HANDBOOK OF FAMILY COMMUNICATION 
Manual de comunicación familiar 
Editado por Anita L. Vangelisti.
LEA New Jersey, 2004
Nº de páginas: 0

Resumen y traducción: R. Bernabeu
 

COMENTARIO

El estudio de la comunicación en las familias demuestra que es un sistema de relaciones complejas. Ya que los procesos de comunicación son complejos, son frecuentes las malas interpretaciones y las situaciones de frustración, enfado o insatisfacción. Sin embargo, también se comprueba en este manual que las familias realizan funciones esenciales para sus mimebros y para la sociedad, a partir de los recursos que cada individuo adquiere a medida que crece. Hay aspectos que resultan importantes, como el reparto equitativo de las responsabilidades y de las tareas, el uso de la tecnología y de los medios de comunicación, la capacidad de ejercer autoridad y de dar apoyo emocional, las relaciones de la familia nuclear con la familia extensa y con su entorno, los factores socio-económicos y culturales, etc... En este libro se recogen las investigaciones sobre los aspectos más importantes de la comunicación en la familia y las teorías sobre los procesos familiares.

INDICE
PARTE 1: Definiciones de la familia, teorías y métodos.

Definiciones de la familia, teorías y métodos.

CAPITULO 1. TEORÍAS DE LAS RELACIONES FAMILIARES Y UN MODELO TEÓRICO DE LAS RELACIONES FAMILIARES

El autor estudia las perspectivas de investigación (perspectives of inquiry) que se encuentran en las investigaciones sobre la familia (a partir del análisis de 1.252 artículos de 12 publicaciones periódicas sobre la familia y la comunicación). En primer lugar encuentra que el 91,87% de los artículos tienen una perspectiva empírica – por ejemplo, la relación entre los horarios de trabajo y la estabilidad matrimonial- , el 6,46% tienen una perspectiva interpretativa – por ejemplo, el estudio de los orígenes simbólicos del conflicto en los divorcios-, y el 1,67% tienen una perspectiva crítica – por ejemplo, un análisis feminista crítico de las definiciones de la maternidad-. En segundo lugar, estudia las teorías presentes en los artículos y encuentra 16 teorías distintas: teoría del vínculo (61 veces), teoría del ciclo de la vida familiar (54), teoría de los sistemas familiares (50), teoría de los roles (38), teoría del intercambio (34), teoría de las redes (28), teoría de los tipos matrimoniales (24), teoría feminista (18), teoría del aprendizaje social (18), teoría de la atribución (15), teoría narrativa (14), teoría dialéctica (14), teoría de la construcción social (10), interaccionismo simbólico (9), teoría de la equidad (9), teoría de la interdependencia (9). En tercer lugar, examina los temas más relevantes presentes en los artículos sobre la familia y la comunicación y encuentra los siguientes (por orden alfabético en inglés): vínculo, hijos, cognición, comunicación, conflicto, contexto, control, etapa anterior al matrimonio, cultura, divorcio, economía, emociones, género, influencia, intergeneracional, ciclo de la vida, experiencia vivida, matrimonio, redes, personalidad, proceso, calidad, recursos, roles, sexo, stress, estructura, trabajo.


Definiciones de la familia, teorías y métodos.

CAPITULO 2. EL ESTUDIO DE LA COMUNICACIÓN FAMILIAR: MÚLTIPLES MÉTODOS Y MÚLTIPLES FUENTES.

La comunicación familiar puede estudiarse con varias metodologías distintas, como el auto informe, la observación o la experimentación. También puede estudiarse con una perspectiva cuantitativa o cualitativa, y en muchos casos estos dos tipos de datos se recogen en el mismo estudio.

Los métodos de auto informe se utilizan para estudiar la comunicación en la familia. Los cuestionarios son el instrumento más importante. Puede tratarse de cuestionarios que miden la comunicación en diferentes momentos y situaciones – p.e. Parent-Adolescent Communication Inventory (PACI, Noller y Bagi, 1985)-, pueden recoger datos retrosprectivamente – p.e. Parental Bonding Instrument (PBI, Parker, Tupling y Brown, 1979)-, o estudiar comportamientos que no suelen producirse en las situaciones experimentales (Roberts, 2000). Otro método de auto informe son los diarios estructurados, que permiten medir la frecuencia con que ocurre un comportamiento (los más eficaces suelen basarse en el Rochester Interaction Record, Wheeler y Nezlek, 1977). Las entrevistas son otro tipo de auto informe, a través de las que es posible obtener información relevante para la investigación.

Los métodos de observación en la mayoría de los casos conllevan que la familia o la pareja vayan al laboratorio y establezcan algún tipo de interacción que se registra en vídeo. Puede tratarse de entornos experimentales más o menos estructurados, en función del grado de manipulación que los investigadores aplican sobre la situación. La principal ventaja es que permite a los investigadores medir comportamientos observables en lugar de las percepciones de los individuos. La desventaja es la posible falta de validez ecológica, ya que es difícil saber si el comportamiento observado es típico de la familia observada o no. La mayoría de las observaciones de este tipo de centran en el conflicto en la familia y la situación más común es que el investigador pida a los miembros de la familia o de la pareja que hablen sobre un problema concreto.

El registro en vídeo de las interacciones puede ser estudiado con una perspectiva centrada sobre el proceso; en la que observadores externos o los propios participantes codifican o evalúan distintos aspectos de la interacción, desde los externamente observables hasta los percibidos por cada individuo, o con una perspectiva centrada sobre el contenido, en la que se hacen observaciones de tipo más cualitativo.

Los estudios experimentales permiten “explicar las bases de las asociaciones entre variables, la dirección de los efectos y las relaciones causales” (Cummings, 1975, p. 175).

Los estudios más relevantes sobre la comunicación familiar son:

- Estudios pioneros de Cummings y cols. (1994); sobre la respuesta de los niños al conflicto entre adultos (se exponía a los niños a situaciones de conflicto entre adultos grabadas en vídeo),

- Estudios de respuestas a situaciones hipotéticas; como los de Beach y cols. (1998); en los que se pide a parejas que describan situaciones que impliquen competición o comparación entre ellos,

- Estudios que aplican la metodología del contenido estándar, como los de Noller (1980, 2001), en los que se compara a parejas con y sin dificultades, en términos de la precisión con la que decodifican la comunicación no verbal del otro.
Hay estudios que combinan métodos de observación y experimentales, en los que se manipulan las situaciones en la que tienen lugar las interacciones de los sujetos y a continuación se utilizan métodos de observación para analizar la interacción y los efectos de las varaibles manipuladas. Ejemplos: Stack y Arnold (1998), Meltzoff y Moore (1979).

Actualmente se utilizan con frecuencia varias metodologías y fuentes de datos en una misma investigación, sobre varias muestras de familias o parejas, ya que cuando se obtienen los mismos resultados con métodos diferentes la validez de la investigación se considera mayor. Por ejemplo, Noller y Christensen (1999) han utilizado datos de auto informe y evaluaciones de observadores externos de los comportamientos en una situación experimental, encontrando patrones similares en ambos casos. Estos métodos permiten unir a las observaciones externas las percepciones internas de los individuos que participan en una interacción.

PARTE 2: Comunicación a lo largo del ciclo vital de la familia

Comunicación a lo largo del ciclo vital de la familia

CAPITULO 3. INVESTIGACIÓN SOBRE LA ELECCIÓN DE PAREJA Y LAS RELACIONES PREMATRIMONIALES: ¿QUÉ SABEMOS EN REALIDAD?

Las autoras estudian la elección de pareja (proceso por el que los individuos eligen a sus compañeros sentimentales) y la influencia de factores que predicen si las relaciones progresan, se mantienen, o se disuelven a lo largo del tiempo. Incluyen todas las situaciones posibles dentro de las relaciones románticas pre-matrimoniales. A partir de esta definición revisan ocho publicaciones periódicas de los campos de la sociología, la comunicación interpersonal y los estudios de la familia, entre 1991 y 2001. Identificaron 524 artículos relacionados con la elección de pareja. Agruparon los artículos en varias categorías, utilizando como criterio el estatus matrimonial de las parejas que formaban parte de la muestra estudiada en cada artículo: casadas (5%), no casadas (28%), una combinación de las dos anteriores (36%), o no especificado (32%).

Cambios demográficos, tiempos matrimoniales y tasas de matrimonio.
Las relaciones no matrimoniales, como las uniones de cohabitación, se han hecho más comunes en los últimas décadas. Las familias se han formado con mayor frecuencia fuera del matrimonio. Entre 1970 y 2000 el promedio de edad del primer matrimonio aumentó en 3,6 años para los hombres (de 23,2 años a 26,8 años) y en 4,3 años para las mujeres de 20,8 a 25,1 años). El número de individuos que se casan se ha mantenido constante, 9 de cada 10.

Cohabitación en la selección de pareja y relaciones prematrimoniales.
Para medir el éxito de las relaciones de cohabitación se utilizan dos criterios: calidad y estabilidad. En estas dos dimensiones las parejas que cohabitan tienen relaciones peores que las personas casadas (Thomson y Colella, 1992; Brown y Booth, 1996, Bumpass et al., 1991). Una explicación de este hecho es que las personas que eligen esta forma de convivencia tienen una predisposición previa al divorcio, Axinn y Thornton (1992) comprobaron que las personas que están muy en desacuerdo con el divorcio tenían menores probabilidades de cohabitar (1,4 veces menores). Otros datos indican que el atractivo de esta forma de convivencia se podía predecir a partir de actitudes y creencias sobre la familia, pero que sin embargo estas creencias no explicaban la diferencia en estabilidad de la pareja entre personas que cohabitan y personas casadas (DeMaris y MacDonald, 1993), de lo que se deduce que la inestabilidad y la baja calidad de las relaciones de cohabitación puede deberse a la propia experiencia de la cohabitación.

Perspectivas evolucionistas sobre la selección de pareja.
La psicología evolucionista propone que las elecciones de pareja están dirigidas por mecanismos psico-fisiológicos humanos (Kenrick, Groth, Trost y Sadalla, 1993). Se cree que los individuos eligen como parejas a las personas que poseen los rasgos necesarios permitir el éxito reproductivo y la supervivencia de su descendencia (Kenrick et al., 1993). Siguiendo estas teorías se encuentran diferencias entre los géneros en la selección de una pareja: las mujeres deberán ser más prudentes al elegir pareja porque son quienes hacen una “inversión” de trabajo físico mayor en la crianza de sus hijos, los hombres tienen más disposición a las relaciones esporádicas porque esto aumenta las probabilidades de procreación, los hombres prefieren, en mayor medida que las mujeres, a compañeras sanas, guapas y jóvenes, debido a que buscan una pareja que sea fértil y genéticamente sana, mientras que las mujeres prefieren hombres grandes, fuertes y atractivos. Estas teorías han tenido exíto en la predicción de algunas preferencias en la elección de parejas, pero no describen cómo estas preferencias influyen sobre los comportamientos que de hecho se llevan a cabo en la elección de pareja.

Vínculo sentimental adulto.
Hazan y Shaver (1987) relacionaron por vez primera la teoría del vínculo con las relaciones sentimentales adultas. En las entrevistas abiertas los individuos mencionaban de forma espontánea cuestiones que son relevantes a la teoría del vínculo, casi el 90% se refería a uno de estos cinco aspectos (sobre la relación sentimental): abierto, cerrado, dependiente, comprometido o afectuoso (Feeney y Noller, 1991). Los estilos de vínculo de los adultos son similares a los de los niños: seguro, ansioso-ambivalente y de evitación. Hay tres hipótesis sobre cómo la preferencia y la elección de pareja se relaciona con el propio estilo de vínculo y con el del otro: hipótesis del vínculo y la seguridad: el atractivo de la pareja depende, en parte, de la capacidad (percibida o imaginada) del otro de proporcionar seguridad, hipótesis de la similaridad: los individuos prefieren parejas que tienen un estilo de vínculo similar al propio, hipótesis de la complementariedad: los individuos se sienten más atraídos hacia personas que complementan sus propios de vínculo. Tanto en los hombres como en las mujeres el tipo de vínculo de cada uno afecta a la relación de la pareja. Aunque parece que los efectos negativos para la pareja de las personas con vínculos inseguros o de evitación se reducen en el caso de las mujeres (Pietromonaco y Carnelley, 1994).

Desarrollo y consecuencias de las relaciones prematrimoniales.
Las teorías del intercambio social y de la interdependencia (o de inversión) indican que hay variables que predicen el compromiso, la satisfacción y la estabilidad en las relaciones de noviazgo, de forma más clara respecto a unas consecuencias que a otras. Las recompensas específicas que se derivan del intercambio de recursos en las relaciones heterosexuales de noviazgo son lo que predice más fuertemente la satisfacción en la relación y el aumento de la satisfacción a lo largo del tiempo en las relaciones heterosexuales de noviazgo. Aunque más claramente en las mujeres que en los hombres. Las alternativas a la relación de noviazgo (otras personas) y la inversión en la relación son las variables que más fuertemente predicen el compromiso. La estabilidad de la relación de noviazgo (continuidad) se relaciona directamente con el nivel de necesidad de la otra persona y de dependencia de la otra persona para satisfacer esa necesidad – la necesidad es de compañía, sexo e intimidad-. Los modelos de contexto de las relaciones (Bradbury y Finchm, 1991), se basan en la premisa de que la satisfacción en una relación depende tanto de factores intrapersonales como interpersonales. Factores intrapersonales pueden ser el valor que se le da a la autonomía y al vínculo y las creencias y los criterios previos sobre las relaciones, factores interpersonales pueden ser tres tipos de comportamientos: sinceridad, comportamiento emocional positivo o negativo y estilo de resolución de conflictos.


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CAPITULO 4. COMUNICACIÓN EN EL MATRIMONIO.

