CAPITULO 6. Cómo huir de los encasillamientos
Hay que evitar la llamada “profecía infalible”. Si calificas a un niño de mal estudiante puede empezar a descuidar los estudios, si lo llamas travieso, quizá decida demostrarte de qué travesuras es capaz. Etiquetar a los hijos es algo que debería evitarse a cualquier precio. No obstante, nada más sencillo e inocente que hacerlo.
A veces, no se precisa más que una frase, una mirada o un tono de voz para transmitir a un niño que es torpe, pelma, tonto, o bien una persona grata y capaz. El concepto en que los padres tienen a su hijo puede comunicarse en cuestión de segundos. Si se multiplican esos segundos por las horas de contacto diario que hay entre padres e hijos, se hará una idea de cuán poderosamente puede influir en un joven lo que sus padres opinen de él. No sólo condicionará sus sentimientos personales, sino también su conducta.
Cómo liberar a un hijo de encasillamientos:
- buscar oportunidades para mostrarle una nueva imagen de sí mismo
- ponerle en situaciones en las que pueda verse de otra manera
- intentar que le oiga cuando diga algo favorable sobre él a otra persona
- ejemplificar el comportamiento deseado
- recordarle sus momentos más inspirados
- cuando actúe según la vieja etiqueta, expresar nuestros sentimientos y/o expectativas.