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Banco Bibliográfico > HANDBOOK OF FAMILY COMMUNICATION > Capitulo 16 : Comunicación padres-hijo durante la adolescencia.

La comunicación relacional de los miembros de la familia.

CAPITULO 16. Comunicación padres-hijo durante la adolescencia.

Las dificultades de comunicación entre padres e hijos en la adolescencia se deben a la naturaleza cambiante de la relación en esa etapa y no a una incapacidad inherente para establecer conversaciones con significado. El aumento de la autonomía del adolescente altera los patrones de comunicación abierta, el nivel de experiencias compartidas, las percepciones de privacidad y la responsabilidad.

Explicaciones teóricas de la continuidad y el cambio en las relaciones entre padres e hijos adolescentes.

Los modelos de cambio individual consideran la maduración biológica y/o cognitiva (del adolescente) el origen de los cambios en las relaciones entre los padres y el adolescente. En los modelos psicoanalíticos (S. Freud, 1921/1949; Anna Freud, 1958; Blos, 1979; Erikson, 1968) se considera que la conciencia de las debilidades de los padres y la emancipación psicológica crean una barrera en la relación que crea dificultades de comunicación, que se exacerban por las fluctuaciones emocionales del adolescente debido a los cambios hormonales. Las perspectivas evolutivas del desarrollo adolescente (Hill, 1988; Steinberg, 1989) explican los cambios en el comportamiento del adolescente como una respuesta a las presiones evolutivas para que se aleje de la familia y encuentre una pareja. Los avances cognitivos aumentan la búsqueda de la autonomía y la individuación, lo que crea una distancia entre el adolescente y su familia. Los modelos de maduración (Kohlberg, 1969; Piaget, 1932/1965; Selman, 1980; Youniss, 1980; Smetana, 1988) proponen que el cambio cognitivo es el origen de los cambios en el comportamiento interpersonal. El avance en las capacidades de pensamiento lógico permite el razonamiento abstracto y complejo, lo que modifica la perspectiva sobre la relación padres-hijo e introduce una tendencia hacia una relación más recíproca e igualitaria, aunque esto puede ser también causa de conflictos. El aumento de la capacidad del adolescente de tomar decisiones conlleva conflictos con los padres, debido a que es necesario redefinir los roles familiares.

Por otra parte, los modelos del cambio de las relaciones se centran en las fuerzas de estabilidad y de cambio en la diada, más que en el impacto de los cambios individuales. La perspectiva del vínculo de apego (Bowlby, 1969; Ainsworth, 1989) considera que la relación padres-hijo es relativamente estable en el tiempo en términos de la calidad de su funcionamiento. Los adolescentes y los padres con una historia de vínculos emocionales fuertes, de sensibilidad y de responsividad pueden experimentar dificultades temporales de comunicación, mientras que aquellos que tienen relaciones de peor calidad es más probable que experimenten perturbaciones constantes y que tengan problemas sin resolver. Los modelos de las relaciones sociales o de interdependencia (Reis, Collins y Berscheid, 2000; Kelley et al., 1983, Youniss, 1980; Laursen y Bukowski, 1997) también enfatizan la estabilidad inherente a las relaciones padres-hijo. Esta relación es de interdependencia y los intercambios producen una influencia mútua y se comparte la percepción de que las conexiones son recíprocas y duraderas. En la adolescencia el hijo busca en la relación una mayor equidad y tiene la oportunidad de modificar las conexiones con los padres sobre la base de los costes y los beneficios percibidos, aunque la calidad de la relación ya se haya establecido anteriormente, durante la infancia.

