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CAPITULO 6. Familia y autoridad
Asunción de autoridad, ejercicio de responsabilidad en la familia y en la escuela. Puesta en práctica de la educación del carácter, pedagogía de la libertad. “Educar, sea en la familia o sea en la escuela, es tender un puente entre las experiencias espontáneas del niño y la cultura adquirida por una sociedad, que señala los recursos que el niño tiene que adquirir para desarrollarse adecuadamente” (p. 123). El adulto debe dirigir el desarrollo del niño, conocer el objetivo, pero para ello debe también conectar con sus intereses. La educación transforma las metas de los niños, la sociedad orienta e influye. Cuales son las responsabilidades educativas de la familia: los padres tienen potestad educativa sobre sus hijos (un poder legítimo). “Ellos son los primeros responsables de la vida y de la educación de sus niños, de integrarlos en una comunidad éticamente digna, de favorecer su desarrollo y autonomía” (p. 124). Todo lo que afecte a los niños debe someterse a un doble criterio: 1) actuar de acuerdo al superior interés del menor (legislación), facilitar la ampliación de sus posibilidades vitales, de su autonomía; 2) colaborar a la realización del Gran Proyecto Ético, que les legitima.
La institución familiar debería dotar a los padres de una autoridad conferida, que necesitan para cumplir su función. Pero la familia tiene poco prestigio en la actualidad, se resquebraja como institución. La autoridad institucional de los padres se ha debilitado. Se ha perdido el culto inmemorial a los padres, cada uno reconoce su libertad, vive para sí mismo. Aparecen ciudadanos que se consideran con derechos y sin deberes. Aumentan los reproches a los padres: culpables del fracaso escolar de los hijos, de no participar en la escuela, de dejar la educación en manos de los profesores, de dejarles ver la televisión, de que no se hacen respetar. En la familia patriarcal los deberes se cumplían, pero no se ejercitaban los derechos. Pedagogía de la sumisión, sin educar la libertad. La patria potestad, en la actualidad, es un derecho de los padres que tiene como finalidad permitirles satisfacer los derechos fundamentales de sus hijos menores de edad: “es el derecho de cumplir sus deberes” (p. 129). Los padres pueden tomar las medidas necesarias para educar a sus hijos, hasta que puedan lesionar otros derechos o normas morales. Artículo 154 del código civil español, señala que los hijos deben: 1) Obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre, 2) Contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras vivan con ella. “Los padres están autorizados, pues, para educar a sus hijos” (p. 130). Pero luego deben saber ejercer esa autorización. Antes toda la sociedad transmitía el respeto a los padres. Muchos padres hoy día tratan de ser amigos de sus hijos, para evitar posturas de autoridad. En otros casos los padres se separan y discuten sobre cómo deben educar a los niños. La sociedad ayuda poco a las familias. La autoridad recibida de los padres es más débil, por lo que hay que reforzar la autoridad personal: sin tener que apelar a los procedimientos coactivos que permite la patria potestad. La autoridad personal de los padres se desdobla en dos competencias: 1) Profesional, los padres deben conocer los principios básicos de la educación, 2) Autoridad moral, demostrar el cariño, el interés, el modo honesto de comportarse, el cumplimiento de sus deberes. “Las familias educan por el modo que tienen de resolver los problemas internos, por la calidad de las relaciones familiares, incluidas, claro está, las de pareja” (p. 131). Si la institución familiar se refuerza por un mayor reconocimiento social, la tarea educativa de los padres se facilita, y al cumplir estos mejor su responsabilidad, se prestigia la institución familiar.
