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Banco Bibliográfico > HANDBOOK OF FAMILY COMMUNICATION > Capitulo 13 : Paternidad compartida de madres y padres.

La comunicación relacional de los miembros de la familia.

CAPITULO 13. Paternidad compartida de madres y padres.

La investigación psicológica del funcionamiento de las familias no aplicó la teoría de sistemas hasta los años 90, considerando hasta ese momento los procesos diádicos, de padre-hijo, padre-madre, etc... Los pioneros en la integración de la teoría de los sistemas familiares y las teorías evolutivas fueron Jay Belsky (1981) y Patricia Minuchin (1985). Desde la mitad de los años 90 ha habido un aumento exponencial de las investigaciones sobre la paternidad compartida o co-paternidad, especialmente en familias intactas.

Belsky fue el primer investigador en proponer que la paternidad dependía de múltiples sistemas: los subsistemas de la paternidad (de padre y madre), del matrimonio y del hijo. Propuso que la relación matrimonial era el apoyo más importante para los padres y era el factor que más directamente influía en el desarrollo del niño. Lewis, Owen y Cox (1988) fueron de los primeros investigadores que estudiaron las relaciones diádicas y triádicas: relación matrimonial, relación madre-hijo, relación padre-hijo y relación madre-padre-hijo. Descubrieron que la calidad positiva de la relación matrimonial de los padres (padre y madre) en la etapa prenatal predecía niveles mayores de “inversión” de los padres en el hijo a los 3 meses y al año del nacimiento. Esta investigación fue el comienzo de muchos otros estudios sobre cómo las relaciones matrimoniales influían en la implicación de los padres con el hijo (Erel & Burman, 1995).

Philip y Carolyn Cowan (1999) fueron de los primeros en investigar el impacto de las relaciones matrimoniales en la co-paternidad a lo largo del tiempo, en una investigación longitudinal de diez años estudiaron a parejas que esperaban su primer hijo, encontrando que el descenso de la satisfacción matrimonial en tres momentos (en el embarazo, cuando el niño tenía un año y medio y cuando tenía tres años y medio), estaba asociada con poca calidez afectiva en las interacciones entre la madre y el hijo y entre el padre y el hijo a los tres años y medio.

Una distinción importante que ha surgido en este campo es entre la relación de co-paternidad y la relación matrimonial, descubriéndose que la co-paternidad en la que el padre y la madre se apoyan mutuamente tiene resultados positivos para el desarrollo del niño al margen de la calidad de la relación matrimonial. McHale (1997) ha estudiado la co-paternidad separándola de la relación matrimonial y de la relación entre los padres y el hijo. McHale estudió en una escala de auto-informe las percepciones de los padres sobre cómo participaban en actividades de co-paternidad y promovían un sentido de la familia, dividiendo las preguntas en dos grupos: el comportamiento en la tríada familiar y el comportamiento del padre o la madre individualmente con el hijo a solas. Estudió las dimensiones de hostilidad/competición frente a las de harmonía y equilibrio en la implicación. Descubrió que el aumento del malestar en el matrimonio lleva a una paternidad más hostil y competitiva y a desequilibrios en la implicación del padre y de la madre. La implicación de los padres estaba influída por la interrelación entre la calidad de la relación matrimonial y la implicación de los padres con el hijo en función del género: en situaciones de malestar en el matrimonio, los niños tenían más posibilidades de encontrarse con una co-paternidad hostil y competitiva, mientras que las niñas tenían más probabilidad de tener problemas en el nivel de implicación de los padres.

Belsky, Crnic y Gable (1995) estudiaron a una muestra de padres, madres y sus hijos de entre uno y tres años (toddlers), descubriendo que los padres con atributos psicológicos individuales similares tenían unas relaciones de paternidad compartida más positivas. Cuanto más diferían las madres y los padres en características de introversión y extraversión, mayor probabilidad había de que mostrasen comportamientos de co-paternidad de falta de apoyo. Descubrieron además que las dinámicas de co-paternidad y de la familia completa tenían un papel distintivo en el desarrollo de la inhibición del comportamiento en los niños, más allá del temperamento del niño, de la paternidad individual, del bienestar individual del padre y la madre y de calidad del matrimonio.

