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Inicio del foro > FORO DE MOVILIZACIÓN EDUCATIVA > La filosofía. 9ª competencia educativa > LA NOVENA COMPETENCIA
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JAM
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LA NOVENA COMPETENCIA
Mis colegas, los profesores de filosofía de secundaria están que trinan por los resultados de la LOE. Comparto su indignación. El gran proyecto inicial de Educación para la Ciudadania se ha convertido en el parto de los montes, que ha acarreado, como efecto secundario, la devaluación de la asignatura de Filosofía y de la Etica de 4º, que ven reducidos sus horarios. Para ese viaje no necesitábamos alforjas. Mejor hubiera sido dejarlo todo como estaba.

En varias Comunidades Autónomas ha habido movilizaciones del profesorado, y desde este foro quiero sumarme a ellas. Esa jibarización de la filosofía demuestran un desprecio que sólo puede estar basado en la ignorancia. Pero las quejas y las movilizaciones no bastan. Tenemos que hacer algo más.

En primer lugar, para que nuestras reivindicaciones lleguen a la sociedad, debemos explicar con claridad la utilidad de nuestra asignatura, cosa que no hacemos bien. Mi experiencia -tras veinte libros, decenas de conferencias y centenares de artículos sobre filosofía en revistas de gran tirada- es que a la gente le interesa la filosofía cuando se enteran de lo que es. Pues vamos a explicarselo. Una tradición anacrónica repite como un timbre de gloria que la filosofía es un saber inútil, que no sirve para nada. Entonces, no vale la pena estudiarla. Los horarios escolares son reducidos y hay que utilizarlos bien. Lo que ocurre es que esa afirmación es falsa.

Lo que propongo es comenzar una campaña para mostrar que una “competencia filosófica” es imprescindible para un ciudadano europeo del siglo XXI. No se trata de que los alumnos deglutan unas cuantas nociones que no entienden, y hagan una galopada por la historia del pensamiento, que les va a parecer incoherente y rara. Se trata de que adquieran una nueva competencia: la novena. Como saben nuestros lectores, la Unión Europea ha seleccionado ocho competencias básicas, que deben constituir el gran objetivo educativo en todos los niveles de la enseñanza. Son las siguientes:

lingüística
científica
numérica
tecnológica
cultural
aprender a aprender
aprender a emprender
habilidades sociales y ciudadanía

Este esquema ha sido recogido por la LOE. Pues bien, lo que sostengo es que falta una competencia básica, la más específicamente europea. Es fácil ver que las ocho mencionadas son necesarias para vivir en una sociedad desarrollada, pero proporcionan habilidades fragmentadas y no fomentan ninguna capacidad crítica. Podrían servir para educar a un esclavo. Pero el mundo actual es complejo y conflictivo. Nuestros alumnos van a recibir mensajes contradictorios, y necesitan tener ideas claras sobre la realidad, su inteligencia, y su situación en el mundo. Tienen que saber pensar, seleccionar la información y ejercer sobre ellas una mirada crítica, si quieren ser libres. El asunto es serio, porque nuestros adolescentes necesitan estructuras mentales, afectivas y éticas que les permitan orientarse en el pensamiento y en la realidad.

Para tratar de estos asuntos hemos abierto este foro en Movilización educativa.
Les espero.
JAM
30/4/08 18:16 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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No soy filósofo, soy psicólogo. A mí los conocimientos filosóficos me parecen imprescindibles para una formación psicológica adecuada. Siento algún orgullo al poder decir que he contribuido, siquiera un poco, a explicar la utilidad de la filosofía. Al menos una inteligente profesora de secundaria me agradeció que explicara dicha utilidad. No es mucho, pero lo doy por bueno.

Pero el artículo colgado en este foro (El gran momento de la filosofía) es muy largo, y muchas personas quizá no tengan tiempo o ánimo para leerlo con la calma suficiente.

Pienso que debemos encontrar la manera de demostrar el valor y la utilidad de la filosofía explicando cómo muchos de nuestros problemas cotidianos tienen una clara raíz filosófica y, en consecuencia, también una clara resolución filosófica.

La utilidad de la ciencia es evidente a los ojos de cualquiera, porque los problemas que aborda tienen límites muy bien definidos y sus ingenios tecnológicos son patentes al instante: abro la nevera y saco el alimento fresco, tomo una aspirina y se me va el dolor de cabeza, cojo el coche y voy a Valencia en dos horas, me pongo las gafas y el mundo aparece claro al instante. Pues bien, a mi juicio, nuestra misión consistirá en demostrar que los conocimientos filosóficos pueden solucionar cosas tan prácticas como todas estas que la ciencia soluciona.

En el artículo “El gran momento de la filosofía” intenté demostrar que la filosofía es necesaria para conocer cuanto antes el lío conceptual e ideológico en siempre estamos metidos. Los conocimientos filosóficos nos permitirían ver, por ejemplo, que buena parte de nuestros problemas educativos actuales es consecuencia de una denostación general e injustificada de los retoños de la razón. La “razón” puede ser “sinrazón”, cierto, pero también puede ser “razonable”. Alargando algo más el argumento, yo pude mostrar que un problema cotidiano, cual es educar a un hijo, era parte de la agenda de la filosofía. Dicho así, en tan apretada síntesis, sé que sonará a cosa mágica, pero confío que los versados en filosofía ya hayan entendido mi intención.

La cuestión es que si conseguimos hacer ver al ciudadano que la filosofía es útil para resolver problemas cotidianos como, por ejemplo, la educación de un hijo, entonces estaremos más cerca de la victoria. Y si, de paso, hacemos entender a la ciudadanía que la educación, la inteligencia y la cultura son la base de la felicidad y la justicia, estaremos a un paso de podernos felicitar.

