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Inicio del foro > FORO DE MOVILIZACIÓN EDUCATIVA > La filosofía. 9ª competencia educativa > LA NOVENA COMPETENCIA
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Pilar R
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Hola! me he decidido a entrar en el foro para dar publicidad a una convocatoria que me ha llegado a través de compañeros de filosofía, y que paso a compartir pues me parece muy interesante, pues en algo coincide con la preocupación que expresó el Sr J.A. Marina al abrir este debate.

Estimad@s colegas: os escribo en vuestra calidad de coordinadores de bachillerato o representantes de diferentes sociedades de filosofía. En la última junta directiva de la
Sociedad académica de filosofía estuvimos analizando la situación que se ha creado con respecto a nuestra disciplina con la aplicación de la LOE. Aunque el panorama
varía de una a otra comunidad autónoma, en conjunto es un proceso que vemos con preocupación y que entendemos como confirmación de la situación de precariedad de la filosofía, siempre uno de los eslabones más débiles en cualquier proceso de reforma de la
enseñanza. Cremos que es una cuestión en la que se juega el futuro de nuestra disciplina, tanto a nivel de educación secundaria cuanto universitario. Por ello queremos someter a vuestra consideración la posibilidad de convocar una reunión del profesorado de filosofía de todo el estado, universitario y de secundaria, en Madrid, para el próximo sábado 7 o, si esta fecha fuera muy precipitada, 14 de junio con el doble objetivo de consensuar un manifiesto que podría publicarse en algunos medios de comunicación y constituir una plataforma de defensa de la filosofía a nivel estatal que de alguna manera pudiera coordinar los esfuerzos que se están haciendo de manera un tanto dispersa. A la espera de vuestras noticias os pediría que dierais difusión a esta propuesta entre l@s compañer@s y sociedades de filosofía a las que tengáis acceso (carezco de direcciones
de Extremadura, Galicia, Castilla León y País Vasco -no estoy seguro de la dirección de Asturias). Recibid un cordial saludo.
Vicente Sanfélix

Y:

Estimad@s compañer@s: después de haber recibido diferentes respuestas
al correo que os envié el pasado lunes, a propósito de la viabilidad
y conveniencia de realizar una reunión en Madrid de profesores de
secundaria y universitarios de filosofía, parece que la fecha que
mejor -o menos mal- viene a la mayoría sería la del sábado 14 de
junio. Por eso os invito a que difundáis la convocatoria para este
día, a las 12 horas, en el Paraninfo de la Facultad de Filosofía. Se
trataría de:
1)consensuar un manifiesto de defensa de la filosofía
(para antes de la reunión debiéramos tener un borrador
que podría difundirse y así agilizar la discusión de este punto) para
su pública difusión.
2)constituir una plataforma a nivel estatal que permita
coodinar las diferentes iniciativas que se están llevando adelante en
las comunidades autónomas.
Sería muy importante que en la reunión hubiera presencia del mayor
número de distritos universitarios, asociaciones y plataformas, de
modo que os ruego que no sólo animéis a l@s compañer@s a asistir sino
que, en caso de que muchos de vosotros, como es previsible, no podáis
hacerlo, al menos comentéis la propuesta y enviéis algún
representante.
Quedo a vuestra disposición para cualquier sugerencia que queráis
hacer. Recibid un cordial saludo.
Vicente Sanfélix
1/6/08 12:54 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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Dice Marina que nuestros adolescentes tienen que saber pensar, seleccionar la información y ejercer sobre ellas una mirada crítica, si quieren ser libres… necesitan estructuras mentales, afectivas y éticas que les permitan orientarse en el pensamiento y en la realidad.
Y me pregunto: ¿qué será necesario enseñar a nuestros alumnos para que consigan estas estructuras? y ¿qué tienen ellos que aprender para conseguirlas?

Tendrán que aprender a aprender, aprender a pensar, aprender a emprender, aprender habilidades sociales y ciudadanía; además de conseguir habilidades y conocimientos lingüísticos, científicos, numéricos, tecnológicos y culturales. Es decir ser un ciudadano (del siglo XXI) competente; integralmente formado, que respete las leyes y normas sociales, sea asertivo, empático, tolerante...

Pero ¿cómo tendremos que ir enseñando todo esto los docentes a nuestros niños y jóvenes? Creo que así dicho, parece difícil, pero contenidos secuenciados existen en cada parcela o área de conocimientos, sea transversal o específica; principios metodológicos también: globalización, interdisciplinariedad, individualización, construcción de conocimientos…; tiempo; métodos y técnicas de enseñanza – aprendizaje existen muchos; recursos hay, aunque falten recursos humanos, especialistas sobre todo; también están quiénes impartirán las enseñanzas; y están los alumnos. No sería difícil…

No sería difícil… aunque antes de comenzar...

De lo que habla Marina es de la ley, de nuestra nueva ley de educación, pero bien desarrollada… dice que le falta algo… Puede… pero si la interpretamos como decía Jesús… con lo que dice sería suficiente para que nuestros alumnos desarrollen estas estructuras…

Tomando la ley en este último sentido, según iba escribiendo… me iban surgiendo dudas, preguntas que trataba, al mismo tiempo, de responderme.

1. ¿Seríamos los docentes los únicos encargados de enseñar a niños y adolescentes estas estrategias, técnicas, conocimientos, habilidades… necesarias para que ellos puedan conseguir estas estructuras y competencias?
Los padres, seguido, eso sí, de maestros y resto de la tribu somos los encargados de enseñan a niños y jóvenes. Somos los padres, docentes y resto de la tribu los que enseñamos estrategias, técnicas, habilidades, destrezas… a los niños y adolescentes, pero éstas pueden estar o no en sintonía con lo que esperan, los que concibieron esta ley, de los futuros ciudadanos de nuestro país. Es más creo que esta sintonía es muy difícil que se dé… por muchas razones: ideológicas, nivel formativo, creencias religiosas… de cada padre, docente…
El problema se agrava si, a lo anteriormente dicho, le sumamos que, en los centros educativos la mayoría de las veces, son las editoriales quiénes interpretan la ley - no los docentes - y son éstas las que deciden qué debe enseñar el docente a sus alumnos y cómo… (y no es que esté en contra de las editoriales) Interpretar la ley… ésta es otra cuestión que habría que tratar… ¿Qué ha ocurrido con la asignatura de Educación para la Ciudadanía?
No obstante, no debemos desistir… Una ley es una ley (elaborada por nuestros representantes; ley abierta, pero que implica una estructura, principios pedagógicos, etc., obligatorios, sino no sería ley), que está para ser cumplida, aunque también sabemos que las leyes pueden ser… y que el incumplimiento de toda norma o ley implica sanción… y esto… También puede ser mala y ser revisada y cambiada, pero para ello ha tenido que ser probada… La autoridad de la norma y ley… tendría que ser revisada…
En las empresas, el empleado, tiene que cumplir con las normas de la empresa, con sus obligaciones y, al igual que un empleado tiene que adaptarse a las nuevas máquinas y normas…, el funcionario debe adaptarse a las nuevas normas… Si esto es así, los docentes – bien informados sobre la nueva ley y con los recursos pertinentes – seríamos los encargados de enseñar… y de averiguar si nuestros alumnos van alcanzando estas estructuras…

2. Pero… además de información… habría que preguntarse: ¿poseemos los docentes estas estructuras mentales, afectivas y éticas, según la ley, necesarias? Es más… ¿quién puede asegurar de sí mismo que sabe pensar, es emprendedor, habilidoso social, comprometido padre, ciudadano, etc.? No sé… pero creo que la mayoría no nos atreveríamos a asegurarlo… y no por prudencia; seguramente, sería porque no nos lo hemos planteado nunca… ¿y si no las tenemos adquiridas? ¿cómo podremos contribuir a que las consigan los discentes?... Estoy convencida de que la mayoría de los docentes tienen adquiridas, sino todas estas estructuras, sí, la gran mayoría… de todas formas algo de formación en este sentido no nos vendría mal… sobre todo para aprender a enseñarlas…

3. ¿Tiene la nueva ley defensores? Desde mi punto de vista, esta ley aspira a conseguir unos objetivos nobles, que, ante tal situación, parecen algo… ¿utópicos?, porque aunque no existieran trabas administrativas - financiación, etc. - y los docentes tuviéramos los recursos e información necesarias para llevarla a buen término, seguiría pululando por los centros el fantasma de las ideologías y el de los “motivos” personales (ya que a primera vista lo que podemos observar en muchos centros educativos es a los docentes… ¿divididos?... por un lado, los que apoyan la nueva ley, porque creen que respalda sus principios de vida…; por otro, los que se oponen, sobre todo, por creerla contraria a sus principios…; y después están los de los “motivos” personales… Quiero decir, que en el caso que recibiéramos los docentes la información necesaria y contáramos con los recursos suficientes para el desarrollo de la ley, aun existirían impedimentos para su total puesta en marcha. Pero si… ¡es una ley abierta precisamente por esto! Porque se sabe lo que ocurre en los centros… la nueva ley de educación tiene sus defensores y detractores… Respetemos lo obligatorio y desarrollemos lo demás… acordemos lo demás… participemos… Es de lo que se trata… ¿no?

