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Banco Bibliográfico > EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA. > Capitulo 1 : La educación para la ciudadanía hoy: motivos y razones.

Una ciudadanía activa y responsable en el marco comunitario.

CAPITULO 1. La educación para la ciudadanía hoy: motivos y razones.

Una de las finalidades de la educación pública es promover el crecimiento conjunto de los alumnos y alumnas como personas responsables y como ciudadanos activos. Los cambios sociales aconsejan reflexionar e insistir sobre esta meta educativa. La ciudadanía es la capacidad real para participar en la cosa pública. Westheimer y Kahne distinguen tres tipos de ciudadano que, normalmente, están subyaciendo en los programas educativos: un ciudadano responsable personalmente que cumple con los deberes normalmente estipulados en su comunidad; un tipo de ciudadano participativo, implicado activamente en los asuntos cívicos y sociales de su comunidad; y un ciudadano orientado a la justicia que, además, juzga críticamente las realidades sociales insatisfactorias y lucha por su transformación. (19).
El informe Eurydice (2005) sobre la educación para la ciudadanía en los países europeos afirma que pretende orientar a los alumnos hacia
1.- La cultura política
2.- El pensamiento crítico y el desarrollo de ciertas actitudes y valores
3.- La participación activa.
Sin embargo, como señala Victoria Camps: “La idea de ciudadanía no debe ir ligada exclusivamente a los derechos individuales –sean éstos civiles, políticos o sociales-, sino incluir al mismo tiempo aquellos vínculos capaces de unir a los ciudadanos con la comunidad: obligaciones o deberes cívicos, que constituyen lo que podríamos llamar la estructura moral de la democracia”. Es el nombre de una ética laica, que deben compartir todos los que quieran participar en la vida colectiva.
La escuela ha sido siempre protagonista de la integración social y de la socialización. Pero en la actualidad parece que la “socialización no marcha paralela a la individuación” (Touraine). Dubet y Martucelli han puesto en cuestión que, en una sociedad desinstitucionalizada, se pueda seguir manteniendo las tesis de la sociología clásica de la socialización (proceso de interiorización normativa y cultural). El proceso se vuelve “inmanente, fabricado por los mismos actores en sus experiencias y relaciones”: socialización y subjetivización se separan. La desinstitucionalización o desocialización –como la llama Touraine- se refiere a “la desaparición de los roles, normas y valores sociales mediante los que se construía el mundo vivido”. Esto, además de a la escuela, afecta –en primer lugar- a la capacidad educadora de la familia, lo que produce unos déficits en los procesos de socialización primaria, lo que torna más difícil la tradicional socialización secundaria de la escuela, que se ve obligada a asumir también la primera. Las instituciones habrían perdido la capacidad de marcar en parte las subjetividades, con la progresiva debilidad para regular conductas; lo que –en el plano personal- se vive como una pérdida de apoyaturas que orientaban la conducta de los sujetos. Las nuevas formas de regulación familiar son, sin duda, más débiles en los procesos de socialización porque, inmersa ella misma en la individualización de la sociedad del riesgo, apelan a que sus hijos construyan creativamente sus propias trayectorias. Hay entonces una tensión entre las normas de la institución escolar y los códigos de la cultura juvenil. Si antes esta cultura juvenil debía dejarse en la puerta de la escuela, hoy no es así. La escuela que integraba a la ciudadanía ya no puede funcionar del mismo modo, esto hace especialmente penosa la tarea de educar. Si las reglas ya no están dadas y los antiguos ajustes han desaparecido, la propia motivación de los alumnos ha de ser construida por el maestro. Este tiene que construir primero la relación que, después, le permita enseñar.
“En las condiciones actuales –dicen Tedesco y Tenti Fanfani- los agentes pedagógicos no tienen garantizada en la escuela el respeto y el reconocimiento de los jóvenes. Pero la autoridad pedagógica, entendida como reconocimiento y legitimidad, sigue siendo una condición estructural necesaria de la eficacia de toda acción pedagógica. El problema es que hoy el maestro tiene que construir su propia legitimidad entre los jóvenes y adolescentes. Para ello debe recurrir a otras técnicas y dispositivos de seducción. Trabajar con adolescentes requiere una nueva profesionalidad, que es preciso definir y construir”.
La sociedad de la individuación (Beck), de los individuos (Elias), la sociedad individualista (Bauman) fuerza a hacerse la propia vida al margen de pautas previas, con el riesgo de no tomar las decisiones acertadas, por lo que, por una parte, “la biografía normal se convierte en biografía electiva, reflexiva”, pero, por otra parte, la biografía del “hágalo usted mismo” puede convertirse rápidamente en la biografía de la crisis. “La ética de la realización personal es la corriente más poderosa de la sociedad moderna”(Beck y Beck-Gernsheim).
El autor estudia el efecto de las corrientes neoliberales en educación, el problema del fracaso escolar como nueva exclusión, el fallo de la familia en su función socializadora. “Los adultos, según la interpretación de la crisis de la educación de Arendt, han perdido la seguridad y la capacidad de definir qué quieren ofrecer como modelo a las nuevas generaciones”(33). Esto hace que la escuela, como dice Tedesco, se convierta en la “institución total”, que se hace cargo de funciones no realizadas por la familia, que tiende a delegar la responsabilidad educativa en la escuela.
Postman recordaba hace pocos años que la misión esencial de la escuela pública es crear un público que comparta valores comunes. “En unos tiempos en que asistimos a un cierto ocaso de “lo social”, como dice Touraine, en que cada uno deja de representar socialmente su experiencia y los hechos sociales se viven individualmente, se incrementa la necesidad de volver a tejer redes sociales, donde –como dice Bauman- “los actores individualizados sean “reincrustados” en el cuerpo republicano de la ciudadanía”, asunto que, obviamente, no concierne sólo a la escuela, pero que, en conjunción social con sus respectivas comunidades, decididamente puede contribuir mediante una educación para la ciudadanía” (36).

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