El ciudadano no acude al físico o al matemático para que le arregle el problema que tiene con la indisciplina de su hijo. ¿Acudirá al psicólogo? Sí, claro, pero si el psicólogo está desvinculado de la filosofía (cosa harto probable), es posible que ataque el problema con las “armas” ideológicas de la posmodernidad, de modo que el problema seguirá su curso y se cronificará. Así, por ejemplo, el psicólogo que no tenga idea del peso actual de la teoría del Buen Salvaje de Rousseau, quizá recomiende al atribulado padre o al maestro, prácticas permisivas tipo “laissez faire”, con lo cual el problema, en vez de solucionarse, se agravará. O le dirá que intente ser el mejor amigo de su hijo, y cosas por el estilo (sorprendentemente, sé de colegas que todavía recomiendan cosas tan insensatas).

Si conocemos y nos familiarizamos con la ideología que subyace a nuestros pensamientos, creencias y conductas, estaremos mejor preparados para hacer introspección de nuestros deseos e intenciones, y ello nos permitirá rectificarlos a tiempo, si es el caso. Nos permitirá ser autocríticos y críticos.

La nevera es muy útil, pero saber cuáles son las intenciones y las prácticas del político, no lo es menos. La aspirina es fenomenal, pero entender el arte también lo es, porque el arte es una fuente inestimable de placer y delectación. El teléfono es utilísimo, pero comprender las razones de por qué la pena de muerte o la tortura son actos que nos degradan, también es utilísimo.

La ciencia es maravillosa. Pero la conquista de los derechos humanos y civiles no es precisamente ajena a la filosofía. ¿No le parece a usted útil verse protegido por un sistema de derechos que impedirán, de ordinario, que usted pudiera ser torturado por el poderoso de turno? Los derechos de las mujeres no son fruto de ninguna mente matemática, sino de la reflexión filosófica de mujeres y hombres que lucharon por la igualdad política de los sexos. Pues bien, le aseguro que la reflexión que nos ha llevado a construir ese escudo de derechos, no es de tipo científico, sino filosófico. Bien, si esto que digo es cierto, como creo, ¿quién da más?

Mi propuesta es la siguiente:
¿Qué les parece que quienes comprendamos la utilidad de la filosofía, nos dediquemos a presentar y explicar ejemplos claros de cómo la reflexión filosófica (no ya la filosofía del profesional) está uncida a la vida misma, y que su utilidad no es menor que la de la nevera o el teléfono?

Pero, por favor, no me dejen solo con este proyecto: yo soy psicólogo. Necesito la colaboración de filósofos o de personas que ya comprendan bien la utilidad de la filosofía.
Mientras espero su colaboración, iré pensando en ejemplos claros que demuestren palmariamente que sin reflexión filosófica, iremos derechos a la selva de la cual procedemos.

Saludos.

1/5/08 19:54 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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Creo que parte de la devaluación a la que ha llegado la filosofía es culpa de lo que cita, de la mentalidad postmoderna que lo relativiza todo, y que califica a la filosofía como una disciplina que no puede llegar a conclusiones prácticas, porque es todo cuestión de perspectiva e interpretación. Es por tanto moverse en un pozo sin fondo, un esfuerzo inútil. Si queremos poner la filosofía en manos del ciudadano de a pie, lo primero que tenemos que hacer es quitarle esa fama de inútil, convertirla en algo que solucione problemas cotidianos.
2/5/08 00:11 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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Efectivamente, ese relativismo extremo ha perjudicado la imagen de la filosofía. Si todo es relativo, pensar la realidad no nos conduce a nada objetivo. El relativismo postmoderno tiene su papel en el desprestigio de la filosofía. Pero hay que hacer una distinción oportuna:

- Por un lado tenemos el desprestigio de la filosofía en cuanto que disciplina inútil.
- Por otro lado tenemos el desprestigio de la filosofía en cuanto que disciplina peligrosa.

La posmodernidad la rechazó por creerla peligrosa: la “razón” alumbró monstruos ideológicos en el siglo XX: la ideología nazi y la estalinista, por ejemplo. Ya veremos cómo, en realidad, la razón -rectamente entendida- tuvo poco o nada que ver con esos desvaríos del pensamiento humano, con esos engendros pseudofilosóficos.

Pero la idea falsa de que la filosofía es un “saber inútil” se remonta más allá de la posmodernidad y sus limbos de equivalencias. Ya en la era moderna, los ciudadanos percibían que la ciencia daba frutos magníficos (su tecnología), y que la filosofía no daba palo al agua para mejorar la vida de la humanidad. Insisto, ya veremos cómo todo esto es radicalmente falso.

A la creencia moderna y popular de que la filosofía era algo inútil, se sumó el recelo posmoderno y ese relativismo extremo del que ya hemos hablado. Con estos precedentes no es de extrañar que la filosofía esté moribunda en nuestras escuelas e institutos.

Intentaremos desmontar todas esas falacias.

Saludos y gracias.
2/5/08 08:04 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Sofía
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Hola a todos.

La filosofía y los problemas de que ésta se ocupa siempre han llamado mi atención, pero en ocasiones la encuentro algo rebuscada y ambigua. Lo que usted dice 123raus me parece muy interesante. Si nuestros derechos están relacionados con la filosofía, ¿por qué se le presta tan poca atención? ¿No debería ser una asignatura privilegiada en nuestro sistema educativo? ¿No debería ocupar uno de los primeros lugares en una democracia?

