nombre
 
contraseña Entrar
Registrarse | Olvidó su contraseña
Banco Bibliográfico > Y el cerebro creo al hombre > Capitulo 7 : La conciencia observada

CAPITULO 7. La conciencia observada

La conciencia es un estado mental al que se le ha añadido un proceso en que uno se siente a sí mismo. Los estados mentales conscientes manejan necesariamente un conocimiento basado en diferentes materiales sensoriales y manifiestan propiedades cualitativas variadas para las diferentes corrientes sensoriales, Los estados mentales conscientes son sentidos.(243) No se trata de estados de vigilia, porque conciencia y vigilia no son lo mismo. Los sueños son un modo de conciencia, y en cambio puede haber vigilia sin conciencia, como en los casos de afección neurológica que llamamos estados vegetativos. Los estudios de Adrian Owen mostraron que un cerebro en estado vegetativo muestra patrones de actividad congruentes con las preguntas que el médico le hacía. Incluso en ausencia de todos los signos conductuales de conciencia, podía haber signos de la clase de actividad cerebral que se suele considerar correlativa de los procesos mentales. Algo parecido ocurre en ciertas crisis epilépticas. El paciente está despierto, pero sufre una ausencia de conciencia.
“Este tipo de casos proporcionan una prueba convincente, tal vez la única definitiva, de una discontinuidad entre, por un lado, dos funciones que siguen estando disponibles, la mente y la vigilia, y del otro, la función del “sí mismo”, que desde cualquier punto de vista no era accesible.(253) La vigilia y la mente no son “cosas” que se rijan por la ley de todo o nada. El sí mismo no es una cosa, sino un proceso dinámico que durante la mayor parte de nuestras horas de vigilia se mantiene en niveles bastante estables, pero que se halla sujeto a variaciones, grandes y pequeñas durante ese periodo, sobre todo en los tramos finales de la vigilia. La conciencia fluctúa. Hay una escala de “intensidad” de la conciencia. No es lo mismo cuando estamos a punto de dormirnos que cuando participamos en un intenso debate que reclama sagacidad y atención a los detalles que afloran sin cesar. Pero hay un segundo criterio con el que podemos evaluar la conciencia y que tiene que ver con el campo de la acción. A veces nos encontramos sosegadamente identificados con nosotros mismos, en otras, por ejemplo, cuando estamos agitados por preocupaciones y prisas, hay una conciencia extendida a muchas cosas. A la conciencia de mínimo alcance la he llamado “conciencia central”, es la conciencia centrada en el aquí y ahora. A la conciencia de gran alcance le he dado el nombre de conciencia autobiográfica o extendida. Tampoco son categorías rígidas, pero distinguirlas tiene una utilidad: nos permite proponer que hay manifestaciones diferentes en la escala de la conciencia, desde el animal al hombre.
La conciencia central no necesita del lenguaje, y debió de haber precedido al lenguaje, lógicamente en las especies no humanas, pero también en la humana. En efecto, el lenguaje probablemente no hubiera evolucionado ni siquiera en individuos desprovistos de esta básica concien cia central. ¿Para que iban a necesitarlo? Al contrario, en los niveles más elevados de la escala, la conciencia autobiográfica depende exhaustivamente del lenguaje” (264)
Para comprender lo que es la conciencia debemos conocer la magnitud de lo que hubo antes, es decir, de lo que seres vivos con cerebros normales y mentes era capaces de hacer antes de que su especie llegara a tener conciencia. Hay un gran inconsciente que está formado por dos componentes: uno activo, el que constituyen todas las imágenes que se forman sobre cada tema y cada matiz, imágenes que posiblemente no pueden competir con éxito por los favores del sí mismo y por ello permanecen en gran medida desconocidas, y un componente latente, constituido por el repositorio de archivos y registros codificados a partir de los cuales se pueden formar imágenes explícitas”(265) Influyen varios factores: (1) EL cerebro produce constantemente una cantidad sobreabundante de imágenes. (2) El cerebro tiende en gran medida a organizar esta abundancia de material dándole cierto tipo de estructura narrativa coherente en la que a ciertas acciones se les otorga el papel de causas de ciertos efectos. Esto precisa de la selección de la imágenes correctas y su ordenación en una hilera de unidades de tiempo y en cuadres espaciales. No es una tarea fácil dado que, desde la perspectiva de su dueño, no todas las imágenes son del mismo tipo. Algunas están mas relacionadas que otras con las propias necesidades y, por ello, las acompañan sentimientos diferentes. Las imágenes son valoradas de manera variada. Dicho sea de paso, cuando dio que “el cerebro tiende a organizar”, y no “el sí mismo organiza”. Lo hago a propósito. En ciertas ocasiones la edición procede de forma natural con u mínimo control autoimpuesto. Que esa edición, en tales ocasiones, tenga éxito, depende de lo “bien” que nuestro sí mismo maduro haya “educado” a nuestros procesos no conscientes”(266). (3) Solo un reducido número de imágenes puede mostrarse claramente en un momento determinado, debido al escaso espacio de elaboración de imágenes. En la generación de la era digital que ha crecido realizando multitareas, están subiendo los limites superiores de atención en el cerebro humano. Lo cual es posible que cambie ciertos aspectos de la conciencia en un futuro no muy lejano, si es que no lo ha hecho ya. El hecho de romper la invisible barrera de la atención tiene ventajas evidentes, y las capacidades asociativas que ha generado la multitarea constituyen una ventaja tremenda, aunque habrá que hacer frente a algunos costes en término de aprendizaje, consolidación de la memoria y emociones. Y lo cierto es que no tenemos ni idea de cuáles pueden ser estos costes” (267)
Tal vez la selección de imágenes se hiciera antes de que la conciencia existiera, aprovechando lo que estaba mas relacionado con las necesidades. La intensidad de la emoción se utiliza para marcar la importancia relativa de la imagen. La hipótesis del marcador somático ofrece un mecanismo para el modo en que el cerebro realizaría una selección de las imágenes según su valor y cómo esa selección se traduciría en continuidades editadas de imágenes.(268)
Con anterioridad a la aparición del “si mismo” y de la conciencia, los organismos estuvieron perfeccionando una máquina de regulación biológica sobre la que se acabó construyendo la conciencia. “Antes de la conciencia, la regulación de la vida era totalmente automática, y después de la aparición de la conciencia, la regulación de la vida conservó un automatismo, pero de manera paulatina quedó bajo el influjo de deliberaciones orientadas por el sí mismo. De ahí que los fundamentos de los procesos de a conciencia sean los procesos inconscientes que se encargan de la regulación de la vida; las disposiciones ciegas que regulan las funciones metabólicas y se hallan en los núcleos del tronco encefálico y del hipotálamo; las disposiciones que se encargan de transmitir castigos y gratificaciones y que promueven impulsos, motivaciones y emociones; y el dispositivo que procesa los mapas y se encarga de elaborar imágenes en la percepción y en el recuerdo, y que puede seleccionar y editar esta clase de imágenes. La conciencia es una recién llegada en la gestión de la vida. (271).

Capitulo AnteriorVolver al Indice Capitulo Siguiente


acerca de | nota legal | condiciones de uso | contacto | Optimizada para Internet Explorer 800x600
© Empresas Filosóficas S.L. | joseantoniomarina.net | | Diseño web