McHale y Rasmussen (1998) encontraron que la calidez en la familia durante la infancia estaba asociada a prácticas positivas de co-paternidad de los hombres cuando el hijo tenía 3 años, lo que a su vez está ligado a menores problemas de internalización y de comportamiento agresivo en la etapa de educación infantil. Denominaron estas prácticas de los padres (hombres), “promover la integridad familiar”, en la que incluían por ejemplo mostrar amor por la mujer y hablar positivamente de la madre con los hijos en su ausencia.

McHale, Lauretti, Kuersten-Hogan y Rasmussen (2000) midieron mediante observaciones las interacciones diádicas y triádicas, para investigar las posibles diferencias de comportamiento de los padres en estas dos situaciones. Descubrieron que los comportamientos del padre y de la madre difieren mucho según estén individualmente a solas con el hijo o en el sistema familiar completo. Los límites que los padres fijaban (limit-setting behaviours) cuando estaban con toda la familia no estaban relacionados con los que fijaban estando a solas con el hijo. Distinguieron tres tipos de patrones de co-paternidad: oposicional, cohesivo y no restrictivo, en función de las mediciones de: la integridad familiar que promovían los padres (participación positiva de los hombres en la familia), los conflictos de las madres (disputas con el padre delante del hijo) y de las reprimendas (fijar límites al hijo o pedir al padre/madre que los fijen). Las familias “oposicionales” tenían bajos niveles de calidez y de cooperación y altos de antagonismo (la medida de los conflictos de las madres estaban especialmente relacionadas con altos niveles de antagonismo con el padre/marido). Las familias cohesivas tenían niveles altos de calidez y de cooperación estaban centradas en el hijo (los padres promovían altos niveles de integridad familiar). Las familias no-restrictivas tenían niveles bajos de estructura y fijaban pocos limites a sus hijos, la alta frecuencia de las reprimendas de las madres estaba especialmente asociada con un control inadecuado de los niños más pequeños.

Margolin, Godris y John (2001) propusieron un modelo de co-paternidad basado en tres dimensiones: conflicto entre los padres, cooperación entre los padres y triangulación (situación en la que uno de los padres forma una “alianza” con el hijo para minar la autoridad del otro). Cown y Cowan (2003) estudiaron el estilo de interacción de los padres en presencia del hijo, codificaron la calidez, la frialdad, el enfado y la rivalidad. Los resultados indicaron que cuando los padres mostraban desagrado entre ellos, en forma de enfado o de desacuerdo, los niños mostraban niveles más altos de comportamientos de externalización y de internalización en el primer grado.


Aunque las decripciones han tenido más importancia que la teoría en estas investigaciones, se distinguen cuatro marcos conceptuales que explican la relación de co-paternidad:

- Constructivismo social, desarrollado por Berger y Luckman (1966): enfatiza la construcción compartida de una realidad social por los que participan en una situación. Los roles sociales se crean por las interacciones constantes y negociando las expectativas mútuas en el contexto de normas culturales más generales. Este marco permite a los investigadores estudiar cómo ve un padre o una madre su comportamiento y el del otro, en qué medida se acerca la realidad que percibe a sus expectativas, cómo ven su co-paternidad en función de las normas familiares y culturales de las que son conscientes y cómo el niño que está creciendo participa en la construcción social de la relación de sus padres.

- Teorías de los sistemas familiares, desarrolladas por Bowen (1976), Minuchin (1974) y otros: se centra en las múltiples interacciones simultáneas en la familia, especialmente en la relación triangular formada por los padres y el niño. Puede permitir observar de qué forma los padres desarrollan relaciones complementarias o competitivas entre sí.

- Teorías de desarrollo de las familias, por Aldous (1978), Hill y Mattessich (1979) y Rodgers y White (1993): enfatizan los cambios en las estructuras y los roles en la familia a medida que sus miembros crecen y se producen transiciones importantes. Las tareas de co-paternidad difieren mucho de un estadio de la evolución de la familia a otro.

