THE CHILD AND THE CURRICULUM.
CAPITULO 9. The Child and the curriculum
Las teorías pedagógicas presentan la educación como una oposición entre el niño y el currículo, que el autor considera falsa. En el proceso educativo hay dos factores fundamentales: el ser inmaduro y por desarrollar, y los medios sociales, los significados y los valores de la experiencia adulta. La teoría educativa tiene como núcleo la interacción libre y completa de ambos factores. El mundo del niño es personal, la verdad (conformidad con los hechos externos) no es la clave, sino el afecto y la comprensión empática. El material de estudio en el colegio, por el contrario, se extiende indefinidamente, abarca la historia de todos los pueblos, frente a la pequeña memoria personal con que cuenta el niño. Pero para el niño lo que surge en su mente es en ese momento todo el universo, es un todo que fluye, que se reorganiza muy eficazmente. Los estudios en la escuela dividen y fraccionan el mundo. En realidad los objetos de estudio son el resultado de un largo y complejo proceso de abstracción, son “la ciencia de siglos” (the science of the ages), resultado de la experiencia humana acumulada, pero no de la experiencia del niño. El mundo del niño es personal, el mundo que se le presenta en el colegio es impersonal, la vida del niño es una unidad, el currículo es especializado, el niño se relaciona con la vida mediante la práctica y la emoción, en el colegio se utiliza la clasificación lógica. Hay dos ideas opuestas sobre este problema: 1) la materia de estudio es lo importante, 2) el niño es el punto de partida, el centro y el fin. El autor considera que el problema se resuelve cuando se desestima la premisa de que existe una brecha (esencial y no de grado) “entre la experiencia del niño y las diversas formas de conocimiento que dan lugar al curso de estudios” (109). Se trata, por una parte, de ver cómo el niño contiene en sí mismo “las actitudes, los motivos, y los intereses que han operado en el desarrollo y en la organización de la materia de estudio hasta alcanzar el plano que en el presente ocupa”(109), y por otra, de interpretar la materia de estudio como una ampliación de las fuerzas que organizan la vida del niño, descubriendo cómo conducir la experiencia del niño hacia una madurez mayor. La enseñanza se define por una línea que conecta la realidad del niño con los datos y la verdad científica. Hay que tener en cuenta que la experiencia del niño no se explica en sí misma, no es un fin, sino que indica una tendencia de crecimiento, y lo que el niño muestra debe interpretarse dentro de un contexto de crecimiento mayor, en el que tiene sentido. La experiencia evoluciona y la orientación consiste en “liberar los procesos vitales para su culminación más adecuada” (113), el hecho se interpreta en su dinámica vital, en relación al crecimiento normal, el interés del niño por la realidad no es un logro, tiene valor por lo que permite alcanzar si es educado. La ciencia, la historia y el arte como materias de estudio sirven “para revelarnos al niño” (112). Por ejemplo, el autor considera que todo el conocimiento científico sobre la visión es insuficiente para explicar el significado de las intuiciones del niño sobre la luz y la forma (es decir, el conocimiento científico no agota la realidad que experimentamos). El desarrollo sigue un proceso definido con leyes propias y lo que requiere (educativamente) es unas condiciones “normales y adecuadas” (113). Por otra parte, la mente del niño puede desarrollar un interés por las rutinas (procedimientos intelectuales) si las condiciones de estudio hacen necesario ese modo de operar e impiden otros. La actividad no puede dirigirse a sí misma, “toda actividad tiene lugar en un medio, en una situación, y con referencia a sus condiciones” (123). El autor recomienda dejar que la naturaleza del niño se revele al educador en el contacto con las ciencias, las artes y las industrias propias del mundo, dejando que el niño siga su propio destino. Ante la dicotomía entre el niño y el currículo el autor considera que debe primar el niño, porque es su capacidad la que debe medirse, probarse y sus capacidades hacerse reales. El currículo es la expresión de los conocimientos de “la raza” (una cultura determinada) en un momento histórico, pero no es la expresión de lo que será, es decir, el profesor en realidad no sabe lo que el niño logrará.