Los matrimonios en los que predomina el malestar tienen un comportamiento de comunicación para resolver problemas que: muestra más interrupciones, críticas y quejas, y soluciones negativas, menos sinceridad y menos sugerencias positivas, que las parejas en la que predomina el bienestar. En la interacción de las parejas felices se observan emociones placenteras, sonrisas, risas, afecto y calidez; en la interacción de las parejas infelices se perciben agitación, lágrimas, tensión, enfado, y frialdad. Son también característicos de las parejas insatisfechas, altos niveles de miedo, enfado, rechazo y tristeza, así como evitación. Los patrones de comunicación en las parejas insatisfechas se caracterizan por un comportamiento recíprocamente negativo. La dificultad más importante de estas parejas es evitar esos ciclos, que suelen tener una estructura semejante en todos los casos y son muy predecibles. Las parejas con menos malestar parecen ser más hábiles ante los intentos de reconducir la situación. Con respecto a la jerarquía de dominio del otro, cuando las parejas ejercen un control de la conversación por turnos son parejas más satisfechas y cuando ambos hacen movimientos de control similares, se produce más insatisfacción. La presencia de un patrón denominado de “demanda y retirada”, en el que uno de los miembros de la pareja (generalmente la mujer) hace demandas críticas al otro, que se retira y evita la conversación, se asocia claramente con una menor satisfacción. Las tipologías de parejas permiten predecir comportamientos de comunicación – siguiendo la tipología de Fitzpatrick (1988)-: las parejas independientes son más sinceras que las tradicionales, que lo son más que las separadas; las parejas separadas no tienen interacciones competitivas y simétricas; las parejas tradicionales muestran más mensajes de conciliación y menos de confrontación de los que serían esperables y las parejas separadas más de los esperables; los tipos de parejas no difieren en la comunicación de afecto positivo, pero sí en la de afecto neutro negativo (las parejas independientes muestran menos comportamiento neutral y más afecto negativo). La percepción social que cada miembro de la pareja tiene durante las interacciones (atribuciones, creencias, expectativas) influye en los resultados de la comunicación. Las explicaciones o atribuciones sobre el comportamiento de la pareja suelen tener resultados negativos en la comunicación y las expectativas de eficacia en la pareja para comunicarse tiene resultados positivos en la resolución de un conflicto.

La comunicación en contextos de apoyo de expresión afectiva tiene efectos positivos sobre la satisfacción en la pareja más relevantes que los efectos del comportamiento negativo. Cuando ha habido una transgresión en la pareja, la comunicación dirigida a reparar el daño se caracteriza porque la persona ofendida tiene una doble motivación, de vengarse y ser benevolente, por lo que las expresiones comunes, “te perdono” o “lo entiendo”, pueden no resultar suficientes para resolver los sentimientos de rencor, tanto de la persona que ha hecho el daño, como de la que lo ha recibido. El autor considera necesaria más investigación sobre este contexto, ya que el perdón es un mecanismo importante de reconstrucción de las relaciones.

La comunicación en el matrimonio se produce también dentro de un contexto más amplio. Las experiencias anteriores de los esposos y sus características personales predicen diferentes resultados en la comunicación: el divorcio de los padres predice una comunicación más pobre en el matrimonio de los hijos; las psicopatologías influyen en los resultados del matrimonio, junto con los factores de riesgo personales; el tipo de vínculo desarrollado en las relaciones afectivas infantiles es particularmente importante , porque da lugar a modelos de relaciones y a un funcionamiento subsecuente en la vida adulta. Las influencias del entorno general sobre el matrimonio se interrelacionan con los procesos interiores, y pueden ser: presiones económicas o de trabajo, experiencias concretas – en algunos casos de tipo traumático-, o el entorno “ecológico” de la pareja, formado por su vida cotidiana, la familia extendida, la situación socioeconómica y las circunstancias de dificultad. El entorno puede generar una presión sobre el matrimonio que aumente los conflictos y los patrones negativos de comunicación, pero ocurre también que el matrimonio funcione como amortiguador de las experiencias difíciles, mediante el apoyo y las capacidades de resolución de problemas. El autor concluye que la investigación sobre la comunicación en el matrimonio tiene importantes lagunas y se centra excesivamente en las situaciones de conflicto.


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CAPITULO 5. CONVERTIRSE EN PADRES

En este capítulo de expone el estudio longitudinal de los autores, denominado PAIR (Processes of Adaptation in Intimate Relationships), sobre la transición a la paternidad de parejas en sus primeros años de matrimonio (se tomaron datos a los 2 meses de matrimonio, a los 14 y a los 26). La muestra inicial era de 168 parejas en su primer matrimonio, de las que 128 siguieron casadas durante las tres fases del estudio. Diferenciaron a las parejas que tuvieron un hijo en el primer año (29), en el segundo año (23) y las que no tuvieron hijos (46), otras parejas no fueron estudiadas por diferentes motivos. Estudiaron el reparto del trabajo en el hogar, el tiempo libre y el compañerismo entre los esposos y el comportamiento socioemocional.

Antes del nacimiento del primer hijo, la tareas en el hogar eran en promedio 5,8 por día, de las que la mujer realizaba el 67% y el hombre el 33%. Después del nacimiento del niño, las tareas diarias en promedio eran 36,2 por día, de las que 7,7 correspondían a la casa (el 14% las realizaba la mujer, el 13% el hombre) y 28,6 al cuidado del niño (el 62% las realizaba la madre y el 16% el padre). La evidencia empírica demuestra que las mujeres empiezan a sentir que el reparto de las tareas en casa es injusto cuando hacen 2/3 del trabajo, mientras que los hombres lo sienten cuando hacen aproximadamente 1/3 del trabajo. Lo que más predice la satisfacción de la mujer en el trabajo de la casa cuando se ha tenido un niño es que encuentre las tareas placenteras y en el hombre que se considere competente en las tareas y que lo considere también así la mujer (Grote et al., en prensa). En cuanto a los roles familiares y la división del trabajo, las mujeres (como grupo) de la muestra redujeron su trabajo remunerado fuera de casa al convertirse en madres y aumentaron su trabajo en las tareas del hogar, los esposos invariablemente consideraban a las madres como el cuidador apropiado para casi todas las tareas de atención al niño y unas cuantas actividades, especialmente jugar con el niño, se consideraban generalmente igual de apropiadas para el padre y la madre. Solo el 12% de las parejas creían que los hombres deberían ser igualmente responsables de las tareas cuando ambos trabajaban fuera de casa, aunque las madres que trabajaban solían que sus maridos estuviesen más implicados en el cuidado de los niños (en los primeros dos años), de lo que los maridos querían estarlo. Al medir lo que hacían la madre y el padre con el niño, se encontraba que todas las tareas las hacía la madre por lo menos el 60% de las veces y como máximo el 90% de las veces, a excepción de jugar con el niño, en la que la proporción era algo mayor para los padres (55%) que para las madres. Las tareas que hace la madre en más del 60% de los casos son (de mayor a menos frecuencia con que se hace la tarea): cambiar pañales, alimentar al niño, calmarle, vestirle, jugar tranquilamente, recoger, dormir, leer, poner normas y controlar el mal comportamiento, ayudar al niño a aprender diversas habilidades, bañar al niño, planear las actividades, levantarse por las noches. En la muestra de este estudio, en el 57% de los casos trabajaban fuera de casa el padre y la madre, y en el 43% solo el padre. Las características de los padres tienen se asocian más debilmente con las tareas que realizan que las creencias de las madres sobre los roles en la familia.
Los datos de este estudio indican que el malestar que sienten los padres por los cambios en su vida social cuando tienen un hijo no afecta a sus sentimientos de satisfacción en el matrimonio ni disminuye la expresión de afecto entre ellos. Tampoco los comportamientos negativos variaban significativamente con el nacimiento del hijo, lo que apoya la suposición de que convertirse en padres no significa una crisis en la relación matrimonial, sino un cambio en el estilo de vida. Este cambio no se produce con la misma facilidad en todas las parejas y parecen afectar factores como que el embarazo haya sido planificado, el género del hijo o si la pareja tiene valores tradicionales (que facilitan el paso a la paternidad) o valores que hacen énfasis en la igualdad (que dificultan este cambio, debido a las dificultades para ejercer las funciones de forma equitativa). Los conflictos en la pareja no parecen ser mayores en esta muestra en los matrimonios que han tenido un niño que en los que no. Los autores señalan que los resultados obtenidos en este estudio, más positivos en general de lo habitual, pueden tener relación con que la mayoría de las parejas estudiadas vivían en un área rural, eran de clase trabajadora, se habían casado jóvenes y habían tenido pronto su primer hijo, mientras que muchos de los estudios de este tipo se han hecho con parejas de clase media, con más nivel de educación y que habían esperado más tiempo para tener su primer hijo.


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CAPITULO 6. MANTENER LAS CINCO BOLAS EN EL AIRE: ARREGLÁRSELAS CON LA COMUNICACIÓN FAMILIAR EN LA MEDIANA EDAD

Las personas de mediana edad tienen que mantener varios roles en sus relaciones sociales, a menudo contradictorios: diferentes roles de paternidad (un papel con sus hijos y otro con sus propios padres); más opciones de comunicación que en otras etapas de la vida, por lo que hay que elegir qué cosas comparte con cada persona y cuales no, especialmente en conversaciones con los hijos adolescentes. Generalmente las personas de mediana edad tienden a mostrar más complejidad cognitiva, estilos de afrontamiento más maduros y fuerza del yo, que las personas más jóvenes o más mayores, por lo que los patrones de comunicación son más sofisticados y se tiene más control sobre el contenido. Se tiende a prestar más atención a cuestiones emocionales y a hablar más sobre los otros que sobre uno mismo. Esto es lo que Erikson definía como capacidad generativa - se encuentran recompensas en guiar y ayudar a personas más jóvenes-. También se tiende a iniciar conversaciones con el objetivo de proteger a otros miembros de la familia. Las diferencias de género en la comunicación, notables en etapas anteriores, tienden progresivamente a perderse. En cuanto a cómo se comunican las personas de mediana edad (dejando aparte a los que se muestran conflictivos y no tienen una buena relación familiar), se considera que en esta edad se tiene una posición de responsabilidad y de autoridad creciente, por lo que con más probabilidad se harán cargo de la comunicación en la familia, lo que se concreta en que dirigen las conversaciones, preguntan, tienen en cuenta las múltiples perspectivas de los miembros de la familia y ajustan su estilo de conversación a sus necesidades.


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CAPITULO 7. UNA EXPLORACIÓN DE CUESTIONES MATRIMONIALES Y FAMILIARES DE LA VEJEZ

Arp y Arp (1996) indican siete desafíos a los que se enfrentan las parejas en la última etapa de sus vidas: redefinir la relación cuando uno de los dos se jubila, crear una relación matrimonial centrada en la pareja en lugar de en los hijos, dejar pasar los enfados de etapas anteriores del matrimonio, ajustarse al cambio en sus roles sociales e integrar los problemas de salud en la relación, renovar los sentimientos y mantener relaciones sexuales placenteras, ajustarse al cambio en sus roles con sus hijos adultos y afrontar las dificultades de la fase final de la vida.

La viudedad presenta además otros desafíos, de tipo económico, de apoyo social y emocional, respecto a las preocupaciones de salud y relacionados con el ajuste psicológico. La muerte de uno de los esposos suele conllevar dificultades económicas para el otro y un declive en su vida social. Sin embargo, no siempre supone una pérdida de apoyo emocional, en ocasiones puede significar lo contrario. En los hombres la viudedad predice niveles más altos de depresión, pero no en las mujeres. También se ve afectado el ánimo y la salud mental en los hombres en mayor medida que en las mujeres, aunque se comprueba que las mujeres viudas tienen peor ánimo y salud mental que las mujeres casadas. Muchos estudios han comprobado el efecto de la viudedad sobre la salud física y se encuentra, por ejemplo, que de una muestra de 503 personas mayores, en los tres años siguientes a la muerte de uno de los esposos se producía la muerte del otro en el 62% de los casos.

Un hecho observado en las últimas décadas es que la inestabilidad de muchas familias ha dado lugar a que los abuelos cumplan funciones propias de la familia nuclear, especialmente con los nietos, lo que ha aumentado la complejidad de las estructuras familiares. Estos cambios estructurales pueden ser: el menor tamaño de la familia (menos hijos adultos se casan y los que lo hacen tienen menos hijos que en décadas anteriores), el divorcio de uno de los hijos adultos, y los segundos matrimonios de los hijos adultos. En todo caso, la influencia de los abuelos sobre los nietos es indudable. Se considera que esta relación influye en la percepción que los niños tienen de los otros adultos y en su funcionamiento psicológico y social. Para los abuelos esta relación es vital, aunque puede generarles dificultades, en unos casos por tener poca cercanía con los nietos y en otros por tener que hacer funciones de cuidador. Se ha descubierto que los abuelos afrontan mejor los problemas de la vejez que las personas mayores que no tienen nietos.

PARTE 3: Comunicación en varios tipos de familias.

Comunicación en varios tipos de familias.

CAPITULO 8. COMUNICACIÓN EN FAMILIAS INTACTAS.

Los patrones de comunicación en la familia surgen de los procesos por los que se crea una realidad social compartida. Son familias intactas aquellas en las que todos sus miembros permanecen ascritos. La estructura de la familia (intacta-no intacta) no es lo mismo que su funcionamiento (funciones psicológicas e intercambios afectivos). Las familias intactas tienen un buen funcionamiento con más frecuencia que las no intactas, por que la cercanía entre los padres y los hijos es mayor y no está interrumpida por divorcios o fallecimientos. Aunque no se puede equiparar la estructura de la familia con su funcionamiento en todos los casos, las dinámicas entre padres e hijos con frecuencia son muy diferentes si la familia está intacta o no; los padres de familias no intactas son emocionalmente más dependientes de sus hijos y tienen una posición más débil en la comunicación familiar. El 71% de los niños en EEUU viven en familias encabezadas por dos adultos heterosexuales, de los que el 78% viven con sus padres biológicos.

La realidad social de la familia se forma llegando a percepciones compartidas de la realidad, de dos maneras posibles (McLeod y Chaffee, 1972): centrándose en las actitudes de los otros y adoptando una propia (socio-orientación) o centrándose en el objeto o tema de que se trata y su efecto en la familia, para llegar a una percepción compartida (orientación al concepto). Estas dos formas de crear percepciones compartidas son importantes porque determinan el comportamiento y las prácticas de comunicación de la familia, muchas veces inconscientemente. La comunicación en la familia puede estudiarse en dos dimensiones: la orientación hacia la conversación; la medida en que se crea un clima en el que a todos los miembros de la familia se les anima a participar sin restricciones en la interacción sobre una variedad de cuestiones, y la orientación a la conformidad; el grado en el que la comunicación en la familia enfatiza la homgeneidad de actitudes, valores y creencias.

Koerner y Fitzpatrick (1997) definen cuatro tipos de familias y su comunicación:

- Familias consensuales: caracterizadas por una tensión entre una presión por estar de acuerdo y preservar la jerarquía de la familia, y el interés por la comunicación abierta y la exploración de nuevas ideas.
- Familias pluralísticas: caracterizadas por una discusión abierta, in restricciones, que implica a todos los miembros de la familia.
- Familias protectoras: caracterizadas por un énfasis en la obediencia a la autoridad de los padres y poca preocupación por temas conceptuales o por la comunicación abierta.
- Familias “laissez-faire”: caracterizadas por pocas interacciones entre los miembros, con poca implicación y sobre un número reducido de temas.
Los factores que afectan a los patrones de comunicación de la familia intacta son:

- Tipos de matrimonio: Las creencias que los padres tienen sobre su relación matrimonial y sobre cómo se comunican tienen una gran influencia sobre cómo la familia al completo se comunica.
- Estilos de crianza: La forma en que los padres socializan a sus hijos dentro de la familia influye sobre los patrones de comunicación, sobre dos dimensiones opuestas: conformidad y orientación hacia la conversación.
- Influencia de los hijos: Las características de personalidad de los hijos influyen en los patrones de comunicación, menor medida en las familias intactas.


