INQUIETUD Y BIENESTAR INFANTIL 
Judy Dunn
Morata, Madrid, 1999
Nº de páginas: 167

Resumen y traducción: María de la Válgoma
 

COMENTARIO

 El tema de la inquietud y  bienestar infantil es fundamental porque angustia a muchos padres, ver al niño irritable o inquieto y no poderle consolar. El libro es de máxima  importancia para padres y cuidadores de guardería, ya que explica los distintos tipos de llanto del niño, a qué se deben y cómo y cuando se producen, así como qué medios pueden usarse para consolar a un niño afligido. No culpabiliza para nada a los padres, ya que dice que no puede asegurarse que una buena actuación de los mismos tenga el resultado apetecido. Está en la línea de "Aprender a vivir", cuando nos cuenta la aventura de crecer y el despertar del niño, tanto a su propia individualidad como a la sociabilidad y comunicación. Da consejos útiles para calmar y consolar al niño, e insiste en que como científicos "tenemos que reconocer lo poco que hasta ahora sabemos sobre este tema". Es un buen resumen de lo que los distintos investigadores han aportado al bienestar y malestar del niño.
INDICE

CAPITULO 1. Causas cambiantes de la inquietud

El libro comienza con múltiples e interesantes preguntas: ¿Por qué llora el bebé, qué significa su llanto? ¿Tiene hambre? ¿Qué ocurrirá si le cogemos cada vez que llora? ¿Es bueno que para calmarse se chupe el pulgar, o darle calmantes, arroparles? ¿Por qué unos bebés son tranquilos y plácidos y otros tan inquietos? ¿Un bebé irritable e inquieto se convertirá en un niño difícil cuando crezca? ¿Echan de menos a su madre cuando ésta se va a trabajar y esa separación puede dañarles de forma perdurable? ¿Cómo se relaciona su desarrollo intelectual con las primeras experiencias que ha tenido con sus padres? Todas estas preguntas son de enorme interés para los padres y el libro trata de decir lo que se sabe y lo que se ignora sobre estos problemas. También pretende desentrañar que es lo que desazona a los bebés y qué les facilita consuelo para que cambien a medida que se desarrollan. En su primer año, las variaciones en lo que le aflige y en lo que le consuela reflejan grandes cambios en su inteligencia. A los 18 meses hay tres clases de situaciones que le desazonan: una situación física (tiene frío, o dolor de oídos), una situación amenazadora o mala (le quitan algo, le dejan en un lugar desconocido) o hace uso del llanto para llamar la atención de su madre o para conseguir algo. Esa distinción no significa que sepamos en todo momento lo que aflige al bebé, pero los cambios en las formas del llanto nos ayudan a comprender el desarrollo del bebé. También se estudiará la influencia de la tristeza y el consuelo en las relaciones del niño y cómo las tempranas experiencias infantiles pueden afectar a su ulterior desarrollo.

CAPITULO 2. El niño recién nacido

El niño recién nacido parece vulnerable, desamparado, indefenso, pero con su llanto posee un sistema de señales de una enorme fuerza que ejercen un efecto inmediato en quienes le rodean. Es una forma de conducta no planeada y que debe ser interpretada por los adultos. Una forma de investigar es grabando el llanto del bebé (técnicas espectográficas) en diferentes situaciones e intentar determinar si el llanto de cada una de estas situaciones tiene un sonido característico. Lind y Wasz-Hockert lo investigaron en 1968 a través de tres situaciones. el llanto del recién nacido, el llanto de dolor (cuando se le pellizcaba o pinchaba) y el llanto de hambre (no se le alimentaba durante más de 4 horas). Matronas, madres y enfermeras identificaron estos tipos de llanto con bastante exactitud. Esto no quiere decir que el bebé nazca con una serie de llantos típicos reconocibles, porque puede producir otros muchos tipos de llanto sin que se sepa la relación de causa-efecto, así que los padres tienen que deducir por qué llora el bebé basándose en otra información. Sin embargo, estas técnicas han servido a los médicos para ver llantos anormales, que suelen tener los niños con lesiones cerebrales e incluso para conocer la amplitud de la lesión. Las madres difieren mucho a la hora de interpretar el llanto de sus bebés. La mayoría de las que amamantan a sus hijos creen que cuando lloran es porque tienen hambre. Están inseguras sobre cuanto ha podido mamar el bebé y tienen miedo de no tener suficiente leche, por eso la interpretación del llanto es que es provocado por el hambre. Otras razones eran los gases posteriores a la alimentación, el sentirse solos, o aburrirse -solo decían esto las madres de clase media- o el genio o la vivacidad. Las madres que tienen más de un hijo suelen señalar las diferencias entre los múltiples llantos de uno y la ausencia de llanto en otro, lo que responde a la distinta sensibilidad de los bebés a los estímulos. En unos varía mucho el llanto en el primer mes, mientras que en otros es más lento. Brazelton estudió las dificultades del niño pequeño que son más importantes para el desarrollo de sus relaciones sociales: si es fácil consolarlo, como reacciona ante los estímulos y si se calma estando solo.

