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Banco Bibliográfico > EL NIÑO Y LA FAMILIA > Capitulo 2 : CONFLICTOS ENTRE LOS HIJOS DE UNA MISMA FAMILIA

CAPITULO 2. CONFLICTOS ENTRE LOS HIJOS DE UNA MISMA FAMILIA

Como en todos los problemas que afectan a las relaciones familiares, la actitud que se debe adoptar tiene al menos dos aspectos: ¿Cómo prevenir las rivalidades entre los hijos de una misma familia? La llegada de un hermano normalmente introduce el desconcierto en la vida del hermano mayor. Por lo general, ante la actitud hostil del mayor hacia el pequeño, se le regaña, se le razona, se le trata de probar con dulzura que su comportamiento es egoísta y feo, etc. ¡Qué gran error! La manera de prevenir los celos de los hermanos durante la infancia es permitirles expresar todo su despecho ante la llegada del rival. Sólo él conoce su aflicción y no podemos disminuirla persuadiéndole; únicamente podemos decir que le comprendemos y que en efecto, su hermano es muy pesado. Con esta actitud, normalmente el hermano mayor una vez tocado fondo, comienza con gran rapidez a salir en defensa del menor: “no, no es verdad que sea pesado, es que es muy pequeño”; aquí la madre ya no debe seguir insistiendo, sino que diga: “¿tu crees?” o, si acaso, “quizás tengas razón”. Poco después el menor habrá sido aceptado definitivamente y ello porque se ha dejado al mayor expresar su sufrimiento sin despojarle de su autoestima (lo que sucede cuando se le censura al mostrarse celoso). ¿Cómo actuar cuando la rivalidad se ha declarado y los hermanos están discutiendo constantemente? Sobre todo, no hay que intervenir nunca para proteger a uno, con el pretexto de que es el más pequeño o el más débil, o de que es una niña y es vergonzoso atacarla. Si un niño se queja de los otros hermanos, se deben escuchar sus quejas, compadecerlo, pero nunca censurar al supuesto atacante. Es el niño quien debe sacar las conclusiones respecto al comportamiento. El adulto debe limitarse a cuidar, compadecer y alentar, pero nunca juzgar a los beligerantes, sí animar a la víctima a que aprenda a salir mejor de las dificultades en el porvenir. Si un niño se queja de que se favorece a tal hermano de alguna u otra manera, sobre todo hay que procurar no negar el hecho. Tratando de justificarnos empeoramos la situación; hagamos lo que hagamos nunca se sentirán tratados con equidad, porque la equidad, para ellos, sería que los trataran siempre según sus deseos y sus apetitos. Por tanto, debemos admitir que quizás no seamos justos, pero que el mundo tampoco es siempre justo. Normalmente los conflictos de celos con esta actitud se difuminarán. Si una trifulca entre hermanos ha producido daños, no deben distribuirse castigos; hay que hacer que todos los participantes contribuyan a la reparación sin entrar en valoraciones, a menos que uno de ellos se declare libremente responsable único y capaz de reparar el daño él solo.

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