Comunicación en varios tipos de familias.

CAPITULO 9. COMUNICACIÓN EN FAMILIAS DIVORCIADAS Y MONOPARENTALES.

El divorcio altera profundamente la estructura de la familia y la naturaleza de las interaccines familiares. El comportamiento del padre o de la madre con los hijos varía fuertemente antes y después del divorcio. Las interacciones de los ex-esposos no se interrumpen, aunque con el tiempo se hacen menos intensas y menos íntimas. Se han definido varios patrones de comunicación después del divorcio: “comunicación mútua constructiva” y “colegas cooperadores” son los patrones más funcionales y sanos; “demanda y retirada” es el patrón en el que uno busca más cercanía y contacto y el otro lo evita; “evitación mútua” es el patrón de no comunicación. Las responsabilidades de la paternidad después del divorcio (hasta que los hijos son adultos) requieren un modo de comunicación cooperativo, que sin embargo no suele darse, lo que lleva a unas paternidades “paralelas”, sin comunicación ni cooperación. La conflictividad y la hostilidad producen un detrimento sobre los hijos y rompen o bloquean la comunicación que se requiere para las actividades de co-paternidad. El divorcio resulta en una pérdida de la calidad de la relación del hijo con el padre y con la madre (Amato y Keith, 1991a). Las dificultades persisten cuando los hijos ya son adultos, especialmente con el padre que menos se compromete. El divorcio de los padres tiene también consecuencias sobre las relaciones de pareja de los hijos, ya que su experiencia familiar les ofrece modelos de comportamiento negativos (los problemas no se resuelven, no funciona la comunicación, hay conflicto y tensión) o positivos (los padres aprenden a resolver los problemas tras el divorcio, se esfuerzan, negocian entre ellos, etc...).


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CAPITULO 10. COMUNICACIÓN EN FAMILIAS MEZCLADAS.

Las familias mezcladas se forman cuando un adulto con hijos entra en una nueva unión, generalmente adultos divorciados o madres solteras. En 1996 el 17% de los niños en EEUU vivía en familias mezcladas. La primera dificultad de comunicación en las familias mezcladas es que unos miembros tienen relaciones desde mucho tiempo antes y otros son “nuevos” en la relación. Los dos primeros años son especialmente difíciles y tensos (Bray y Kelly, 1998), debido a la expectativa no realista de que la familia mezclada puede funcionar como lo hacía la familia nuclear. Cuando los hijos son adolescentes se encuentra un nivel considerable de conflicto, que suele persistir en el tiempo (Hetherington y Clingempeel, 1992). Los tipos de conflictos que se producen en estas familias pueden ser: desacuerdos sobre recursos, conflictos de lealtad, individuos que tienen una ideología de “guardar y proteger”, especialmente hacia su familia biológica, conflicto con miembros de la familia extensa (Coleman, Fine, Ganong, Downs y Pauk, 2001). Los padres, en estas familias, se implicaban en más intentos de resolver los conflictos que los hijos. El tema de comunicación más común eran las normas y la disciplina. Se considera que una familia mezclada se estabiliza alrededor del tercer año. Los patrones de comunicación de las familias mezcladas ya establecidas pueden ser varios:

- Familias cuyos miembros se consideran e interactúan como si fuesen la familia nuclear (no se menciona al padre o la madre que no están). Estas familias se caracterizan por ser poco realistas en su comunicación. Se cree también las familias mezcladas que funcionan bien a lo largo del tiempo pueden llegar a ser muy semejantes a las familias nucleares.
- Familias en las que el padre biológico se implica con sus hijos pero no con los del otro: suele producirse esta comunicación desde el padre (no la madre) hacia los hijos no biológicos, debido a que los vínculos de la madre con sus hijos pueden ser muy fuertes (por los cambios por los que han pasado).
- Familias mezcladas centradas en la pareja: por diferentes motivos la implicación de los padres con los hijos es reducida o nula.
- Familias progresistas (Burgyone y Clark, 1984): Aunque han sido poco estudiadas, hay familias mezcladas que desarrollan patrones de comunicación y de interacción que se adaptan de forma creativa a la complejidad de su convivencia. Esta tipología es la que se considera más estable, en la que se encuentran formas alternativas de relación, que tiene fronteras externas felxibles, que permite tomar decisiones a los hijos provinientes de familias distintas y que encuentra la manera de establecer una relación entre los hijos y las parejas de sus padres.


Comunicación en varios tipos de familias.

CAPITULO 11. LAS VIDAS FAMILIARES DE LESBIANAS Y HOMBRES HOMOSEXUALES.

Las preocupaciones comunes de las familias formadas por padres del mismo sexo son: en primer lugar los aspectos legales (preocupación por la posibilidad de que puedan perder la custodia de sus hijos), en segundo lugar, el posible impacto negativo de las experiencias de sus hijos en el colegio, en el vecindario, con amigos,etc..., en tercer lugar, que sus hijos encuentren modelos de comportamiento del sexo que no se encuentra en la pareja y en cuarto lugar, comunicarse con sus hijos sobre cuestiones como su orientación sexual (de los padres) o sobre cómo fue concebido el niño. Por otra parte, no se han encontrado diferencias sistemáticas entre el desarrollo psicológico de los niños cuyos padres son homosexuales y el de niños con padres heterosexuales.

Respecto a la investigación sobre este tipo de familias, es muy escasa: de los 1.521 artículos publicados en el Journal of Marriage and the Family y en el Journal of Social and Personal Relationships, entre 1980 y 1993, sólo 5 se centraban en algún aspecto relacionado con la orientación sexual de los padres.


Comunicación en varios tipos de familias.

CAPITULO 12. COMUNICACIÓN, FAMILIAS, Y LA INVESTIGACIÓN DE LAS FRONTERAS DE LA DIVERSIDAD CULTURAL.

La diversidad cultural de las familias es un aspecto poco estudiado, que sin embargo tiene importancia para su comunicación. Los factores que afectan a la cultura de una familia pueden ser: nivel económico, nivel de salud, religión, entorno urbano o rural. No se ha estudiado todavía cómo la diversidad económica afecta a la comunicación en las familias y a su convivencia. La relación entre la salud de los miembros de la familia y su comunicación se ha estudiado en los casos de enfermedad o para encontrar modelos de comunicación familiar que introduzcan una orientación hacia el bienestar físico. Las creencias y las prescripciones que las religiones establecen para las familias es otro tema poco estudiado. Las diferencias en la comunicación entre familias urbanas y rurales no han sido estudiadas en EEUU, aunque resultan evidentes en otros países donde las diferencias de estilos de vida y de recursos pueden ser mucho mayores.

PARTE 4: La comunicación relacional de los miembros de la familia.

La comunicación relacional de los miembros de la familia.

CAPITULO 13. Paternidad compartida de madres y padres.

La investigación psicológica del funcionamiento de las familias no aplicó la teoría de sistemas hasta los años 90, considerando hasta ese momento los procesos diádicos, de padre-hijo, padre-madre, etc... Los pioneros en la integración de la teoría de los sistemas familiares y las teorías evolutivas fueron Jay Belsky (1981) y Patricia Minuchin (1985). Desde la mitad de los años 90 ha habido un aumento exponencial de las investigaciones sobre la paternidad compartida o co-paternidad, especialmente en familias intactas.

Belsky fue el primer investigador en proponer que la paternidad dependía de múltiples sistemas: los subsistemas de la paternidad (de padre y madre), del matrimonio y del hijo. Propuso que la relación matrimonial era el apoyo más importante para los padres y era el factor que más directamente influía en el desarrollo del niño. Lewis, Owen y Cox (1988) fueron de los primeros investigadores que estudiaron las relaciones diádicas y triádicas: relación matrimonial, relación madre-hijo, relación padre-hijo y relación madre-padre-hijo. Descubrieron que la calidad positiva de la relación matrimonial de los padres (padre y madre) en la etapa prenatal predecía niveles mayores de “inversión” de los padres en el hijo a los 3 meses y al año del nacimiento. Esta investigación fue el comienzo de muchos otros estudios sobre cómo las relaciones matrimoniales influían en la implicación de los padres con el hijo (Erel & Burman, 1995).

Philip y Carolyn Cowan (1999) fueron de los primeros en investigar el impacto de las relaciones matrimoniales en la co-paternidad a lo largo del tiempo, en una investigación longitudinal de diez años estudiaron a parejas que esperaban su primer hijo, encontrando que el descenso de la satisfacción matrimonial en tres momentos (en el embarazo, cuando el niño tenía un año y medio y cuando tenía tres años y medio), estaba asociada con poca calidez afectiva en las interacciones entre la madre y el hijo y entre el padre y el hijo a los tres años y medio.

Una distinción importante que ha surgido en este campo es entre la relación de co-paternidad y la relación matrimonial, descubriéndose que la co-paternidad en la que el padre y la madre se apoyan mutuamente tiene resultados positivos para el desarrollo del niño al margen de la calidad de la relación matrimonial. McHale (1997) ha estudiado la co-paternidad separándola de la relación matrimonial y de la relación entre los padres y el hijo. McHale estudió en una escala de auto-informe las percepciones de los padres sobre cómo participaban en actividades de co-paternidad y promovían un sentido de la familia, dividiendo las preguntas en dos grupos: el comportamiento en la tríada familiar y el comportamiento del padre o la madre individualmente con el hijo a solas. Estudió las dimensiones de hostilidad/competición frente a las de harmonía y equilibrio en la implicación. Descubrió que el aumento del malestar en el matrimonio lleva a una paternidad más hostil y competitiva y a desequilibrios en la implicación del padre y de la madre. La implicación de los padres estaba influída por la interrelación entre la calidad de la relación matrimonial y la implicación de los padres con el hijo en función del género: en situaciones de malestar en el matrimonio, los niños tenían más posibilidades de encontrarse con una co-paternidad hostil y competitiva, mientras que las niñas tenían más probabilidad de tener problemas en el nivel de implicación de los padres.

Belsky, Crnic y Gable (1995) estudiaron a una muestra de padres, madres y sus hijos de entre uno y tres años (toddlers), descubriendo que los padres con atributos psicológicos individuales similares tenían unas relaciones de paternidad compartida más positivas. Cuanto más diferían las madres y los padres en características de introversión y extraversión, mayor probabilidad había de que mostrasen comportamientos de co-paternidad de falta de apoyo. Descubrieron además que las dinámicas de co-paternidad y de la familia completa tenían un papel distintivo en el desarrollo de la inhibición del comportamiento en los niños, más allá del temperamento del niño, de la paternidad individual, del bienestar individual del padre y la madre y de calidad del matrimonio.

McHale y Rasmussen (1998) encontraron que la calidez en la familia durante la infancia estaba asociada a prácticas positivas de co-paternidad de los hombres cuando el hijo tenía 3 años, lo que a su vez está ligado a menores problemas de internalización y de comportamiento agresivo en la etapa de educación infantil. Denominaron estas prácticas de los padres (hombres), “promover la integridad familiar”, en la que incluían por ejemplo mostrar amor por la mujer y hablar positivamente de la madre con los hijos en su ausencia.

McHale, Lauretti, Kuersten-Hogan y Rasmussen (2000) midieron mediante observaciones las interacciones diádicas y triádicas, para investigar las posibles diferencias de comportamiento de los padres en estas dos situaciones. Descubrieron que los comportamientos del padre y de la madre difieren mucho según estén individualmente a solas con el hijo o en el sistema familiar completo. Los límites que los padres fijaban (limit-setting behaviours) cuando estaban con toda la familia no estaban relacionados con los que fijaban estando a solas con el hijo. Distinguieron tres tipos de patrones de co-paternidad: oposicional, cohesivo y no restrictivo, en función de las mediciones de: la integridad familiar que promovían los padres (participación positiva de los hombres en la familia), los conflictos de las madres (disputas con el padre delante del hijo) y de las reprimendas (fijar límites al hijo o pedir al padre/madre que los fijen). Las familias “oposicionales” tenían bajos niveles de calidez y de cooperación y altos de antagonismo (la medida de los conflictos de las madres estaban especialmente relacionadas con altos niveles de antagonismo con el padre/marido). Las familias cohesivas tenían niveles altos de calidez y de cooperación estaban centradas en el hijo (los padres promovían altos niveles de integridad familiar). Las familias no-restrictivas tenían niveles bajos de estructura y fijaban pocos limites a sus hijos, la alta frecuencia de las reprimendas de las madres estaba especialmente asociada con un control inadecuado de los niños más pequeños.

Margolin, Godris y John (2001) propusieron un modelo de co-paternidad basado en tres dimensiones: conflicto entre los padres, cooperación entre los padres y triangulación (situación en la que uno de los padres forma una “alianza” con el hijo para minar la autoridad del otro). Cown y Cowan (2003) estudiaron el estilo de interacción de los padres en presencia del hijo, codificaron la calidez, la frialdad, el enfado y la rivalidad. Los resultados indicaron que cuando los padres mostraban desagrado entre ellos, en forma de enfado o de desacuerdo, los niños mostraban niveles más altos de comportamientos de externalización y de internalización en el primer grado.


Aunque las decripciones han tenido más importancia que la teoría en estas investigaciones, se distinguen cuatro marcos conceptuales que explican la relación de co-paternidad:

- Constructivismo social, desarrollado por Berger y Luckman (1966): enfatiza la construcción compartida de una realidad social por los que participan en una situación. Los roles sociales se crean por las interacciones constantes y negociando las expectativas mútuas en el contexto de normas culturales más generales. Este marco permite a los investigadores estudiar cómo ve un padre o una madre su comportamiento y el del otro, en qué medida se acerca la realidad que percibe a sus expectativas, cómo ven su co-paternidad en función de las normas familiares y culturales de las que son conscientes y cómo el niño que está creciendo participa en la construcción social de la relación de sus padres.

- Teorías de los sistemas familiares, desarrolladas por Bowen (1976), Minuchin (1974) y otros: se centra en las múltiples interacciones simultáneas en la familia, especialmente en la relación triangular formada por los padres y el niño. Puede permitir observar de qué forma los padres desarrollan relaciones complementarias o competitivas entre sí.