Horowitz vió que aquellos cuyas madres en el parto habían recibido anestesia general eran diferentes. Tardaban más en calmarse tras una rabieta, eran menos cariñosos y se asustaban más rápidamente. Lo mismo ocurre cuando las madres han tomado una medicación excesiva durante el embarazo. Las madres altamente angustiadas durante el embarazo también tenían bebés más irritables o difíciles. Parece que los varones son más irritables que las hembras, quizá porque son más vulnerables a la tensión en el momento del parto. Hay diferencias también en cuanto a culturas. Los bebés chino-americanos son más tranquilos que los europeo-americanos. Y lo mismo ocurre entre los bebés indios zinacantecos y los de EEUU.

CAPITULO 3. ¿Por qué llora el bebé?

Si observamos a un bebé recién nacido durante varias horas, apreciaremos que pasa por distintos estados de vigilia, desasosiego y somnolencia. ¿Cómo se relacionan estos estados? ¿Qué reacción de la madre hará, con más probabilidad, que el niño pase del llanto a la calma o al sueño? La forma más usual de expresar el estado del bebé es la que indica si tiene los ojos cerrados o abiertos, la regularidad de su respiración y si se mueve o llora. Según estos criterios se describen cinco estados diferentes: 1) sueño profundo, 2) sueño ligero, 3) estado de alerta, 4) vigilia activa y 5) llanto. La forma en que un bebé reaccione a los ruidos o movimientos depende del estado en que se encuentre. Hay que poner de relieve lo importante que es tener en cuenta el estado de un bebé, ya que la forma como reaccione, sobre todo ante la gente, depende del estado. El intercambio con la madre es óptimo si está tranquilo y despierto y así es como puede tener "conversaciones" con ella. Es interesante saber que incluso un bebé recién nacido tiene algún poder para regular su estado y auto-tranquilizarse. ¿Cuáles son las causas de inquietud más frecuentes en el recién nacido? Las más frecuentes son: el hambre, la temperatura -duermen mejor si están calientes-, los vestidos y el contacto (el llanto es muy poco frecuente en aquellas culturas en que los bebés tienen un contacto constante), el dolor, los cólicos y el llanto nocturno, los estímulos violentos o súbitos -hacen que el niño se asuste y empiece a llorar-. La fuente de bienestar, que se deducen de las causas de malestar, son las utilizadas para calmar a los niños y algunas se emplean en todas las culturas: balancearlos, darles palmaditas, hacerles caricias, cambiarle de pañales, darles a chupar el pecho o un chupete. Algo que calma mucho, como chuparse el pulgar se ha visto como un modo natural de tranquilizarse a sí mismo. Otros lo atribuyen a que según sea el modo de alimentación no ha cubierto totalmente su necesidad de succionar

