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Banco Bibliográfico > The male brain > Capitulo 2 : El cerebro adolescente

CAPITULO 2. El cerebro adolescente

Los cambios entre el cerebro preadolescente y adolescente son notables. El cerebro está regulado por dos sistemas: activación e inhibición. Este último no se desarrolla hasta la veintena, por lo que se acelera mucho su conducta de riesgo sin ningún tipo de freno o reflexión. Algunas áreas cerebrales crecen desmesuradamente y otras se recortan o se redirigen. El cerebro tarda 8 ó 9 años en completar la remodelación, así que durante esta etapa los chicos se enfrentan a numerosos cambios. Dificultad de mantener la concentración en los estudios. Aparece la somnolencia, porque el ciclo de sueño empieza a cambiar. Los receptores de testosterona reprograman las células horarias del cerebro –en el núcleo supraquiasmático, o NSC- , de modo que necesita dormir más. Aumenta el aburrimiento, ya que el centro del placer a estas edades está como entumecido, se vuelve muy difícil de activar, no es lo bastante sensible para percibir los niveles normales de estimulación. Necesitan mayores dosis de riesgo, aventura, etc. También emerge la vasopresina, que vuelve al adolescente muy territorial con su habitación.
Uno de los objetivos fundamentales de las hormonas es inducir nuevas conductas mediante la modificación de las percepciones cerebrales. La testosterona y la vasopresina son las que alteran la percepción de la realidad del adolescente chico, al igual que hacen la oxcitocina y el estrógeno en las chicas. Propician las conductas agresivas y territoriales. Amígdala e hipotálamo se vuelven hipersensibles a las amenazas potenciales. Aunque no se note, la aceptación social se convierte en algo fundamental. La Zona Cingulada Rostral (una especie de medidor de aprobación-desaprobación), se encuentra en proceso de reajuste, por lo que pueden ser muy susceptibles. Esta ZCR puede responder a una habilidad adaptativa para integrarse y evitar la exclusión del grupo (lo que en su momento equivaldría a la muerte). Disminuye la comunicación. Barreras físicas sobre todo contra la madre, aversión al contacto físico. Intensa necesidad de independencia y separación de los progenitores y de adhesión al grupo de pares.
La llegada torrencial de testosterona dispara el desarrollo de los circuitos cerebrales masculinos configurados desde antes de nacer. Y este incremento afecta, fundamentalmente, a un ámbito: el sexual. La búsqueda sexual se instala en el centro de su mente, que parece interesada exclusivamente en la anatomía femenina.

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