- Teorías de desarrollo de las familias, por Aldous (1978), Hill y Mattessich (1979) y Rodgers y White (1993): enfatizan los cambios en las estructuras y los roles en la familia a medida que sus miembros crecen y se producen transiciones importantes. Las tareas de co-paternidad difieren mucho de un estadio de la evolución de la familia a otro.

- Teorías de ecología humana (Bateson, 1972; Bronfenbrenner, 1979; Bubolz y Sontag, 1993): se centran en la red de interdependencias personales, familiares y comunitarias, y en su influencia sobre el desarrollo humano. Enfatizan los sistemas comunitarios que rodean a las familias, al entorno social más amplio e incluso al entorno natural.

Los autores de este capítulo proponen un modelo conceptual de influencias en la relación de co-paternidad, basado en los marcos anteriores:

El punto central es la relación triádica madre-padre-hijo, en el que la líneas que conectan a los tres representan cómo construyen mutuamente la relación de co-paternidad mediante una interacción sistémica constante y mediante la negociación de roles. El estatus del matrimonio se incluye como variable en el mismo triángulo (casados, separados, divorciados, solteros). Fuera de este triángulo (en el que el padre y la madre influyen en la co-paternidad, que a su vez influye en el hijo), se describen varias categorías de influencias en la relación de co-paternidad: factores individuales de la madre, del padre y del hijo y factores conceptuales.

Factores del padre y la madre: bienestar psicológico, familia de origen, expectativas de co-paternidad y características del empleo.
Factores del hijo: género, edad y número de hermanos.
Factores del contexto: oportunidades de empleo, factores económicos, raza y étnia, expectativas culturales y apoyo de la comunidad.



El status del matrimonio sitúa el contexto para el resto de las variables y es la influencia más fuerte en la co-paternidad. Aunque es posible la cooperación en la co-paternidad fuera de una relación de pareja intacta, sólo una minoría de las parejas superan suficientemente bien una separación o divorcio cómo para tener relaciones de co-paternidad de alta harmonía y de cooperación y de baja competitividad, hostilidad y triangulación.

La influencia de factores externos a la familia ha sido poco estudiada en las investigaciones anteriores, con la excepción de Conger y Conger (2002), quienes demuestran que las dificultades económicas tienen un impacto en la co-paternidad de dos maneras: aumento del malestar emocional de los padres y aumento de los patrones de conflicto y de retirada (desentenderse) de los padres, lo que lleva a una paternidad desequilibrada y a un peor ajuste de los niños y de los adolescentes. Otra área de investigación está relacionada con el empleo y las dificultades para equilibrar trabajo, paternidad y tiempo familiar (Daly, 1996, 2001; Fraenkel, 2003). Es un área importante entre otras razones porque las madres que trabajan suelen tener un “segundo turno” de trabajo al llegar a casa, lo que desequilibra las relaciones de co-paternidad. El contexto influye además de forma importante en la implicación de los padres (hombres) en la co-paternidad. Doherty (1988) considera que la importancia que la cultura otorga a la relación madre-hijo está por encima de las circunstancias externas, mientras que en la relación padre-hijo influyen otros factores externos, especialmente la capacidad del padre de mantener una buena situación económica en la familia. Jones (1991) demuestra que los padres que tienen menos éxito profesional tienden a relacionarse menos con sus hijos.

Entre los factores externos de tipo cultural (expectativas) tiene importancia el ideal emergente del padre que comparte la patenidad con la madre en situación de igualdad (Pleck y Pleck, 1997; LaRossa, 1997).

Factores de la madre: las expectativas de las madres sobre la implicación del padre tienen una influencia directa sobre cómo se implican los padres (hombres) con sus hijos, y de forma indirecta sobre la relación de co-paternidad. La influencia de las expectativas de las madres sobre cómo debe comportarse el padre es mayor que la de las propias expectativas del padre. La experiencia de trabajo de la madre es otro factor que contribuye a la co-paternidad. Las mujeres suelen sentirse mejor en casa y en el trabajo cuando tienen opciones de trabajo flexibles, cuando tienen el apoyo de sus parejas y cuando pueden pagar unos cuidados de día (ej. escuela infantil) de calidad para sus hijos.

Factores del padre: El bienestar psicológico de los padres y su sentimiento de competencia se asocian positivamente con su implicación con sus hijos. Además influyen factores de la familia de origen del padre. Se ha estudiado poco la influencia de las expectativas de los padres sobre la maternidad.

Factores del hijo: La investigación en esta área está poco desarrollada. Los autores recomiendan estudiar el género, la edad y el número de hermanos.


La comunicación relacional de los miembros de la familia.

CAPITULO 14. Los orígenes evolutivos de la comunicación: los sistemas de interacción en la primera infancia.

Las primeras interacciones entre los padres y el recién nacido proporcionan la base esencial del desarrollo emocional, cognitivo y social. A las interacciones comunicativas tempranas (prelingüísticas) subyacen procesos lingüístico-cognitivos, de auto-regulación, de competencia, de formación de relaciones y de socialización en las reglas de la cultura de origen.

Se utilizan tres métodos primarios de cuantificación de las observaciones de la comunicación en la primera infancia: (1) mediciones de la sensibilidad del cuidador que proporcionan un índice general de responsividad a las claves del niño y de estimulación didáctica, (2) conjuntos de comportamientos asociados con intercambios positivos, neutrales o negativos o con comunicación diádica simétrica, asimétrica o unilateral, (3) aproximaciones micro-analíticas, que proporcionan la información más específica porque permiten analizar procesos de interacción momento a momento en varias modalidades (visual, táctil, auditiva, movimiento).

Bases teóricas de la comunicación niño pequeño-cuidador: Tradicionalmente se ha centrado la atención en el papel del adulto, especialmente de la madre (teoría del aprendizaje social, principios de condicionamiento operante, teorías psicodinámicas, perspectiva etológica y del vínculo). Sin embargo actualmente se considera importante el papel del niño en la regulación mútua de las interacciones de comunicación.

Teoría de los sistemas dinámicos (Fogel, 1993; Thelen y Fogel, 1989): Identifica y cuantifica patrones de sistemas complejos. El sistema de comunicación entre el niño y el cuidador surge principalmente de las limitaciones de los participantes. Las investigaciones se centran en los cambios que se producen en el comportamiento del adulto y en las múltiples adaptaciones de los niños en respuesta a las claves de los adultos. Se atiende a los efectos bidireccionales entre el comportamiento del niño y del adulto. Los patrones de comunicación a los que tienden estos sistemas niño-cuidador varían poco dentro de un mismo momento evolutivo y se denominan “estados de atracción” (attractor states), éstos pueden caracterizarse en función del grado de participación de cada uno, por la calidad de la emoción expresada o por las formas en las que los participantes se responden entre sí. Cuando uno o más de los parámetros que limitan la interacción sobrepasa un cierto nivel, el sistema se hace inestable y en este periodo las nuevas adaptaciones por parte de cada participante dan lugar a nuevos “estados de atracción”. Esta reorganización puede producir cambios lineales y cuantitativos (p.e. más vocalizaciones) o cambios no lineales y cualitativos (p.e. otro tipo de vocalizaciones). Estos últimos se pueden considerar un “cambio de estado”.

Expertos y principiantes (novices). ¿Qué aportan los padres a la interacción?. Aunque los padres son comunicadores más expertos que los niños recién nacidos, cuando se estudian los procesos de atención, percepción, comprensión y respuesta de ambos, los niveles de influencia se equiparan, ya que los mensajes del adulto al niño pueden ser tan difíciles de comprender como los del niño al adulto. Para determinar los parámetros que definen los límites de las primeras fases de la comunicación es necesario examinar las capacidades básicas que los niños y los adultos aportan a la interacción.



Niños (infants, durante el primer año de vida): Los niños recién nacidos tienen capacidades sensoriales que aunque son rudimentarias les preparan para integrarse de forma inmediata en el sistema de comunicación. Las capacidades perceptivas del niño parecen estar adaptadas a las situaciones típicas de cuidado: ven mejor a la distancia a la que suele estar la cabeza de la persona que les coge en brazos, prefieren atender a patrones visuales y movimientos en los que hay contrastes (lo que sucede cuando se mira una cara, especialmente cuando hace gestos expresivos muy marcados) y reconocen este tipo de estímulos cuando se los han presentado sólo unas pocas veces, por lo que rápidamente prefieren la cara de su madre. La sensibilidad a los olores es casi la misma que tiene un adulto, aunque su limitación para integrar los estímulos disminuye las asociaciones que pueden hacer. Los niños alimentados del pecho reconocen y prefieren el olor de la madre. Tienen una tendencia a atender a los sonidos del habla, capacidad de discriminar sonidos desde recién nacidos (especialmente sonidos de baja frecuencia), distinguen entre sonidos de habla y otros sonidos, entre voces de hombre y de mujer y entre voces de los padres y de extraños, prefieren el sonido de la voz humana a otros sonidos y prefieren la voz de su madre a la voz de una mujer desconocida. Tienen una capacidad de reconocer pequeñas diferencias entre sonidos del habla que mejora en los primeros meses y son sensibles a los tonos que aumentan y disminuyen, los cuales proporcionan información relacionada con el afecto y la seguridad.

Los comportamientos de los niños que pueden actuar como señales en la interacción son: vocalizaciones (en situación normal y en situación de malestar), mirada, movimientos y sonrisa. En este capítulo se estudian los dos primeros comportamientos.

Vocalizaciones en situación normal (nondistress vocalizations): Las vocalizaciones son la señal y la respuesta más frecuente del niño y del adulto. Al principio los niños tienen poco control pero entre las 6 y las 8 semanas empiezan a controlar su aparato fonatorio y su respiración, produciendo sonidos silábicos que se aproximan a los sonidos de las vocales. A los 2-3 meses de edad empiezan a producir sonidos que llaman la atención del adulto, hacia la mitad del primer año empiezan a balbucear y aumentan su repertorio de sonidos. Estas vocalizaciones son el fundamento de las verbalizaciones del niño del segundo y tercer año. Cuando el sistema fonatorio madura (durante el segundo año) se producen vocalizaciones intencionales que representan estados afectivos relativamente concretos. Los juegos de vocalizaciones en presencia de adultos dan paso a vocalizaciones más consistentes con el habla adulta. Hsy y Fogel (2001) identificaron tres “estados de atracción” frecuentes en las primeras etapas de la comunicación adulto-niño: simétrico (participación mútua de los dos), asimétrico (el adulto participa y el niño está interesado pero inactivo) y unilateral (el adulto participa y el niño no participa y no está interesado).

Vocalizaciones en situación de malestar (distress vocalizations): En los primeros 4 a 5 meses se produce el llanto más frecuente e intenso. Los patrones de llanto individuales son bastante estables durante el primer año. El llanto es una señal muy potente y activadora para los cuidadores. Las madres interpretan mejor que los padres el llanto de los niños (distinguen el llanto que indica hambre del llanto que indica dolor). Las respuestas de los padres son similares en todas las culturas: los padres calman al niño cogiéndole, le balancean, cantan o le hablan con frases que melódicamente bajan de tono al final. Cuando el niño está fuera de su alcance los padres utilizan verbalizaciones agudas y rápidas, lo que aparemente está dirigido a equipararse con el llanto.

Mirada y atención compartida: El contacto visual es una forma potente de comunicación entre los niños y sus cuidadores en la etapa prelingüística. En todas las culturas, los niños producen vocalizaciones positivas con más frecuencia cuando mantienen la mirada con el adulto. La responsividad vocal de ambos aumenta cuando se miran, especialmente la del adulto. A los tres meses aproximadamente los niños pueden señalar con el dedo índice, aunque no intencionalmente a un objeto particular. A los 10-11 meses utilizan gestos para indicar deseos, intereses y la necesidad de asistencia. A los 12 meses pueden redirigir la atención a un objeto por el gesto de señalar de un adulto. La comunicación no verbal de intereses y necesidades permite que los adultos y el niño miren al mismo objeto. A los tres meses de edad, cuando el niño está señalando emite sonidos de sílabas similares a las del habla en mayor proporción que sonidos vocálicos indiferenciados. Los niños que empiezan a señalar relativamente pronto posteriormente utilizan más gestos y tienen mejor comprensión del habla. Junto con la responsividad de los padres, la atención compartida mantenida parece ser un importante mediador de las relaciones entre la interacción diádica y el desarrollo del lenguaje. (Tomasello y Farrar, 1986).

Adultos: Los adultos entran en la paternidad intuitivamente preparados para comunicarse directamente con los niños. Los procesos evolutivos parecen haber promovido que los adultos estén innatamente atraídos hacia los bebés. Los sistemas biológicos y las hormonas pueden ser factores importantes en la capacidad de los adultos de hablar a los bebés, especialmente para favorecer comportamientos que regulan el contacto entre el niño y el adulto. Parece que únicamente los sistemas biológicos de respuesta al estrés de las madres se activan ante señales leves de malestar de los niños. A los pocos días del nacimiento las madres pueden identificar a su hijo por el olor. La sensibilidad de los adultos a las señales de sus hijos no es solamente fisiológica sino también emocional; a través de diferentes culturas los padres y las madres reconocen inmediatamente las señales de sus hijos.

Por otra parte, aunque pocos padres consideran que les enseñan a sus hijos cuando les hablan, esto es así en la mayoría de los comportamientos de los padres, que pueden ir desde los más explícitos: “dí, mamá”, hasta los indirectos, por ejemplo, adaptar el habla con los niños, reduciéndola a sus componentes elementales. Los padres hacen muchos ajustes en la interacción con el niño para mantener la función didáctica. Estos ajustes parecen ser intuitivos.

La base de la comunicación temprana: el habla dirigida al niño. La primera tarea del adulto para desarrollar el sistema de comunicación con el niño es atraer su atención. Los padres modifican su forma de hablar para que llame la atención del niño, estos patrones de habla (denominados por Bruner “motheresse”) forman el “habla dirigida al niño”. Esta forma de habla tiene características similares en todas las culturas e idiomas: el tono de voz es más alto, más intenso, repleto de palabras cortas y empáticas, de exclamaciones, de ruidos y de suspiros. Las marcas melódicas ayudan a mantener la atención del niño, señalan las separaciones entre palabras y frases. Este habla suele ir acompañada de gestos o de acciones. En cualquier idioma, los niños atienden mejor al habla de este tipo que al habla normal. Estas preferencias parecen ser innatas, ya que los hijos de personas sordas prefieren las canciones dirigidas a niños que las canciones normales. La investigación reciente (Trainor, Austin y Desjardins, 2000) sugiere que las propiedades especiales del habla dirigida a los niños están relacionadas con altos niveles de expresividad emocional.

