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Banco Bibliográfico > TEMPERAMENTO EN LA INFANCIA > Capitulo 9 : La continuidad de las características temperamentales más allá de la infancia

El desarrollo del temperamento en la infancia

CAPITULO 9. La continuidad de las características temperamentales más allá de la infancia

El nivel de actividad se relaciona con la emocionalidad positiva. Los estudios de Rothbart demuestran una cierta estabilidad de la emocionalidad positiva desde la infancia a los 7 años. Algo semejante pasa con la emocionalidad negativa. Estos datos sugieren una considerable continuidad del miedo. El miedo puede tener un papel muy importante en el desarrollo de la conciencia temprana (Kochanska). Los niños temerosos muestran durante el periodo preescolar mejor interiorización de los principios morales, exhibiendo un mejor rendimiento cuando los padres usan una disciplina suave, no orientada por el poder. En cambio la frustración del niño se relaciona con una conducta de aproximación fuerte y una tendencia externalizante (agresión). Respecto a los sistemas de control voluntario, los sistemas neurológicos relacionados con la atención prestan una gran contribución al temperamento, especialmente las diferencias individuales en la capacidad del niño para suprimir sus tendencias más reactivas, permitiendo al individuo que se desenganche y mueva su atención a fuentes seleccionadas de información. Aunque no parecen claras las relaciones entre las medidas de la atención del sistema atencional posterior con las medidas del sistema anterior, las medidas de la atención sostenida muestran una cierta estabilidad hacia finales del primer año. A partir de ese momento, las relaciones entre la atención sostenida y la capacidad para esperar comienzan a mostrarse cada vez más consistentes a lo largo del periodo preescolar, niñez y adolescencia. Naturalmente, el desarrollo y la aplicación de dichos mecanismos atencionales como medio de regulación del sistema posterior más reactivo lleva consigo una serie de relaciones con el desarrollo de las otras dimensiones temperamentales. En este sentido, hemos destacado la contribución del control voluntario del niño a la progresiva capacidad de regular la aproximación reactiva y las tendencias de miedo, y así llevar a cabo formas màs sofisticadas y planificadas de autorregulación. las diferencias individuales en estos procesos reactivos y reguladores parecen proporcionar un fundamento al desarrollo de la personalidad en las esferas emocional, cognitiva y social (p. 136).

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