Desde su surgimiento, la filosofía como actitud crítica y racionalizadora ha constituido un elemento esencial -si no el elemento esencial- dinamizador de nuestra cultura. ¿Cuáles son las razones de este olvido desde hace tanto tiempo?

Me gustaría que usted o alguna otra persona interesada en esta materia nos lo explicara a todas las personas que tanto nos interesa este asunto.

Gracias y cordiales saludos.
6/5/08 16:51 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Jesús
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Me parece bien la propuesta , si bien sería necesario realizar algunas matizaciones:

- La cuestión de aumentar las competencias es un problema complejo en la medida en que de igual manera podríamos hacer referencia a otras que se puede interpretar que se han quedado en el tintero. En Castilla-La Mancha, por ejemplo, se ha introducido la competencia emocional, también podría echarse de menos una competencia cinética. Seguir ampliando el número de competencias, desde mi punto de vista, es arriesgado.

- Una competencia no es una asignatura. la defensa de una nueva competencia no debe estar ligada a las reivindicaciones, legítimas y comprensibles, de un sector del profesorado.

- Una de las características de las competencias es su interdisciplinariedad, su transversalidad. Saber pensar, buscar información, ser críticos, tener unas ideas claras sobre su situación en el mundo, etc. es algo que a mi modo de ver debe estar comprendido en bastantes de las competencias ya establecidas: el pensamiento lógico-matemático tiene que ver con esto, el desarrollo de un pensamiento científico, la capacidad para buscar, seleccionar y tamizar la información (Aprender a aprender), la reflexión sobre el mundo que a uno le toca vivir (cultural), la reflexión sobre uno mismo (autonomía e iniciativa ersonal) y sobre el papel de uno en el mundo (social y ciudadana), todo ello es filosofía, es desarrollar una competencia filosófica.

- Otro problema es el enfoque que le estamos dando a esto de las competencias, carente de la más mínima (perdonadme la redundancia) filosfía de la educación y de la vida. Un enfoque sin pasión, sin reflexión y casi exclusivamente tecnocrático.

- Es cierto que es necesaria una competencia filosófica, aprender a pensar, pero, ¿estamos capacitados para transmitir esto? ¿Cómo desarrollar esta competencia entre el mismo profesorado? Pensar no está de moda y menos hacerlo críticamente. Invitar a la reflexión parece, para muchos, esnobismo alejado de la realidad. La realidad son recetas, recetas y recetas. Una competencia filosófica no se resuelve con más horas de la asignatura ni solamente con ese profesorado, requiere implicarnos todos, poner nuestra carne en el asador, cambiar nuestra manera de enfrentarnos a la educación, replantearos lo que hacemos y estar dispuestos a ir cambiando y creciendo como profesionales y como personas, si no es así, la competencia en filosofía y cualquier otra sólo seran un brindis al sol.

Saludos.
7/5/08 13:29 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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Hola a todos.
Antes de responder a la compañera Sofía, quisiera comentar algo sobre lo dicho por Jesús.

1. Puede ser que lleve usted razón, Jesús, pero yo creo que la filosofía tienen suficiente importancia como para poder ser considerada una competencia más, aparte de que, por lógica, se le dé un tratamiento transversal en el resto del currículo.
2. Cualquier disciplina intelectual que se precie, deberá estar regida, efectivamente, por un espíritu crítico y racional; es decir, un espíritu filosófico. Ocurre, no obstante, que, a vista de los resultados en nuestras aulas, la cuestión de la transversalidad en temas de ética no ha dado los frutos apetecidos.
3. Fíjese, Jesús, que usted mismo pone en duda la capacidad del profesorado específico para transmitir la competencia filosófica. Los profesores que no sean filósofos, todavía tendrían más problemas para dar un tratamiento transversal adecuado a la filosofía en sus clases. En ese caso, aún será más necesario establecer la filosofía como una competencia más, atendida específicamente por profesores filósofos.
4. Lleva usted mucha razón, creo yo, cuando afirma que pensar no está de moda, y menos críticamente. Razón de más para que la filosofía cobre aliento tanto en su consideración de asignatura (más horas lectivas con profesores bien preparados) como de competencia.
5. También creo que está usted en lo cierto cuando dice que la competencia filosófica no se resuelve con más horas de asignatura. Seguramente, el problema es más complejo. Pero, evidentemente, como sí que no se resuelve es recortando horas a esa asignatura. No cicatear más horas a la filosofía será una medida necesaria, aunque no suficiente, ¿no cree? La revalorización de la asignatura de filosofía no podrá conseguirse si la encanijamos. Esa necesaria revalorización no es incompatible con las medidas de las que usted habla (poner nuestra carne en el asador, cambiar nuestra manera de enfrentarnos a la educación, replantearos lo que hacemos y estar dispuestos a ir cambiando y creciendo como profesionales y como personas).
6. En mi opinión, sólo un buen conocimiento de algunos conceptos especialmente familiares a la filosofía (por ser ella quien primeramente los pensó y pertenecer a ella por derecho propio), podría dotar a los alumnos de los instrumentos intelectuales adecuados para entender el mundo en que viven y las ideologías subyacentes a nuestro comportamiento. En “El gran momento de la filosofía”, quise dejar claro que si la población conociera conceptos relacionados con el racionalismo y el empirismo, la tabla rasa, la teoría del buen salvaje, el laissez faire, el autoengaño y otros, la situación de nuestras sociedades sería, pienso, mejor que la que hoy tenemos. En fin, amigo Jesús, creo que hay razones de peso para potenciar la especificidad de la filosofía.