CAPITULO 4. Cambios durante los primeros meses


A medida que el niño crece y empieza a desarrollarse la apreciación que tiene del mundo, las causas del llanto se complican. Entre estos cambios están los de las causas del llanto y del consuelo, la reacción que tienen ante las personas, ante los extraños, los medios de consuelo y el llanto intencional. Durante las dos o tres semanas que siguen al nacimiento, al empezar el interés del niño por el entorno es más fácil calmarle enseñándole algo interesante. La voz humana le calma más que una campanilla o un sonajero. Empieza el llanto al ser abandonado, lo que refleja su incipiente sociabilidad. A los dos o tres meses, cuando está muy interesado en coger objetos, llorará si le privan de algo que tiene en la mano. Con respecto a la reacción frente a las personas varía mucho con la edad. A las 5 o 6 semanas llora si su madre les deja, pero si aparece otra persona, que le habla y le sonríe se calmará. Por el contrario, si esto sucede a los 8 meses, llorará más ante la persona extraña. Echa de manos a su madre y la recuerda, lo que indica que el vínculo con los que ama puede vencer el espacio y el tiempo. Pero si su madre en vez de tratarle como habitualmente, hablándole y sonriente, se muestra callada y seria, se asusta muchísimo. Es lo que los psicólogos llaman teoría de la discrepancia (por ser la conducta discrepante con la anterior). Al bebé le molesta, además, porque le gusta predecir la conducta de la persona en relación con la suya propia. Bronson dice que lo que puede causar temor en un niño cambia bruscamente en la segunda mitad del primer año. Los bebés de 9 meses experimentan una aceleración del ritmo cardiaco cuando se aproxima un extraño en ausencia de su madre, pero los bebés de 5 muestran una disminución en la misma circunstancia, pero no todos los bebés se muestran temerosos ante la presencia de extraños, algunos se muestran solamente cautelosos. Por otro lado, un estado emocional depende, entre otras cosas, del entorno, de su familiaridad, de la presencia de una familia afable y de la forma en que el extraño se comporta con el bebé y la madre. Con la aparición del llanto intencional se produce uno de los grandes cambios de las señales infantiles de aflicción durante el primer año.

CAPITULO 5. El niño y la madre en los primeros meses

La mayoría de los psicólogos consideran que el intercambio temprano de relaciones entre la madre y el bebé es muy importante para su desarrollo, pero sus opiniones sobre cómo y por qué es así, varían muchísimo y conducen a recomendaciones bastante distintas para el cuidado del bebé. El psicoanálisis la estudia como el prototipo de todas las relaciones posteriores, y piensa que tiene gran influencia en la forma que se desarrollará la personalidad del niño, en sus sentimientos acerca de sí mismo, en sus relaciones posteriores y en su capacidad para enfrentarse con los problemas de la vida. Lo que se asocia con la madre, según Anna Freud es "la feliz experiencia de satisfacción y alivio" producida por la reducción de tensión cuando el niño mama. La dependencia emocional del bebé surge de su necesidad física de reducir el desasosiego producido por el hambre. Algunos autores psicoanalíticos creen que la madre puede ayudar o entorpecer el progreso del niño en este periodo. Freud creía que se podía malograr a un niño por exceso de atención. Estudian mucho la frustración y el desagrado en la formación de la personalidad. Por su parte, los teóricos del aprendizaje social creen que el desarrollo social de un niño se puede comprender considerando los premios y los castigos (los refuerzos) que éste ha recibido a lo largo de la infancia por distintas conductas. Cada pareja madre-bebé desarrolla una forma concreta de interacción, un modelo particular de afecto. La conducta de un bebé que llora se halla influida desde los primeros días por la persona que le cuida. Según la teoría del aprendizaje social, cuanto más se atiende a un bebé más llora. Pero esto no es así en los primeros días, en los que una atención lenta al llanto puede conducir más a un incremento que a una disminución.

Bowlby, con su teoría del afecto observa que la forma en que la conducta que una a la madre y al niño se parece a la de los monos de raza superior, que desean estar siempre en contacto físico con la madre. A la menor señal de peligro o alteración, la cría irá junto a la madre (vínculo "espacial"). La madre está programada genéticamente para responder a esa conducta. La protección, más que la alimentación es la función esencial del cuidado materno. (Experimento de Harlow con los monos rhesus con monos-madre de peluche o de alambre. El de alambre es el que proporciona alimento, pero el bebé mono prefiere al de peluche). El temprano intercambio madre-hijo ocupa un lugar de gran importancia en el desarrollo del conocimiento del niño y sus facultades de comunicación, al tomar conciencia de la otra persona. Demuestra la capacidad innata del bebé para la conducta social y su intenso interés por la gente.

