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Banco Bibliográfico > APRENDER A VIVIR > Capitulo 6 : La matriz de la personalidad

DESCENDIENDO A LA REALIDAD CONCRETA

CAPITULO 6. La matriz de la personalidad

La matriz de la personalidad es la personalidad recibida, compuesta por las funciones cognitivas básicas, el temperamento y el sexo. Cada niño que nace es distinto y único. En el nivel del yo ocurrente, a cada niño le ocurren una serie de experiencias diversas ante la realidad, porque, entre otras cosas, su organismo reacciona de forma característica. En el nivel del yo ejecutivo, moldeado por la educación, es en el que se manejan todas esas ocurrencias y se decide sobre ellas. La matriz personal es un conjunto de posibilidades con las que se nace y así mismo establece unos límites en cuanto a lo que uno puede llegar ser. El reconocimiento de las diferencias con que nacemos no es en ningún caso pretexto para la desigualdad social, ni de derechos ni de acceso a los recursos. Lo innato o genético siempre está en relación con el medio en el que se produce la vida. En el colegio es donde los niños se enfrentan a las dificultades intelectuales y sociales que significa aprender, poniendo en marcha sus funciones cognitivas básicas. Aproximadamente la mitad de sus destrezas dependerán de su herencia genética y la otra mitad depende de un conjunto de factores externos e internos que influyen en él. Además, en el caso de la inteligencia, aunque puede hablarse de la existencia de un nivel general de inteligencia cognitiva, las habilidades aplicadas a problemas concretos varían de unos tipos de problema a otros. Las funciones básicas que se ponen en juego en el aprendizaje son concentrar la atención, administrar la memoria, manejar el sistema lingüístico, ordenar su conducta en el espacio y el tiempo, usar su sistema motor, su pensamiento abstracto y su comportamiento social. Un aspecto cotidiano en el que se pueden observar las diferentes configuraciones de los sistemas mentales de los niños es el orden y el desorden. A veces hay niños que parecen seguir un orden ilógico, o no seguir ningún tipo de orden, al ordenar su habitación, al vestirse, en cuanto a la hora a la que tienen que estar en los sitios, de forma que los padres se sienten incapaces de organizar mínimamente su entorno. La educación no puede cambiar el factor de configuración mental que produce ese desorden, pero sí puede proporcionar hábitos que reorganicen el comportamiento. La atención es un elemento básico del aprendizaje, ya que para aprender es necesario dirigir la inteligencia hacia el objeto de aprendizaje, para lo que hay que dejar fuera muchos otros estímulos mentales o del entorno. La atención es una capacidad intelectual pero también afectiva, por lo que tiene una relación con el temperamento. El temperamento es un estilo de evaluar los estímulos y responder afectiva o activamente a ellos. Es una fuente primaria de ocurrencias, derivada de diferencias constitucionales en el modo de sentir, actuar o controlar la atención. Su influencia es bastante estable. Hay dos proposiciones que los investigadores consideran viables en relación al temperamento: 1. Cada bebé tiene un modo propio de reaccionar emocionalmente. 2. Cada bebé tiene un modo propio de actuar y controlar su acción. El sexo es el tercer componente de la matriz personal. Ser niño o niña es una diferenciación biológica, pero es también cultural. La identidad sexual tiene una gran importancia para el desarrollo afectivo y social. Sin embargo, las diferencias entre niños y niñas, entre hombres y mujeres, no tienen tanto un origen en sus diferencias biológicas, que no son tantas, sino más bien en cuanto a sus características temperamentales, que les favorecen unos hábitos cognitivos, afectivos y sociales propios. La igualdad social no significa la eliminación de las diferencias que nos identifican con un género masculino o femenino. Las funciones cognitivas básicas, el temperamento y el sexo forman la matriz de la personalidad, que para poder desarrollarse necesita ajustarse con su medio. El primer ajuste lo hacen posible los padres y más tarde el colegio. Lo cotidiano es el esquema en el que se integra socialmente la matriz personal. Un problema pertinente a este modelo de la personalidad es el de la violencia, en particular el origen de la personalidad violenta. Algunas características biológicas del organismo pueden hacer tender a la persona hacia la violencia, como pueden ser determinados niveles hormonales o de neurotransmisores o ciertas anatomías cerebrales. Además, factores sociales como las condiciones económicas, la estructura familiar – o desestructura-, la presencia de violencia en el entorno cercano, u otros, colaboran de manera importante en el desarrollo de los comportamientos violentos. La intervención de maestros, compañeros de colegio o amigos, en general la aceptación o el rechazo del entorno, por supuesto también de la familia, son decisivos para que estos niños lleguen a ser o no personas violentas. Un niño puede nacer con una matriz personal que le predisponga a la violencia, puede llamarse Julián. Más adelante, cuando disponga no solo de una personalidad recibida, sino también de una personalidad aprendida y de una personalidad elegida, sabremos si efectivamente se ha convertido, o no, en una persona violenta.

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