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EL DESARROLLO EMOCIONAL: EL NIÑO SOCIAL

CAPITULO 23. Los niños y la violencia

Hay niños que son víctimas de la violencia, otros que la generan. Los niños están expuestos de manera directa e indirecta a la violencia. Las emociones terroríficas atraen a los adultos, y al ser historias muy frecuentes en los medios de comunicación, los niños acaban conociéndolas. Los niños pequeños no distinguen claramente la realidad de la ficción, y se ha comprobado que ver películas o deportes violentos aumenta las tendencias agresivas a largo plazo. “Toda exposición a la violencia se convierte en parte de la visión del mundo que tiene nuestro hijo” (p. 398). La violencia que viven los niños en sus comunidades puede llegar a ser muy elevada. La seguridad de los niños preocupa seriamente a los padres.

Mientras que hay padres que no reconocen que sus hijos estén expuestos a la violencia, otros se preocupan en exceso, por ejemplo no dejando a los niños jugar en la calle. Entre estos dos extremos, hay padres que tratan de minimizar o evitar los efectos de la violencia en sus hijos. La creencia de que los niños pequeños no perciben la violencia es falsa, y la confusión de los padres sobre este problema no ayuda a los hijos.

Cómo ayudar a los hijos a hacer frente a la violencia de la que puede ser testigo o víctima, cómo ayudarle a enfrentar sus propios sentimientos agresivos naturales. Hablando con él, enseñándole a protegerse y a tratar a los niños matones, y sabiendo cómo reaccionar ante la violencia.

Hablar. Los niños se sienten protegidos cuando al menos uno de sus cuidadores comprende sus preocupaciones y angustias, aumenta su capacidad de recuperación. Los niños se sienten asustados por cosas que a los adultos no les parecen importantes, por lo que hay que ser capaz de imaginar sus sentimientos y experiencias poniéndonos en su lugar.

Es necesario hablar de temas problemáticos, no se puede mantener una imagen inmaculada de los hijos, ni negar las evidencias cuando nos resultan desagradables. Hablar sobre el problema de la violencia probablemente le beneficie, en lugar de perjudicarle. Cómo hablar de un modo eficaz: darle tiempo y posibilidad de respuesta cuando se le plantea un tema, interpretar correctamente sus respuestas para saber qué añadir o decir, no hacer comentarios demasiado complejos, no incomodarle, puede ser mejor en algunos casos escuchar, preguntarle por sus sentimientos o pensamientos. Los niños hablan de temas difíciles cuando creen que pueden hacerlo y que les van a escuchar.

Mostrarse abierto a que cuente lo que le preocupa. Reflexionar sobre lo que nos cuenta antes de darle consejos. Darle nuestra perspectiva sobre el problema. Sintonizar con sus intereses y lo que puede comprender, buscar siempre la claridad. La confianza es esencial y debe darse en los dos sentidos, de hijos a padres y viceversa. Y esto lleva tiempo, y se logra manteniendo las promesas y siendo fiable, aprovechar su deseo de aprender de sus padres.

Enseñarle a protegerse. Enseñar a minimizar conflictos y resolverlos sin violencia. Ayudarles a pensar responsablemente, a ser críticos e independientes. Es natural que se sientan vulnerables. Los niños pueden aprender a controlarse, escuchar. Los hijos deben ser conscientes de qué es peligroso en su entorno. Darle opciones para responder a situaciones complicadas, utilizar estrategias imaginativas para resolver conflictos. Y a interpretar correctamente las motivaciones ajenas. Generar y probar soluciones, evitando así mayores dificultades, es mejor que “echar sermones”. La experiencia de los padres debe servirle para expresar sus sentimientos, comprender las situaciones y tener capacidad de respuesta. La mejor enseñanza es el ejemplo.

Las respuestas a la violencia como problema social no pueden venir sólo de las familias, sino que toda la comunidad debe generarlas. Prevenir la violencia en las escuelas y la violencia doméstica, programas comunitarios.

Los matones. Las consecuencias del acoso en la escuela son dramáticas, gravísimas, los niños se deprimen profundamente cuando otro compañero abusa de ellos y pueden llegar al suicidio. Los matones son niños con sentimientos agresivos y que no tiene sentido de la responsabilidad ni remordimientos por lo que hacen. Cómo enseñar a hacerles frente, mostrarle que tiene varias respuestas posibles, además de ceder o pelearse. Respuestas eficaces: marcharse y ocultar sus reacciones inmediatas, quedarse con otros niños o con el profesor, no exponerse, ser asertivo, enfrentarse al niño matón y negarse a obedecer, no pelearse, sino desafiarle verbalmente, persuadirle, llevarle a un terreno sin violencia, pedir ayuda a un profesor o consejero escolar, al director.


Los niños tienden a no pedir ayuda a los adultos, porque pueden creer que son débiles si lo hacen. Asegurarse de que el niño comprende que debe siempre informar de un maltrato, y buscar a otros testigos para que corroboren lo que dice. Ayudarles siempre a mantener un concepto de sí mismos positivo.

Señales de que un niño se enfrenta a la violencia:

- Se irritan con mayor facilidad (entre 2 y 6 años), no se consuelan. Si parece muy distante o lo contrario y no es por otro motivo.
- Problemas de atención repentinos en la edad escolar, conducta perturbadora, exceso de sensibilidad, problemas con sus compañeros, conductas agresivas.
- Preadolescentes y adolescentes, problemas con las figuras de autoridad, grupo de iguales agresivo, ausencias no justificadas de la escuela, bajo rendimiento escolar, consumo de drogas o alcohol.

Consecuencias de la exposición a la violencia: ansiedad, depresión, baja autoestima, incapacidad de mantener la atención, mayores tasas de agresión. Trastorno por estrés post-traumático en casos de violencia grave. Si la violencia se produce en el hogar esto amenaza los pilares fundamentales de la vida infantil: se hunden sus cimientos. Siempre actuar de inmediato ante la violencia, si es testigo o víctima. Evaluar la capacidad emocional del niño, recuperar la seguridad familiar, aprovechar todos los recursos disponibles para ayudar al niño. Ayudarle a comprender la experiencia, preguntarle abiertamente, que comparta sus sentimientos.


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