¿Cómo se desarrolla la comunicación padres-hijo? La preparación del niño para captar las señales de los padres y la capacidad intuitiva de los padres de emitir las señales adecuadas necesita además de un contexto óptimo: los niños en los primeros meses están mejor dispuestos a interactuar cuando están alerta y en situación de responder a la comunicación, cuando hay pocas distracciones y cuando el adulto responde y produce mensajes repetitivos, distintivos y compuestos de características que aprovechan las capacidades perceptivas y los intereses de los niños. Los “microcontextos” que son importantes en la relación de comunicación incluyen la forma de coger al niño, la postura y la presencia de un objeto.

Respuestas contingentes y “conversaciones” tempranas. Las respuestas contingentes son inmediatas y cualitativamente apropiadas a las claves que da el niño. Al principio las madres son más sensibles a las claves del niño que el niño a las de la madre. Sin embargo, los niños responden contingentemente a las madres a los 4 meses. Por otra parte, los cuidadores suelen sobreestimar las capacidades de comunicación del niño. La madre interpreta los significados de las acciones del niño y así tiende a tratar al niño como un comunicador activo, lo que anticipa capacidades que se desarrollarán posteriormente. Cuando los adultos consideran las interacciones con el niño como un contexto de comunicación con significado introducen los ritmos de la conversación en la interacción, mediante el habla, los gestos o las canciones. Las pausas constituyen la forma más común de introducir los turnos en la comunicación diádica, lo que da lugar a “cadenas de comunicación” que se van alargando. Estos son componentes pragmáticos de comunicación que proporcionan un prototipo de reglas conversacionales para el niño.

Regulación mútua. Las investigaciones sugieren que los procesos de comunicación los inicia el niño más que el adulto. Las madres tienden a mirar al niño constantemente, hasta que el niño establece un contacto visual, lo que parece activar las vocalizaciones, la sonrisa y las caricias de la madre (Stern, 1974). Si el niño responde la cadena de comunicación continúa y se hace más intensa hasta que el niño rompe el ciclo. Estas primeras interacciones están dominadas por el niño, porque es el que activa las respuestas de la madre. La respuesta de los padres es necesaria para la comunicación, así como la adaptación a las capacidades del niño. Cuando no produce esta respuesta el niño continúa buscando establecer contacto. La interacción se regula de forma mútua entre los padres y el niño, mediante el “habla dirigida al niño”, los turnos y el refuerzo de los actos de comunicación.


La comunicación relacional de los miembros de la familia.

CAPITULO 15. COMPETENCIAS DE COMUNICACIÓN Y PRIORIDADES SOCIOCULTURALES DE LA INFANCIA.

En la infancia (3 a 12 años) las dos prioridades culturales – lo que la sociedad considera deseable - son el rendimiento del niño en el colegio y las relaciones con los otros niños. Para tener éxito en estos dos campos son necesarias tres competencias de comunicación específicas: comportamiento de cuidado, discusión o manejo de los conflictos y reglas de expresión emocional.

El aprendizaje del niño en el colegio se ha considerado tradicionalmente una responsabilidad de la familia. En el colegio el progreso del niño no es sólo académico, sino también en su corrección social, ya que participar en la clase requiere ir aprendiendo nuevas normas de discurso. Los niños que llegan al colegio con las capacidades que son necesarias tienen un mejor ajuste con los otros niños y mayores logros académicos. Por otra parte, los malos resultados académicos son un factor de riesgo muy importante para muchos problemas sociales y de comportamiento.

En las relaciones de iguales de los niños es importante si el niño es aceptado o rechazado, ya que esto indica su nivel de socialización y tiene efectos sobre su desarrollo en general, especialmente en los resultados académicos. Además de la aceptación del niño en un grupo, es necesario considerar si ese niño es popular o no entre sus amigos, es decir, si sabe mantener buenas relaciones. Los amigos proporcionan a los niños apoyo, información, ayuda instrumental, afecto, afirmación, compañía y oportunidades para aprender a resolver conflictos en un entorno de apoyo mútuo.

Los niños buscan progresivamente más apoyo emocional en los amigos y menos en los padres, por lo que adquieren una competencia de comunicación básica: los comportamientos de cuidado mútuo, de apoyo emocional y de reconfortarse. Este comportamiento surge ante la tristeza, la ansiedad, el miedo, la ira y otras emociones similares. Para adquirir esta competencia de comunicación es necesario adquirir un conocimiento sobre los estados psicológicos y los sentimientos de los otros, recursos de comunicación para demostrar las intenciones de apoyo y deben querer ofrecer este apoyo.
Otra competencia que necesitan adquirir los niños es la habilidad para argumentar persuasivamente y resolver con eficacia los conflictos. Para ello es necesario que los niños sepan reconocer varios objetivos de un discurso (fines instrumentales, mantenimiento de relaciones, ejercer poder o dominio), que tengan madurez emocional y capacidad para distanciarse de lo inmediato (perspectiva). La resolución de un conflicto a menudo requiere la integración de la propia perspectiva y la de otros, para encontrar soluciones aceptables. Estas habilidades se desarrollan durante la etapa preescolar y de educación primaria, de forma que los niños aprenden a dar razones, encuentran debilidades en los argumentos de otros y pueden realizar argumentaciones más largas. Se ha encontrado que los niños en edad preescolar utilizan más la coacción y que los niños más mayores, quienes utilizan más la negoación o la retirada en los conflictos (Laursen, Finkelstein y Betts, 2001).

Los niños aprenden también las normas de expresión emocional y el control de sí mismos. Estas normas adquieren significado a medida que a los niños les empieza a preocupar la imagen que los demás tienen de ellos, en la etapa de la educación primaria (Merrell, Gimpel, 1998). Adquieren también la capacidad de comprender las expresiones emocionales de otros. La cultura determina una forma apropiada de socialización, a la que los niños se ajustan, que en muchos casos enseña a esconder o enmascarar emociones como el miedo o el enfado; este aprendizaje se adquiere progresivamente entre los 5 y los 12 años. Se aprenden también las “mentiras inocentes” (white lies). El auto-control en la expresión emocional varía, dependiendo si el niño se encuentra con sus profesores (máximo auto-control), con sus amigos o con sus padres (mínimo auto-control). Por otra parte, los niños aprenden a comunicarse de forma adecuada para su cultura, pero tienen que aprender además a comprender las razones sociales o morales de esos comportamientos.

La familia es el agente de socialización primario. La comunicación en la que se adquieren más competencias sociales es la del niño con la madre (aunque se haya exagerado la capacidad de las madres de influir sobre sus hijos). El ideal cultural de comunicación adulto-niño en la cultura occidental es la “authoritative parenting” (paternidad, o crianza, con autoridad y no autoritaria), según Sillars (1995). Sin quitar importancia a los padres, se empieza a considerar la necesidad de estudiar las caracteríticas particulares de cada niño para comprender su proceso de socialización. Además, se empiezan a estudiar otros comportamientos de los padres que no son únicamente los que culturalmente se les suelen asignar (Grusec, Goodnow, & Kuczynski, 2000).

Entre los 2 y los 5 años los niños empiezan a pasar más tiempo con sus hermanos y menos con sus madres (Dunn & Creps, 1996). Entre los hermanos se realizan más juegos creativos, simbólicos y role-playing que con otros niños. También tienen conflictos frecuentes e intensos. Los hermanos sirven como un “campo de entrenamiento” para las competencias sociales, sin embargo, que un niño tenga hermanos es un factor importante para su socialización, pero es más importante la calidad de la relación entre ellos.

El modelo Circumplejo de Olson (2000) del funcionamiento familiar incorpora factores clave para el desarrollo de las competencias de comunicación. Sus tres componentes básicos son: cohesión, adaptabilidad y comunicación. La cohesión se define como el vínculo emocional que los miembros de la familia tienen entre sí, haciendo énfasis cómo cada uno aprende a estar con los otros y a distanciarse. La flexibilidad se refiere a la cantidad de cambios en el liderazgo de la familia, en los papeles y en las reglas, aprendiendo a yuxtaponer estabilidad y cambio. La comunicación es el mecanismo que facilita el movimiento en las dos dimensiones anteriores: cercanía-lejanía y estabilidad-cambio.


La comunicación relacional de los miembros de la familia.

CAPITULO 16. Comunicación padres-hijo durante la adolescencia.

Las dificultades de comunicación entre padres e hijos en la adolescencia se deben a la naturaleza cambiante de la relación en esa etapa y no a una incapacidad inherente para establecer conversaciones con significado. El aumento de la autonomía del adolescente altera los patrones de comunicación abierta, el nivel de experiencias compartidas, las percepciones de privacidad y la responsabilidad.

Explicaciones teóricas de la continuidad y el cambio en las relaciones entre padres e hijos adolescentes.

Los modelos de cambio individual consideran la maduración biológica y/o cognitiva (del adolescente) el origen de los cambios en las relaciones entre los padres y el adolescente. En los modelos psicoanalíticos (S. Freud, 1921/1949; Anna Freud, 1958; Blos, 1979; Erikson, 1968) se considera que la conciencia de las debilidades de los padres y la emancipación psicológica crean una barrera en la relación que crea dificultades de comunicación, que se exacerban por las fluctuaciones emocionales del adolescente debido a los cambios hormonales. Las perspectivas evolutivas del desarrollo adolescente (Hill, 1988; Steinberg, 1989) explican los cambios en el comportamiento del adolescente como una respuesta a las presiones evolutivas para que se aleje de la familia y encuentre una pareja. Los avances cognitivos aumentan la búsqueda de la autonomía y la individuación, lo que crea una distancia entre el adolescente y su familia. Los modelos de maduración (Kohlberg, 1969; Piaget, 1932/1965; Selman, 1980; Youniss, 1980; Smetana, 1988) proponen que el cambio cognitivo es el origen de los cambios en el comportamiento interpersonal. El avance en las capacidades de pensamiento lógico permite el razonamiento abstracto y complejo, lo que modifica la perspectiva sobre la relación padres-hijo e introduce una tendencia hacia una relación más recíproca e igualitaria, aunque esto puede ser también causa de conflictos. El aumento de la capacidad del adolescente de tomar decisiones conlleva conflictos con los padres, debido a que es necesario redefinir los roles familiares.

Por otra parte, los modelos del cambio de las relaciones se centran en las fuerzas de estabilidad y de cambio en la diada, más que en el impacto de los cambios individuales. La perspectiva del vínculo de apego (Bowlby, 1969; Ainsworth, 1989) considera que la relación padres-hijo es relativamente estable en el tiempo en términos de la calidad de su funcionamiento. Los adolescentes y los padres con una historia de vínculos emocionales fuertes, de sensibilidad y de responsividad pueden experimentar dificultades temporales de comunicación, mientras que aquellos que tienen relaciones de peor calidad es más probable que experimenten perturbaciones constantes y que tengan problemas sin resolver. Los modelos de las relaciones sociales o de interdependencia (Reis, Collins y Berscheid, 2000; Kelley et al., 1983, Youniss, 1980; Laursen y Bukowski, 1997) también enfatizan la estabilidad inherente a las relaciones padres-hijo. Esta relación es de interdependencia y los intercambios producen una influencia mútua y se comparte la percepción de que las conexiones son recíprocas y duraderas. En la adolescencia el hijo busca en la relación una mayor equidad y tiene la oportunidad de modificar las conexiones con los padres sobre la base de los costes y los beneficios percibidos, aunque la calidad de la relación ya se haya establecido anteriormente, durante la infancia.

Continuidad y cambio en la cercanía entre los padres y el hijo adolescente. La cercanía se refiere al grado en que los individuos se afectan entre sí. Indicadores comunes de la cercanía son: afecto, cohesión, compañerismo, interdependencia, intimidad y confianza. A pesar de la alteración de los patrones de interacción, de emoción y de cognición, se ha observado una continuidad considerable entre las características positivas de las relaciones en la adolescencia y en etapas anteriores de la vida de la familia. Las investigaciones en Norteamérica y en Europa indican que hay una alta incidencia de interacciones positivas y una incidencia muy baja de problemas de relación. Los cambios en la relación en la adolescencia se deben a la maduración del adolescente y a sus nuevas necesidades, lo que reduce la cercanía y la interdependencia, el tiempo que se comparte, el compañerismo y la intimidad. También disminuye el sentimiento de aceptación en la familia y de satisfacción con la vida familiar. La expresión de emociones positivas es menos frecuente y más frecuente la de emociones negativas. Por otra parte, la perspectiva de los padres sobre la relación con los hijos adolescentes suele ser más positiva que la de estos últimos. Además, hay importantes diferencias entre la relación del hijo adolescente con la madre y la relación con el padre, siendo la primera más cercana generalmente y más abierta a la expresión de emociones. Hijos e hijas suelen tener la misma calidez en la relación con la madre, pero los hijos en la adolescencia suelen ser mucho más cercanos a los padres que las hijas. Los padres suelen tener mejor información sobre la vida de las hijas que sobre la de los hijos.

Continuidad y cambio en el conflicto padre-adolescente. Los desacuerdos en la adolescencia son más frecuentes con las madres, seguidos de desacuerdos con los hermanos, los amigos, las parejas y finalmente los padres. El conflicto se define en este capítulo como desacuerdo y comportamiento de oposición abierto, para distinguirlo de otras situaciones negativas. La mayoría de los desacuerdos entre los padres y los hijos se resuelven mediante la obediencia o el distanciamiento, el compromiso es relativamente poco frecuente (Laursen, 1993). La mayoría de los conflictos no tienen un impacto negativo en la relación, aunque no así el conflicto crónico. La evidencia indica que la frecuencia del conflicto con los padres disminuye entre la adolescencia temprana y media y vuelve a disminuir hasta la aodolescencia tardía, sin embargo, el enfado aumenta desde la adolescencia temprana a la adolescencia media y se mantiene. El contenido o los resultados del conflicto parece no cambiar con la edad, aunque si parece que con la edad disminuye la resolución por obediencia y aumenta por distanciamiento. Por otra parte, se sabe que los adolescentes tienen una visión más honesta de sus relaciones con los padres que estos, que suele ajustarse más que la de los padres a lo que se observa desde fuera de la relación. Las madres son las que informan de consecuencias más negativas derivadas de los conflictos con los hijos, son las que perciben los conflictos menos frecuentes y las que los consideran más graves. Este hecho se puede explicar de dos formas: el conflicto representa un fracaso personal para las madres y el conflicto es la forma en que los adolescentes negocian su papel en la familia, lo que reduce la autoridad de las madres. Se demuestra además que la frecuencia del conflicto y el nivel de afecto negativo es más elevado entre madres e hijas que entre madres e hijos o entre padres e hijos/as. En la resolución de los conflictos el compromiso es más común con las madres que con los padres y el distanciamiento es más común en los hijos que en las hijas. Durante la pubertad los conflictos aumentan de frecuencia y los padres suelen resolverlos manteniendo su autoridad, ya que el crecimiento físico no se considera todavía suficiente para el aumento de la autonomía del hijo. Smetana (1996) establece tres tipos de familias con relación a los conflictos (considera conflictos dentro de la normalidad): familias plácidas, que tienen pocos conflictos de intensidad moderada; familias ruidosas, que tienen conflictos frecuentes de poca intensidad; familias tumultuosas, que tienen conflictos frecuentes e intensos.

