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Banco Bibliográfico > EL NIÑO Y LA FAMILIA > Capitulo 1 : SITUACIÓN ACTUAL DE LA FAMILIA

CAPITULO 1. SITUACIÓN ACTUAL DE LA FAMILIA

En este primer capítulo Françoise Dolto pretende, desde su posición de psicoanalista, transcribirnos su experiencia para abordar el problema de la familia actual. El psicoanalista también se preocupa por los problemas de la educación normal, por los problemas simplemente humanos, que a veces son la raíz de traumatismos graves en la vida de los individuos. La familia se transforma. Estamos asistiendo a una fragmentación de las estructuras tradicionales en la familia. Los padres ya no tienen prestigio y su autoridad se siente como autoritarismo. Es una realidad que la familia se ha transformado. No tiene la misma identidad que anteriormente puesto que cambia continuamente de lugar, las casas se han hecho más pequeñas y ya no es posible “almacenar” recuerdos familiares; en definitiva, ya no hay raíces. A esto se añade que, con la aparición de la televisión, se introdujo en las familias un ambiente completamente extraño, donde aparecen personas que se convierten en el centro de la vida de adultos y niños. Como consecuencia de ello, las familias conversan muy poco y sólo hablando se conocen las personas. Las imágenes mentales del padre y de la madre. En el estado de cosas actual ¿qué puede representar la familia para un niño? Para un niño, el padre es lo que corresponde al aspecto discontinuo de su psicología, es alguien con quien el niño se identifica cuando es varón, alguien que le señala sus quebrantamientos de la ley, que le apoya en su evolución social y que le da una moneda de cambio, el dinero; un padre es la persona que le introduce en la ley de los intercambios sociales. Para el niño, la madre es el ser que le da de comer y le cuida; es una entidad que satisface sus necesidades y encuentra siempre la manera de atenderle cuando él “no puede con su alma”. Gracias a esta idea de la madre consoladora y el padre rector que llevan en su interior, los adolescentes pueden resolver la mayor parte de sus problemas. Los períodos difíciles del destete y de tocarlo todo. Si estos dos difíciles períodos del niño han transcurrido bien, ningún acontecimiento tendrá ya graves repercusiones en la vida del adulto. El destete, que es una separación del cuerpo a cuerpo con la madre, se debe acompañar de una mayor cantidad de palabras y gestos. Si este periodo se vive bien, el niño prosigue su desarrollo hacia la motricidad (que siempre debe tener lugar antes de la educación de los esfínteres), la habilidad con su cuerpo (movilidad de manos, subir y bajar escaleras, etc.), es decir, su desarrollo normal. La edad de tocarlo todo también es muy importante. Dura aproximadamente un mes o mes y medio entre los 14 y 18 meses de edad. Si en ese periodo la madre está presente y verbaliza constantemente las experiencias del niño (por ejemplo, hay que coger de tal forma la tetera caliente o una plancha para no quemarse), si para todas las tareas peligrosas que realice le acompañamos con la palabra y el gesto, se advertirá que el niño se hace pronto muy prudente. También es cierto que puesto que la educación tiene como fin la autonomía de la persona, el niño debe saber que si le pasa algo malo no le regañarán por eso, puesto que la causa es que lo hizo mal, pero también podía haberlo hecho mal un adulto. De esta forma, sintiéndose en el mismo lado que los adultos, consiguen una plena formación. El niño y la ley. Hay que poner en conocimiento de los niños la existencia de las leyes lo más pronto posible. Lo que sí es cierto es que cuando establezcamos una ley para ellos, debemos tener presente que se trate de una verdadera ley y no de algo que establezcamos nosotros en un momento determinado porque nos resulte cómodo. Si hay una prohibición y el niño la transgrede, se siente culpable y ese sentimiento se aplaca con un castigo, pero ha de ser un castigo que el niño conozca de antemano (el niño debe conocer que si hace algo prohibido tendrá tal castigo). La generosidad. Hay una edad de la generosidad. Pero antes de esta fase, el niño ha tenido que pasar por la fase de la posesividad y posteriormente por la edad del trueque, fase esta última que normalmente los padres desaprueban: un niño cambiará una pluma estilográfica por una canica; pero no debemos mezclarnos en los trueques de los niños, hay que dejarles llegar a un acuerdo, pues el conocimiento del valor del dinero viene más tarde, hacia los 7 u 8 años. Sólo entonces puede hablarse de generosidad, cuando hay conocimiento del valor de las cosas. El pudor. La creencia de que pasearse completamente desnudos delante del niño es bueno para ellos, es del todo falsa. Dejémosle en la ignorancia, salvo de aquello que tratará de mirar él solo, por ejemplo, por el agujero de la cerradura. De este modo es como respetamos su pudor y su libertad. Asimismo, debemos ausentarnos del aseo del niño desde el momento en que ya no necesita nuestra ayuda; permitámosle incluso que se cierre la puerta con llave si insiste en ello (evidentemente, sabiendo que tenemos opción a entrar en caso de apuros).

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