4. También deberíamos hablar en los centros educativos del tipo de relaciones familia – escuela… que implica esta ley.


Saludos



(Última edición:: 10/6/08 17:34)
10/6/08 17:14 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
AdminJam
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PROPUESTA DE JOSE ANTONIO MARINA
Queridos amigos: Muchas gracias por vuestra ayuda. Siento no poder contestaros a todos individualmente. La situación actual de la filosofia en la enseñanza conviene tratarla en dos dimensiones. La primera, muy urgente, es intentar que la aplicación de la LOE afecte lo menos posible a la asignatura. La segunda es más ambiciosa y más definitiva. Debemos ser capaces de convencer a la sociedad de la importancia educativa y social de la filosofía. Creo que el enfoque desde una competencia es muy útil. No se trata de que nuestros alumnos estudien filosofía como estudian historia del arte, o geología, para tener una especie de cultura general. Se trata de convertir la filosofía en un adverbio, y enseñar a tomar decisiones personales o políticas, a leer la prensa o ver la televisión, a ser ingeniero, arquitecto o empleado de banco "filosóficamente". Es decir, aplicando a la vida diaria conocimientos, hábitos, valores que tradicionalmente están relacionados con la filosofía, y que van desde habitos intelectuales hasta hábitos éticos.
Por eso, os propongo que de una manera muy sucinta, para ir desbrozando el camino, intentemos responder a esta pregunta:
¿Cuales serían los conocimientos y los hábitos indispensables para la competencia filosófica de un ciudadano que no va a estudiar más filosofía en su vida?
Aclarado este asunto podríamos atender a otros, como los que señala Angeles: cómo, cuándo y dónde se enseña; y cómo deben estar formados los profesores para hacerlo.
Siempre he defendido que los docentes de secundaria debíamos tener nuestros propios grupos de investigación y estudio. Somos nosotros los que estamos en condiciones de saber lo que debían estudiar nuestros alumnos. Por ejemplo, una asignatura de historia de la filosofia para adolescentes no puede ser la misma historia de la filosofia que se estudia en la universidad jibarizada. Es otra cosa, tiene otros objetivos y ha de tener otro enfoque distinto. Y eso sólo nosotros -desde la aulas- podemos saberlo.
Una ultima cosa. Acabo de leer en Le Monde de l'Education un artículo sobre la decadencia de la filosofia en el bachillerato frances, donde era la prueba reina. El autor cree que se ha quedado anticuada en su concepción. No ha sabido superar la masificación. Propone como objetivo de la asignatura "la recuperación del sujeto inteligente y libre".
JOSE ANTONIO MARINA

13/6/08 10:32 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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Contestando a parte de la propuesta de José Antonio Marina:

¿Cuales serían los conocimientos y los hábitos indispensables para la competencia filosófica de un ciudadano que no va a estudiar más filosofía en su vida?

Creo que a los niños hay que ir poco a poco enseñándoles y haciéndoles conscientes del valor de los Derechos Humanos, de los derechos y deberes democráticos, etc. y de las virtudes morales: prudencia, justicia, templanza, fortaleza… y de los vicios que su carencia o exceso pueden acarrear; así como de que comprendan y acepten como necesario que la libertad de uno… termina donde comienza la del otro; comprendan y aprendan a ser solidario, tolerante… (con quien lo es); conozcan, reconozcan estrategias de manipulación, mensajes subliminales… (la <<desublimación represiva>> de la que nos hablaba Roberto FC) para rechazarlas o utilizarlas sólo en ocasiones que… ¿eviten males mayores?…; aprender a sobreponerse de los reveses de la vida con nobleza, fortaleza… aprender a: rectificar, técnicas… de participación nobles…; participar y aprender a respetar la opinión de los demás, buscar el bien común por encima de nuestros propios intereses (porque a la larga nos favorecerá a todos con mayores beneficios)… Desde mi punto de vista el contenido de esta competencia amplía y enriquece el de la de habilidades sociales y ciudadana.
Creo que a la hora de llenar de contenido esta competencia: aprender a pensar filosóficamente, los filósofos deberían aclararnos a los docentes ¿por qué es necesario que seamos virtuosos? La filosofía busca… la felicidad, la virtud, el buen proceder... El deber de los docentes es enseñar estrategias, habilidades sociales y… pero para que sean utilizadas con un buen fin… El objetivo puede sonar a… “religioso”, pero no lo es, la religión es otra cosa… que no tiene por qué estar peleada con esta competencia… creo que el objetivo de esta competencia no es enseñar a ser honrado, noble… y aprender a serlo, para ir al cielo o… se trata de intentar serlo por el bien común… También tendremos que enseñar a nuestros alumnos a perdonar y perdonarse interiormente, y siempre a cumplir las sanciones que merezcamos por el incumplimiento de alguna norma… en esto hay que ser disciplinado…
Desde mi punto de vista, la relación de las virtudes con las habilidades sociales es obvia (están íntimamente relacionadas, no podemos enseñar a una persona a ser asertiva, empática… para que después utilice éstas habilidades para perjudicar a otros en su propio beneficio)…; así, para llenar de contenido a esta competencia será necesario el trabajo conjunto de un equipo de filósofos, psicólogos, sociólogos, pedagogos, docentes… bien formados… aunque existan entre ellos posturas ideológicas encontradas… mejor que mejor (unos aclararán los conceptos filosóficos: felicidad, bien, mal, virtudes, vicios…, otros serán los encargados de plantear las estrategias personales y habilidades sociales… necesarias para desenvolvernos con maestría en sociedad (con el fin, entre otras cosas, de sufrir menos) y otros de cómo se deben enseñar… y entre todos llenar de contenido a esta competencia… o prescindiendo de ésta (competencia) "prestar" el contenido, que le sería propio, entre las ya propuestas de: aprender a aprender, aprender a emprender, habilidades sociales y ciudadanía… porque todas ellas deben estar impregnadas de una virtuosísima filosofía de vida… que… nos ayude a ser un poco más felices a todos… Después serán los docentes los que deben acabar el trabajo, conocer lo fijado por el equipo de “sabios” y desde este marco, además de enseñar estos contenidos (conocimientos), ayudar a crear hábitos… elaborar (participación) en equipo (profesores… alumnos) unas normas de convivencia (que se ajusten al marco) que habrá que cumplir, así como las sanciones al incumplimiento de dichas normas…
Algunos dirán, pero si esto…. se viene haciendo desde siempre, si esto es el tan nombrado “currículum oculto”… es… de sentido común – cómo si el sentido común de unos y otros fuese el mismo – esto del sentido común, comentado no pocas veces y en no pocos pasillos de centros educativos, me ha hecho reflexionar bastante; es muy fácil decir: es de sentido común, creyendo que existe una forma común de ver las cosas en una sociedad como la nuestra (hace tiempo leí - no sé que fiabilidad podía tener el escrito, aunque me pareció más que razonable lo que decía: el sentido común está relacionado con las costumbres y por ello cada cultura tiene su propio sentido común; pero esto hoy, en una sociedad como la nuestra, multicultural, creo que el “sentido común” no es tan común).
Por todo lo dicho, creo necesario esclarecer… llenar de contenido filosófico ésta o estas competencias. No todo vale… porque aunque valgan muchas cosas, siempre habrá cosas que no valgan… Y hay que saber cuáles.

Siento la extensión…

Saludos a todos.
15/6/08 01:29 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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Aprovecho este mensaje para informar al personal administrativo de este foro que por alguna razón no puedo enviar ningún mensaje a webmaster. Debe de haber algún fallo en el sistema.
Quería decirles que llevo varias semanas con una nueva dirección de correo electrónico. Antes era 123raus@wanadoo.es Ahora es antoniogallegoraus@yahoo.es

Gracias.


En el primer mensaje que Marina nos envió para hablarnos del encanijamiento de la filosofía, dijo algo que me pareció de una importancia capital: que muchas personas no se les había explicado bien la utilidad de la filosofía, y eso teníamos que remediarlo.

Comprender la utilidad de algo es esencial, pues, como el mismo Marina afirma, nuestra inteligencia está diseñada no tanto para conocer la verdad como para salir bien parados de las situaciones comprometidas de la vida.

Una de las cosas que nos propone Marina ahora es que pensemos qué habilidades y hábitos filosóficos necesitará cualquier ciudadano que no vaya a estudiar filosofía en su vida. También esto es clave, por supuesto. Pero creo que el orden correcto sería primeramente tratar de convencer a la gente de la utilidad de la filosofía y, después, hablar de habilidades, conocimientos, conceptos y hábitos filosóficos mínimos.

¿Por qué? Voy a intentar razonarlo. Imaginemos que en vez de filosofía estuviésemos hablando de implantar en la población hábitos deportivos mínimos. Por razones obvias, no nos interesaría una población de deportistas de elite, pero sí una población que hiciera deporte o ejercicio físico regularmente. ¿Cómo procederíamos? Primeramente tendríamos que hacer una campaña para informar a los ciudadanos de los beneficios (la utilidad) del ejercicio físico regular y moderado (y de los perjuicios de no hacerlo): Menor riesgo de padecer enfermedades cardiacas (por colesterol, hipertensión, diabetes…), más vitalidad, fuerza, energía, agilidad, flexibilidad, mejor figura corporal, esbeltez, más diversión (socialización por medio del deporte de grupos), más capacidad para aguantar el estrés de la vida diaria, etc.