Celebro que se una usted a la causa, Sofía. Pienso que ha expresado usted muy bien uno de los problemas más arduos de hoy día. Ha puesto el dedo en la llaga. Efectivamente, no se puede entender cómo siendo la filosofía uno de los pilares básicos de los estados de derecho, se la condene al ostracismo. Esta contradicción interna de nuestras democracias explica, en gran medida, por qué se degeneran fácilmente y se convierten en demagogias. Nada nuevo bajo el sol, por otro lado: ya Aristóteles temía esa degeneración.

¿Acaso ignoran nuestros políticos que los magnos e ilustrados principios de Igualdad, Libertad y Fraternidad, no se concibieron en cubetas de laboratorio, sino la mente de filósofos ilustrados y en una rica tradición de pensamiento ético? (Aunque, como ya veremos, la ciencia pura tuviera y tenga su papel, cómo no, en la fundación y mantenimiento de los estados de derecho. Y es que la filosofía y la ciencia son aliadas, no enemigas, buscando ambas una visión realista del mundo y la vida).

No hará falta que me pronuncie sobre la utilidad de la ciencia. Hasta las personas menos ilustradas sabrían decir algo bueno de ella. ¡Son tan buenos los medios de comunicación telemáticos, las carreteras, los modernos sistemas de transporte, las medicinas!…). ¿Quién no habla alguna vez de los adelantos científicos?

Gran parte de la población piensa que la tarea de los filósofos es hacer profesión de su engolamiento y perderse en discusiones bizantinas y ociosas. Otras personas, mejor avenidas con ella, la consideran buena porque enriquece el espíritu y el intelecto. No es poco, pero ese enriquecimiento espiritual atañe a la salud personal de quien filosofa. ¿Pero qué hay de la utilidad social? ¿Tiene alguna?

Como usted ya sabe, Sofía, una de las funciones y vocaciones de la filosofía es combatir la irracionalidad del pensamiento y establecer los principios y axiomas éticos del comportamiento humano. No es posible encontrar, creo yo, nada más relevante y noble que esto.

Los maestros griegos de la antigüedad comprendieron, en una prueba de genialidad inigualable, que los mitos cosmogónicos no eran convincentes: que eran irracionales, es decir, irrealistas. Y se pusieron manos a la obra. Quisieron establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.

¿Podría decirme alguien en qué libro de física, química, ingeniería o medicina podríamos encontrar el axioma ético de que ninguna persona debe ser discriminada, torturada, sojuzgada o esclavizada por motivos de raza, sexo, religión, clase social, etc.? Me temo que sería una búsqueda baldía. Ese axioma ético puede rastrearse en el pensamiento filosófico de la cultura occidental. ¿Qué falla, entonces? ¿Porque la filosofía no llega al receptor?

Cuando un partido político pierde las elecciones o saca un mal resultado, sus responsables se ponen a pensar qué han hecho mal. La filosofía lleva perdiendo “elecciones” desde hace ya mucho tiempo. Tanto, que ya está al borde de la extinción en nuestras aulas. Es necesario hacer autocrítica, y eso compete, claro está, al filósofo. Yo, no obstante mi condición de psicólogo, expondré aquí unas cuantas conjeturas que acaso expliquen por qué la ciudadanía y los políticos no comprenden la necesidad de la filosofía.


Veamos algunas razones de por qué los “ingenios filosóficos” en ética pasan desapercibidos, al contrario de lo que les suele ocurrir a los “ingenios científicos” (si bien éstos tampoco son valorados como se debería, ni mucho menos).


LA INVISIBILIDAD DE LA FILOSOFÍA MORAL.

1. En primer lugar, tenemos el asunto de la claridad. Muchas veces la filosofía parece una reina inaccesible y quizá vanidosa, presentada con una jerga abstrusa o difícil que el lector medio no está dispuesto a tragar. Y hay quien lee filosofía sin enterarse de lo que lee. Pero este uso de la jerga y el no dignarse a explicarla bien al común de los mortales, puede salirle muy caro al filósofo. Cuando un científico inventa la aspirina, sabe que será demandada aunque el que la compre no entienda nada sobre los mecanismos terapéuticos de ese medicamento. La aspirina funciona por sí sola, sin necesidad de que el enfermo colabore con el científico comprendiendo los mecanismos terapéuticos de la aspirina. Esto no ocurre así cuando un filósofo, tras mucho pensar, llega a concebir un principio ético universal o a refutar una falsedad secular. Ese principio ético quizá tenga su reflejo en las leyes y en las relaciones sociales, dando como resultado que los ciudadanos disfrutarán de ese principio ético. Pero esto no durará siempre. A la larga, ese principio ético perderá vigor -sufrirá atentados varios a cargo de la insomne irracionalidad- si los propios beneficiarios no comprenden los razonamientos que lo fundamentan. La aspirina no necesita la colaboración del beneficiario, pero los principios y derechos éticos sí. Los “ingenios científico-tecnológicos” pueden ser disfrutados por las personas sin necesidad que se entiendan. Los “ingenios filosóficos” exigen, en cambio, un entendimiento básico de los razonamientos en que se fundan. Y este entendimiento puede ser demasiado arduo para muchas personas, especialmente si los gobiernos y las escuelas no ponen todo su empeño en explicar bien la filosofía.