Los autores indican tres principios de la comunicación familiar:

1- Las características de la comunicación están profundamente conectadas con la calidad de la relación entre los padres y el adolescente.
2- A pesar de los cambios significativos en la comunicación durante la adolescencia, la mayoría de las familias experimentan una continuidad en sus vínculos emocionales.
3- El conflicto padres-adolescente no solo es normal, sino que promueve una comunicación que es imprescindible para el necesario reajuste de las relaciones y los roles.


La comunicación relacional de los miembros de la familia.

CAPITULO 17. LA FAMILIA EXTENDIDA Y LAS REDES SOCIALES.

Johnson (2000) define la familia extendida como: “relaciones sociales entre personas relacionadas por vínculos snaguíneos, por matrimonio, o por asociación decidida voluntariamente que se extiende más allá de la pareja (matrimonio), de la familia nuclear formada por los padres y los hijos dependientes, o de hogares monoparentales”. En la sociedad actual se da el caso frecuente de que personas que pertenecen según esta definición a la familia extendida pueden de hecho realizar funciones de familia nuclear, como por ejemplo, cuando los abuelos cuidan de los nietos. También hay que indicar que la pareja puede no ser un matrimonio.

La familia extendida forma una red social para varias familias nucleares, su influencia puede ser de varios tipos: apoyo, interferencia, comparación social o sustitución (cuando cumple funciones inicialmente realizadas por la familia nuclear). Los factores que pueden influir en el funcionamiento de una red social de esta clase son: su densidad (una alta interdependencia predice creencias tradicionales que influyen en los comportamientos de la familia nuclear), su interrelación (el grado de interconexión de unas redes con otras, mediante relaciones de amistad, cercanía, etc...), su dimensión y/o su implicación en otras redes más amplias, y reacciones sociales a las relaciones de la familia nuclear (especialmente en el inicio de la familia).

Las influencias de la red social a la que pertenece la familia sobre la paternidad y el crecimiento de los hijos suelen ser positivas, porque aumentan las interacciones de los niños y les proporcionan varios modelos de comportamiento, porque prestan apoyo a la familia (especialmente los abuelos, tíos o primos) y porque ayudan a definir los roles de los padres; pero pueden ser negativas, especialmente cuando suponen una demanda excesiva de tiempo o por ofrecer malos modelos de comportamiento.

Los cambios en la familia nuclear también afectan a la familia extendida, especialmente en las transiciones de los hijos (matrimonio y paternidad) o en las separaciones o divorcios. También se dan cambios por la muerte de alguno de los miembros de la familia.

PARTE 5: Procesos de comunicación familiar

Procesos de comunicación familiar

CAPITULO 18. LA PRIVACIDAD EN LAS FAMILIAS.

Las decisiones sobre qué hechos de la vida de la familia o de alguno de sus miembros se revelan y cuales se mantienen en privado no son sencillas. Por ejemplo, incluso en los casos de violencia en la familia, los miembros de la familia pueden tener dos necesidades contrarias: proteger los vínculos de solidaridad de la familia limitando la exposición pública de los hechos y aliviar los efectos dañinos de la violencia revelándolos a personas de fuera de la familia (Fitzpatrick, 2002). La teoría que se aplica en este capítulo se denomina: communication privacy management (CPM), elaborada por Petronio (1991, 2000ª, 2002). Esta teoría propone que las personas quieren controlar la información privada porque sienten que les pertenece y porque revelarla puede hacerles más vulnerables. Según esta teoría, las familias crean y mantienen “fronteras” de privacidad garantizando o negando el acceso a la información privada. Estas barreras pueden darse entre los mimebros de la familia o entre la familia y otras personas. Las decisiones que toman las familias para coordinar la información que consideran privada y la que consideran pública se refieren a los vínculos (que permiten a algunas personas sobrepasar la barrera de la privacidad), a la permeabilidad (el grado en que se permite conocer información privada) y la propiedad (la responsabilidad compartida sobre la información privada).

La cultura en la que vive la familia determina en cierto grado qué informaciones se consideran privadas y cuales públicas. En EEUU las familias tienden a mantener más información en privado en las últimas décadas, salvo algunas cuestiones relacionadas con los hijos (como al adopción). El género del miembro de la familia también influye en als normas de protección de la información, por ejemplo, es común que un embarazo antes del matrimonio o un aborto se comuniquen a las mujeres de la familia pero no a los hombres. Las motivaciones que tienen las familias para guardar secretos pueden ser: porque promueve la cohesión de sus miembros, para evitar una evaluación negativa, para evitar situaciones difíciles a algunos de sus miembros, para mantener la privacidad, para “defender” a la familia o porque consideran que algunos de sus miembros no están capacitados para comprender determinadas situaciones. (Vangelisti, 1994; Vangelisti y Caughlinm 1997). El efecto que tiene sobre el funcionamiento de una familia mantener información privada depende de la cuestión de la que se trate y de cómo y a quién se comunica. Hay experiencias de tipo traumático que se considera beneficioso para la familia revelarlas. Por otra parte, cuando uno de los mimembros de la familia revela una información privada a la familia, puede tener efectos tanto positivos como negativos. Por ejemplo, en el estudio de Serovich, Kimberly y Greene (1998) sobre las reacciones de los familiares cuando mujeres con SIDA les revelaban que padecían la enfermedad, se encontraron 31 reacciones diferentes. Por ejemplo, una madre indicaba tener cinco tipos de reacciones en ese momento: shock, hacer preguntas sobre cómo su hija se contagió del virus VIH, consolar a su hija, preguntar por qué su hija no se lo había dicho antes y esperanza en que se encontraría una cura.


Procesos de comunicación familiar

CAPITULO 19. Comunicación, conflicto y la calidad de las relaciones familiares.

En este capítulo se revisan los procesos de comunicación en los conflictos matrimoniales y familiares, centrándose en la influencia que la comunicación tiene sobre la calidad de las relaciones familiares. La calidad de la relación se define necesariamente por la naturaleza de la comunicación, ya que este es el medio por el que se logran las relaciones o incluso es la relación en sí misma. La investigación se centra en cómo las familias se comunican en un conflicto, no sobre qué comunican ni sobre cómo resuelven el conflicto.

Conflicto familiar normal. ¿Cómo se define la extensión del rango de conflicto que puede considerarse normal? Los teóricos clásicos del conflicto proponían que el conflicto social es inevitable (Deutsch, 1973; Simmel, 1955). La investigación muestra que el conflicto es más frecuente e intenso en las familias que en otros contextos sociales. Sin embargo la frecuencia de los conflictos en el matrimonio es más baja de lo que suele creerse, alrededor de dos o tres situaciones de desacuerdo al mes. Los conflictos entre padres y adolescentes se dan con mayor frecuencia y el conflicto entre hermanos con mucha mayor frecuencia (aunque en estas investigaciones el contenido del conflicto se considera secundario). Hay una indicación clara de que la cantidad de conflictos refleja la calidad de las relaciones familiares. En las relaciones matrimoniales puede haber una frecuencia similar de conflictos en una pareja con una buena relación que en una con mala relación, la diferencia está en cómo se maneja el conflicto, ya que las parejas insatisfechas tienden a prestar mucha antención a los conflictos. Otra conclusión de las investigaciones es que las parejas con mal ajuste dirigen quejas por características personales generales del otro con mayor frecuencia que las parejas bien ajustadas.

Aunque es difícil precisar qué conflictos pueden considerarse normales, las investigaciones indican que en las familias los conflictos siguen una evolución paralela a los cambios en la vida familiar, por ejemplo, es más frecuente en el inicio del matrimonio y de la paternidad, aumenta al principio de la adolescencia de los hijos, disminuye entre hermanos cuando no tienen que vivir juntos. En las familias hostiles el conflicto tiende a aumentar con el tiempo mientras que en las familias cálidas tiende a disminuir.

Los autores sugieren tres hipótesis sobre la comunicación y la calidad de la relación familiar:

- La forma en que los miembros de la familia discuten o se hacen cargo de los conflictos refleja en parte las presiones asociadas con etapas particulares de la familia.
- La comunicación para la solución de problemas tiene un impacto mayor en la calidad de las relaciones en periodos turbulentos que en periodos estables.
- Las expectativas de conflicto pueden calibrarse en relación con experiencias que son típicas de cada etapa, considerando normal niveles más altos de conflicto por ejemplo cuando los hijos son adolescentes.
PATRONES MANIFIESTOS DE COMUNICACIÓN. (Se distingue con este término el comportamiento de comunicación frente a la interpretación subjetiva de las señales y patrones observables de comunicación).
Una forma de estudiar cómo los miembros de una familia manejan el conflicto es considerar las variaciones de la comunicación a lo largo de un continuo: comunicación directa o actva frente a comunicación indirecta o inactiva, cooperación frente a competencia (o afecto positivo frente a negativo). De estas variaciones Van de Vliert y Euwema (1994) distinguen cuatro tipos de aproximación general al manejo de los conflictos: negociación (cooperativo/activo), no confrontación (cooperativo/no activo), pelea directa (competitivo/activo), pelea indirecta (competitivo/no activo).

Comunicación directa e indirecta. Unos estudios sugieren que la comunicación indirecta (evitar tratar los conflictos) muestra más intención de acuerdo y de amabilidad (politeness), mientras que otros consideran que la comunicación directa es más funcional. Hay que considerar factores importantes como el contexto, las normas cuturales y la edad. Gottman (1994), a partir de un estudio longitudinal, considera que la evitación del conflicto puede llevar a la satisfacción matrimonial de forma provisional, ya que termina en una insatisfacción y en una comunicación disfuncional. La evitación del conflicto tiene consecuencias diferentes cuando ocurre en el contexto de una relación generalmente positiva y afectuosa, en contraste con una relación en la que la evitación del conflicto enmascara una hostilidad latente. Las creencias y los valores de la pareja también son factores importantes, que configuran lo que Fitzptrick (1988) denomina “esquema de la relación”, al cual se ajustan las parejas en su comportamiento ante el conflicto: las parejas “tradicionales” equilibran la sinceridad con las restricciones sociales, las parejas “independientes” dan más importancia la negociación verbal, las parejas “separadas” utlizan mensajes indirectos y evitan resolver los problemas del otro. La satisfacción en la pareja puede predecirse tanto por la comunicación que afronta los conflictos como por la que los evita, dependiendo de cómo encaje el patrón de comunicación en el patrón preferido de relación de la pareja.

Cooperación y competición. Las invstigaciones confirman ampliamente la presencia de comunicación negativa y competitiva en las relaciones infelices y mal ajustadas y mayor frecuencia de mensajes cooperativos y de apoyo en las relaciones bien ajustadas. En las parejas infelices la negatividad en los mensajes se suele convertir en un “estado de absorción” (absorbing state), en el que las conversaciones de hacen progresivamente más hostiles. Resulta importante el ratio de comportamientos positivos/negativos, que en las parejas estables es de 5:1 y en las inestables de 1:1. Por otra parte, la comunicación negativa en las primeras fases de la pareja es un elemento de predicción contradictorio, lo que no asegura que la satisfacción o insatisfacción en fases iniciales de la pareja se prolongue en fases posteriores.

Demanda – retirada. La secuencia de demanda y retirada, se refiere a las situaciones en las que una persona se acerca a la pareja para tratar una cuestión y la pareja intenta evitar la discusión. Normalmente quien busca la conversación pretende que el otro cambie en un aspecto de su comportamiento, mientras que este quiere mantener la misma situación. Las mujeres demandan cambios con más frecuencia.

Efectos del conflicto sobre los hijos. Las invetigaciones sobre este campo (muy numerosas) indican que a los niños les afectan los conflictos de los padres tanto inmediatamente (respuesta emocional) como a lo largo del tiempo (ajuste psicológico y desarrollo). El conflicto matrimonial intenso y negativo puede amenazar el sentido de seguridad (security and safety) del niño en la familia y fuera de ella. Los niños que observan a sus padres en conflictos competitivos pueden tener problemas en el desarrollo, ya que aprenden a manear los conflictos de forma indirecta (a evitarlos) y la forma de afrontar los conflictos de los padres tiende a reproducirse en las relaciones entre los hermanos. El conflicto competitivo de los padres es un predictor tan fuerte del mal ajuste de los hijos que supera los efectos del divorcio (Amato y Keith, 1991). Por otra parte, los niños difieren entre sí en la forma en que reaccionan al conflicto de los padres y muestran diferentes grados de capacidad de resistencia (resilience).

INFIDELIDAD EN LA COMUNICACIÓN. Una de las características más complejas de los conflictos íntimos es la tendencia de las personas de desarrollar interpretaciones profundamente diferentes de las mismas interacciones. Parece existir una relación recíproca entre la percepción incongruente de los conflictos y el aumento de éstos. A medida que los conflictos se hacen más graves, las percepciones y las interpretaciones se hacen más selectiva, más idiosincráticas y mas extremas.

Información frente a prejuicio. Los factores congnitivos, especialmente el procesamiento de los mensajes a partir de teorías puede dar lugar a interpretaciones de la comunicación dramáticamente contrarias a los significados tradicionales de informaciones explícitas, por lo que no hay una relación clara entre la cantidad de información que se transmite en una conversación y la comprensión mútua. Esta forma de procesar la información en las familias se debe a que la familiaridad aumenta la frecuencia con que se considera una certeza lo que sólo es una inferencia, se consideran las posibles fuentes de información de forma selectiva (sesgada) y por otra parte, las características de las interacciones difíciles o de disputa aumentan la atención selectiva a información que sirve a los objetivos de persuasión y de defensa y limita la consideración de posiciones, inferencias y perspectivas alternativas. Los conflictos continuados pueden deberse además a la incapacidad de “metacomunicarse”, de interpretar los mensajes en el nivel de la relación (Watzlawick, 1967), por ejemplo esto ocurre cuando lo que uno hace pretendiendo ayudar es interpretado por el otro como un gesto de arrogancia o de condescendencia.