Es decir: primero intentaríamos seducir a la población acerca de los beneficios y utilidad de hacer deporte. En este caso la información deportiva (dieta adecuada, ejercicio regular y moderado, ropa y calzado apropiados, horario de ejercicio, etc.) podría ir aparejada a la información destinada a seducir sobre la utilidad del ejercicio. Una y otra información podrían ir en un mismo lote informativo. El ciudadano sabría entonces que un ejercicio físico bien adaptado a cada persona (según peso, edad, sexo, estado físico general,…) traería beneficios en: salud física y psicológica, belleza física e incluso medioambiental (si voy al trabajo en bici o andando, no gastaré combustible innecesariamente…)

En el caso de la filosofía creo que sería conveniente hablar de su utilidad (seducción) y después hablar de los conocimientos filosóficos mínimos que necesitará la población. Dada la complejidad de ambas cosas, creo que deberían tratarse por separado: primero hablemos de utilidad, después de conocimientos y habilidades. Lo que estoy intentando decir aquí es que para pescar al pez hay que atraerlo con un buen cebo. Hablo de un buen señuelo, vaya.

Yo tenía pensado escribir sobre la utilidad de la filosofía esbozando un programa de seducción. ¿Hay algo más seductor que el mundo de los derechos y deberes humanos y civiles?
Pues la filosofía (y el pensamiento filosófico) está detrás de las siguientes conquistas intelectuales y éticas:

- La fundación de las primeras democracias a cargo de filósofos ilustrados.
- La constitución de cartas de derechos humanos y civiles (ética). Una cosa es tener ordenador e Internet (ciencia-técnica) y otra cosa es tener permiso del gobierno para utilizarlo. Una cosa es la apetencia homosexual y otra que esté social y legalmente aceptada, etc.
- Una concepción racional y crítica del mundo, necesaria para combatir ideas supersticiosas, teístas, prejuicios sociales, los mensajes cifrados del mercado, el periodismo corrupto o el poder. Etc.

Es decir, un Programa-Señuelo, el cual podría hacerse lo suficientemente atractivo como para atraer a cualquier ciudadano inicialmente remiso a la filosofía. Dicho programa debería responder a la pregunta: “¿Qué cosas buenas y útiles nos ofrece y nos puede ofrecer la filosofía?”
Si no somos capaces de responderla satisfactoriamente, dudo mucho de que la mayoría de la gente esté dispuesta a adquirir el utillaje filosófico mínimo. ¿Por qué habría de hacerlo?

A muchos ciudadanos no les interesa las cuestiones teóricas lo más mínimo. No creo que pudiéramos seducir a nadie argumentando cosas tales como que la filosofía proporciona consuelo espiritual, que es un impulso radicalmente humano porque es la expresión adulta de la curiosidad natural de los niños, o que la filosofía nos hace más sabios. Todas estas cosas pueden ser o no ciertas, pero no nos van a servir para interesar al ciudadano.

Fijémonos en el caso de la ciencia. ¿Interesa la ciencia básica a la ciudadanía? No, nada o casi nada. ¿A cuántas personas les puede interesar la cuestión de si el tiempo y el espacio son absolutos o relativos? A muy pocas. Si la ciencia se quedara en esa discusión, o en la demostración de que tiempo y espacio son relativos, la ciencia pasaría tan desapercibida como la filosofía. No, la ciudadanía es más pragmática: le interesa la ciencia (la relatividad de tiempo y espacio, la mecánica cuántica…) porque, al final, sus lucubraciones se traducen en centrales nucleares, bombas atómicas, aplicaciones médicas… es decir, porque la ciencia tiene o suele tener una función práctica. Al final está metida en nuestras vidas por la vía tecnológica. Nos concierne e interesa por lo que aporta a nuestra salud, defensa nacional, confort hogareño, comunicación, transporte, etc. Es el paso de la teoría a la práctica lo que interesa a la gente. Todo lo demás -que si leer sobre ciencia nos hace más inteligentes, o proporciona solaz espiritual o si satisface un impulso muy humano- cae en saco roto en demasiadas ocasiones.

La filosofía corre la misma suerte que correría la ciencia pura (la física teórica, la química teórica…) si se quedara en eso: en abstracción del pensamiento.

Creo que hasta que no seamos capaces de explicar el trayecto que va desde la pura elucubración filosófica hasta el goce de un derecho concreto o cualquier otra cosa útil (por ejemplo, saber educar a un hijo o no caer en una secta), la filosofía seguirá buscando asilo en libros leídos por “ratas” de biblioteca.

Por variadas razones la función práctica de la filosofía pasa desapercibida. Ya partimos de una clara desventaja: la tecnología es visible y tangible; es accesible a los sentidos: “Mira, toda esta elucubración científica se traduce en este ordenador que tienes delante de ti e Internet”. “Ah, vale, entonces fenomenal por la ciencia, la apoyaré con mis impuestos”. El ciudadano no ha tenido que reflexionar nada o casi nada para “ver” (en los dos sentidos de la palabra: con los ojos y con la mente) la utilidad de la ciencia. ¿Pero qué hará el filósofo para hacer ver al ciudadano la utilidad de la filosofía sin apelar al esfuerzo de una reflexión mínima? Esa es la gran desventaja de la filosofía respecto de los alardes de la ciencia-técnica: para mostrarse útil ante el ciudadano, tiene que pedirle que reflexione. No hay que reflexionar mucho para comprender la utilidad de la ciencia, porque sus frutos están delante de nosotros, duros y tridimensionales; vemos sus prodigios en forma de “cosas”, de cosas físicas que se pueden ver, oír, tocar, oler... ¡Son evidentes!

Nosotros podemos decir: “Mira, una cosa es Internet y otra cosa es tener derecho a acceder a él. En Cuba tenían ordenadores pero el gobierno prohibía acceder a Internet. ¿De qué te vale tener ordenador e Internet si luego tu gobierno te impide hacer un uso libre ambas cosas? Es el pensamiento filosófico (ético) el que está detrás de que los ciudadanos sean libres para usar Internet. Está detrás de la conquista de los derechos humanos y civiles.” Pero esto ya requiere un mínimo de reflexión del ciudadano, y más explicaciones nuestras para mostrar la función liberadora de la filosofía.

Así pues, a mi juicio, nuestra primera misión es concebir un Programa-Señuelo capaz de suscitar en el sujeto la mínima reflexión necesaria para que comprenda cuál es la utilidad de la filosofía. Ese es nuestro problema: que para comprender la utilidad de la filosofía, el ciudadano tiene que filosofar (reflexionar) un poco.

Me gustaría conocer la opinión al respecto de Marina o de otros compañeros.
En mi opinión el orden más adecuado para atacar el asunto de la filosofía es:

1º Seducción filosófica mediante un Programa-Señuelo;
2º Formación filosófica mínima de cualquier ciudadano (habilidades y hábitos filosóficos).

Pero si se exponen aquí razones que contravengan la conveniencia de ese orden, estaré encantando de contravenirlo.

Un saludo.
17/6/08 10:06 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
AdminJam
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La propuesta de raus es:
1º.- Programa señuelo, para atraer a la filosofia.
2º.- Enseñanza de la competencia filosofica
Desde el punto de vista didáctico me parece impecable, y os animo a trabajar sobre estos puntos. ¿Cómo le explicariamos a un ciudadano lo que debe a la filosofía?¿Cómo se lo explicaríamos a nuestros alumnos?
Pero, al mismo tiempo, debemos hacer una reflexión sobre cual es el contenido de esa competencia. Sobre este asunto estamos contaminados por un discurso "filosóficamente correcto" en el que damos por evidente lo que deberíamos esforzarnos en justificar. Os pondré un ejemplo: participo en muchos planes de fomento de la lectura que dan por sentado que leer es un placer, y que los planes de lecturas deben basarse en convencer a la gente de lo placentera que es la lectura. Es, evidentemente, un discurso para convencidos, que no dice nada al que no quiere leer. ¿Por qué hay que leer, aunque no nos guste? Al justificar la filosofía deberíamos despojarnos de nuestros "prejuicios favorables", porque de lo contrario no llegaremos a la gente.
Como se trata de organizar el trabajo podríamos hacer dos grupos: uno de didáctica ciudadana (y comenzar por el programa señuelo), y otro de invesstigación básica, definiendo la novena competencia.
Sería estupendo que animaseis a vuestros compañeros a que participasen.
Una noticia que podría ser una muy buena noticia. Una prestigiosa FUndación estaría de acuerdo en apoyarnos a lanzar esta iniciariva si somos capaces de presentar un proyecto coherente y elaborado. ¿Aprovechamos la ocasión?
Jose Antonio Marina




18/6/08 18:47 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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Quedo agradecido a mi maestro por sus palabras.

La definición de la novena competencia me queda grande. Creo que es tarea para especialistas. Colaboraré y haré lo que pueda, no obstante.

Marina nos advierte contra nuestros “prejuicios favorables” a la hora de explicar la filosofía a personas no interesadas en ella. Precisamente a eso mismo me refería yo en el anterior mensaje cuando dije: “A muchos ciudadanos no les interesa las cuestiones teóricas lo más mínimo. No creo que pudiéramos seducir a nadie argumentando cosas tales como que la filosofía proporciona consuelo espiritual, que es un impulso radicalmente humano porque es la expresión adulta de la curiosidad natural de los niños, o que la filosofía nos hace más sabios. Todas estas cosas pueden ser o no ciertas, pero no nos van a servir para interesar al ciudadano”.

Efectivamente, no demos por hecho que lo que a nosotros nos atrae también traerá a otras personas, porque quizá estaremos errando el tiro.

¿Qué podemos hacer para atraer al ciudadano a la reflexión filosófica? ¿Cómo haremos lo propio con los alumnos? Con los alumnos va a ser más fácil que con los adultos. Por varias razones:

1. los niños carecen de los prejuicios anti-filosóficos que los adultos han desarrollado;
2. los tenemos físicamente a nuestro alcance todos los días para trabajar con ellos, para intentar seducirlos y convencerlos.