2. Uno de los problemas más graves del desprestigio o el ninguneo de la filosofía es que buena parte de la población cree que los derechos humanos y civiles no tienen autoría, que dimanan automática y naturalmente del seno de la democracia o, simplemente, son fruto de la “evolución” de los tiempos. Como si el mero paso del tiempo supusiera automáticamente una suerte de mejoría o evolución. Cualquier persona en su sano juicio comprenderá que cada ingenio técnico es fruto del estudio y la invención, pero no ocurre lo mismo con los derechos. Éstos -se diría- se expresan porque los diferentes sectores de la sociedad históricamente maltratados, han luchado por ellos. Es cierto, no lo negaremos. Pero detrás de cada reivindicación social justa hay un pensamiento filosófico que, como tal, intenta imponer un orden racional (justo) a las relaciones humanas. Aunque esto también le ocurre, sin duda, a los ingenios científico-tecnológicos, quizá todavía se hace más patentes con los ingenios éticos.

3. Hay otra característica curiosa de los derechos que hace que pasen desapercibidos los filósofos que los pensaron. Es la siguiente: en cuanto son aprobados socialmente, son vividos como cosas naturales y evidentes, como axiomas que no hay necesidad de explicar. Claro, si a mí me preguntaran: ¿por qué tienes derecho a no ser legalmente torturado por tus ideas políticas?, yo podría contestar: “es lo justo, es evidente, lo difícil -lo imposible- es justificar la barbarie de la tortura”. Si a una mujer occidental se le preguntara si está agradecida por los derechos de igualdad que legalmente la protegen de los abusos de los hombres, es probable que dijera: “Yo no tengo que estar agradecida a eso ni a nadie: era de razón que las mujeres tuviéramos los mismos derechos que los hombres. Lo increíble, y lo que habría que explicar, es cómo las mujeres hemos sido sojuzgadas a lo largo de toda la historia.” Lo mismo podría decir una persona de una raza minoritaria. Los derechos (la justicia) se experimentan como lo más natural del mundo y lo más razonable, como algo cuya existencia es harto fácil de entender: “tengo x derecho porque tengo derecho a tener x derecho”: es una tautología. Sin embargo, esto no debe de ser tan fácil, porque resulta que durante gran parte de la historia, “los derechos” no han existido. Han sido dura y sesudamente conquistados, contra la dura oposición de poderes tiránicos. Para una mente actual y con la sensibilidad puesta al día, los contenidos de los derechos humanos son claros como la luz del día, pero esta claridad no nos debería ahorrar el esfuerzo de explicar a la población que es solo aparente, patente a nuestros ojos de personas del siglo XXl. Cada derecho humano ha sido arrebatado de las garras de múltiples y poderosísimas irracionalidades. No ha sido tan fácil desmontar el sistema de irracionalidades que impedían la expresión de un derecho legítimo. Lo que hoy vemos normal, no siempre lo fue. Hasta un genio universal como Aristóteles veía natural la esclavitud (o el racismo para Huxley, en épocas muchas más recientes). Esto nos da una idea de cuánto ha sido el trabajo de la razón para alcanzar el derecho y la ética universales.

4. Cuando se sale de una dictadura o de una época de graves abusos tiránicos, los derechos -algunos más que otros- son acogidos como agua de mayo. Pero conforme se desarrolla la democracia y se reproducen los derechos, la cosa cambia. La propia presencia de los derechos, su proliferación y cotidianidad conforman otro factor añadido. Ahora el ciudadano alberga ya en su mente el Gran Derecho Matricial: “El derecho a tener derechos”, tecnología punta del derecho (en informática sería como un programador de programadores). Así se juzgan ya los derechos, como meta-derechos: No es ya que yo tenga derecho a x cosa particular, sino que “Tengo derecho a tener derechos: a tener todo tipo de derechos”. A esta escalada de los derechos contribuyen expresiones equívocas como: “El ser humano es un sujeto de derechos; o vivimos en estados de derecho”. ¿Qué quiere decir esto exactamente? ¿Qué el hombre puede reclamar cualquier derecho? Esas frases podrían interpretarse así, y esto es un error. Algunos derechos son de razón, otros no, y hay que discutirlos y refutarlos. La hipertrofia y cotidianidad de los derechos conducen a la llamada cultura de la queja.

5. Una vez que la aspirina está disponible en las farmacias, su uso es inmediato y sus efectos analgésicos también. Aunque la aspirina hay que comprarla. Los derechos, una vez reconocidos e implantados legalmente, no se tienen que comprar. ¡Los ingenios científicos son palpables incluso por el dinero que su uso y disfrute demanda! Tienes que pagar directa e inmediatamente por la aspirina, pero no tienes que pagar -al menos aparentemente y de manera ostensible- por no ser torturado por el gobierno a causa tus ideas políticas. Tienes que pagar por el teléfono, pero no por el derecho a salir de tu país cuando lo desees. Ese rasgo mercantil de los productos científicos es siempre un recuerdo de que se trata de un bien precioso. Sin embargo, y a juzgar por la historia humana, generosa en sangre, sudor y lágrimas, los derechos humanos son la cosa menos natural y lo menos gratuito del mundo: han sido duramente conquistados por las personas sojuzgadas, con la ayuda intelectual de poderosas mentes filosóficas.

