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Banco Bibliográfico > EL NIÑO Y LA FAMILIA > Capitulo 3 : AMOR, MATRIMONIO Y FELICIDAD

CAPITULO 3. AMOR, MATRIMONIO Y FELICIDAD

En la actualidad, por desgracia, las parejas “cojas” son demasiado corrientes. Se oye decir que tal o cual cónyuge, en un matrimonio con problemas, tiene la culpa y que tal otro es un infeliz digno de lástima, sobreentendiendo su virtud. Vivimos en un mundo en que el hecho de ser una víctima hace estimable a una persona. Ahí está el error. ¿Cómo favorecer las posibilidades de un matrimonio feliz? Hagamos una comparación: antes de acometer, por ejemplo, un largo viaje por una tierra desconocida, nos ponemos a prueba a nosotros mismos, después de habernos preparado debidamente primero. Sólo nos decidimos a partir cuando todo está dispuesto y hemos previsto al máximo los medios para superar las circunstancias que dependen de condiciones ajenas a nosotros. Esto es la prudencia. Pues bien, ¿cuántos hombres y mujeres se lanzan al matrimonio sin preparación, sin haberse puesto a prueba a sí mismos? Y subrayamos a sí mismos, porque normalmente durante el noviazgo los jóvenes suelen poner a prueba al otro, pero nunca a sí mismos. Y ¿cómo ponerse a prueba a sí mismo? Pasando de forma natural por las diferentes fases de evolución de la elección del compañero en la vida afectiva. Desde la infancia cada uno de nosotros se orienta hacia la idea de un ser al que amar por elección. La palabra “amar” corresponde a planos de atracción de tres órdenes: sensual, sentimental y cerebral. Si el desarrollo de un ser humano se hace armoniosamente, el desarrollo intelectual (la inteligencia), el afectivo (el corazón) y el físico (los instintos) tendrán lugar de forma simultánea. A modo de ejemplo, podríamos decir que un árbol no puede dar fruto antes de haber dado hojas y después flores. No se puede hacer trampas con la biología. Si no se ha llegado a la edad adulta, sobre todo desde el punto de vista de la madurez del corazón y del pensamiento, lo único que se puede hacer es fingir que se es marido o mujer. El problema es que esa madurez sólo puede revelarse a través del comportamiento de cada uno y sólo cada persona, en su fuero interno, puede saber a qué móvil obedece en su elección de pareja; y ese móvil depende exclusivamente del estadio de evolución afectiva al que la persona ha llegado. Cuántos hombres y mujeres adultos deciden construir su vida socialmente en un momento de su evolución que no es duradero, porque es un estadio infantil y, más pronto o más tarde, su desarrollo natural rechazará la elección. A veces se mantiene en interés de los hijos que han nacido, pero ese matrimonio no es más que una fuente de sufrimiento e incluso de fracaso social. El futuro, sin embargo, a este respecto, no está en los matrimonios tardíos, sino en el desarrollo más equilibrado de los jóvenes, sin bloqueos de su vida afectiva. No se trata tampoco de recomendar la precocidad sexual, ni el matrimonio a prueba. Pero haría falta que, en cada edad de la infancia y de la juventud, se viviera con libertad la edad amorosa correspondiente. Así, llegados a la edad adulta, los jóvenes de uno y otro sexo habrían alcanzado de manera completamente natural la edad afectiva adulta.

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