¿Qué podemos hacer en el caso de los alumnos? ¿Cómo les explicaremos la utilidad de la filosofía? Confieso que tengo un problema con las palabras: no siempre confío en su poder. Creo, de hecho, que solemos concederles un poder que no tienen. Podríamos utilizar nuestros mejores discursos y argumentos para convencer a los niños de la utilidad y atractivo de la filosofía, pero quizá solo unos pocos lo entenderían. ¿Qué hacer entonces? Creo que en las clases los maestros y profesores deben aprovecharse de un saber popular muy antiguo: “No apreciamos lo que tenemos hasta que nos falta”. En efecto: ¿quién sino el que se queda manco sabe apreciar el valor de la mano? ¿Cuánto valoramos la salud cuando la perdemos? ¿Cuánto apreciamos el coche cuando se nos avería? ¿Quién mejor que el sediento conoce el valor de poder beber?... La moraleja es clara: vivimos como ingratos, disfrutando de cosas y bienes en los que no reparamos hasta que no los perdemos.
Enseguida diré dónde quiero ir a parar.

Fijémonos además en cómo operan los científicos cuando quieren descubrir qué función tiene un factor (por ejemplo, un gen) de entre un conjunto de factores. Una de las tácticas experimentales es intentar eliminar la acción de ese factor. Por ejemplo, imaginemos que queremos saber cuál es la función del gen P3FOS (es inventado) del cromosoma 12 de un feto de rata. El genetista puede intentar bloquear químicamente la expresión de ese gen y ver cuál es el resultado. Supongamos que la rata en cuestión nace sin bigotes. Entonces tenemos una pista bastante clara de cuál es la función del gen P3FOS.

Hagamos ese mismo experimento para hacer ver a los alumnos cuál es la función de la filosofía. La cuestión es: ¿Qué pasaría si, de repente, no se “expresaran” los efectos de la filosofía? Nosotros (los adultos, aunque no todos) ya lo sabemos: ¡Nos quedaríamos sin derechos humanos y civiles!
¡Entonces sería cuando echaríamos de menos la filosofía, como el manco echa de menos la mano perdida, o la rata su gen P3FOS! Pues bien, ahora se trata de hacer el experimento con los chicos a escala reducida. Podría el maestro “jugar” en clase a privar a los alumnos de algún derecho básico. Los chicos protestarían, como es lógico. El maestro pediría a los alumnos que intentasen dar razones de por qué está mal lo que ha hecho. Por supuesto, no debería bastar con que los niños dijeran que se les ha privado de un derecho: deberían razonar por qué “tienen derecho a tener el derecho” que les ha arrebatado el maestro.

Una situación ideal sería que pudiéramos acordar con los alumnos que no recuperarían el derecho perdido hasta que no adujeran poderosas razones para recuperarlo. Eso les obligaría a investigar en casa, en Internet, en libros, preguntando a mayores, a razonar…
Nuestro problema es que solo las personas más inteligentes son capaces de "aprender en cabeza ajena", y aun así y todo esto tiene un límite. ¿Cómo le haríamos ver a un niño lo maravilloso que es enamorarse de otra persona? ¿Cómo nos explicará el torturado el horror de ser torturado? Las palabras se quedan cortas, amigos. Nos podemos poner en "el lugar" del enamorado o del torturado, pero realmente nunca sabremos qué es el amor o la tortura hasta que no hayamos expermientado lo uno y lo otro (y ojalá solo sepamos de lo primero y solo tengamos que imaginar qué pueda ser lo segundo). Esta limitación forma parte de nuestra naturaleza, por eso quizá los horrores y errores humanos se repiten con cada generación, pese a las advertencias de los padres y los abuelos. Las palabras "resbalan" mientras solo hagan alusión a la experiencia del "otro". Por eso propongo que hagamos todo lo posible para enseñar a través de la experiencia (o el experimento). Siempre que ello resulte materialmente posible, claro.

Quede esto solo como una sugerencia, pues soy consciente de la dificultad que dicho procedimiento entrañaría en muchos casos.

Por supuesto, también se podrían hacer simulacros de pérdida de derechos, aunque esto sería menos estimulante para los alumnos, claro.

El caso es que sólo después de “obligarles” a razonar se les diría que eso que ellos han hecho es precisamente filosofar. El filósofo (el maestro-filósofo en este caso) les ayudaría a recuperar sus derechos con potentes razones. Creo que ésta sería una buena manera de “echar en falta” la filosofía y, por tanto, de aprender a valorarla.

El problema de esta propuesta es -como he dicho arriba- que si no pudiéramos llevarla a la práctica, sólo nos quedarían las palabras mondas y lirondas para intentar convencer a los chicos de la utilidad de la filosofía. Pero, entonces, sería como intentar que los chicos echaran en falta (que apreciaran realmente) el móvil sin verse nunca privados de él. ¿Me entienden?

Ya me dirán ustedes si les parece bien o mal esta propuesta, y en qué medida viable. En cualquier caso, siempre serían posibles los simulacros de pérdida o arrebato de un derecho: “Imaginemos que el alumno Andrés privara al alumno Juan de x derecho (¿cuál derecho? Eso lo dejo a la imaginación del docente), ¿cómo podría recuperarlo Juan a base de aportar razones y argumentos?

Pensándolo detenidamente, esta propuesta podría valer para matar dos pájaros de un tiro:
1) los chicos acabarían viendo la utilidad de la filosofía (Programa señuelo), y…
2) se estarían ejercitando filosóficamente: estarían razonando para conseguir recuperar sus derechos (Enseñanza de la competencia filosófica a través de la práctica).

Necesito retroalimentación, amigos. Díganme si les parece bien o mal esta propuesta, o cómo mejorarla, etc. Si les parece correcta, seguiré trabajando en ella.

Gracias.





(Última edición:: 19/6/08 08:58)
19/6/08 00:27 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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Difícil tarea la que nos propone José Antonio Marina, le agradezco que cuente con los que aquí escribimos. No quiero pasarme, ni para un lado ni para el otro (infravalorarme o sobreestimarme), pero creo que poco podré aportar, aunque intentaré, al menos, dar una visión intuitiva - a partir de la observación y experiencia principalmente.

Por otra parte, pedir a todos (filósofos, docentes y padres) que aquí participan que acepten esta invitación.

¿Qué es la Filosofía?

Según el DRAE: Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.

Pero… ¿qué es la filosofía para el ciudadano que no ha accedido nunca a la FILOSOFÍA (para quién poco o nada sabe de la historia de las ideas)?
Por considerarme ciudadana que poco ha accedido a la FILOSOFÍA y por considerar, tal vez por ignorancia, que la FILOSOFÍA es una disciplina abierta donde cabe cualquier teoría racional, es decir, conjetura argumentada o demostrada mediante la razón, donde también, desde mi criterio, cabría una filosofía popular – igual que la música popular cabe dentro de la música:

Me atrevería a decir que la filosofía popular es para el ciudadano medio algo práctico, algo que le sirve para la vida… cada cual puede tener su propia filosofía o compartir filosofía con otros. La filosofía, desde este punto de vista, es una combinación de ideología, moral (incluida la religiosa). Hoy se dice fulanito es un “trepa” o un “crápula” o un “bendito”, etc. Cada una de estas palabras conllevan una filosofía de vida (positiva… o negativa). Las palabras dicen mucho… demasiado, pero tenemos que descifrarlas, descubrirlas, aprenderlas y aprender a actuar con arreglo a su significado.

Creo que el ciudadano medio busca la verdad, pero la verdad es muy difícil de encontrarla en su totalidad… La verdad es dependiente de “infinitas” variables; así cada uno de nosotros podemos encontrar una verdad… más o menos amplia, dependiendo de las variables que tengamos en cuenta. El hombre tiene muchas otras cosas que hacer y no tiene tiempo para complicarse la vida intentando llegar a una verdad tan difícil… y en muchas ocasiones hace trampa, intenta engañarse y esta puede ser una de las causas del “todo vale” actual. La contemplación… es cosa de unos pocos…. Antes era peor, el pueblo contaba con dos filosofías la oficial y otra oculta; entonces la verdad más o menos verdadera y más o menos amplia era la oficial, pero con la que realmente se movía el hombre por la vida era con la otra… aún quedan muchos lugares en la Tierra que…

Pero es necesario no ir a menos, tenemos que seguir hacia adelante, tenemos que seguir buscando una verdad cada vez más verdadera, más amplia, lo necesitamos… y para esto necesitamos a la FILOSOFÍA y a la CIENCIA.

Por todo lo dicho, creo que no es que no interese la FILOSOFÍA al ciudadano, es, también lo creo, que no tiene tiempo para comprenderla tal y cómo hasta la fecha ha sido contada.

El hombre desde siempre ha intentado interpretar la realidad, buscar la verdad, conocer la realidad en su totalidad… tarea difícil. El hombre necesita interpretar la realidad para adaptarse a ella y para mejorarla. A la FILOSOFÍA creo no le importa demasiado transformar la realidad (ya se encargan de esto… las ciencias y técnicas), aunque si el comportamiento humano; pero a esta disciplina lo que le importa realmente es la interpretación de la realidad; interpretar la realidad en su máxima amplitud. Y a esto han dedicado muchos hombres su existencia. Esto tenemos que saberlo los ciudadanos... Igual que tenemos que saber que es el idealismo, realismo, escepticismo, dogmatismo, subjetivismo y relativismo, empirismo, racionalismo, criticismo, pragmatismo, materialismo, historicismo, fenomenología, existencialismo, positivismo, estructuralismo…

¿Sabe realmente el ciudadano que no ha accedido nunca a la FILOSOFÍA que le están llamando cuando le llaman idealista o dogmático o existencialista? O ¿Cómo realmente se considera él con respecto a estos conceptos? O ¿conoce a quiénes inventaron estas teorías filosóficas?

