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Banco Bibliográfico > HANDBOOK OF FAMILY COMMUNICATION > Capitulo 5 : CONVERTIRSE EN PADRES

Comunicación a lo largo del ciclo vital de la familia

CAPITULO 5. CONVERTIRSE EN PADRES

En este capítulo de expone el estudio longitudinal de los autores, denominado PAIR (Processes of Adaptation in Intimate Relationships), sobre la transición a la paternidad de parejas en sus primeros años de matrimonio (se tomaron datos a los 2 meses de matrimonio, a los 14 y a los 26). La muestra inicial era de 168 parejas en su primer matrimonio, de las que 128 siguieron casadas durante las tres fases del estudio. Diferenciaron a las parejas que tuvieron un hijo en el primer año (29), en el segundo año (23) y las que no tuvieron hijos (46), otras parejas no fueron estudiadas por diferentes motivos. Estudiaron el reparto del trabajo en el hogar, el tiempo libre y el compañerismo entre los esposos y el comportamiento socioemocional.

Antes del nacimiento del primer hijo, la tareas en el hogar eran en promedio 5,8 por día, de las que la mujer realizaba el 67% y el hombre el 33%. Después del nacimiento del niño, las tareas diarias en promedio eran 36,2 por día, de las que 7,7 correspondían a la casa (el 14% las realizaba la mujer, el 13% el hombre) y 28,6 al cuidado del niño (el 62% las realizaba la madre y el 16% el padre). La evidencia empírica demuestra que las mujeres empiezan a sentir que el reparto de las tareas en casa es injusto cuando hacen 2/3 del trabajo, mientras que los hombres lo sienten cuando hacen aproximadamente 1/3 del trabajo. Lo que más predice la satisfacción de la mujer en el trabajo de la casa cuando se ha tenido un niño es que encuentre las tareas placenteras y en el hombre que se considere competente en las tareas y que lo considere también así la mujer (Grote et al., en prensa). En cuanto a los roles familiares y la división del trabajo, las mujeres (como grupo) de la muestra redujeron su trabajo remunerado fuera de casa al convertirse en madres y aumentaron su trabajo en las tareas del hogar, los esposos invariablemente consideraban a las madres como el cuidador apropiado para casi todas las tareas de atención al niño y unas cuantas actividades, especialmente jugar con el niño, se consideraban generalmente igual de apropiadas para el padre y la madre. Solo el 12% de las parejas creían que los hombres deberían ser igualmente responsables de las tareas cuando ambos trabajaban fuera de casa, aunque las madres que trabajaban solían que sus maridos estuviesen más implicados en el cuidado de los niños (en los primeros dos años), de lo que los maridos querían estarlo. Al medir lo que hacían la madre y el padre con el niño, se encontraba que todas las tareas las hacía la madre por lo menos el 60% de las veces y como máximo el 90% de las veces, a excepción de jugar con el niño, en la que la proporción era algo mayor para los padres (55%) que para las madres. Las tareas que hace la madre en más del 60% de los casos son (de mayor a menos frecuencia con que se hace la tarea): cambiar pañales, alimentar al niño, calmarle, vestirle, jugar tranquilamente, recoger, dormir, leer, poner normas y controlar el mal comportamiento, ayudar al niño a aprender diversas habilidades, bañar al niño, planear las actividades, levantarse por las noches. En la muestra de este estudio, en el 57% de los casos trabajaban fuera de casa el padre y la madre, y en el 43% solo el padre. Las características de los padres tienen se asocian más debilmente con las tareas que realizan que las creencias de las madres sobre los roles en la familia.
Los datos de este estudio indican que el malestar que sienten los padres por los cambios en su vida social cuando tienen un hijo no afecta a sus sentimientos de satisfacción en el matrimonio ni disminuye la expresión de afecto entre ellos. Tampoco los comportamientos negativos variaban significativamente con el nacimiento del hijo, lo que apoya la suposición de que convertirse en padres no significa una crisis en la relación matrimonial, sino un cambio en el estilo de vida. Este cambio no se produce con la misma facilidad en todas las parejas y parecen afectar factores como que el embarazo haya sido planificado, el género del hijo o si la pareja tiene valores tradicionales (que facilitan el paso a la paternidad) o valores que hacen énfasis en la igualdad (que dificultan este cambio, debido a las dificultades para ejercer las funciones de forma equitativa). Los conflictos en la pareja no parecen ser mayores en esta muestra en los matrimonios que han tenido un niño que en los que no. Los autores señalan que los resultados obtenidos en este estudio, más positivos en general de lo habitual, pueden tener relación con que la mayoría de las parejas estudiadas vivían en un área rural, eran de clase trabajadora, se habían casado jóvenes y habían tenido pronto su primer hijo, mientras que muchos de los estudios de este tipo se han hecho con parejas de clase media, con más nivel de educación y que habían esperado más tiempo para tener su primer hijo.

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