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Banco Bibliográfico > DESCUBRIENDO EL PODER DE LA MENTE > Capitulo 2 : Lo que un cerebro normal nos dice del mundo

Penetrar en las ilusiones del cerebro

CAPITULO 2. Lo que un cerebro normal nos dice del mundo

Nada más abrir los ojos somos conscientes del contenido del lugar donde estamos, no sentimos que tenemos que pensar o esforzarnos. Pero es un conocimiento adquirido. Helmholtz descubrió en 1852 que la velocidad de la conducción nerviosa es menor de lo que se pensaba: el impulso nervioso de las neuronas sensoriales tarda unos 20 ms. en recorrer un metro. Los tiempos de reacción son todavía más lentos, de unos 100 ms. Así que no percibimos los objetos del mundo exterior de manera inmediata. “Helmholtz comprendió que en el cerebro deben producirse varios procesos antes de que aparezca en la mente la representación de un objeto del mundo exterior. Sugirió que la percepción del mundo no era directa sino que dependía de “inferencias inconscientes”. En otras palabras, antes de que podamos percibir un objeto, el cerebro ha de deducir cuál podría ser ese objeto partiendo de la información que llega a los sentidos” (p. 60). La visión periférica es borrosa, pero muy sensible al cambio. Si el cerebro detecta movimiento en el borde de la visión mueve el ojo inmediatamente para mirar con detalle esa parte de la escena. Pero tiene que saber dónde se está produciendo un cambio, dentro del campo visual, para atender a ese punto. Hay una demora: lo que tarda el cerebro en hacer las inferencias insconscientes por las que llegamos a tener conciencia de una escena (de lo que vemos). Cuando somos conscientes de lo que hay en nuestro campo visual, sólo la parte central, hacia dónde miramos, la vemos con claridad, el resto permanece borroso y sin que percibamos los detalles. Tenemos una experiencia de lo que vemos que consiste más en lo “potencialmente disponible” que en lo representado con detalle en el cerebro. Experimento de Robert Zajonc: se muestra una secuencia de caras desconocidas enmascaradas por líneas (la persona no es consciente de que las ve pero el cerebro las está viendo), luego se presentan varias caras visibles, y al preguntar al sujeto cual era la que prefería, lo más probable era que eligiese la que había visto antes sin ser consciente, subliminalmente. Otro ejemplo de que el cerebro organiza lo que percibe es el Partenón de Atenas: las columnas se construyeron con ligeras correciones en sus ángulos, que no son del todo rectos, pero nosotros las percibimos como si fuesen perfectamente rectas. El cerebro no da una simagen verdadera del mundo, sino que hace inferencias sobre el mundo basándose en sensaciones elementales que recibe a través de los sentidos. Pero las informaciones que llegan desde los órganos sensoriales pueden ser erróneas. Por otra parte, “el cerebro sabe montones de cosas que nunca llegan a la mente consciente” (p. 82).

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