¿Conoce el ciudadano que no ha accedido nunca a la FILOSOFÍA qué es la ética, la estética, la fenomenología, metafísica, lógica, epistemología… y los fundamentos que aporta a otras disciplinas… tal y cómo la concibieron las diferentes corrientes filosóficas?

¿Sabe interpretar este ciudadano adecuadamente una buena película o un buen libro, etc.?

¿Y Los alumnos?

¿Cómo podemos motivar, explicar y enseñar esto a nuestros alumnos? ¿Y los filósofos al ciudadano que nunca accedió… ?

A modo de ejemplo por si gusta el método: se podría trabajar esta competencia “aprender a pensar” - de forma transversal, en este caso, en el área de Lengua… para el primer ciclo, 2º nivel de Secundaria… actividades tales como:

- Dramatizaciones de personalidades idealistas, realistas…
- Análisis de personajes de comic… comportamientos… actitudes ante la vida, filosofía que implica…
- Ver películas… cine forum …
- Lecturas en grupo clase de cuentos y novelas cortas - según edad – comentarios, análisis… (algún ejemplo: la lengua de las mariposas, el niño del pijama de rayas, etc.)

En fin, es cuestión de pensar actividades y a partir de ellas, o viceversa, elaborar los objetivos didácticos, contenidos (conceptuales, procedimentales y de valores y actitudes) … secuenciarlos por nivel…

Igual se podría hacer en otras áreas de conocimiento.

Finalmente – a partir de lo anterior – se elaborarían los objetivos y contenidos de la competencia.

No sé si es esto exactamente lo que nos pide José Antonio Marina, si no es así, me gustaría me lo hicieran saber.

La propuesta de 123 raus, me parece buena, pero para utilizarla en dramatizaciones…
19/6/08 17:26 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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Gracias por dar tu opinión, Ángeles. Efectivamente, Ángeles, no se trataría de otra cosa que de dramatizaciones. Por eso hablo de “jugar” a privar a los alumnos de algún derecho. Por eso hablo de que lo ideal sería ACORDAR con los alumnos que los alumnos no recuperaran…

Pero he querido apuntar la posibilidad de que esas dramatizaciones fueran lo más realistas posible. Eso es todo. Una dramatización puede acercarse más o menos a la realidad. Cuanto más se acerque a ésta, tanto mejor. Hablé de privación (simulada y acordada) de derechos básicos, y esto sí debo rectificarlo. Bastaría con que los alumnos se vieran temporalmente privados de derechos digamos “secundarios”. Se me ocurre, por ejemplo, la imposibilidad de acceder durante un tiempo a determinados materiales escolares: ordenadores, Internet, o juguetes, el móvil, o parte del recreo… O que no pudieran hablar con otros compañeros o jugar con ellos, o que no tuvieran libertad de expresión durante un tiempo, o no pudieran llevar determinado tipo de ropa, o que no pudieran escuchar su música preferida… Por eso digo que lo ideal sería que el maestro y los alumnos acordaran esas condiciones de privación dramatizada pero realista. Qué duda cabe de que para llegar a esto el maestro debería saber motivar adecuadamente a los alumnos, para que vieran todo esto como un reto que ellos podrían superar. Y claro está que estamos hablando de chicos adolescentes, dotados más o menos de pensamiento formal (Piaget).

Creo que no insistiré lo suficiente sobre lo provechoso que nos resultarían esas dramatizaciones acordadas y realistas. Si jugásemos a que los niños se “imaginaran” estar privados del móvil, sería un juego poco provechoso, me temo. El alumno saldría de clase pensando, en el mejor de los casos: “Pues sí, no lo pasaría bien si se me privase del derecho a usar el móvil fuera de clase, o a juntarme con mis amigos, o a expresarme como yo quiera…, pero lo cierto es que todo esto no es más que una ficción que ocurre en la hora de filosofía: se puede vivir. Es como una película de miedo: nada que no se pueda soportar. Hora de filosofía: hora de películas.”

Convencionalmente, un profesor siempre podrá organizar simulacros de privación: “Imaginad que se os prohibiera x cosa (un derecho), ¿qué argumentos utilizaríais para revocar la prohibición?” Pero ¿esto calaría en los chicos?

Quienes más ansían la paz son quienes han sobrevivido a los horrores de la guerra. El que más aprecia comer bien es quien no siempre puede comer bien… Esta es una realidad tan tremenda que me extraña que la Educación formal no la tenga en consideración. Quien jamás se ve privado de nada o casi nada, crece en la ingratitud, aprende a ser ingrato, a no valorar nada de lo que tiene. Y encina, como todo lo tiene dado sin esfuerzo, ni siquiera aprende a luchar civilizadamente -con las armas de la razón- por sus derechos.

Podemos explicar una y mil veces las bondades de la filosofía (incluso de la ciencia básica), pero la PRESENCIA de la filosofía se impondrá a las conciencias a través de su AUSENCIA (temporal) o su defecto.

Ignoro, en definitiva, si proponer simulaciones realistas de privación de libertades o de situaciones de injusticia es o no viable, pero de lo que sí estoy completamente seguro es de que la eficacia de nuestras explicaciones sería extraordinariamente mayor si se pudieran acompañar de la experiencia incómoda de LA FALTA DE ALGÚN BIEN AL QUE ESTAMOS ACOSTUMBRADOS y que, por tanto, damos por hecho e inmutable.

Soy un amante de la palabra. A las pruebas me remito. Pero hay que reconocer que en muchas ocasiones las palabras se las lleva el viento, no prenden en los espíritus. Nuestros chicos no solo necesitan palabras sabias, también necesitan experiencias. Pues al final resulta que la experiencia no solo es la madre de la ciencia, sino también de la filosofía: de la razón. ¿Por qué? porque la activa.

Un saludo.


(Última edición:: 24/6/08 10:56)
19/6/08 23:54 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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Definir la novena competencia.

Comienzo a investigar e inmediatamente intuyo, no sé si acertadamente, que aprender a pensar filosóficamente es aprender a pensar profundamente, ampliamente, con la mente abierta, intentando buscar todas las relaciones e interrelaciones que existen entre los seres y entre éstos y las cosas y las cosas entre sí y entre los componentes de los seres y entre los seres humanos y… y entre sus sentimientos… sensaciones… problemas…

Aprender a pensar filosóficamente es no conformarse con lo que nos cuentan, ni creerlo como ciencia cierta mientras… ¿no esté demostrado científicamente?, es desconfiar de las apariencias, de los propios sentidos… es investigar sobre la información recibida con la propia razón y con la de otros, es sentir curiosidad por las verdades científicas, por como llegaron a serlo y, también, es preguntarse si lo serán para siempre o…. Es no conformarse con buscar una sola solución a los problemas, sino todas las posibles y elegir la más fácil. Es buscar nuestra verdad, aunque esa búsqueda nos lleve a dudar de todo.

Aprender a pensar… es aprender a filosofar; es decir, aprender a buscar todas las causas a un determinado problema, ya sea interno (nuestro) o externo, es hablar con uno mismo... Es intentar comprendernos y comprender todo lo que nos rodea sin escatimar tiempo ni esfuerzo y una vez que creemos haberlo comprendido, una vez que creemos haber encontrado, al menos, nuestra verdad - aunque ésta sea la de dudar de todo - actuar conforme a la verdad encontrada.

Aprender a pensar es aprender a hacerlo con lógica, es aprender a utilizar unos métodos lógicos: deductivo e inductivo, es pasar de la idea al concepto y de éste al juicio…

Aprender a pensar filosóficamente es buscar la verdad ética, estética…

Seguiré investigando y deduciendo, si es que no voy por mal camino.

Saludos
22/6/08 15:18 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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Apasionante el tema que se propone.
Pero a la hora de plasmar todas estas ideas de una manera práctica, me asalta la duda de si no estamos empezando la casa por el tejado.
Si tenemos un alumnado indisciplinado, sin interés en aprender, que no es capaz de mantener la atención, y no es capaz de educar su voluntad para mantener un esfuerzo prolongado...¿podemos aspirar de golpe y porrazo a inculcarle el interés por algo tan abstracto y de "mala fama" (para ellos) como la Filosofía?.
¿No deberíamos primero intentar disciplinarlos, conseguir que mantengan la atención en lo que se les explica, entrenar su voluntad, enseñarles hábitos de estudio, en definitiva motivarles para estudiar, educarse y realizarse en general?.

Saludos.

24/6/08 23:22 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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Sí, llevas razón, lzzy, lo mismo opino yo. Ya sabes cómo pienso. Pero hay que tener en cuenta un par de cosas:

1. La filosofía está amenazada en las escuelas y en la sociedad, de modo que necesita una defensa particular y urgente de su necesidad.

2. Esa necesidad de que los chicos eduquen el carácter, debe formar parte de la novena competencia. Pues no cabe imaginar un filósofo productivo y abúlico. Un rasgo del filósofo y del ciudadano filósofo debe ser la fuerza de voluntad para estudiar y afrontar los problemas de la vida, intelectuales o de otro tipo.

