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Banco Bibliográfico > DESCUBRIENDO EL PODER DE LA MENTE > Capitulo 5 : Nuestra percepción del mundo es una fantasía que coincide con la realidad

Cómo lo hace el cerebro

CAPITULO 5. Nuestra percepción del mundo es una fantasía que coincide con la realidad

El aprendizaje asociativo y por ensayo y error es muy rudimentario. Experimento colores y formas, pero veo objetos que reconozco y nombro. (p. 144) La transmisión del impulso eléctrico de un área cerebral a otra intensifica o inhibe la actividad en las células de esa área: es la base de la percepción de objetos. La teoría de la información explica cómo aprendemos, mide lo que sabemos cuando hemos recibido un mensaje. El conocimiento se incrementa cuando varias posibilidades quedan reducidas a una certeza (cuando dos posibilidades se reducen a una certeza es un bit de información, si seis se reducen a una, son 2,58 bits). Cuando un mensaje contiene bits de información superflúos es más fácil decidir cual es el correcto, porque si son diferentes el cerebro puede saber dónde se han producido errores en la recepción. Si se envían tres mensajes y coindicen dos, estos dos son el mensaje correcto. El cerebro, cuando percibe, tiene que distinguir entre lo real y los errores. Al hablar con alguien miramos el movimiento de sus labios para tener una idea más clara del mensaje recibido. Inteligencia Artificial, término utilizado desde 1956 para la ciencia de construir máquinas que hiciesen procesos inteligentes. El problema más difícil de resolver ha resultado ser la percepción. La teoría de la información no tiene en cuenta al observador, por eso no se pudo preveer que sería tan difícil que una máquina percibiese. Los observadores siempre son distintos, lo mismo que su experiencia. Sus experiencias pasadas y sus expectativas difieren, lo que afecta a sus percepciones. Un mensaje es informativo si es inesperado y sorprendente, pero además hay que tener en cuenta que puede serlo para una persona y no serlo para otra. Un mensaje que contiene información modifica la visión del mundo y la conducta. Modifica además las creencias del observador sobre el mundo. Beyes midió el cambio en las creencias tras recibir un mensaje. La expectativa del receptor de que se iba a producir ese mensaje influía en el valor informativo del mensaje. Calculamos constantemente la probabilidad de que ocurran cosas. Un dato nuevo nos hace cambiar nuestras creencias si es convincente y sólido. El cerebro funciona como un observador ideal porque elige en el entorno atender a los datos que con más probabilidad corregirán sus creencias iniciales. Hay dos factores en la ecuación, por una parte el cambio de creencias ante un nuevo dato, por otra, el dato que es más probable recibir del entorno, dadas nuestras creencias. En este sentido, el cerebro es un dispositivo de predicción y que además detecta sus errores de predicción. Predice el patrón de actividad que deberían captar los ojos en una situación física determinada, y si hay errores en esa predicción, los utiliza para actuar su modelo y mejorarlo. Esto sucede constantemente, en unos 100 ms el cerebro ha realizado varios de estos bucles hasta que los errores de su modelo son irrelevantes. Los modelos no tienen que ser exhaustivo, no recoge todos los aspectos de una realidad, pero sí debe recoger con precisión los más importantes. LA PERCEPCIÓN DEPENDE DE CREENCIAS PREVIAS. La percepción comienza en realidad en el interior, un modelo del mundo donde hay objetos en el espacio, sobre el cual el cerebro predice las señales sensoriales que va a recibir, compara esas predicciones con las señales reales y detecta los errores, con los cuales mejora el modelo (todo esto sucede varias veces, en unos 100 ms). Si toco un vaso de té y está frío, puede sorprenderme si mi creencia es que estará caliente, porque siempre lo tomo caliente. Pero no si lo tomo frío habitualmente. El conocimiento previo paraq percibir proviene en primer lugar de la evolución humana, que ha incoporado al cerebro hipótesis previas sobre muchas cosas, como por ejemplo el color de la fruta madura. En segundo lugar, durante los primeros meses de vida las experiencias visuales son estímulos con los que se van formando conexiones cerebrales (hard wiring). Hay hipótesis previas que se vuelven muy sólidas: durante millones de años la principal fuente de luz, para ver los objetos, provenía del Sol. Los objetos los veíamos iluminados desde arriba, por eso el cerebro tiene dificultades para ajustar sus predicciones cuando hay formas cóncavas o convexas cuyas sombras rompen ese patrón de “luz que proviene desde arriba”. Son creencias muy fuertemente arraigadas que el cerebro no consigue corregir. Percepción y acción están ligadas: aprendemos con el cuerpo sobre el mundo. El autor considera acciones los movimientos con objetivos, que ayudan todavía más a percibir. “Mi percepción no es del mundo sino del modelo creado por mi cerebro” (p. 167). La acción tiene que ir verificando la predicción sobre lo que hay en el mundo, de otra forma el modelo predictivo del cerebro se modifica. Estos modelos están ligados a intenciones. ¿Por qué al mirar el cubo de Necker pasamos de una imagen a otra sin decidirnos a ver una de las dos? Porque no tenemos motivos para percibir la una o la otra. Cuando percibimos el color el cerebro también está haciendo ajustes con la longitud de onda: un tomate bajo luz blanca es rojo, pero bajo luz azul no refleja luz roja, y sin embargo lo seguimos viendo rojo. ¿Por qué? Porque es el color pronosticado (el que nos sirve para la intención, que es identificar ese alimento). Percibimos los modelos del mundo que el cerebro ha creado. Si percibiésemos de forma directa seríamos “esclavos de los sentidos”, nuestra atención saltaría de una cosa a otra. “Mediante el uso de la fantasía controlada el cerebro elude la tiranía del entorno” (p, 172). La verdad de los modelos del cerebro se pone a prueba mediante la comunicación interpersonal, en la que descubrimos modelos del mundo distintos al nuestro. En nuestra mente no tenemos que resolver estos problemas predictivos, si imaginamos una cara no es necesario corregir esa imagen con la imagen real. La creatividad, sostiene el autor, no está en imaginar, sino en expresar, exteriorizar, lo imaginario. Es cuando “sacamos provecho de lo inesperado de la realidad. Es por este continuo carácter inesperado por lo que interaccionar con el mundo real es tan placentero” (p. 175).

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