- Teorías de ecología humana (Bateson, 1972; Bronfenbrenner, 1979; Bubolz y Sontag, 1993): se centran en la red de interdependencias personales, familiares y comunitarias, y en su influencia sobre el desarrollo humano. Enfatizan los sistemas comunitarios que rodean a las familias, al entorno social más amplio e incluso al entorno natural.

Los autores de este capítulo proponen un modelo conceptual de influencias en la relación de co-paternidad, basado en los marcos anteriores:

El punto central es la relación triádica madre-padre-hijo, en el que la líneas que conectan a los tres representan cómo construyen mutuamente la relación de co-paternidad mediante una interacción sistémica constante y mediante la negociación de roles. El estatus del matrimonio se incluye como variable en el mismo triángulo (casados, separados, divorciados, solteros). Fuera de este triángulo (en el que el padre y la madre influyen en la co-paternidad, que a su vez influye en el hijo), se describen varias categorías de influencias en la relación de co-paternidad: factores individuales de la madre, del padre y del hijo y factores conceptuales.

Factores del padre y la madre: bienestar psicológico, familia de origen, expectativas de co-paternidad y características del empleo.
Factores del hijo: género, edad y número de hermanos.
Factores del contexto: oportunidades de empleo, factores económicos, raza y étnia, expectativas culturales y apoyo de la comunidad.



El status del matrimonio sitúa el contexto para el resto de las variables y es la influencia más fuerte en la co-paternidad. Aunque es posible la cooperación en la co-paternidad fuera de una relación de pareja intacta, sólo una minoría de las parejas superan suficientemente bien una separación o divorcio cómo para tener relaciones de co-paternidad de alta harmonía y de cooperación y de baja competitividad, hostilidad y triangulación.

La influencia de factores externos a la familia ha sido poco estudiada en las investigaciones anteriores, con la excepción de Conger y Conger (2002), quienes demuestran que las dificultades económicas tienen un impacto en la co-paternidad de dos maneras: aumento del malestar emocional de los padres y aumento de los patrones de conflicto y de retirada (desentenderse) de los padres, lo que lleva a una paternidad desequilibrada y a un peor ajuste de los niños y de los adolescentes. Otra área de investigación está relacionada con el empleo y las dificultades para equilibrar trabajo, paternidad y tiempo familiar (Daly, 1996, 2001; Fraenkel, 2003). Es un área importante entre otras razones porque las madres que trabajan suelen tener un “segundo turno” de trabajo al llegar a casa, lo que desequilibra las relaciones de co-paternidad. El contexto influye además de forma importante en la implicación de los padres (hombres) en la co-paternidad. Doherty (1988) considera que la importancia que la cultura otorga a la relación madre-hijo está por encima de las circunstancias externas, mientras que en la relación padre-hijo influyen otros factores externos, especialmente la capacidad del padre de mantener una buena situación económica en la familia. Jones (1991) demuestra que los padres que tienen menos éxito profesional tienden a relacionarse menos con sus hijos.

Entre los factores externos de tipo cultural (expectativas) tiene importancia el ideal emergente del padre que comparte la patenidad con la madre en situación de igualdad (Pleck y Pleck, 1997; LaRossa, 1997).

Factores de la madre: las expectativas de las madres sobre la implicación del padre tienen una influencia directa sobre cómo se implican los padres (hombres) con sus hijos, y de forma indirecta sobre la relación de co-paternidad. La influencia de las expectativas de las madres sobre cómo debe comportarse el padre es mayor que la de las propias expectativas del padre. La experiencia de trabajo de la madre es otro factor que contribuye a la co-paternidad. Las mujeres suelen sentirse mejor en casa y en el trabajo cuando tienen opciones de trabajo flexibles, cuando tienen el apoyo de sus parejas y cuando pueden pagar unos cuidados de día (ej. escuela infantil) de calidad para sus hijos.

Factores del padre: El bienestar psicológico de los padres y su sentimiento de competencia se asocian positivamente con su implicación con sus hijos. Además influyen factores de la familia de origen del padre. Se ha estudiado poco la influencia de las expectativas de los padres sobre la maternidad.

Factores del hijo: La investigación en esta área está poco desarrollada. Los autores recomiendan estudiar el género, la edad y el número de hermanos.

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