Por eso, lzzy, mi propuesta ha sido la de “hacer prácticas de filosofía”. Para forjar el carácter y la voluntad de los chicos se necesita algo más que palabras. ¿Qué pensaríamos de un alumno de medicina que no tuviera que hacer prácticas en ningún momento de su formación?

Las “prácticas filosóficas” de que yo hablo consistirían en acordar con los chicos la privación temporal (cuestión de días) de algún derecho. Por ejemplo: que dos alumnos amigos no se pudieran ver durante unos días, “conculcando su derecho de libre asociación”. El maestro diría: “No os podréis ver (durante ese tiempo) porque -supongamos- sois de dos religiones diferentes e históricamente enemigas y vuestros padres os lo prohíben. Recuperaréis vuestro derecho a veros cuando traigáis un trabajo bien hecho sobre por qué es un atropello y qué razones hay para que las personas convivan pacífica y amistosamente sean de la religión que sean. En cualquier caso recuperaréis vuestro derecho de asociación el día y hora que se estipule en el contrato.”

Otro ejemplo: imaginemos que un alumno y una alumna son, a ojos vista, novios. “Supongamos -diría el profesor- que fueseis el uno payo y la otra gitana (o viceversa). Vuestras familias os prohíben el noviazgo. Si estáis de acuerdo, firmaréis un contrato por el que no os podréis ver de ex profeso y comunicar (por móvil, carta…) durante x días. Os librareis de la prohibición cuando presentéis un trabajo explicando la evolución de los derechos humanos y civiles que permiten a las personas de diferente raza (o etnia) juntarse y casarse libremente. Se valorará los razonamientos personales (no solo las citas de personajes históricos que hayan luchado por los derechos). En cualquier caso, recuperaréis vuestra libertad el día y hora que estipulemos en el contrato.”

El problema obvio que tienen estas “prácticas” es la falta de control sobre el cumplimiento del contrato. Los chicos podrían burlar fácilmente la prohibición, de modo que habría que confiar sobremanera en su buena voluntad.
Tampoco reproduciría los casos reales de privación de derechos, pues los chicos siempre sabrían que, en el peor de los casos, recuperarían sus derechos al cabo de unos días. Pero esto no excusaría para intentarlo. También se hacen simulacros de evacuación de un incendio en las escuelas, aun sabiendo que se trata de un simulacro.

Pero si realmente los chicos colaboraran (o por lo menos algunos), sería un medio de que tomaran conciencia de qué significa un derecho a través de su privación y ausencia. Esa es la cuestión: valorar algo por su ausencia (temporal).

Las experiencias son las que curten a la persona. Las palabras tienen un enorme valor, pero no son omnipotentes, como quieren creer algunos. Yo lo sé bien por psicología. Hay psicólogos que para aumentar la autoestima del paciente le recomiendan que se diga cosas agradables mientras se mire al espejo: “Tú eres único, vales mucho, eres guapo, puedes hacer lo que te propongas…” Todo esto está muy bien, porque las palabras pueden servir de acicate. Pero, ojo, para que una persona realmente cambie la imagen pobre que tenga de sí misma, no bastan las palabras: tiene que pasar a la acción. No basta con que diga: “yo puedo hacer tal o cual cosa”; sino que tiene que intentar hacerla y hacerla finalmente. Decirme a mí mismo: “Yo puedo acercarme a esa chica e iniciar una charla” es adecuado, pero es solo el principio. Luego hay que pasar a la acción: ver a la chica que te gusta, acercarte con decisión e iniciar una conversación agradable. Cuando la persona es capaz de hacer esto (ayudándose de instrucciones internas), es cuando cambia realmente su imagen, pues es entonces, y solo entonces, cuando la persona se ha demostrado que es capaz de hacer cosas que antes le daban miedo. Es la acción (la experiencia) lo que curte y modifica a la persona. Las palabras son una guía y acicate fabulosos durante la acción, pero no son la acción en sí misma.

El poder de la imaginación también es grande. Imaginar que hacemos un movimiento, activa las mismas neuronas que hacerlo realmente… pero no es lo mismo. De hecho, el cerebro sabe distinguir perfectamente entre la acción y la imaginación de la acción. Imaginar que hacemos pesas no es lo mismo que hacerlas. No conozco a ningún culturista que haya forjado sus músculos a base de imaginación. Imaginar cómo sufriríamos la privación de un derecho no es poca cosa, pero lo que realmente ayuda a tomar conciencia de qué es la privación de un derecho o un bien, es la misma privación, (aunque sea temporal, acordada y expuesta a ser burlada).

La voluntad para estudiar y para concentrarse en algo se consigue con el entrenamiento mismo de estudiar, no mediante mensajes de lo bueno sería estudiar. A nadar aprende el alumno nadando, metiéndose en el agua, no a base de decirle al alumno que se imagine qué será eso de nadar.

A filosofar sobre los derechos y la ética (digamos sobre esto, aunque la filosofía no se agota en estos terrenos, claro) se aprende reproduciendo, siquiera en algún grado, las condiciones que incitan a las personas a filosofar sobre esas cosas, a movilizar la inteligencia, la razón. Se trata de poner a los chicos en situación y ayudarles a comprender el origen de las cosas. En un mundo en que el concepto de derechos constitye parte del aire que respiramos, lo que se hace invisible es el ejercicio de la razón que dio la luz el concepto de derechos. Y eso es lo que hay que hacer visible: la razón, pero sobre todo el ejercicio de la razón.

Esto es lo que creo, lzzy.

Saludos.




(Última edición:: 25/6/08 12:19)
25/6/08 12:02 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Izzy
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A veces, se me viene a la cabeza la idea, acertada o no, de que los alumnos deberían explicar por qué creen que la Filosofía no vale para nada en la vida (opinión que supongo será la más extendida, de ahí que queramos cambiarla). Ese mismo discutir por qué les parece inutil, y confrontar su opinión con la del profesor, ya sería un "principio de Filosofía" y podría servir como un primer paso para captar su atención.

Disculpad si esta idea no tiene ningún fundamento pedagógico, pero solo quería exponerla por si puede servir de algo.

Saludos.

25/6/08 23:39 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
Ángeles
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Izzy, aprender a pensar, desde mi punto de vista, es sobre todo una competencia que hay que comenzar a “trabajar” desde Infantil, éste es para mí el acierto de la transversalidad. El que una persona sea competente a la hora de “pensar” no es cuestión de unos añitos (que además también son necesarios) de estudio de un área de conocimiento o asignatura concreta, filosofía. Hay personas que “saben” pensar, son competentes… sin que hayan recibido enseñanza alguna sobre filosofía y sin haber leído sobre el tema. Se trata de un saber pensar… ¿intuitivo?

Opino que para llegar a ser competente en algo, se pueden seguir varios caminos: procesos de enseñanza aprendizaje programados, sin programar, autoaprendizaje…
A veces, pienso que realmente lo que enseñamos, la tribu, son técnicas, tácticas, métodos… para llegar a saber tal o cual cosa o a ser de tal o cual manera. Aprender es cosa de uno... Enseñar es, desde mi criterio, mostrar, a otro, caminos fáciles para aprender lo que quiere aprender - porque le llama la atención o porque no le importa aprenderlo (tras una motivación: sentido del deber, competencia, etc.). Por esto creo que es tan importante el ejemplo…

Considero que hay que concebir la adquisición de la mencionada competencia - aprender a pensar - comenzando la casa por los cimientos. El trabajo a realizar, para ayudar a los alumnos a que vayan adquiriendo poco a poco esta competencia, en la escuela de hoy, gira en torno a programar, a proyectar procesos de enseñanza aprendizaje de unos temas transversales... que se trabajen en todas las áreas de conocimientos.

No soy partidaria de proyectos y programaciones inútiles, inviables y no filtradas por las necesidades de la comunidad educativa, centro; soy más partidaria de conocer, tener presente las exigencias, recomendaciones y sugerencias de la ley y de comprender su filosofía, con el fin de programar de forma realista y sencilla conforme a esto y a las características de la comunidad de la que se trate.

El tema de la transversalidad es complicado; el contenido de los temas transversales, para mí, no son otra cosa que una mezcla de los contenidos que hay que trabajar para promover la adquisición de unos valores comunes a todas las áreas y unas técnicas y tácticas que no caben en ningún área o son contenidos propios de áreas no explícitas aún en el currículo (como por ejemplo: las habilidades sociales).

Por otra parte, estamos en época de cambios; las sociedades actuales solicitan ciudadanos con una formación más amplia y más humanística. Mucho se podría hablar sobre este tema, pero volviendo a la transversalidad decir que no me parece mal empezar el cambio a partir de estos temas (ya desde la LOGSE).

Creo que si en los centros educativos mostramos a nuestros alumnos esos conocimientos, valores, técnicas, métodos… y ejemplos con el fin de que aprendan a aprender, a pensar, a emprender, habilidades sociales y ciudadanas además de haber adquirido conocimientos… habremos conseguido ciudadanos disciplinados, esforzados… He conocido a alumnos disciplinados, atentos (al menos, aparentemente), esforzados, que parecían que conseguirían… pero que también eran intolerantes, racistas…

Izzy, tu idea sobre preguntar a los alumnos (imagino que en las clases de filosofía) sobre explicar por qué creen que la filosofía no vale para nada… me parece adecuada… igual que tú pienso que pedir la opinión a los alumnos motiva.

Saludos



(Última edición:: 26/6/08 19:38)
26/6/08 18:15 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
123raus
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DEFINICIÓN DE LA FILOSOFÍA COMO NOVENA COMPETENCIA Y RESTAURACIÓN DE LA FILOSOFÍA
DEFINICIÓN DE LA FILOSOFÍA COMO NOVENA COMPETENCIA Y RESTAURACIÓN DE LA FILOSOFÍA.

