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Banco Bibliográfico > COMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA > Capitulo 4 : Segundo factor: Autonomía personal.

CAPITULO 4. Segundo factor: Autonomía personal.

Podemos resolver la tensión entre el individuo y la sociedad cuando educamos la autonomía responsable, que puede ser una definición ética de la libertad, ya que “supone poseer los recursos personales necesarios para desarrollar los propios planes de vida, pero no arbitrariamente, sino respondiendo de ellos, y responsabilizándose de sus consecuencias”. Las habilidades que forman parte de la autonomía personal son de tres tipos: capacidad de autorregularse, responsabilidad sobre el propio comportamiento y capacidad de defender los propios intereses o deseos (asertividad). En los primeros años el niño logra regular sus emociones – en lo que la madre tiene un papel fundamental, al contenerle emocionalmente-, pasando de un control externo de sí mismo a un control interno. El lenguaje es el instrumento indispensable para la autorregulación a partir de los dos o tres años de edad. Le entrada en la escuela debe suponer un nuevo impulso a la autonomía del niño, ya que se encuentra en un entorno formal, en donde adquiere además nuevas habilidades motrices y aprende a controlar su atención en tareas de tipo cognitivo. Es importante ayudar a los niños en esta fase a perseverar en sus actividades, en lugar de darles las cosas echas o de facilitárselas en exceso. En la educación primaria el niño descubre cuales son sus capacidades y cómo es su personalidad, adquiere una idea de sí mismo (autoconcepto) que es importante para la autonomía. Tiene además que definirse en algunos casos en contra de lo que quieren o piensan los demás, es lo que conocemos como asertividad. La adolescencia requiere una nueva aproximación a la autonomía, en la que la responsabilidad es fundamental: las dificultades de comunicación que suelen experimentar los adolescentes pueden resolverse cuando han adquirido una buena regulación de su comportamiento en años anteriores. En la familia es importante desde la primera infancia reconocer las capacidades del niño y promover su autonomía, permitirle hacer las cosas a su manera, dentro unos límites. En la escuela la autonomía se adquiere en el plano de la convivencia y en el de las tareas cognitivas, los amigos tienen un papel muy importante en el desarrollo de la autonomía personal, lo mismo que los hermanos. Por otra parte, la autonomía se adquiere cuando en la familia y en la escuela se asignan responsabilidades al niño o al adolescente. La educación indulgente que en cierto modo se ha extendido en los últimos años tiene malas consecuencias. Los niños tienen que asumir desde pequeños tareas y deberes, y son necesarias la disciplina y las normas de comportamiento, ya que de otro modo es imposible que desarrollen una autonomía responsable. Junto a esta precisión, hay que tratar el aprendizaje de la asertividad, ya que la autonomía consiste también en no diluirse en el grupo, en mantener las propias ideas e intereses.

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