6. La aspirina es un gran invento de la ciencia. Cuando la toma el enfermo, suele tener un buen afecto. Rara vez la aspirina falla, de modo que el que la toma siempre puede estar agradecido, siquiera vagamente, a quien la inventó. La lavadora o el coche se pueden averiar, pero se pueden reparar o reponer (mediando el dinero, que de nuevo recuerda que son cosas que no caen de la chimenea). Pero si resulta que un hombre negro es discriminado laboralmente por el color de su piel, ¿ha fallado el derecho que tiene ese hombre a no ser discriminado por el color de su piel? En realidad, ha fallado la actualización del derecho, pero no el filósofo que lo concibió. Mas ese hombre negro quizá no tenga oportunidad de sentirse agradecido al filósofo cuya obra hizo posible ese derecho. De modo que siempre que un derecho se actualiza y protege a alguien de los abusos de algún malvado, ese derecho “pasa desapercibido”, como pasa desapercibido un brazo que no duele. Y cuando un determinado derecho es conculcado por el malvado de turno, entonces resulta que ese derecho no ha tenido efecto positivo y “no” hay nada que agradecer a nadie.

7. Los ingenios de la tecnología se suele poder ver, oír, tocar, sentir… No suele ocurrir lo mismo con los derechos. La presencia etérea de los derechos suele quedar bloqueada por la presencia corpórea, tridimensional, de los ingenios tecnológicos. Durante un tiempo, los ciudadanos cubanos estarán encantados de tener derecho a usar el ordenador y entrar en Internet. El derecho será tan disfrutado como el mismo invento. Pero las generaciones futuras quizá ya no vivan esa circunstancia como “disfrutar del derecho a disfrutar del ordenador”, sino que la cosa se quedará únicamente y en el mejor de los casos en “disfrutar del ordenador”. Esas generaciones futuras de cubanos no sabrán -si no se les recuerda, o incluso ni recordándoselo- que hubo un tiempo en que el uso del ordenador dependía de dos cosas: 1. de la existencia y tenencia material del aparato y 2. del derecho legalmente reconocido a disfrutar del computador.

Es decir, la “visibilidad” de los derechos tiende a diluirse con el paso del tiempo. Los ingenios de la ciencia tienden a correr parecida suerte. Es común que nuestros niños, que se han criado rodeados de tecnología y ciencia, no sepan apreciar ni reconocer el origen y la valía de la ciencia y la tecnología. Pero es comparativamente más fácil comprender los complejos antecedentes de la tecnología y la ciencia que los de los derechos.

8. Vivimos en una época relativista. El relativismo de la posmodernidad. De esto ya se ha hablado mucho. El temor a que alguien nos quiera colar una doctrina mesiánica de valores absolutos, ha generado toda una poderosa ideología inspirada en el relativismo extremo. Se trata de un ambiente “anti-teórico”, “anti-intelectual” que deslegitima la filosofía en varios sentidos:
Si todo es relativo, la reflexión filosófica es inútil: nunca alcanzará el conocimiento cierto. Toda teoría será vista con recelo, como la obra de quien desea dar gato por liebre: “Teoría a la vista, cuidado. Alguien nos quiere adoctrinar en “su” verdad.

9. Como resultado de todo este proceso de desprestigio de la filosofía, el pensamiento popular (e incluso institucional) se puede resumir así:

1. Todo es relativo: por tanto, el pensamiento crítico de la filosofía es inútil.
2. Si todo es relativo, cualquier teoría robusta pasará por mera doctrina que pretende lavar cerebros: La filosofía es peligrosa.
3. No somos capaces de ver qué cosa útil (visión materialista) pueda desprenderse de la filosofía: la filosofía es inútil.


En realidad, las bondades de la ciencia van íntimamente unidas a las bondades de la filosofía:

- La ciencia inventa el ordenador y la filosofía establece el derecho a usarlo libremente.
- La ciencia inventa la medicina y la cirugía, y la filosofía establece el derecho de todos los ciudadanos a beneficiarse de esa medicina.
- La ciencia inventa el preservativo, y la filosofía sienta el derecho social a usarlo cuando se estime necesario.
- La ciencia inventa el coche, y la filosofía funda el derecho de libre circulación.
- La ciencia (la biología molecular en concreto) descubre que no existen las razas, y la filosofía moral nos habla de Igualdad, Libertad y fraternidad…

Si a ustedes, amigos profesores, les parece acertada esta reflexión, preséntenla a sus alumnos, a fin de que comprenda que las maravillas de la ciencia, sin un pensamiento crítico siempre alerta, quizá solo estuvieran al alcance de unos pocos.

Los filósofos (y los filósofos morales de los que aquí hablamos principalmente) son también hijos de su tiempo. Eso explica que las creencias raciales de Huxley, Lincoln, Jefferson y otros ilustrados liberales de su época nos puedan parecer hoy retrógradas y desfasadas. Pese a esta inevitable filiación a los tiempos en que uno vive, los filósofos morales, al guiarse por la máxima de buscar establecer, de manera racional, los principios más generales del sentido del obrar humano, van, como es lógico, un paso por delante de espíritu de su tiempo (el Zeitgeist moral, según la jerga al uso).

Por supuesto, no sólo los filósofos filosofan. Muchas personas inteligentes y cultas pueden pensar racionalmente, pues, pese a todas las trabas puestas a la filosofía, buena parte de su espíritu crítico lo hemos heredado tácitamente, bitácora intelectual que necesita urgentemente ser oficial, explícita y ampliamente reconocida.

Gracias por su colaboración, Sofía.
Un saludo a todos.