CAPITULO 6. El llanto, el consuelo y los vínculos afectivos

Los investigadores que han analizado con gran detalle las primeras relaciones que tienen los bebés, han encontrado diferencias en la edad en que éstos se sienten unidos a las personas, así como el número de personas al que se sienten unidos y la intensidad de las relaciones. Parece que el momento en que los niños experimentan afecto estaría entre las 15 y las 30 semanas. Contrariamente a lo que pudiera pensarse los niños no muestran mayor apego por las personas que los alimentan, o que les dan calor cuando tienen frío. La quinta parte de las personas por las que los bebés sintieron apego (estudio de Emerson y Schaffeer) no intervenían en absoluto en su cuidado físico. Eran personas que reaccionaban de un modo particular ante sus señales en busca de atención y que iniciaban intercambios con ellos. Tampoco era determinante el tiempo de dedicación. A los 18 meses, en la tercera parte de la muestra, era con el padre con quien el bebé parecía sentirse más unido. Los niños criados en los kibbutzim no formaban relaciones intensas con las personas que les cuidaban durante todo el día, sino con sus padres, a los que sólo veían una o dos horas por las tardes. La apatía y la falta de reacción de los padres son las cualidades que aparecen como inhibidoras más importantes de la afectividad infantil. Cada niño exterioriza de un modo su relación de afecto con la madres. Unos quieren que les cojan, mientras que a otros les encanta alejarse de su madre, siempre que ella les esté mirando. Ainsworth distingue entre exteriorización del afecto y el vínculo afectivo subyacente. El vínculo es fuerte cuando el niño utiliza a la madre como base seguro desde la que puede explorar. Para ver la fortaleza del vínculo algunos autores se han fijado en la aflicción por el alejamiento de la madre, pero tampoco parece ser un criterio muy fiable.

CAPITULO 7. La reacción ante las separaciones largas

Cuando los niños pequeños han pasado cierto tiempo lejos de sus familias en hospitales o instituciones, casi todos muestran una ansiedad inmediata que, con frecuencia, va seguida de una fase depresiva y en algunos niños aparece un periodo posterior de "despego" aparente hacia sus padres. El momento de dejarlos es siempre traumático y los niños lloran estrepitosamente, mostrando cuadros de ansiedad extrema, lo que demuestra que la esencia de la relación entre la madre y el niño pequeño es de seguridad. Acerca de qué es lo que puede modificar de manera importante el grado de aflicción que sufre un niño cuando le separan de la madre o de otras personas podemos señalar varios factores: El temperamento. Hay una gran variación, ya que algunas diferencias de la personalidad tienen una clara influencia. P. ej. un niño agresivo se alterará más al ingresar en un hospital, que uno pacifico. La edad y el sexo. Antes de los 6 o 7 meses no hay señales de aflicción cuando ingresan en el hospital, pero si se quedan hasta los 4 o 5 años se muestran muy tristes. Es posible, -aunque no hay ninguna certeza al respecto- que los niños se alteren más con la separación que las niñas. Previa experiencia de la separación. Sobre todo si ésta ha sido negativa. Relación con la madre antes de la separación. Será peor si antes han tenido con la madre una relación difícil o tensa. Duración de la separación. Se sabe muy poco de cómo influye este dato, pero parece que los niños que están un periodo más largo muestran un mayor grado de aflicción. Aunque no esté la madre, si en el hospital está un hermano, aunque sea más pequeño, el niño estará mucho menos triste. La separación de la madre no es, pues, el factor crucial.

