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CAPITULO 11. Cómo ayudar a niños con hiperactividad e inatención

Los niños con déficit de atención plantean algunos de los problemas de conducta más difíciles de abordar a los que se enfrentan padres y profesores. Necesitan mucha estructura y apoyo y una orientación sistemática para mantenerlos bien encauzados y ayudarles a aprovechar al máximo sus capacidades.

El TDA o el TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) tiene rasgos tanto neurológicos como conductuales y se caracteriza por un deterioro en tres áreas específicas: capacidad de concentración, control de los impulsos y nivel de actividad. Aunque casi todos los niños con este trastorno muestran los síntomas combinados de inatención, impulsividad e hiperactividad, algunos muestran preponderancia de síntomas en un área específica. La hiperactividad no es indispensable para el diagnóstico. Es un trastorno infantil bastante frecuente. La mayoría de niños es diagnosticado al entrar en la escuela primaria y, al contrario de lo que suele creerse, los síntomas no desaparecen durante la adolescencia.

Los principales síntomas de la inatención consisten en gran facilidad para distraerse, dificultades para escuchar instrucciones y seguirlas, para concentrarse en una tarea y terminarla, dificultades para no rezagarse en la lectura de libros y entrega de trabajos y la tendencia a saltar de una tarea a otra sin terminarlas. Muchos de estos niños se frustran y abruman fácilmente con la cantidad o la dificultad de los ejercicios de clase, por lo que optan por no hacerlos; y cuanto más los evitan, más se rezagan y más se frustran y desaniman. Algunas de estas conductas sintomáticas son propias de los niños alguna vez. Los niños con TDA las muestran mucho más a menudo y, sobre todo, para ellos surten un efecto perjudicial en su rendimiento académico, sus relaciones con los compañeros y adultos y su equilibrio socio-emocional.

El TDA se puede tratar, pero si no se hace a tiempo, los niños corren el riesgo de desarrollar diversidad de problemas: fracaso escolar, falta de autoestima, desadaptación, problemas emocionales y conductuales, etc. De ahí la importancia de una rápida intervención. El tratamiento más efectivo es un enfoque múltiple que combina una serie de terapias: tratamiento médico, adaptaciones del aula, control de conducta y ayuda psicopedagógica y psicológica.

Los niños con TDA aprenden mejor a partir de lo visual y la experiencia. Necesitan mensajes de acción o consecuencias frecuentes y congruentes para aprender las normas y necesitan que se les presenten estos datos de una forma clara, firme y respetuosa.

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