Las investigaciones sobre los estilos educativos (Whiting, Maccoby, Martin, Baumrid) revelan que cada uno de ellos tienen como resultado una socialización de los niños completamente distinta, variando además de unas culturas a otras. Diana Baumrid encontró que el 77% de las familias estaban dentro de alguno de los siguientes estilos educativos: 1) Autoritario: exigencia y frialdad afectiva. Los niños en edad preescolar se mostraban con falta de competencia social, sin iniciativa, buscan la autoridad del adulto ante cualquier conflicto, poca espontaneidad y curiosidad. 2) Responsable: exigencia y calidez afectiva. Los niños en la edad preescolar se comportan con confianza en sí mismos, con más autocontrol, dispuestos a explorar, más satisfechos. Los padres son exigentes y tienen una disciplina razonada, mejor comprensión yu aceptación de normas sociales. 3) Permisivo: baja exigencia y calidez afectiva. Rasgos de inmadurez, dificultad para controlar los impulsos, aceptar responsabilidad por sus actos, actuar con independencia. El método responsable es el que mejor atiende el desarrollo del niño. Los padres se sienten presionados ante la posibilidad de educar mal a sus hijos, de desprotegerles, dañarles. La cultura educativa ejercer presión sobre los padres, paradójicamente al estar centrada sobre el niño. “Un cierto grado de apoyo cultural y estar convencido de que está haciendo bien al niño”, según Damon, es lo que necesitan los padres para ejercer este estilo educativo responsable. Otras presiones tienen que ver con la moda, con la cantidad de juguetes que tiene un niño, con la exigencia de que todos los niños deben tener “talentos extraordinarios”. Es urgente quitarles a los padres los miedos que les paralizan ante la tarea educativa: hay dos herramientas educativas que no deben perderse, la ternura y la exigencia (firmeza de las expectativas). En la Universidad de Padres esta recomendación se repite constantemente.
La función educativa de los padres tiene por objetivo facilitar la independencia y la autonomía de sus hijos. Por este motivo el autor considera que es una pedagogía de la libertad, un aprendizaje lento pero imprescindible. El niño va adquiriendo la confianza de un mundo que se ordena progresivamente, a través de los ritmos del sueño y la comida, porque los cuidadores actúan de un modo previsible. La enseñanza de límites la interpretan los niños como una demostración de que sus padres les quieren (Fraiberg). El niño encuentra seguridad en la disciplina, la disciplina es enseñar y no castigar (Brazelton).
Uno de los motores que impulsan al niño es el deseo de independencia y de autonomía: necesita recibir su aprobación y ser consciente de que progresa, esto aumentará su confianza en sí mismo, y en sus capacidades. El lenguaje del deber en la educación del niño, y el de la responsabilidad. Encomendarles pequeñas responsabilidades (pedagogía de la libertad). Qué es responsabilidad psicológica, saber responder a tres preguntas: ¿Qué estás haciendo?, ¿Por qué lo estás haciendo?, ¿Qué consecuencias crees que va a tener lo que haces? Responsabilidad moral es cumplir con los deberes que cada uno tiene. Un gran error educativo es considerar la adolescencia una etapa de irresponsabilidad. En Estados Unidos los alumnos de secundaria realizan programas de “aprendizaje servicio”, en sus comunidades. En Francia se estudia implantar un “servicio cívico”. Es importante razonar con el niño sobre los deberes, aunque parezca que no comprende esas razones. Dos niveles de la educación de la libertad: 1) construcción de la libertad por parte del niño, 2) sistemas de orientación, principios éticos básicos que debe proporcionarle la familia. Otras destrezas que deben aprenderse para construir la libertad: el niño tiene que ir aprendiendo a dirigir inteligentemente su comportamiento, a resolver él mismo las dificultades, aunque con el apoyo de los padres. La tercera destreza: tomar decisiones. Cuarta destreza: mantener el esfuerzo y aplazar la recompensa.
Por último, no se puede descuidar la formación de la conciencia moral de los niños. La educación permisiva elimina el concepto de deber, y esta es una de las raíces de la violencia social. Nos avergüenza hablar de deberes morales: los niños necesitan recursos éticos para afrontar un mundo muy complejo. Por este motivo hay numerosos casos de niños que están fuera de control en situaciones sociales. Necesitamos recuperar los principios socializadores sobre los cuales se basan el crecimiento intelectual y moral de los jóvenes. Estos son: controles familiares consistentes y razonables, comunicación clara de los padres al niño. La estructura firme sobre la que es posible educar a los hijos es el sentimiento del deber. Es importante recuperar el sentido de la palabra disciplina: el entrenamiento es su arquetipo, y debe suponer aprendizaje, si no es simplemente castigo.