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Banco Bibliográfico > COMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA > Capitulo 5 : Tercer factor: La comunicación, la comprensión y la empatía.

CAPITULO 5. Tercer factor: La comunicación, la comprensión y la empatía.

En los niños encontramos una disposición natural a la comunicación, que sin embargo debe ir educándose progresivamente para adquirir una relevancia ética: de la comunicación en un entorno familiar el niño pasa a la comunicación en la escuela y con su grupo de iguales. Aprende la intencionalidad comunicativa, su valor en las relaciones sociales. Es importante ya en la primera infancia desarrollar las capacidades expresivas, hay muchos niños a los que les resulta difícil hacerse entender. Las conversaciones familiares son una fuente de experiencia expresiva y de comprensión de los demás, por lo que es importante que los padres le dediquen tiempo. De forma similar en la escuela hay que favorecer la expresión hablada, enriquecer las capacidades lingüísticas del alumno. En la adolescencia la comunicación suele desequilibrarse, surgen nuevas formas de expresión y silencios que dificultan las relaciones familiares. A lo largo de las edades el niño evoluciona hacia una mayor capacidad de comprensión de los demás, en el nivel cognitivo supera el pensamiento egocéntrico y en el nivel afectivo desarrolla las respuestas empáticas. Pero la maduración natural del niño no es suficiente para que ejercite adecuadamente sus capacidades de comprensión, es necesario el modelado por parte de las figuras de referencia, como son sus padres y profesores. Estos deben además animarle y proporcionarle ocasiones para escuchar a los demás, comprender diferentes puntos de vista, interesarse por las circunstancias de otras personas, etc... De la misma forma es necesaria una pedagogía contra los prejuicios, enseñar a los alumnos a reconocerlos y a desmontarlos, para asegurar que puedan tener una visión ajustada de la realidad en la que viven. La empatía es una respuesta afectiva sensible a la situación de los demás, que se desarrolla y profundiza a medida que el niño madura, pero que igualmente requiere de una pedagogía muy cuidadosa, ya que lo que nos interesa es que la respuesta empática lleve a un comportamiento prosocial. En la primera infancia la empatía surge ante situaciones que el niño observa directamente, y a medida que crece se convierte en una respuesta menos inmediata, más elaborada y ajustada a la situación, formando parte de una visión coherente del mundo y de las circunstancias vitales de uno mismo y de los demás.

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