Codificación-descodificación de la comunicación emocional. Las parejas infelices a menudo construyen interpretaciones incongruentes de los mensajes emocionales. La mayoría de las parejas insatisfechas suelen interpretar incorrectamente la comunicación del otro. Las parejas satisfechas atribuyen con más frecuencia intenciones positivas a los mensajes del otro que intenciones negativas.

Pensamientos y sentimientos “en directo”. Se trata de los estudios en los que se graban las conversaciones de parejas y familias, para enseñárselas posteriormente a los participantes y pedirles que recuerden los pensamientos y sentimientos que tenían en cada momento. Estos estudios han confirmado la relación entre las capacidades de codificación y descodificación y la comunicación emocional. Una parte de los pensamiento en las conversaciones son de tipo pragmático; si el otro escucha, si está en una disposición crítica, de atención, de evasión...Generalmente las mujeres consideraban que el hombre estaba siendo menos cooperativo y que buscaba más la confrontación que ellas. A medida que el conflicto aumentaba la percepción mútua de las personas en conflicto era menos objetiva. En los conflictos familiares la percepción de negtividad de los adolescentes es mayor que la de los adultos, aunque se considera por las investigaciones que hay prejuicios en ambos casos. En conjunto, en los conflictos familiares los padres y los hijos adolescentes suelen percibir en los mensajes de los otros mayores niveles de resistencia, de negatividad y de control del que pretenden o creen tener quienes producen estos mensajes. Además, los mensajes negativos u hostiles suelen ser interpretados como tales con más exactitud que los mensajes positivos o afectuosos. Aunque otros estudios indican que las mujeres pueden controlar esta tendencia a atender a los mensajes negativos o a las provocaciones basándose en el compromiso, el cuidado de la relación y la comprensión de los sentimientos y los pensamientos del otro.
EVALUACIÓN Y CRÍTICA. La crítica común a las investigaciones de la comunicación en la familia es que muestran resultados que pueden parecer evidentes, como que la negatividad en la relación predice la insatisfacción matrimonial. Además estas investigaciones están realizadas a partir de teorías del aprendizaje social y tienden a conceptualizar los patrones de comunicación de las familias en términos de recompensa y castigo.

Comparaciones clínicas y sus limitaciones. Una crítica importante es que las familias normales deberían ser estudiadas por sí mismas y no para contraponerlas a las familias en situaciones de dificultad, que son las que son estudiadas en contextos clínicos. Establecer dicotomías entre familias ajustadas o desajustadas puede llevar a distinciones sobre la comunicación del mismo tipo: comunicación buena y mala. Diversos autores consideran que los patrones de comunicación que suelen considerarse “buenos” pueden tener efectos negativos, como por ejemplo la comunicación positiva que resulta en una acomodación de la familia. Estos autores consideran que los patrones de comunicación se deben a factores generalmente más complejos y profundos. Otra crítica a las investigaciones clínicas indica que estos estudios suelen prestar atención a los patrones de comunicación que permiten diferenciar familias ajustadas de familias desajustadas, con lo que pueden dejar de prestar atención a los elementos que comparten todos los tipos de familias en la comunicación emocional.

La comunicación como “comportamiento”. En las investigaciones sobre los conflictos familiares la línes que distingue tradicionalmente en psicología el comportamiento observable de las cogniciones no está claramente establecida. De esta forma se pasan por alto los procesos de interpretación de la información no lingüística y no codificada en los actos de comunicación en la familia. El hecho de que en estas investigaciones haya pocas conexiones replicables entre patrones observables de comunicación y calidad de las relaciones puede deberse a que los individuos, las parejas y las familias interpretan de muy distintas formas los significados de la comunicación objetivamente observada. Por otra parte, la exactitud de las observaciones de los investigadores es una conjetura más que un dato, por lo que la perspectiva que el observador va desarrollando no debería constituirse como una descripción definitiva del comportamiento o del significado real en cada situación observada.


Procesos de comunicación familiar

CAPITULO 20. Persuasión y familias.

La persuasión implica un intento intencionado de quien envía un mensaje (fuente), mediante un razonamiento, de influir sobre la actitudes, creencias, y/o comportamientos de otros (destinatarios), quienes a su vez tienen una cierta capacidad de elección sobre cómo responder (O´Keefe, 2002). Los intentos de persuasión de los padres sobre los hijos se han estudiado tradicionalmente como estilos y estrategias de disciplina. Por ejemplo, Hoffman (1980) distingue tres tipos de disciplina: afirmación del poder (power assertion), retirada del afecto (love withdrawal) e inducción mediante razonamientos. La disciplina inductiva incluye los intentos de los padres de razonar con los hijos y suele ser más eficaz cuando destaca las implicaciones de los actos del hijos para otras personas, especialmente para lograr la internalización de los valores. Oldershaw (1986), siguiendo estas tres categorías, considera las estrategias de razonar, negociar y aprobar como “orientadas positivamente”, porque implican tratar con el hijo en un nivel intelectual que excluye la amenaza de castigo, mientras que estrategias como amenazas de castigo o humillaciones reflejan el papel autoritario que el padre asume sobre el hijo. Applegate (1997) desarrolló un sistema de niveles ordinales para descubrir los matices existentes entre la disciplina inducida y la disciplina de afirmación del poder, que en una escala de seis niveles jerárquicos analiza el nivel de “aumento de la reflexión” que contienen las respuestas disciplinarias de los padres. En el nivel 1 están las estrategias que explícitamente dificultan la reflexión en el hijo (órdenes simples, amenazas, castigo físico, castigo no físico). En el nivel 2 las estrategias que dificultan la reflexión implícitamente (fijar reglas sin motivo y pedir al hijo que reflexione sobre ellas cuando no tienen elementos de reflexión). En el nivel 3 estrategias que implícitamente animan a la reflexión mediante la explicación de las consecuencias físicas del mal comportamiento o los beneficios tangibles de un comportamiento requerido (si tocas eso te hará daño, esto se hace mejor así). En el nivel 4 estrategias que animan a la reflexión en el niño, proporcionándole alternativas o haciendo compromisos. En el nivel 5 estrategias que explícitamente animan al niño a reflexionar, explicando las consecuencias psicológicas de su comportamiento para otras personas y sugiriendo comportamientos alternativos. En el nivel 6 estrategias que animan a la reflexión pidiéndole que describa las consecuencias de su comportamiento para otras personas y pidiéndole que busque comportamientos alternativos (en vez de lo que hiciste, ¿qué podías haber hecho?). Otra categoría es la de Baumrind (1973), que distingue entre padres con autoridad, padres autoritarios y padres permisivos.

Respuestas de los niños a los intentos de persuasión de los padres. Se utiliza el concepto de “compliance”, que se puede traducir como ajustarse a una petición, responder a lo que pide o cumplir una norma, pero que no es exactamente lo mismo que obedecer. Los niños pueden responder a lo que se les pide de dos formas según Kochanska y Aksan (1995): mediante un cumplimiento comprometido de lo que les pide o un cumplimiento situacional (cooperan con los padres y no se oponen pero no están comprometidos en hacer lo que se les pide). Las respuestas posibles de los niños cuando se les pide que hagan algo se han codificado en cuatro grupos: a) respuesta de no negociación, el niño se niega a cumplir lo que se pide sin dar explicaciones, b) respuesta de manejo de la identidad, el niño manipula indirectamente la imagen propia o la del padre para evitar cumplir lo que se le pide, c) respuesta de justificación, el niño ofrece razones para rechazar basadas en los resultados que prevee obtener si cumple lo que se le pide y si no lo cumple, tanto para sí mismo como para los padres, d) respuesta de negociación, el niño propone alternativas a lo que se le pide que haga y se produce un “tira y afloja” con los padres. Se comprueba que a medida que los niños crecen dan menos respuestas del tipo a) y tienen más en cuenta el origen de la petición para elegir su respuesta y la estrategia de persuasion por la que se realiza la petición.

Descubrimientos significativos.

Padres que abusan físicamente de los hijos frente a padres que no maltratan. Las madres que maltratran a sus hijos se comprueba (Oldershaw 1986, estudio de las estategias de control de las madres) que cuando intentan controlar a sus hijos: 1) les dan más ordenes iniciales que las madres que no maltratan, 2) inicialmente utilizan más un tono de voz neutro que positivo, 3) dan más órdenes iniciales sin una estrategia de control, 4) utilizan todas las estrategias de control del tipo de afirmación del poder y con poca frecuencia estrategias de control positivas. El abuso físico de los niños puede estar relacionado además con los prejuicios en las atribuciones de los padres, que consideran que el comportamiento frustrante de los hijos se debe a cualidades internas y estables del niño y consideran que es un comportamiento dirigido a molestarles.

Familias afro-americanas frente a familias europeas-americanas. Baumrind (1972) descubrió que los padres afro-americanos criaban a sus hijas promviendo la asertividad y la independencia, cuando han sido tradicionalmente considerados padres autoritarios. Otras investigaciones han concluido que la disciplina física practicada por madres afro-americanas no tiene los mismos resultados negativos en el niño que en las familias americanas-europeas. Un descubrimiento consistente entre las dos culturas es que los efectos de la disciplina física dependen de la calidad de las relaciones entre los padres y el hijo. Destaca la importancia de considerar los significados o los mensajes implícitos en las estrategias de control que buscan afirmar el poder de los padres, ya que estos varían de unas culturas a otras.

PERSUASIÓN EN LAS RELACIONES DEL MATRIMONIO.

Conceptualizar los mensajes persuasivos y las interacciones. El concepto fundamental es el de estrategias y tácticas de poder, cuyo objetivo es afectar los comportamientos, creencias y emociones del otro. Falbo y Pelpau (1980) identifican una serie de estrategias de poder en las relaciones de pareja: pedir, negociar, actuar sin acuerdo, expresar sentimientos negativos, persistir, expresar sentimientos positivos, razonar, sugerir, indicar la importancia de algo que se desea, hablar, contar/explicar lo que se desea y retirarse dejando de mostrar afecto. Fitzpatrick (1985) identifican estrategias que apelan a valores u obligaciones, que invocan identificaciones o la propia relación y que se refieren a expectativas o a consecuencias.

Tipos de parejas. Fitzpatrick identifica tres teorías implícitas del matrimonio: los matrimonios tradicionales mantienen valores tradicionales de estabilidad frente a espontaneidad, muestran interdependencia física y psíquica y tienden a no evitar el conflicto; los matrimonios independientes tienen valores no convencionales sobre el matrimonio y el género, mantienen interdependencia psicológica pero no tanto física y son asertivos en los conflictos; los matrimonios separados tienen visiones ambivalentes sobre el matrimonio (desean mantener la tradición pero también estar libres de restricciones), muestran los niveles más bajos de interdependencia y tienden a evitar el conflicto abierto.

Patrones de demanda y retirada. Se han propuesto varias explicaciones de el comportamiento de demanda y retirada en la comunicación de las parejas, una de ellas explica que las mujeres tienen mayor necesidad de conexión, mientras que los hombres tienen más necesidad de autonomía y más reactividad psicológica en situaciones de estress, por lo que retiran más frecuentemente ante los intentos de persuasión de las mujeres.


Procesos de comunicación familiar

CAPITULO 21. Emoción y comunicación en las familias.

Las funciones de la comunicación de emociones. Una de las teorías de la emoción, de tipo funcionalista, propone que las personas nacemos con varios sistemas de emociones inscritos de forma permanente y que cumplen funciones cuciales en relación con nuestra supervivencia y bienestar (Anderson y Guerrero, 1998; Oatley y Jenkins, 1996). La función primaria de la emoción es de tipo informativo: nos informa del estado de nuestras necesidades y objetivos. Las emociones también informan a otros de lo que nos importa. Es más probable que las emociones se expresen en relaciones cercanas, de comunidad, más que en relaciones de negocios, de intercambio o en las que no se siente una responsabilidad por el bienestar del otro. La familia es el contexto en el que se espera que la comunicación de las emociones sea más afectiva, debido al alto grado de interdependencia de sus miembros.

Comunicación de la emoción en la relación matrimonial. La felicidad en el matrimonio está directamente relacionada, según se ha demostrado, con la capacidad de expresar las propias emociones y de identificar las emociones del otro. Los errores en la comunicación se deben a una interpretación incorrecta de las expresiones emocionales y llevan a situaciones de malestar. Los estados de ánimo tienen una importante influencia en la comunicación emocional en el matrimonio, ya que las personas ánimo positivo tienden a atribuir los conflictos a situaciones transitorias y externas, mientras que las persnas con ánimo negativo encuentran causas permanentes y globales a los conflictos en la pareja. Los vínculos afectivos anteriores también tienen importancia en la comunicación emocional del matrimonio, ya que los individuos desarrollan esquemas o modelos mentales sobre qué pueden esperar de sus relaciones afectivas, desarrollando estilos de apego o estilos afectivos. Por otra parte, las mujeres son generalmente mejores en cuanto a su capacidad de expresar y de interpretar emociones. Suelen expresar emociones de tristeza o de miedo con más frecuencia que los hombres, que expresan más frecuentemente emociones de enfado o rechazo.

Emoción en las relaciones de hermanos. Las relaciones entre hermanos, especialmente en la infancia, suelen caracterizarse por emociones ambivalentes de amor, resentimiento y hostilidad, debido a que estas relaciones conllevan tanto cooperación como competición. Suelen considerarse prototípicas las relaciones de envidia y de celos, aunque históricamente no siempre ha sido así (las familias actuales son más pequeñas que en épocas anteriores, en las que los hermanos mayores tenían que cuidar de los pequeños). Actualmente las expectativas que los niños tienen de los padres son más altas y se presta más atención a las preferencias de los padres hacia unos hermanos u otros. Comunmente el nacimiento de un hermano supone una pérdida de atención del hijo mayor y da lugar a los celos y a comportamientos prototípicos que suelen ser inevitables. Las diferencias de atención de los padres hacia cada uno de los hijos sí pueden tener consecuencias negativas sobre el sentimiento de competencia y de valía del niño que recibe menos atención, así como sobre la seguridad de su vínculo de apego y su ajuste psicológico. Por otra parte, las relaciones entre hermanos pueden ser una fuente de apoyo y de calidez durante toda la vida.