(Última edición:: 8/5/08 21:05)
8/5/08 12:37 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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Después de leer todos los comentarios, podía decir muchas cosas, pero sólo se me ocurre decir: La casa hay que empezarla por los cimientos. Tal vez necesitemos, antes que nada, un Ministerio de la Ética en lugar de… Tal vez necesitemos un ministro de la Ética que acuerde con el resto de representante (del pueblo) unos conceptos básicos necesarios e imprescindibles para que desaparezca el embrollo en el que nos encontramos y qué estos sean obligatorios. Me gustaría que tuviéramos un buen ministro que acordara con bienestar social, con educación… Tal vez…

Saludos.
9/5/08 23:20 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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No está mal exigir a la Administración su parte de responsabilidad, sin embargo, hay cosas que por mucho que se impongan desde fuera, no servirán de nada. Tal vez serviría de algo que existiese un Ministerio de la Ética (aunque ya el ver esas dos palabras juntas a mi me causa un sentimiento difícil de describir). Pero nadie podrá controlar lo que hacen los padres con sus hijos de puertas para adentro. Tal vez habría que asumir ese pensamiento tan difícil de llevar a la práctica de las filosofías orientales: para cambiar el mundo, primero cámbiate a ti mismo. A ver si al final nosotros vamos a ser como esos jóvenes de los que tanto nos quejamos: que pedimos que nos lo den todo echo.

Saludos.
10/5/08 00:26 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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Izzy, no es cuestión de pedir… Es cuestión de que cada “sector” (padres, docentes, administración y tribu) se responsabilice de la parte que le corresponde, empezando por los que deberían ser lo primeros en… Imaginemos por un momento que tenemos un ministro filósofo en el Gobierno, imaginemos que tenemos a alguien como Marina; alguien que trabaje coco a codo con otros ministerios - qué deberían ser los primeros en trabajar mucho más coordinadamente… -, sobre todo con educación; ¿no sería estupendo? Sí… ya sé… la política y la filosofía…
Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Jesús; puede que explicitar competencias como “aprender a pensar” y “aprender a sentir adecuadamente” no estuviera de más, pero lo cierto es que hay un problema que urge más: el enfoque que estamos dando a las competencias… Estoy convencida, como no atajemos esta situación... poco podremos hacer.

No es cuestión de culpar al profesorado de los males de la sociedad, ¡no!, no lo somos; se trata de ir hacia adelante, de no seguir estancados en esta frivolidad del todo vale… Hay que buscar más tribunas; hay que llegar a los docentes; esto ayudaría mucho, pero me temo que… de momento no… Opino que, hoy por hoy, no interesa… Trabajar más por un mismo salario no convence, no vende; la satisfacción personal por si sola sí, pero… Los docentes también somos personas con familia, amigos; personas a las que nos gusta la música, la literatura, el cine, viajar, hacer deporte… El tiempo es un bien muy preciado. La formación del profesorado requiere tiempo, claridad y mucha calidad. Tal vez, un docente necesita más horas de formación obligatorias de calidad (sobre todo en pedagogía, psicología, filosofía y trabajo en equipo; más horas para preparar sus clases; menos alumnos por clase; menos horas de docencia directa; y alguna horas más de permanencia obligatoria en el centro). Necesitamos personas muy preparadas que nos ilustren, que nos conciencien sobre la importancia del aprender a pensar y del saber transmitírselo a nuestros alumnos. En fin, tal vez esté diciendo...
Los padres también necesitamos…
Estoy de acuerdo con Sofía. 123 raus, no sé como darte las gracias por tus análisis, mil gracias amigo.
Saludos.
10/5/08 12:07 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
mati
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Voy a proponer a todos que busquemos soluciones por drásticas que estas parezcan.

Culpables de las situaciones educativas que dia a día se generan en las aulas somos todos los implicados en el proceso educativo y ninguno al mismo tiempo. Pero parece que nos gusta echar balones fuera y de esa forma no se hace buen juego.

Observando las intervenciones imagino a un cazador que buscando sus presas en el horizonte no ve la que le sale junto a sus pies.

¡Cuánta envidia siento por las argumentaciones tan buenas que hacéis! Yo admiro la filosofía pero “ soy poco competente en ella”. Lo siento.
11/5/08 20:30 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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Yo veo imprescindible, por muy radical o impopular que parezca, una regulación severa en los medios de comunicación de masas. Creo que hacen más daño del que se adminte. No puede ser que se potencie lo que se potencia, principalmente en la televisión (el que triunfa es el más pillo, no el que más se esfuerza, todo es un cachondeo, el que tiene más prestigio es el que menos hace, y un larguísimo etc...). Creo que si se prestigiara a quien se tiene que prestigiar (el que es útil para la sociedad) muchas cosas cambiarían. Si alguien tiene por modelo de lo que quiere ser en la vida a Belén Esteban o a los últimos concursantes de GH, mal, muy mal vamos. Y perdón por dar nombres, pero es para que quede claro lo que quiero decir.
Otra cosa que veo urgentísima es la tan cacareada "conciliación de la vida familiar y laboral". Pero que se haga algo con intención de hacerlo bien, no parcheando. Lo que no puede ser es que un niño vea a sus padres 20 minutos al día por la noche, con suerte. Así no hay manera de educar a nadie, porque simplemente el educador y el educado no coinciden físicamente nunca.
Por ahí se podría empezar...sin que por supuesto sean medidas suficientes, aunque sí necesarias.

11/5/08 21:02 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Sofía
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Saludos a todos.

Pues decirle Izzy que, ¿cómo no estar de acuerdo con usted? La sociedad de consumo propone continuamente "evasiones". La televisión nos dice que es preciso poseer lo mismo que los demás, que esto es bello, bueno, justo, lo que es imprescindible de ver y los cotilleos a seguir.

El objetivo de esta manipulación mental es lograr que las masas, se amolden "voluntariamente" a los objetivos de esa minoría que controla los medios de comunicación, y dichos medios a veces tienen que aceptar lo que les impone el poder económico, aunque sea contrario a la conciencia de los profesionales. Por tanto, los medios de comunicación no están a nuestro servicio para informarnos, para entreternos, (como debería ser), sino que se deben a las fuerzas económicas que tienen detrás.

