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Banco Bibliográfico > APRENDER A VIVIR > Capitulo 9 : El carácter: Los hábitos operativos

DESCENDIENDO A LA REALIDAD CONCRETA

CAPITULO 9. El carácter: Los hábitos operativos

La inteligencia ejecutiva es la capacidad de iniciar, controlar y dirigir las operaciones de la inteligencia computacional. La adquisición de un hábito facilita el control de esas operaciones y el ajuste de su funcionamiento a nuestros proyectos personales. Los hábitos operativos inclinan a comportarse de una determinada manera. Los hábitos más interesantes son los de la autonomía y la liberación. El concepto de libertad es fácilmente identificable en un plano político: es la ausencia de coacciones ilegítimas. Pero en el plano psicológico, la libertad es un concepto más complejo. Hay tantos condicionamientos, la biología, la educación, las creencias, el entorno, la situación, que podríamos pensar que no somos libres, pero también podemos pensar que podemos liberarnos. Para vivir de acuerdo con la felicidad y la dignidad hay que liberarse de algunas coacciones y vincularse a ciertos principios. Como el resto de aspectos de la personalidad emergente, esta capacidad de liberarse y ser autónomo se constituye en un hábito, y conduce a la ética. Actualmente se atribuye una gran importancia en los textos de psicología evolutiva al desarrollo moral y a su influencia sobre el desarrollo emocional. Hay dos tipos de hábitos operativos: 1. Los hábitos del control de la propia conducta, los hábitos de la autonomía. 2. Los hábitos operativos morales: las virtudes y los vicios. Un aprendizaje que se produce al principio del desarrollo del niño, durante los dos primeros años, es el de la regulación emocional. Inicialmente los padres y el entorno aportan el equilibrio emocional al niño, que progresivamente va interiorizándolo. Por eso es importante la respuesta afectiva de los padres a los comportamientos del niño, porque le permite comprender sus consecuencias y hacer una transformación de las normas en el principio de su autonomía. En esta fase del desarrollo se adquieren capacidades muy importantes en el futuro, como es la elección de la conducta y el afrontamiento de las dificultades. Los hábitos de la autonomía son la prolongación de la autorregulación emocional. Una persona autónoma es la que: tiene recursos propios, elige sus propios fines, tiene un modo personal de seleccionar y asimilar información, puede ajustar la respuesta a su disponibilidad de energía, a sus fines y a la información de que disponga. La voluntad, importante para el desarrollo de la autonomía personal, se compone de cuatro hábitos que se aprenden, o no, en distintos momentos de desarrollo: 1. Inhibir el impulso: Impedir que los impulsos lleven directamente a la acción. 2. Deliberar: Buscar las consecuencias de la acción a la que nos vemos impulsados y evaluar su conveniencia para nuestros fines – y sus efectos en otros. 3. Decidir: Pasar del momento anterior a la acción a la misma acción, requiere un “salto”, es instantáneo y difícil de identificar, produce una solución del problema. 4. Ejecutar el proyecto: Es un proceso temporal en el que el comportamiento produce su propia dinámica, son importantes dos facultades: el retraso de las recompensas y soportar los esfuerzos. Son educables. La voluntad es por tanto un hábito fuerte y aprendido. Se mantiene sobre un núcleo duro: el hábito de obedecer a una norma propia que funciona además como criterio de evaluación. La educación juega un papel determinante en el desarrollo del hábito de la voluntad. Junto a la voluntad se encuentra otra noción, la de “deber”. El deber es una estructura psicológica que desarrolla una función importante en el ejercicio de la libertad. Su importancia está en su contenido: obedecer a la propia inteligencia es otorgar el control de la propia conducta a un nivel superior al de la acción, en el que exista la posibilidad de no entrar en contradicción con uno mismo. Esta es la función liberadora del deber: el equilibrio interno entre la acción y sus consecuencias. El deber como función psicológica necesita apoyarse en el habla interna, en donde es posible manejar las contradicciones. Y el habla interna surge de escuchar el habla de las personas en quienes se confía durante la infancia, la madre, el padre, los cuidadores, educadores, profesores. Finalmente, disponemos también de recursos morales, como parte de nuestros hábitos operativos. Entre ellos están las virtudes, que pese al significado pobre que han tenido en el pasado reciente, necesitan ser recuperados en su verdadero contenido: el orgullo, la nobleza, la creatividad, la rebeldía. Son recursos personales pero son una realidad cultural, por lo que pueden ser educados y se aprenden. Son importantes para la felicidad y la dignidad. Para concluir la descripción de la emergencia de la personalidad hay que tener en cuenta los momentos vitales en los que la vida se transforma, los puntos en los que tenemos la oportunidad de cambiar de rumbo. Respecto a la violencia, podríamos imaginarnos que Julián 1, pese a lo que cabía esperar, supo aprovechar sus oportunidades y en los momentos oportunos tomó buenas decisiones, que Julián 2, sin embargo, se perdió por el ansia de triunfo y terminó siendo alcohólico, que Julián 3 aprovechó las posibilidades que una cultura violenta le ofrecía a su agresividad, se hizo militar y murió en la guerra, y que Julián 4 aprendió la sumisión, la ideología de la fuerza y el odio, dirigió un campo de concentración nazi.

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