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CAPITULO 5. La educación del carácter
El autor expone una propuesta educativa para resolver los problemas planteados: evitar la permisividad y el autoritarismo. Se detalla en los planes de estudios de la Universidad de Padres. Idea básica: “el fin de la educación es ayudar al niño a formar una personalidad que le facilite su acceso a la felicidad privada y le anime a cooperar en Gran Proyecto Ético” (p. 103). Meta: educación de la personalidad. Elemento esencial: pedagogía de la libertad. Teoría de la personalidad articulada: válida científicamente, útil educativamente. Tres etapas en la emergencia de la personalidad: matriz biológica sobre la que se construyen las otras dos, en procesos educativos, madurativos y experienciales. Personalidad recibida, es la matriz personal genéticamente condicionada. Personalidad aprendida, es el carácter, conjunto de hábitos afectivos, cognitivos y operativos adquiridos a partir de la personalidad base. Personalidad elegida, es el modo como una persona concreta, en una situación concreta, se enfrenta o acepta su carácter y juega sus cartas. Se puede vivir en el nivel temperamental, dejarse llevar por el carácter que se ha aprendido o elegir un modo propio de vivir aprovechando el carácter que uno tiene. La tercera etapa supone admitir la posibilidad de elegir: un grado de libertad. Lo fundamental en el argumento del autor es considerar que ese grado de libertad dependerá de los recursos del carácter que la persona haya adquirido. Educación es: instrucción y formación del carácter.
En el origen de la ética está la educación del carácter. Aristóteles, el fin de la ética es educar el carácter adecuado para la felicidad y el bien. Hábitos buenos: aretés, fortalezas, facultades para la excelencia. En latín, virtus, la virtud del hombre es el deseo dirigido al bien. Es una palabra que ha perdido su significado enérgico, inventivo, porque se ha moralizado en exceso. La psicología ha reivindicado la virtud en su significado original. Seligman se propuso, como presidente de la APA, el estudio de los grandes recursos humanos, de las fortalezas, de las virtudes. En la sociedad americana esta idea encaja muy bien, porque la convivencia se basa en las virtudes cívicas, y tienen una amplia tradición en la formación del carácter. Esta educación es cada vez más relevante en el mundo educativo americano. “La educación moral en la vida del colegio”, informe elaborado en 1988 por la ASCD, listado de características de la persona madura: 1) Respeta la dignidad humana, 2) Cuida del bienestar de los demás, 3) Integra los intereses individuales y las responsabilidades sociales, 4) Demuestra integridad, 5) Refleja cuales son sus elecciones morales, 6) Busca siempre soluciones pacíficas ante un conflicto. Aspen, reunión convocada por el Instituto Jhosephson: la enseñanza moral en las escuelas. Declaración: “La gente no desarrolla de una manera automática un buen carácter moral y, por tanto, se han de hacer esfuerzos conscientes para poder ayudar a los jóvenes para que consigan los valores y habilidades necesarias para que sus decisiones y sus comportamientos sean plenamente morales” (p. 108). Valores que deben dirigir la educación del carácter: respeto, responsabilidad, caridad, ciudadanía, confianza, justicia. Método de la educación del carácter, consiste en fomentar hábitos de la inteligencia, del corazón y operativos, lo que permitirá al individuo desarrollar sus capacidades (flourish): llegar a ser lo mejor que puede llegar a ser. El modelo que propone el autor recoge las dos corrientes de educación del carácter, la que insiste en la formación de hábitos y la que propone el razonamiento moral. Porque los hábitos favorecen el ejercicio del juicio crítico, y dentro de los hábitos el de pensar críticamente tiene una jerarquía superior (es la máxima demostración de la inteligencia práctica, la phronesis.
El libro “Carácter strenghts and virtues” dirigido por Peterson y Seligman, recoge la documentación que la psicología está elaborando sobre los principales recursos humanos (Human Strenghts). Son los grandes recursos que pueden favorecer el desarrollo personal y la convivencia justa: creatividad, interés por aprender, apertura de mente, valentía, perseverancia, integridad, vitalidad, amor, compasión, justicia, humildad, prudencia, autodominio, apreciación de la belleza, gratitud, esperanza, humor, espiritualidad. Educación del carácter como núcleo de una educación de la personalidad. Recurso es la traducción de virtud en el modelo del autor: características psicológicas dirigidas por valores morales. “Suscitan sentimientos adecuados, y facilitan las conductas correctas para conseguir los grandes objetivos personales y sociales: la felicidad privada y la justicia, que es la felicidad pública” (p. 112). La educación tiene dos objetivos: instrucción y formación del carácter. Modelo que el autor considera más justificado y realizable, considera la educación del carácter como aprendizaje de la libertad, en siete dimensiones diferentes:
1. Primera dimensión: La representación del mundo. Creencias básicas acerca de la realidad y de nosotros mismos. Cada niño crea su propio mundo, que debería caracterizarse por: veracidad, extensión, riqueza de valores, amplitud de posibilidades.
2. Segunda dimensión: Los hábitos intelectuales. Pensar, actividad que engloba la formación de conceptos, captar relaciones, buscar información, comprender, expresarse, razonar, inventar, hacer proyectos, criticar la información recibida, creatividad, capacidad de resolver problemas. Amor al conocimiento, respeto a los argumentos, búsqueda de evidencias compartidas. Deber de pensar críticamente. Razonamiento moral (Kholberg) y Filosofía para niños (Lipmann).
3. Tercera dimensión: Buen tono vital. Capacidad de disfrutar. Se define por la seguridad básica, la confianza en uno mismo, la actitud activa ante la realidad y sus problemas, la resistencia, la capacidad de entusiasmarse, la ausencia de miedos, la tendencia a la alegría, el optimismo, una cierta dureza. Actitud activa, vitalidad, resiliencia, optimismo, construcción del sentido de la vida mediante el compromiso y la creatividad.
4. Cuarta dimensión: La autonomía. Definición rigurosa de la libertad: elegir mis metas, administrar mis energías, decidir cuando he alcanzado un objetivo. Recurso que implica la construcción de la voluntad. Destrezas aprendidas de la libertad. Incluye muchos factores.
5. Quinta dimensión: La vinculación. Fundamento social de nuestra inteligencia, voluntad, libertad, felicidad. Establecer vínculos beneficiosos con los demás. Capacidad de amar, de comunicarse, de colaborar. Necesidad de convivir, y la convivencia como una tarea muy ardua.
6. Sexta dimensión: Elección del proyecto vital. La vida como realización de un proyecto, en lugar de cómo una sucesión de azares. Cuota de libertad: dependerá de que seamos capaces de diseñar un proyecto y realizarlo; negociación perpétua entre posibilidades y limitaciones.
7. Séptima dimensión: Los hábitos ejecutivos. Las dimensiones anteriores son previas a la acción. Virtudes de la acción: valentía, decisión, constancia, ánimo, aguante, tenacidad, diligencia.
El desarrollo de estas siete dimensiones configura un modelo educativo potente, que se ajusta a la realidad y está abierto a posibilidades creadoras. Es un modelo que desmonta, en parte, el sistema invisible: “Hay que aprender la libertad” (p. 121).