CAPITULO 7. Cómo entender y ayudar al niño con déficit de atención e hiperactividad
El TDAH es uno de los trastornos más frecuentes de la niñez. Sus características son difíciles de manejar para los familiares y profesores, quienes se sienten fracasados e impotentes y acaban trasmitiendo estos sentimientos al niño. Los problemas asociados a este desorden son de sobra conocidos, pero nada se dice acerca de la alegría y vitalidad que irradian estos niños. “Son niños cargados de energía, simpáticos, creativos e ingeniosos, curiosos y que piensan y aprenden rápido sobre el mundo que les rodea”. Simplemente necesitan aprender a manejar toda su vitalidad, y que su entorno les comprenda y sepa cómo ayudarlos. Este texto está destinado a tal fin. Recoge información teórica y práctica sobre cómo identificar el problema, con qué aspectos está asociado, sus causas, cómo puede detectarse y tratarse.
Este trastorno afecta a niños (entre un 3 y un 5%) desde los primeros meses de vida hasta la adultez. Se caracteriza por patrones persistentes de inatención, impulsividad e hiperactividad inapropiados para la edad y el nivel de desarrollo del niño (Asociación Norteamericana de Psiquiatría). En ocasiones no es fácil de detectar, puesto que los niños pequeños suelen ser inquietos e impulsivos por naturaleza. Se ofrece una serie de conductas que pueden ser observadas en el aula (los maestros deben estar bien informados al respecto, puesto que el colegio es donde empieza a hacerse más evidente este problema, y los profesores son observadores de primer orden), indicativas de los tres patrones ya mencionados.
Hay tres tipos de TDAH: inatento (TDA), impulsivo-hiperactivo y combinado. Los problemas asociados con el TDAH son: dificultades académicas, problemas de conducta, dificultades sociales y repercusiones en la autoestima. A continuación se propone una serie de preguntas acerca de cada uno de estos ámbitos, cuya observación indicaría la presencia de TDAH.
Causas posibles del TDAH: factores biológicos, bioambientales y ambientales.
Es importante diferencias el TDAH de otros problemas con los que puede confundirse, tales como problemas de aprendizaje, trastorno oposicional y de conducta, ausencias, trastorno de Tourette, trastornos de ansiedad y respuesta a un trauma, trastornos del estado de ánimo.
Los autores son exhaustivos en cuanto a la detección del problema, aportando numerosas pautas, guías y listas de afirmaciones a identificar. En cuanto al tipo de TDAH, se especifican todos los elementos que se tienen en cuenta (historia clínica, entrevista y cuestionarios para padres y maestros, evaluación psicométrica, examen médico y neurológico, observación, etc.).
El tratamiento debe ser diseñado por un profesional y adaptado al niño según su grado de desarrollo y sus circunstancias familiares, escolares y sociales. Más que un tratamiento determinado, el TDAH requiere diferentes herramientas que hagan frente a sus manifestaciones y ayuden al niño a manejar las diversas situaciones. Se pueden prescribir medicamentos: estimulantes o antidepresivos tricíclicos.
Para finalizar, aparecen unas interesantes orientaciones para que padres y maestros puedan tomar parte en el tratamiento. Consisten en una serie de conductas y estrategias que estos deben tener presentes: remarcar lo positivo, mantener la atención y la disciplina (reglas claras y breves, recompensar la conducta de atención), reforzar la obediencia, advertir las consecuencias de la conducta, autoobservación del niño sobre sus propios comportamientos, claves preventivas, refuerzo positivo, consecuencias negativas para reducir la mala conducta (castigo).
Pese a que se trata de un trabajo considerable, los autores animan a no darse por vencidos. “Al ayudar al niño a aprender a controlarse, enfocar su atención y medir sus acciones, usted no sólo obtendrá de él buena conducta y buen rendimiento académico, sino que le estará comunicando su amor e interés, lo cual le dará la seguridad emocional necesaria para una buena autoestima y autoconfianza”.