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Banco Bibliográfico > TEMPERAMENTO EN LA INFANCIA > Capitulo 10 : El contexto social como marco para el desarrollo del temperamento

El desarrollo del temperamento en la infancia

CAPITULO 10. El contexto social como marco para el desarrollo del temperamento

Hasta ahora se ha estudiado la influencia de la maduración biológica y la consiguiente adquisición de habilidades cognitivas. El contexto social influye decisivamente en la personalidad, de la misma manera que los individuos influyen en el entorno. Los padres parecen jugar un papel importante tanto en la estabilidad como en el cambio en la expresión del malestar infantil. Una falta de sensibilidad parental aumenta el nivel de malestar. Lo mismo pasa con los conflictos maritales. Tambien se da el fenómeno contrario en los niños que mantienen emocionalidad negativa baja o disminuyen la que tenian. Engfer puso de manifiesto que los niños cambiaron entre 4 y 18 meses a un temperamento dificil cuando sus padres tuvieron problemas matrimoniales. (p.138). Se han buscado correlaciones con otros factores. Los altos niveles de ruido en el hogar están relacionados con temperamentos menos dóciles en niños de 18 meses. Los niños demostraban mayor malestar que las niñas. La cultura ha recibido gran atención por su capacidad para configurar valores y actitudes. Los diferentes grupos étnico-culturales difieren en la expresión de las características temperamentales. Los niños orientales fueron puntuados por sus padres como más activos, con más tendencia al malestar, con mayor duración de la orientación y mayor facilidad para tranquilizarse que los niños españoles y americanos. ¿Dónde residen los factores explicativos de estas diferencias culturales? Pueden influir las costumbres dietéticas, puede también cambiar el significado de algunas características temperamentales. Las madres mediterráneas consideran difícil al niño que plantea problemas con la comida y el sueño, mientras que las australianas se fijan en la falta de sociabilidad y amabilidad en las interacciones. DeVries estudió a 13 familias masai que sobrevivieron de una grave sequia. Previamente se había puntuado a 13 niños, 7 con temperamento fácil y 6 con temperamento dificil. Murieron 5 de los primeros y solo 2 de los segundo. La explicación dada era que las mayores exigencias y demanda de atención de los niños difíciles generaba que las madres pasaran más tiempo amamantándolos (p. 142). Otros investigadores han estudiado cómo la organización del ambiente influye en la expresión y función del temperamento y desarrollaron el concepto de "nicho evolutivo", el escenario físico y social donde vive el niño. En los procesos interpersonales, los valores puntuales determinan como la gente percibe y responde a los rasgos temperamentales. La timidez es percibida de forma negativa por los americanos, mientras que los chinos valoran positivamente la conducta cautelosa social de los niños. En Occidente se valora la timidez de las chicas. El valor atribuido por la cultura a un rasgo temperamental también influirá sobre su desarrollo. Los individuos también influyen sobre su ambiente. Los niños provocan reacciones en el cuidado. Los estudios que relacionan el temperamento del niño con los estilos de crianza de los padres parecen apoyar la idea de la covarianza reactiva, ya que el niño sociable, fácil de tranquilizar y adaptable parece provocar un tipo de crianza afectuoso y sensible, mientras que el niño irritable provoca irritación (p. 145). Pero tambien puede pasar lo contrario pues algunos padres se esfuerzan más con estos niños. Sin embargo, se ha comprobado que las madres no pueden mantener un determinado tipo de relación afectuosa y de esfuerzo de estimulación con niños diagnosticados como "difíciles". Los niños buscan contextos que se ajusten a las características peculiares de su temperamento. Así pues el temperamento influye sobre el ambiente y el ambiente influye sobre el temperamento. Maccoby mostró que los niños cuyas madres estuvieron muy implicadas en actividades didácticas con ellos se mostraron menos difíciles con el tiempo. En cambio madres con niños más difíciles tuvieron una tendencia a implicarse menos. En el primer caso se dió una influencia del ambiente sobre el temperamento y en segundo del temperamento sobre el ambiente. Parece que una mayor sensibilidad de la madre durante el periodo neonatal se asoció con menores niveles de emocionalidad negativa a los 4 meses de edad. A su vez, la alta emocionalidad negativa a los 4 meses predijo una sensibilidad materna más baja cuando los niños tenian 8 meses de edad. La bidireccionalidad del influjo parece comprobada.

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