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CAPITULO 5. El alumno descontrolado: Trastorno de conducta

Es una conducta antisocial patológica, severa y crónica que viola los derechos de los demás o las normas sociales fundamentales. Plantean problemas muy serios a los docentes. Agravan los problemas de los TOD. Correlacionada con la violencia y con déficit de atención. El TC es tratable, pero conviene empezar cuando antes. Las continuas peleas en el nivel preescolar pueden indicar problemas severos más tarde. Si las peleas continúan en la escuela intermedia, hay probabilidades de que el estudiante cometa un acto criminal. Tienen componente genético y otro ambiental. Puede manifestarse a los 3-4 años. Puede corregirse pero hace falta que muchas personas colaboren en ello.
Causas: Mala regulación química. Pobres niveles de cortisol, lo que supone muy poco estrés ante una amenaza. Haber sufrido abusos infantiles (los niños aprenden por imitación). Traumas. Abuso de sustancias por parte de los padres. Pobres habilidades de parenting. Genes.
Síntomas: (1).- Falta de habilidades sociales, como dar las gracias, mantener una conversación, escuchar, conducirse de una manera aceptable, tener en cuenta las necesidades de los demás. (2) Trastornos del humor, como ansiedad o depresión. (3) Hiperactividad, definida como una excesiva actividad motora, en relación con la edad. (4) Impulsividad, actuar sin mirar las consecuencias (5) conductas antisociales del adolescente que no son explicable por otros desórdenes. (6) Conductas agresivas o disruptivas, bullying o agresiones a otros. (7) Ausencia de culpabilidad, remordimientos o sentimientos en relación con los demás, (8) Hacer daño o matar animales (9) Mentir, robar. (10) Falta de empatía.
Un síntoma no es suficiente, pero dos o más mostrados consistentemente durante seis meses aconsejan una investigación posterior.
¿Qué PODEMOS HACER?
La intervención temprana es crítica. El TC puede manifestarse a los 3 ó 4 años. Cuando se observa el DC durante meses hay que intervenir seriamente. Los consejos generales son los proporcionados en capítulos anteriores (1) Confianza en que se puede resolver (2) Configurar un equipo (3) centrarse en cambiar el sistema operativo (4) mantenerse la relación (5) Tener paciencia.
Recuerde que es un trastorno cerebral y hace falta ser inteligente. Los pacientes con frecuencia son capaces de convencer a las personas que les rodean de que ellos son los culpables. Son manipuladores. Hay que implicar a la mayor cantidad de agentes posibles.
Consejos específicos:
1.- Utilice intervenciones conductuales. Ante todo vigile su propio nivel de estrés, porque la tarea es dura. Evite plantear una lucha de poder. Ofrézcale controlar más el entorno, proponiéndole una experiencia de elección, entre alternativas que usted ha aprobado previamente, propóngale trabajos –con cosas, no con personas- y ayúdele a manejar la furia. Intente que escriba, pinte o emprenda actividades que reducen el estrés.
2.- Desarrolle un plan. Busque ayuda lo antes posible. Forme un equipo con todas las personas implicadas, y elaboren un plan. Conviene tener las respuestas preparadas, para no dejarse absorber por la energía negativa del alumno. El objetivo es mantener consistentes expectativas e ir desactivando las situaciones, cuando ocurran. Conviene reunirse periódicamente con el equipo, no aceptar información no verificada de paciente, no incluirle en las discusiones, pero compartir con él el plan establecido. Hay que tomar en consideración medidas psicológicas (modificación de conductas) y físicas (fármacos). Incluya la educación emocional en su currículo escolar.
Estas son las preguntas relevantes que los padres y profesores deben hacer al equipo:
1.- ¿Qué respuesta es apropiada cuando el estudiante interrumpe disruptivamente en clase o molesta incesantemente a los demás?
2.- ¿Qué hacer cuando comienza una pelea?
3.- ¿Qué hacer si lleva un arma a la escuela?
4.- ¿Qué hacer cuando tiene un ataque de furia?
5.- ¿Qué responder si el adolescente verbalmente amenaza con suicidarse, dañar a otros o marcharse de casa?
3.- Proporcionar un entorno positivo. Mantenga un entorno positivo para los alumnos con TC. Rodéele de compañeros optimistas y afirmativos. Aumente su actividad física, porque el movimiento y la actividad física son reguladores de la serotonina, que puede aumentar la flexibilidad cognitiva.
4.- No asuma que el paciente está sufriendo. Las personas con DC mienten mucho. No entre en sus historias.
5.- Sea concreto en sus peticiones. Seleccione sólo una o dos conductas inapropiadas que deseada cambiar. “Pórtate bien” conviene decir “Haz esto, por favor”.
6.- Sea consistente. Es importante que el niño no reciba mensajes contradictorios de sus diferentes cuidadores.
7.- Use privilegios en lugar de otras recompensas físicas o monetarias.
8.- Comparta el plan con el paciente
9.- Busque consejo profesional. Ni los padres ni los docentes pueden enfrentarse solos a este problema. Una compañía llamada “Therapeutic Options” puede entrenar al staff para tratar adecuadamente con los niños que sufren DC.
10.- Esfuércese en detectarlo pronto. Algunos patrones (las peleas continuas) pueden indicar un problema. Anote en un cuaderno las ocasiones, la hora, los días, para ver si el comportamiento es permanente. Las intervenciones son más efectivas cuando se administran en 3 ó 4 curo antes de ir a secundaria.
11.- Cuide la alimentación. Alimentos como la leche o el pavo tienen un aminoácido esencial, el triptófano, que es un tranquilizante natural.

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