CAPITULO 8. Otras culturas

Los psicólogos discrepan ampliamente sobre la consecuencia de dejar llorar a los niños antes de dedicarles alguna atención, lo que es frecuente en EEUU e Inglaterra. Para muchos esto tendrá la consecuencia de una relación mala o ambivalente con la madre. Otros piensan que es lo mejor para no malcriarlos y hacerles autónomos. La mayoría de culturas "menos avanzadas" suelen estar en contacto casi continuo con sus bebés. Desde los estudios de M. Mead con los Arapesh, de Nueva Guinea y los Mundugumor (los primeros suaves y cuidadosos con los niños y los segundos ásperos y duros) se han hecho muchos, pero las diferencias de culturas son tan amplias que no es posible determinar si las diferencias de personalidad se deben a la primera etapa infantil o a otras posteriores en la socialización del niño. Se han hecho estudios comparativos sobre el trato a bebés en la sociedad americana y en la japonesa. La madre americana estimula más a su bebés, le habla y le agita más, mientras que la japonesa es más tranquila, y le arrulla y le acuna para que se calme. Los americanos son bebés más parlanchines y con mayor afán exploratorio, mientras que los japoneses suelen ser más tranquilos y pasivos. Pero hay que tener cuidado y no generalizar demasiado a partir de la propia cultura. Hay estudios amplios sobre la conducta de la madre, en las sociedades cazadoras -los Kung, del Kalahari- que establecen intensos lazos de afecto con la madre. Pero eso no nos hace saber lo que es "natural" ni sabemos si podría aplicarse en nuestras culturas, ya que hemos de ver el medio social en el que el niño va a desarrollarse. Por ejemplo "lo natural" es la leche materna, pero al ser más baja en proteínas que la leche artificial hace que el niño sienta hambre antes y llore más que el alimentado artificialmente.

CAPITULO 9. El desarrollo de la inteligencia

¿Cómo se relaciona el estado físico y emocional de los bebés con los progresos en su conducta? ¿Aprende cosas nuevas cuando es feliz y está tranquilo, o cuando se encuentra en un estado de tensión y necesidad? ¿Cómo influye la madre en el progreso del bebé en los dos primeros años? Lo que está confirmado es que si el niño está muy irritable o excitado no se interesará por nada. El estado óptimo para que el bebé haga nuevos descubrimientos sobre sus facultades, o sobre lo que es el mundo, es aquel en el que se encuentra tranquilo y despierto, no cuando está con dolor o hambre. Por ello la capacidad de la madre para mantener al bebé tranquilo y feliz es un factor clave para situarle en las mejores condiciones de aprendizaje. Algunos autores (Traverthen) cree que la capacidad comunicativa del bebé en sus "conversaciones" con la madre, es más compleja y superior a otras capacidades. Por el contrario, otros investigadores, Freud y Spitz, entre ellos, hacen hincapié en la gran influencia que tiene la frustración sobre el aprendizaje. Los padres apoyan y estimulan el desarrollo intelectual de sus hijos de diversas maneras. La reacción de la madre amplía muy eficazmente el interés del niño por la interrelación, lo que será la semilla de la comunicación real con significados compartidos. También para explorar lo que no le es familiar. La madre desempeña un papel vital en la capacitación del niño para aprender del mundo, pero la influencia es mayor si el bebé es tranquilo, más que si es muy activo. Para el desarrollo del lenguaje, es muy importante el intercambio diario, seguro y tranquilo, entre el niño y el adulto familiarizado con sus intereses. En estudios hechos con niños que crecieron en instituciones, pero luego fueron adoptados por familias, se demuestra que la privación de cuidados individualizados no impidió que formaran vínculos fuertes con los padres adoptivos a los 4, es decir, que pueden superar la experiencia temprana si se les da la oportunidad. Los que permanecieron en guarderías tenían un claro retraso en su desarrollo emocional e intelectual.

CAPITULO 10. Conclusiones

De la pregunta central del libro que era ¿Cómo afectan al desarrollo posterior del niño sus primeras relaciones con quienes le cuidan? Y los estudios consiguientes se han sacado una serie de conclusiones: Lo primero es que cambia la idea sobre el "cuidado materno". Más que aliviar las necesidades del hambre, lo importante es la interacción de la madre y el hijo. Lo segundo que hay que destacar es la importancia de las aportaciones del niño en esas interacciones. Hay grandes diferencias individuales entre los bebés en cuanto al nerviosismo y tensión que muestran y en la dificultad para calmarles en las primeras semanas. Y el tercer punto de interés es la importancia potencial de las primeras relaciones entre la madre y el bebé para el desarrollo de sus facultades de comprensión. El mejor modelo de cuidados entre una madre y su bebé será aquel que tenga en cuenta las necesidades de ambos.