Como los cuadros centenarios, la filosofía necesita una profunda restauración, al menos de cara al gran público. Casi nadie habla de filosofía en las terrazas, en los bares o en las casas. Hasta cierto punto, no es de extrañar. A quienes sí comprendemos su utilidad nos toca hacer algo por adecentar la cara de la filosofía.

Hablaré aquí de las aspiraciones y habilidades (rasgos les llamaré para simplificar) que, a mi juicio, deberá poseer toda persona que desee dedicarse profesionalmente a la filosofía o que, simplemente, quiera entenderla en cuanto que ciudadano ilustrado (y para ello hay que empezar por captar la atención del alumno).

Voy a hablar de rasgos personales e intelectuales, sin importarme demasiado si tales rasgos están informados por aspectos intelectuales, emocionales, cognitivos... En realidad, cada uno de ellos reúne tales aspectos. Por supuesto, no pretende ser una lista exhaustiva, pero, aunque doy por hecho que no suficientes, creo que, en cualquier caso, se trata de rasgos necesarios para hacer de la filosofía una competencia. Quizá pudiera pensarse que se trata de rasgos especialmente necesarios hoy, más que rasgos del filósofo universal y atemporal. Yo diría que son universales, si bien es cierto que alguno de ellos está especialmente ausente en buena parte del pensamiento contemporáneo y, por consiguiente, necesita de un rescate urgente. Llevo en mente a un hipotético pensador universal. He hablado al inicio de la necesidad de restaurar la filosofía de cara al gran público porque una parte importante de la filosofía contemporánea, muy reputada, es por completo ajena a casi todos los rasgos de ese pensador universal de los que aquí voy a hablar.

Listado de rasgos que subyacen a la competencia filosófica.

1. Conciencia clara de que existe una realidad física independiente de nuestro mayor o menor conocimiento de ella.
2. Conciencia clara de que la razón humana (que incluye la necesidad de la experiencia y el experimento) puede investigar la realidad y descubrirla.
3. Amor por la verdad.
4. Búsqueda de la objetividad y las evidencias universales.
5. Coraje, lucidez (rechazo del autoengaño).
6. Amor por la claridad.
7. Espíritu crítico.
8. Espíritu auto-crítico.
9. Atención a los múltiples errores al razonar.
10. Fuerza de voluntad y deseo de perfección.
11. Bondad, sentido de la justicia (al menos para la filosofía moral).
12. Deseo de conocer, y de conocer la visión de otras inteligencias: leer, buscar información, dialogar, discutir…



Voy a comentar brevemente cada uno de estos rasgos. Seré todo lo conciso que pueda, pero si alguien deseara una mayor justificación de algún rasgo, lo intentaré satisfacer.

1. CONCIENCIA CLARA DE QUE EXISTE UNA REALIDAD FÍSICA, CON INDEPENDENCIA DE CUAL SEA NUESTRO CONOCIMIENTO DE ELLA.

No sé de ningún solipsista que haya dicho nada interesante o importante.

2. CONCIENCIA CLARA DE QUE LA RAZÓN HUMANA (QUE INCLUYE LA NECESIDAD DE LA EXPERIENCIA Y EL EXPERIMENTO) PUEDE INVESTIGAR LA REALIDAD Y DESCUBRIRLA.

Quien crea que la razón humana no puede descubrir la realidad física, ¿podrá decirnos algo interesante o importante? Si no hay realidad, toda elucubración humana será puro espejismo.

A mi entender, la racionalidad humana incluye la experiencia y el experimento. No hay rivalidad entre razón y experiencia (clásicamente, racionalismo contra empirismo), pues es la razón la que entiende que ella no es omnipotente, como pretende el racionalismo más radical. Es la razón quien decide no confiar de todas sus producciones y juicios, aceptando la necesidad del conocimiento empírico. La razón precede al experimento, lo formula, lo pergeña y lo guía. Es su causa.


3. AMOR A LA VERDAD.

Reconocemos que, sin duda, las relaciones entre realidad y conocimiento pueden ser complejísimas; nuestro conocimiento de la realidad puede ser perfectible o provisional; ciertamente, carecemos de un método apriorístico y universal de investigación, etc., pero nada de todo esto nos da licencia para dudar de que haya afirmaciones verdaderas y leyes universales. Y, por supuesto, existe una cantidad virtualmente infinita de proposiciones definitivamente verdaderas.

Es cierto que la inteligencia humana, como resultado de su evolución filogenética, tiene la función de sacarnos de apuros antes que la de conocer la verdad. Pero también es cierto que conocer la verdad suele ser necesario para evitar riesgos o salir de apuros. La filosofía no piensa sino en la verdad que el mismo sentido común entiende por verdad, a saber: Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente. (RAE).

Nadie en su sano juicio se guía en esta vida como si no existiesen cosas verdaderas y falsas, ni siquiera el solipsista. Una proposición es verdadera cuando afirma algo que se corresponde con los hechos, con la realidad.

Estar seguro de todo lo que uno piensa es cosa insensata, pero pretender que todo debe estar sometido a una duda permanente no lo es menos.

Una cosa es dudar de buena parte de nuestros conocimientos, por si acaso estuviésemos equivocados, y otra cosa muy distinta es pretender que nada es verdad o mentira. Eso es de locos.

Si dudamos de algunos de nuestros pensamientos no es para regodearnos en la duda, sino para hacer buena la intención de alcanzar un conocimiento más seguro, cierto e indubitable. La duda racional y sensata no pretende desbancar los conceptos de verdad y certidumbre, sino al contrario: lo que desea es fortalecerlos para, en definitiva, poder guiarnos en esta vida con más seguridad, libertad y felicidad. Pues filosofía es amor al saber, al conocimiento, no amor a la duda permanente y al no-conocimiento. Uno de los grandes signos de genialidad es hacer buenas preguntas a la naturaleza, y, ciertamente, algunas preguntas “iconoclastas” o insólitas entrañan más potencia intelectual que las respuestas. Pero la finalidad de toda disciplina intelectual no es instalarse en la duda perenne, sino alcanzar un conocimiento firme de lo investigado.

¿Hay verdades definitivas? Por supuesto. Es definitivamente cierto que un buen trago de salfumán me destrozaría las entrañas, que el tabaco perjudica la salud, que ahora, mientras escribo esto, estoy vivo y respiro, que el amor correspondido es una experiencia gratísima, que nadie desea ser torturado, que las personas diferimos en habilidades intelectuales de manera innata…

Hallar la verdad del objeto estudiado puede ser -suele ser- en muchas ocasiones tarea de titanes, algo tremendamente confuso, complejo y hasta desesperante, pero nada justifica el actual recelo contra el concepto de verdad. Si las sociedades avanzan científica y filosóficamente es porque sus autores llevan en mente poderla descubrir.



4. BÚSQUEDA DE LA OBJETIVIDAD Y LAS EVIDENCIAS UNIVERSALES.

Ya Marina nos habla de evidencias personales y evidencias públicas o universales. Una proposición objetiva es la que cualquier sujeto intelectualmente preparado puede comprobar. Es universal. La subjetiva es la que se refiere a las creencias personales, aquéllas que dimanan de los gustos, emociones o las percepciones ajenas a la evidencia pública.
En filosofía lo objetivo es lo que existe realmente, fuera y con independencia del sujeto que lo conoce.

Las proposiciones subjetivas son de interés para la literatura y el arte (o para cada sujeto particular, para cada biografía), pero no para la filosofía, salvo que esas mismas proposiciones sean objeto de su investigación.

Como psicólogo me he encontrado con bastante confusión acerca del significado del concepto de “subjetivo”, o de “subjetividad”. Vayamos a los ejemplos. A una abuela le puede parecer que su nieto es el niño más guapo e inteligente del mundo. A veces nuestras pasiones y afectos distorsionan el juicio que hacemos de la realidad. Es el caso de la abuela que ve belleza e inteligencia extraordinarias donde probablemente nadie las vería. En esta ocasión el juicio de la abuela no se ajusta a los hechos: su nieto no es ni tan guapo ni tan inteligente. Aquí, juicio subjetivo equivale a juicio falso.

¿Y si yo digo, por ejemplo: “Me siento triste”? Sé de colegas que afirman que se trata de un juicio subjetivo, dicho en el sentido de que esa tristeza es una mera “ilusión” de mi subjetividad, algo falso. Pero no: que mi tristeza sea mía, personal, interna, no pública, no significa que no exista. Mi tristeza es tan objetiva y real como lo es la existencia de bosques y mares. Solo que mi tristeza es privada e interna y los bosques y los mares son una evidencia pública. Dicho en una frase: mi tristeza es un objeto real de mi subjetividad. El hecho de que solo la pueda experimentar yo (que no sea pública), no significa que sea irreal o falsa.

Es decir, se pueden hacer juicios subjetivos (falsos) sobre el mundo exterior o la propia subjetividad (cuando el sujeto practica el autoengaño, por ejemplo), y también hacer juicios objetivos sobre la propia subjetividad o sobre el mundo exterior.

La finalidad de cualquier investigador racional (científico o filósofo) es decir cosas objetivas sobre el mundo y sobre el ser humano en el mundo. Ahora bien, decir algo objetivo no significa decir, necesariamente, algo importante. Yo puedo decir muchas cosas objetivas (ciertas) pero irrelevantes. Por ejemplo: “Estoy escribiendo en mi ordenador”; “Ahora estoy vivo”, “Hoy he comido espaguetis”… Son cosas ciertas, pero filosóficamente irrelevantes. El filósofo, como el científico, debe preocuparse en decir cosas ciertas y relevantes.