Continuidad y cambio en la cercanía entre los padres y el hijo adolescente. La cercanía se refiere al grado en que los individuos se afectan entre sí. Indicadores comunes de la cercanía son: afecto, cohesión, compañerismo, interdependencia, intimidad y confianza. A pesar de la alteración de los patrones de interacción, de emoción y de cognición, se ha observado una continuidad considerable entre las características positivas de las relaciones en la adolescencia y en etapas anteriores de la vida de la familia. Las investigaciones en Norteamérica y en Europa indican que hay una alta incidencia de interacciones positivas y una incidencia muy baja de problemas de relación. Los cambios en la relación en la adolescencia se deben a la maduración del adolescente y a sus nuevas necesidades, lo que reduce la cercanía y la interdependencia, el tiempo que se comparte, el compañerismo y la intimidad. También disminuye el sentimiento de aceptación en la familia y de satisfacción con la vida familiar. La expresión de emociones positivas es menos frecuente y más frecuente la de emociones negativas. Por otra parte, la perspectiva de los padres sobre la relación con los hijos adolescentes suele ser más positiva que la de estos últimos. Además, hay importantes diferencias entre la relación del hijo adolescente con la madre y la relación con el padre, siendo la primera más cercana generalmente y más abierta a la expresión de emociones. Hijos e hijas suelen tener la misma calidez en la relación con la madre, pero los hijos en la adolescencia suelen ser mucho más cercanos a los padres que las hijas. Los padres suelen tener mejor información sobre la vida de las hijas que sobre la de los hijos.

Continuidad y cambio en el conflicto padre-adolescente. Los desacuerdos en la adolescencia son más frecuentes con las madres, seguidos de desacuerdos con los hermanos, los amigos, las parejas y finalmente los padres. El conflicto se define en este capítulo como desacuerdo y comportamiento de oposición abierto, para distinguirlo de otras situaciones negativas. La mayoría de los desacuerdos entre los padres y los hijos se resuelven mediante la obediencia o el distanciamiento, el compromiso es relativamente poco frecuente (Laursen, 1993). La mayoría de los conflictos no tienen un impacto negativo en la relación, aunque no así el conflicto crónico. La evidencia indica que la frecuencia del conflicto con los padres disminuye entre la adolescencia temprana y media y vuelve a disminuir hasta la aodolescencia tardía, sin embargo, el enfado aumenta desde la adolescencia temprana a la adolescencia media y se mantiene. El contenido o los resultados del conflicto parece no cambiar con la edad, aunque si parece que con la edad disminuye la resolución por obediencia y aumenta por distanciamiento. Por otra parte, se sabe que los adolescentes tienen una visión más honesta de sus relaciones con los padres que estos, que suele ajustarse más que la de los padres a lo que se observa desde fuera de la relación. Las madres son las que informan de consecuencias más negativas derivadas de los conflictos con los hijos, son las que perciben los conflictos menos frecuentes y las que los consideran más graves. Este hecho se puede explicar de dos formas: el conflicto representa un fracaso personal para las madres y el conflicto es la forma en que los adolescentes negocian su papel en la familia, lo que reduce la autoridad de las madres. Se demuestra además que la frecuencia del conflicto y el nivel de afecto negativo es más elevado entre madres e hijas que entre madres e hijos o entre padres e hijos/as. En la resolución de los conflictos el compromiso es más común con las madres que con los padres y el distanciamiento es más común en los hijos que en las hijas. Durante la pubertad los conflictos aumentan de frecuencia y los padres suelen resolverlos manteniendo su autoridad, ya que el crecimiento físico no se considera todavía suficiente para el aumento de la autonomía del hijo. Smetana (1996) establece tres tipos de familias con relación a los conflictos (considera conflictos dentro de la normalidad): familias plácidas, que tienen pocos conflictos de intensidad moderada; familias ruidosas, que tienen conflictos frecuentes de poca intensidad; familias tumultuosas, que tienen conflictos frecuentes e intensos.

Los autores indican tres principios de la comunicación familiar:

1- Las características de la comunicación están profundamente conectadas con la calidad de la relación entre los padres y el adolescente.
2- A pesar de los cambios significativos en la comunicación durante la adolescencia, la mayoría de las familias experimentan una continuidad en sus vínculos emocionales.
3- El conflicto padres-adolescente no solo es normal, sino que promueve una comunicación que es imprescindible para el necesario reajuste de las relaciones y los roles.

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