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Banco Bibliográfico > DESCUBRIENDO EL PODER DE LA MENTE > Capitulo 1 : Pistas de un cerebro dañado

Penetrar en las ilusiones del cerebro

CAPITULO 1. Pistas de un cerebro dañado

Cómo la actividad de los fotoreceptores del ojo se convierte en experiencia mental de color. El lenguaje cerebral puede afectar a nuestra experiencia del mundo. Cadena de sucesos: la luz llega a los receptores del ojo, estos mandan mensajes al cerebro, la actividad cerebral crea la experiencia del color y la forma mentalmente (estos dos últimos pasos son desconocidos). Todo conocimiento mental del mundo físico debe estar representado en el cerebro de alguna manera. Caso de un sujeto que aprendía de un día para otro destrezas motoras, pero que sin embargo olvidaba cada día al experimentador y la tarea. Los cambios cerebrales no tenían ningún efecto sobre su mente consciente. “El cerebro puede saber del mundo cosas que la mente desconoce” (p. 43). Otro sujeto que no puede decir si una barra está en posición vertical, horizontal o inclinada, pero que la coge sin problemas. Personas con “visión ciega”, lesión de la corteza visual primaria, que impide ver parte del campo visual. Weiskrantz descubrió que no es un área realmente ciega. El sujeto con esta lesión no ve un punto de luz moverse en esa parte de su campo visual, pero si le preguntan si se mueve hacia arriba o hacia abajo acierta en un 80% de los casos, aunque no ve nada. Su cerebro sabe cosas que le permiten conjeturar algo que conscientemente no existe para él. Ilusiones, la actividad en el área del color se incrementa antes de que una persona vea manchas de color que no existen. La actividad cerebral puede crear una experiencia falsa del mundo. Las personas que tienen ataques de epilepsia tienen una experiencia de “aura”, que puede ser un olor o un sonido, formas de color que se mueven, etc… y la sensación que tienen está relacionada con la función que realiza el área del cerebro donde se inicia el ataque epiléptico (actividad descontrolada de las neuronas). Esta actividad mental anómala puede hacer que el sujeto tenga un conocimiento falso sobre el mundo físico. Es lo mismo que sucede con las drogas alucinógenas. El autor considera que el principal problema es saber cómo distinguir las percepciones falsas de las verdaderas. Lo primero que sabemos es que para adquirir información sobre el mundo los sentidos tienen que están en contacto con el entorno. Cuando percibo algo muy improbable, o imposible, puedo descartarlo porque sé que no sucede en la realidad. Pero si lo que percibo es verosímil, aunque sea falso, ¿cómo saberlo? Hay personas que oyen voces, experiencias falsas que para ellos son verdaderas sin duda (es el caso de la esquizofrenia). Tratan de explicar racionalmente cómo algo imposible puede ser real. Pueden cambiar sus ideas sobre cómo es el mundo antes que negar la realidad de una alucinación. Lo curioso, según el autor, es que estas alucionaciones no son de formas o sonidos, sino que están ligadas al mundo mental: las voces opinan sobre sus actos, les dan consejos o órdenes. Es un mundo mental falso creado por el cerebro que al sujeto le parece completamente verdadero. “El cerebro puede crear una experiencia vívida sin ningún fundamento en la realidad” (p. 56).

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