Una obsesión por la objetividad puede conducir a una ciencia banal, más interesada en la pureza de la medida que en el objeto medido.
Ni nos interesa hacer juicios subjetivos de la realidad, ni hacer juicios objetivos pero irrelevantes.



5. CORAJE, LUCIDEZ (RECHAZO DEL AUTOENGAÑO).

Kuhn nos explicó que los científicos falseaban los resultados de las investigaciones para acomodarlos al paradigma imperante. Eso sería tanto como admitir que la ciencia se ve afectada por las modas y por motivos extra científicos o irracionales. Kuhn llevaba razón solo en parte. La ciencia avanza racionalmente o a instancias de la razón, aunque, ciertamente, no pocos pensadores pierden la sindéresis por diversos motivos extra científicos: miedos, deseos, prejuicios…

No sólo en las ciencias sociales ocurre esto. La hipótesis de que en tiempos remotos la Tierra fue sacudida por meteoritos furiosos levantó una tremenda polémica entre los astrónomos. Simplemente, era una hipótesis que aterrorizaba a muchos científicos, pues nos dejaba impotentes ante una posible nueva visita de pedruscos estelares.

En filosofía y ciencias sociales esto todavía es más acusado que en las físicas. Fácilmente se pierde la objetividad. Por ejemplo, en psicología es corriente que se haga caso omiso de las evidencias que prueban que la mente del ser humano no es una tabla rasa. ¿Por qué? Porque para cierto sector de la sociedad y los políticos es más tranquilizador pensar que la conducta humana que no nos gusta ha sido una construcción social y, por tanto, se podrá “deconstruir”.

A modo de hipótesis: las épocas que siguen a terribles horrores políticos o sociales tienden a hacer un tipo de filosofía e investigación subjetiva e irrealista, para acomodar los hechos a los deseos del investigador (a la teoría, una teoría “contra-imagen” del horror político sufrido). Probablemente son épocas propensas a confundir los juicios de valor con los juicios de hecho, haciendo particularmente buena la teoría de Kuhn. Pero estoy convencido de que el ser humano no puede ser permanentemente ajeno a la evidencia contraria a sus deseos. En general, la evidencia es más fuerte que la fe. Por eso la fe necesita de la Apologética para mantenerse en pie. Qué retorcida ironía.

Está en nuestras manos que Kuhn lleve más o menos razón.


6. AMOR POR LA CLARIDAD.

Este es, quizá, uno de los rasgos que necesiten una restauración más concienzuda. Muchos lectores saldrían espantados si leyeran algunas obras filosóficas actuales. No pocos filósofos utilizan una jerga abstrusa y grandilocuente para impresionar a sus ingenuos lectores.

Somos seis mil millones de almas en este mundo. No puede extrañar que haya artistas impresionantes, filósofos sagacísimos, científicos magníficos, cineastas talentosos… Lo que asombra y confunde es que haya tantas malas obras de arte, filosofía o ciencia encumbradas. Muchas veces se trata de pseudo arte, pseudo filosofía y pseudo ciencia. ¿Por qué hay tanto impostor gozando de las mieles del éxito y la fama?

Las jergas abstrusas son muy comunes a la filosofía posmoderna, y las imposturas intelectuales (o artísticas) están a la orden del día.

Ante un párrafo filosófico abstruso, ¿qué hacer? He aquí varias posibilidades:

1. Decir que sí lo entiendes (y lo compartes) para no pasar por tonto, conservador o superficial.
2. Decir que no lo entiendes, arriesgándote a ser tenido por torpe, conservador o superficial.
3. Decir que estamos ante un texto ininteligible, subjetivo o absurdo. Pero siempre cabe la sospecha de que los demás prefieran seguir dándoselas de esnobs y pedantes y uno quede como un retrógrado “cabeza cuadrada” que no tolera nuevos y radicales “lenguajes” artísticos o filosóficos.
4. Encogerse de hombros y quedar aislado en el rincón de los sospechosos.

Parece ser que hay demasiados riesgos asociados a enfrentarse a las jergas abstrusas. Quizá por ello éstas han tenido tanto éxito, y lo siguen teniendo.

El lector interesado por saber qué hay de provecho en la jerga filosófica posmoderna podrá leer gustoso “Imposturas intelectuales” de Alan Sokal y Jean Bricmont. Ahí encontrará una crítica demoledora de la aparente erudición científica de autores tan encumbrados como Lacan, Kristeva, Irigaray, Baudrillard, Deleuze, Virilio, Feyllerabent, Latour, etc. Yo confieso que este tipo de autores me produce mareo y náuseas. Y creo que su irracionalidad y mistificación ha hecho y está haciendo un daño considerable a la filosofía. Unas veces porque esa irracionalidad gana adeptos más o menos inconscientes entre la población, otras veces porque los lectores más sensatos acaban renegando de cualquier cosa que se haga llamar filosofía, tanto la falsa como la auténtica, y eso ya es más grave.


7. ESPÍRITU CRÍTICO.

Ser crítico no consiste simplemente en poner en duda todo lo que nos dicen los medios de comunicación, los políticos u otros ciudadanos. Para ser críticos se precisa tener en mente una serie de criterios o reglas con que comparar lo que oímos o vemos. Si yo entro a Arco y no tengo ningún criterio estético, ¿cómo voy a ser crítico con lo que allí vea? Para ser crítico uno tiene que estar razonablemente seguro de algunas cosas.


8. ESPÍRITU AUTOCRÍTICO.

Necesario para evitar caer en dogmas y errores de bulto. La vanidad es el enemigo natural de la autocrítica. Ésta escasea en un mundo demasiado pagado de sí mismo, casi narcisista. Los dogmas absolutistas de otras épocas u otros lugares (en la actualidad) y los dogmas relativistas son una invitación a no pensar el mundo. El absolutista cree que todo esta ya pensado. El relativista cree que nada hay que pensar, porque todo es equivalente.


9. ATENCIÓN A LOS MÚLTIPLES ERRORES AL RAZONAR.

Recuerdo una conversación que mantuve con un músico posmoderno. Él afirmaba que la percepción de la belleza -artística o sexual- era una convención cultural, una construcción social. Yo le pregunté: “¿Quién te parece más bella, una chica de veinte años o una anciana de noventa?” El músico me contestó: “Pues si la imagen de la anciana está presentada en un contexto estético y la de la joven no, pues me parecerá más bella la de la anciana.”

A mi entender, mi contertuliano cometió un error de bulto. ¿Sabría usted decirme cuál es el error? Es un error comunísimo. Pero cometemos muchos más. Es necesario estar atentos a ellos. Los psicólogos saben de varios de tipo lógico, aunque no es fácil saber si son debidos a dificultades con la lógica o a errores intelectuales por sobrecarga de información de algunos problemas.


10. FUERZA DE VOLUNTAD Y DESEO DE PERFECCIÓN.

El arte, la ciencia y la filosofía necesitan de personas disciplinadas. La abulia no conduce a nada de provecho. Cualquier ciudadano que desee estar a la altura de los tiempos que corren deberá saber que es necesario leer e instruirse un mínimo. Suele ser más cómodo ver la tele que leer o escribir, pero a la larga es más provechoso para todos que la ciudadanía aprenda a ilustrarse. No siempre vamos a gusto al trabajo, pero vamos. No siempre leemos por gusto, pero debemos hacerlo. Y, por supuesto, no basta con leer cualquier cosa. Muchas hay que no valen la tinta con que están escritas.


11. BONDAD, SENTIDO DE LA JUSTICIA (AL MENOS PARA LA FILOSOFÍA MORAL).

La bondad está inoculada en el pensamiento ético. Éste es más que bondad o empatía, pero una de sus bases es la bondad. Siempre la hemos necesitado. Mala época es ésta para la bondad, normalmente confundida con ingenuidad o tontería.
La empatía no es una construcción social, sino que forma parte de nuestra naturaleza. Es labor inexcusable de toda educación excitar (incluso “sobreexcitar”) el instinto de piedad y compasión en los niños. A mi juicio lo más horrible del ser humano es la crueldad en que no pocas veces cae.


12. DESEO DE CONOCER, Y DE CONOCER LA VISIÓN DE OTRAS INTELIGENCIAS: LEER, BUSCAR INFORMACIÓN, DIALOGAR, DISCUTIR…

Evidentemente, somos poca cosa sin los demás. Ya dijo Newton que su obra solo fue posible porque él se alzó sobre hombros de gigantes.
Con esto no estoy diciendo que sea necesario potenciar el pensamiento en equipo. Las más grandes obras maestras de la humanidad no se han concebido necesariamente en equipo. Me parece necesario recuperar la reflexión solitaria (aunque antes o después compartida y sometida al juicio del otro). Algunos reputados científicos piensan lo mismo.


REFLEXIÓN FINAL.

Para definir la filosofía como una competencia, ¿podemos empezar por aquí? ¿Qué rasgos intelectuales y personales definen al pensador? ¿Podríamos potenciarlos en los adultos y los alumnos? ¿Cómo?

Finalmente, ¿es todo esto pertinente para hacer bueno el proyecto de José Antonio Marina?

Un Saludo.
















































(Última edición:: 2/7/08 10:51)
2/7/08 01:53 Vínculo - Ip: Registrado - Cita:
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