en sus clases, muchos otros están recibiendo mensajes confusos y mezclados. Los intentos hechos para restaurar los valores y la ética en el currículum escolar a través de la clarificación de los valores, la ética de la situación y la discusión de dilemas morales han demostrado ser débiles y efímeros, al no conseguir fortalecer el carácter y la conducta de nuestros jóvenes. Con mucha frecuencia nuestras escuelas defienden los derechos a expensas de la responsabilidad y la autoestima a expensas de la autodisciplina.

Inquietos por las crecientes tasas de violencia, de suicidios adolescentes, de embarazos de menores de edad, y de una variedad de otras patologías sociales que afectan a los jóvenes americanos, proponemos que las escuelas y maestros reafirmen su responsabilidad como educadores del carácter. Las escuelas, sin embargo, no pueden asumir esa responsabilidad solas; familia, vecinos, comunidades religiosas, tienen que participar en esta tarea. Mantenemos que la auténtica reforma educativa en esta Nación comenzará con nuestra respuesta a la formación del carácter. De la educación del carácter depende la excelencia académica, la realización personal y la verdadera ciudadanía. Pone en juego lo mejor de nuestros estudiantes, facultades, claustros y padres.

Los firmantes de este manifiesto creen que los siguientes principios deben guiar la reforma educativa:
1.- La educación es en su sentido más completo una empresa moral, un esfuerzo continuo y consciente para guiar a los estudiantes al conocimiento y la realización de lo que es bueno y valioso.
2.- Afirmamos que los padres como primeros educadores morales de sus hijos y las escuelas deben ser miembros de un mismo equipo. En consecuencia, todas las escuelas tienen la obligación de fomentar en sus estudiantes las virtudes personales y cívicas como integridad, coraje, responsabilidad, diligencia, servicio y respeto por la dignidad de todas las personas.
3.- La educación del carácter trata de desarrollar las virtudes -buenos hábitos y disposiciones que conducen a los estudiantes a una vida adulta responsable y madura. La virtud debe ser nuestra principal preocupación en la educación para el carácter. La educación del carácter no trata de conseguir ideas correctas, las actitudes aceptadas sobre ecología, valoración en las escuelas, género, o temas políticos o ideológicos.
4.- Los maestros y los equipos directivos de las escuelas son esenciales en esta empresa y tienen que ser educados, seleccionados y animados teniendo presente esta misión. Todos los adultos en la escuela tienen que encarnar y reflejar la autoridad moral de que han sido conferidos por los padres y la comunidad.
5.- La educación del carácter no es un camino único, un programa fijo, o un eslogan pegado en el muro. Es una parte integral de la vida escolar. La escuela tiene que convertirse en una comunidad de virtud en la que la responsabilidad, el trabajo duro, la honestidad, y la amabilidad sean presentados como modelo, enseñadas, esperadas, aplaudidas y practicadas continuamente. Desde el aula hasta el patio de recreo, desde la cafetería hasta la sala de profesores, la formación del buen carácter tiene que ser la preocupación principal.
6.- La comunidad humana guarda un tesoro de sabiduría moral, gran parte del cual está contenido en nuestras grandes historias, obras de arte, literatura y biografía. Maestros y estudiantes tienen que aprovechar este tesoro dentro y fuera del currículum académico.
7.- Por último, los jóvenes necesitan ser conscientes de que la forja de su propio carácter es una tarea esencial y necesaria en su vida y toda su experiencia escolar, éxitos y fallos, académicas y atléticas, intelectuales y sociales proporcionan gran parte del material para esa empresa personal.
La educación del carácter no es solo una tendencia educativa, es una dimensión fundamental de la buena enseñanza, un respeto confesado hacia la inteligencia y el espíritu de los individuos. Necesitamos volver a comprometer los corazones, las mentes y las manos de nuestros niños para que formen su propio carácter, ayudándoles a "conocer el bien, amar el bien y realizar el bien". Una vez conseguido, habríamos asegurado la libertad y la justicia para todos.

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