La manipulación va unida a la democracia. En regímenes autoritarios no hay manipulación, sino subyugación, el individuo no goza de libertad para expresar su opinión, no es necesario manipularle. Por el contrario, en el momento en que las ideas importan, y son las que van a decidir los acontecimientos futuros a todos los niveles (político, económico, ...), resulta pertinente plantearse la necesidad de controlar las mentes. Así aparece la manipulación, y a través de ella se intenta usurpar la libertad que los regímenes democráticos conceden a los individuos, quedando enmascarada en formas con apariencia de respeto y de uso de la libertad. Los medios de comunicación suscitan en nosotros la falsa creencia, de que nuestra elección a la hora de ver un programa es racional y enteramente libre.

No transmiten una información objetiva e imparcial, sino intencionadamente tendenciosa con el propósito de conseguir que los demás actúen como ellos quieren, anulando su capacidad crítica. Otra vez el principio de todo es la filosofía, porque en consonancia con su función racionalizadora y crítica nos ayuda a pensar, a buscar el conocimiento. La filosofía en la educación contribuye a desarrollar en el alumnado, y futuros adultos, la capacidad para consolidar su madurez personal, social y moral, que les permita actuar de forma responsable y autónoma, para analizar y valorar críticamente la sociedad en la que se desenvuelven.

Gracias y cordiales saludos a todos.
15/5/08 16:25 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
mati
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Ángeles, Izzy, Sofía gracias por compartir todas esas argumentaciones en este foro. Coincido totalmente con ellas.

Sofía dice “la manipulación va unida a la democracia”. Será por ese motivo por el que en la actualidad no hay programas en tv que sean más formativos para los peques, les animen a la lectura, y favorezcan la adquisición de vocabulario.

Es una pena que este medio no ayude a los niños a ser unos buenos comentaristas, críticos, periodistas, escritores, guionistas, etc. el día de mañana.

En la actualidad existe, entre los más pequeños, una pérdida alarmante de vocabulario. No leen, porque no comprenden lo que leen. No se forman en su cerebro las imágenes adecuadas. Se aburren.

Por otra parte no sé si por culpa de la propia televisión, por las características de la sociedad actual y su escala de valores, o simplemente por comodidad, el caso es que los niños no tienen vivencias propias. Pasan demasiado tiempo admirando, de forma pasiva, los programas o las películas que otros han pensado para ellos o han decidido en un momento de prisas y para salvar la situación, simplemente porque quieren que el/la niño/a se calle.

¿Qué competencias educativas estamos consiguiendo entre todos de esta manera en las generaciones futuras?

Reciban un saludo.
15/5/08 22:55 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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Mati, tampoco la escuela ayuda. Poco se pide la participación de los niños; pocas opiniones se les piden. Debería ser obligatorio opinar adecuadamente no irreflexivamente, igual que lo es leer o calcular; los niños, al igual que los adultos, deben expresar sus gustos y disgustos, deben indagar en sí mismos sobre el por qué les gusta o disgusta esto o lo otro... En los centros educativos se debe enseñar a los niños a criticar de forma positiva - a criticar lo criticable tras la observación y el análisis, aprendiendo con ello, adquiriendo criterio y posicionándose… Esto parece difícil, pero no tiene por qué serlo… También deberían aprender a acordar positivamente, ya lo he dicho por activa y pasiva, soy un poco pesada, lo sé, pero tengo que decirlo.

Si queremos que no nos pongan ciertos programas televisivos deberíamos dejar de verlos… Mientras sigamos pegados niños, jóvenes y adultos a éstos poco se podrá hacer… Y … esto hoy por hoy es difícil… lo dicen las audiencias… Así, la escuela debe tener como misión, además de la de transmitir conocimientos…, ayudar a despertar a nuestros niños y jóvenes, ¿cómo?, mostrándoles las diferentes realidades existentes, sin manipulaciones, tal y como son, y exigiéndoles opinión, análisis…
Saludos
16/5/08 22:11 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
mati
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Ángeles, “la escuela tampoco”, estoy plenamente de acuerdo.

En los últimos años a la escuela se le encarga todo y el tiempo es limitado. Los programas educativos cada vez tienen más contenidos. Desde la escuela, últimamente convertida en guardería, se debe abordar la educación contra las drogas, la vial, la sexual, la no sexista, ... se deben celebrar “semanas culturales” -como si en el tiempo restante no se favoreciera la cultura-. Debemos hacer salidas para conocer museos, fábricas, pueblos..., la propia naturaleza. Hay que favorecer el uso de las nuevas tecnologías. Tenemos que proporcionar a los niños los instrumentos necesarios para que ellos creen y formen su espíritu crítico. Por supuesto tenemos que favorecer el uso de la palabra y... sabe, creo que la escuela tiene un tope y en la actualidad está saturada.

Estamos escribiendo dentro del tema de “la novena competencia”. Quiero recordarlo pues me voy por otros senderos. He dejado dicho en otro momento que en filosofía soy poco competente. Por ello me parece importante que esa competencia, al igual que otras, se aborde dentro del sistema educativo. Quizá tengan que influir esos personajes con autoridad intelectual que usted menciona en opiniones anteriores. Los cambios que la enseñanza necesita son muy profundos y en la actualidad continúa encorsetada en formas y modelos que se muestran obsoletos.

Gracias.
Un saludo para todos.



(Última edición:: 17/5/08 00:43)
17/5/08 00:19 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
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