Socialización de la emoción: aprender reglas emocionales en la familia. Aunque los niños y los padres parecen tener capacidades innatas o intuitivas de comunicación, a medida que los niños crecen los padres dedican una gran parte del tiempo a enseñarles reglas de expresión emocional, de acuerdo con las normas de su propia familia de origen y de la cultura en general (Buck, 1989). Las disposiciones de los padres hacia los sentimientos, el control y la expresión de las emociones son muy diversas, aunque se han identificado dos orientaciones generales: acompañamiento de las emociones y eliminación de las emociones. En el caso del “acompañamiento de las emociones” (emotion coaching) los padres consideran los sentimientos válidos e importantes, enseñan de forma activa a sus hijos las causas, las características y las consecuencias de las emociones y les ayudan a regularlas y a manejar de forma constructiva las emociones difíciles, como el enfado, el miedo o la tristeza. En el caso de la “eliminación de las emociones” (emotion dismissing), los padres consideran la emociones difíciles poco importantes o peligrosas, intentando cambiarlas o incluso castigándolas. Por otra parte, la socialización de las emociones es un proceso recíproco en el que los distintos temperamentos de los niños tienen un papel importante, sin embargo, la actitud de los padres de acompañar las emociones de los hijos tiene siempre un efecto beneficioso. El género tiene también importancia en las prácticas de socialización de las emociones, un estudio muestra que las madres hablan más de emociones a sus hijas que a sus hijos y a la edad de 5 años las niñas tienen más conversaciones sobre emociones que los niños. El contexto cultural necesita ser investigado en mayor profundidad, ya que determina parte de las reglas y las orientaciones en la socialización de la emoción en la familia.

Las dinámicas de la comunicación de la emoción dentro de la familia. Las emociones crean atmósferas emocionales en las familias que afectan a todos sus miembros debido a su alto nivel de interdependencia, que afecta a sus sentimientos y al funcionamiento cotidiano. Las emociones de los padres repecto al matrimonio afectan a la relación con sus hijos, quienes a su vez afectan emocionalmente a los padres e influyen en el matrimonio. Se han descrito en las familias climas emocionales denominados “EE”, “expressed emotions”, caracterizadas por altos niveles de expresión emocional negativa, incluyendo la crítica, la hostilidad y la intromisión. Otros tipos de clima emocional son: el de frialdad y desvinculación emocional o el que se genera cuando un miembro de la familia ejerce un alto grado de control sobre el resto, a los que controla mediante un clima de miedo. Se han documentado también climas emocionales muy positivos, caracterizados por altos niveles de confianza mútua, de afecto y de calidez, los cuales promueven la empatía en los niños. Las mujeres suelen ser las que crean y mantienen los climas emocionales positivos en la familia, para lo que desarrollan una función de “trabajo emocional” que consiste en escuchar y atender las necesidades emocionales de los demás miembros de la familia, mientras que la expresión emocional de los padres puede tender más a manifestar su autoridad y suele tener una mayor consideración en la “jerarquía” de las emociones en la familia. Las mujeres tienen un papel de mediadoras en la familia, siendo responsables de cuidar de la relación entre los padres y los hijos y de iniciar “estrategias de mantenimiento de la paz” o de favorecer las reconciliaciones. También hay evidencias de la importancia de la cercanía de los hijos y el padre y de la expresión de las emociones del padre.

Comunicación de la emoción y funcionamiento adaptativo de la familia. El funcionamiento adaptativo de la familia se caracteriza por el intercambio abierto de información sobre los sentimientos y las emociones, la expresión frecuente de emociones positivas y la habilidad de observar y regular la expresión de las emociones (Blechmann, 1990). Se ha encontrado que el factor más importante es la expresión de emociones positivas con mayor frecuencia que la expresión de emociones negativas, tanto en el matrimonio como entre los padres y los hijos. La regulación de la emoción es especialmente importante en el aspecto de inhibición de las reacciones destructivas, del enfado y de la disputa. La competencia emocional y la inteligencia emocional son conceptos que describen capacidades propias de las familias adaptativas: capacidad de expresar e interpretar correctamente emociones, capacidad de comprender el significado de las emociones y de responder adecuadamente a ellas, capacidad de controlar y regular las emociones propias y las del otro.



Procesos de comunicación familiar

CAPITULO 22. COMUNICACIÓN DE APOYO SOCIAL EN LAS FAMILIAS.

En este capítulo se estudia el apoyo social en tres tipos de relaciones familiares: el matrimonio, padres-hijos y entre hermanos. El apoyo social se puede definir como la satisfacción por parte de otros de las necesidades interpersonales de un individuo. En otros casos se define como la satisfacción de necesidades que surgen en situaciones vitales adversas. Se concreta en una comunicación verbal o comportamiento que responde a las necesidades de otro y que hace las funciones de consuelo, ánimo, afirmación del cariño, y/o la promoción de la resolución de problemas mediante la información o mediante una asistencia tangible.

En el matrimonio, los beneficios de este tipo de comunicación se encuentran en la relación (mayor satisfacción en el matrimonio y menor deterioro ante las situaciones de estress), en la salud mental (menos depresión, de estress, entre otros motivos porque permite interpretar de forma positiva las experiencias negativas), en la salud física (aunque no está demostrada la relación entre el apoyo social y la salud – en casos de enfermedad-, sí se da esta relación de forma indirecta, porque promueve comportamientos saludables). Los factores que influyen en la comunicación del apoyo social en el matrimonio son: el conocimiento de estrategias naturales para dar apoyo (la principal de ellas es tener una conciencia precisa de los problemas de la otra persona), el apoyo “invisible” (apoyo social que no hace evidentes los problemas que tiene quien recibe el apoyo), las barreras en la comunicación que surgen ante situaciones continuadas o graves que producen estrés, en las que la calidez disminuye y aumenta la hostilidad.

El apoyo social de los padres a los hijos tiene una gran importancia en la infancia, se comprueba que para los niños (entre 6 y 12 años) los padres son la fuente primordial de afecto, de afirmación de la valía del niño, de asistencia física y material, de intimidad y como alguien que “siempre está cuando se le necesita”. Las ventajas que tienen los niños que reciben apoyo social de sus padres son numerosas: mejor salud mental y adaptación al estrés, menor riesgo de tener problemas emocionales, menor ansiedad, mayor confianza en la propia competencia y mayor resistencia y capacidad de recuperación, mejor salud física, menos problemas de comportamiento, menores casos de delincuencia, menor probabilidad de beber o usar drogas en la adolescencia, mejores resultados en el colegio, mejor calidad de las relaciones con los iguales. Los factores que influyen en el apoyo social de los padres (en su eficacia) son: género del padre y el hijo (muchos estudios indican que las madres dan más apoyo que los padres, otros sugieren que en las relaciones madres-hijas y padres-hijos se da el apoyo más eficaz), barreras a la comunicación de apoyo (conflictividad, poca calidez, comunmente en la adolescencia).

El apoyo social entre hermanos contribuye significativamente al ajuste emocional y escolar del niño, cuando la relación es cercana. Los niños con hermanos que les dan apoyo social tienen menos probabilidades de tener depresión, tienen un mejor desarrollo social y un mejor concepto de sí mismos. La edad y el género puede afectar a la cantidad de apoyo social que se puede dar entre hermanos. Los hermanos pequeños y los hermanos del mismo sexo tienden a dar más apoyo. El mayor apoyo se da entre hermanos del mismo sexo y edades cercanas.


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CAPITULO 23. IMAGINAR LA FAMILIA A TRAVÉS DE HISTORIAS Y RITUALES.

Los autores consideran que la vida familiar es “un esfuerzo contínuo por crear, mantener, y/o recuperar la coherencia narrativa ante las contingencias inesperadas de las experiencias vividas”. Las historias y los rituales son formas de producir símbolos que son vitales para crear una cronología de la familia, dando forma a la percepción de los eventos de la vida en términos de “orígenes” y “consecuencias”, promoviendo así un sentido de cómo fluye el tiempo. Las familias producen así significados y valores duraderos, con el objetivo general de asegurar la continuidad y de crear una memoria del pasado. De esta manera se conserva la cultura de la familia y se enseñan lecciones morales, se refuerzan las identificaciones políticas, religiosas o étnicas de sus miembros, que conectan con la historia (como la ha vivido cada familia) y dan lugar a expectativas para el futuro. También pueden ser narraciones que renuevan las tradiciones familiares o las cambian.

PARTE 6: Comunicación y cuestiones contemporáneas de la familia

Comunicación y cuestiones contemporáneas de la familia

CAPITULO 24. DISCURSOS SOBRE PAÑALES Y ROPA SUCIA: LA COMUNICACIÓN FAMILIAR SOBRE EL CUIDADO DE LOS NIÑOS Y EL TRABAJO DE CASA.

Este capítulo revisa los anteriores, relacionándolos con el reparto de las tareas en la familia. Se hace un énfasis especial en cómo las familias crean nuevos roles y responsabilidades para sus miembros ante el aumento de la proporción de mujeres que trabajan. En las investigaciones se comprueba que el reparto de las tareas se convierte en un tema “caliente” de debate cuando: a) se tienen niños pequeños y b) cuando el padre y la madre trabajan fuera de casa. En las parejas que discuten sobre cómo repartirse las tareas, la responsabilidad de iniciar este tipo de conversación recae de forma desproporcionada sobre las mujeres, entre otros motivos, porque los hombres tienden a resistirse lo más posible a cambiar el reparto tradicional de las tareas. Hay tres factores que entran en juego cuando se habla del reparto de tareas: a) la frecuencia con que las parejas negocian sobre esto, b) si la negoción es directa o mediante actos (gestos) indirectos, y c) quien tiene la responsabilidad de iniciar la conversación. Las mujeres pueden ser también “guardianas” de las tareas de la casa, corrigiendo las tareas que hace el hombre, mientras que los hombres tienden a obligar a las mujeres a luchar por un reparto equitativo de las tareas.

La participación de los hijos en las tareas de la casa (cuando trabajan el padre y la madre) es importante. Se demuestra que los chicos que hacen más tareas de casa están más satisfechos y menos estresados y tienen mejores relaciones con sus padres (Crouter, McHale & Bartko, 1993). Es posible que los patrones de comunicación en la familia sean parcialmente responsables del grado de cooperación de los miembros de la familia en las tareas.

En la familia pueden entrar en relación factores socioculturales, de estilos de comunicación, y de calidad de la relación familiar, con el reparto de las tareas de la casa. Los factores socioculturales son: raza o etnia, clase social, estructura de la familia, situación de empleo, nivel educativo. Los estilos de comunicación que hay que estudiar son tanto los individuales como los que se producen en las relaciones diádicas. La división de las tareas se divide en tareas de la casa y tareas de cuidado de los niños. Finalmente, la interacción de los tres tipos de factores anteriores da lugar a la calidad de la relación familiar.


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CAPITULO 25. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA COMUNICACIÓN FAMILIAR.

Los medios de comunicación, especialmente la televisión, son un factor importante en la definición, la estructura y la organización de las familias. La televisión ofrece modelos de comportamiento para las familias, respecto a los roles, los valores y las normas. Los medios de comunicación contribuyen a dar forma a los ritmos de la vida familiar. La televisión, los periódicos y la radio forman parte de las rutinas diarias de muchos adultos y niños, así como la música, los libros y los vídeos son importantes en la vida cotidiana de los niños. La propia realidad social de la familia se construye en parte alrededor de esos medios y tecnologías. La televisión ayuda a definir las creencias y expectativas sobre la vida familiar, porque ofrece perspectivas sobre las familias, en temas como la intimidad, el afecto, el poder, e incluso los valores, y los patrones de comunicación. Ofrece esquemas de relaciones de muchos tipos. En muchos casos, también puede ofrecer imágenes idealizadas o imágenes que devalúan los valores familiares. Se considera probado que el exceso de horas ante la televisión es perjudicial para los niños, especialmente cuando tienen televisión en su habitación. Por otra parte, hay indicios de que los hábitos de uso de los medios de comunicación difieren significativamente de unas familias a otras, según factores como la raza, la clase social o la estructura de la familia. Un tema importante es la “mediación” de los padres en el uso de los medios de comunicación y tecnológicos de sus hijos, el control de los programas que ven o del tiempo que dedican. El autor considera que la “mediación” de los padres en el uso de los medios por parte de sus hijos es beneficiosa (ver con ellos la televisión, por ejemplo, comentar lo que ven, saber qué programas les gustan, etc...).

Los valores que los padres transmiten en su comunicación en la familia pueden ser de dos tipos: orientados hacia la sociedad (enfatizan la harmonía, la conformidad y la convivencia) y orientados hacia el concepto (enfatizan la expresión de ideas, el pensamiento crítico y el debate). Estos estilos de comunicación predicen en gran medida el uso de los medios de comunicación: las familias orientadas hacia la sociedad ven más televisión pero ven menos programas de información, discuten menos sobre lo que ven en la televisión, que consideran un entretenimiento y tienen menos conversaciones sobre temas políticos o sociales. (Family Communication Pattern, Chaffe y McLeod, 1971).


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CAPITULO 26. LA TECNOLOGÍA Y LA FAMILIA.

El aumento de la tecnología disponible para las familias tiene varios efectos. Primero, el aumento de las funciones que los ordenadores tienen en la familia ha dado lugar a una “brecha digital” entre familias con y sin ordenadores, lo que tiene efecto sobre las oportunidades de los niños en el futuro. Lo mismo sucede con la disponibilidad de Internet. Segundo, está aumentando el uso individual de la tecnología, debido a las nuevas tecnologías de comunicación, que tienden a ser más privadas y más específicas (Internet, canales de televisión por satélite o por cable, videojuegos). Ante esto, se recomienda que los padres hagan un seguimiento del uso de la tecnología por parte de sus hijos, situando estos aparatos en lugares más públicos de la casa (Iannotta, 2001). Además esta tecnología es más utilizada por niños y adolescentes que por los padres, lo que aumenta la dificultad de supervisión. Tercero, las tecnologías de comunicación están dando lugar a nuevos patrones de comunicación dentro de las familias, como es el caso de Internet o de los teléfonos móviles, que pueden ayudar a la familia a coordinar sus actividades o desarrollar sus relaciones. El hecho de que algunas de las nuevas tecnologías “pertenezcan” más a los niños y adolescentes que a los adultos las convierte en elementos importantes en la socialización de los niños con sus iguales. También hay diferencias en el uso de estas tecnologías por el género, siendo más frecuente en los niños, especialmente los videojuegos. Por otra parte, los autores indican que no hay todavía investigaciones sobre los efectos que la saturación de medios tecnológicos en los hogares puede causar sobre la comunicación en la familia. Hay también una falta de marcos teóricos para investigar el uso de la tecnología y los medios de comunicación en la familia. Consideran que hay mucha especulación sobre el impacto de los últimos medios tecnológicos sobre la vida familiar y poca investigación. Ya que muchos de los nuevos medios tecnológicos, como sucedió con la televisión o la radio, están siendo utilizados en familias con hijos, sería necesario conocer las funciones que esos medios tienen en el mantenimiento de las relaciones familiares, en la socialización de los niños, y en la participación de las familias en la vida social fuera del hogar.


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CAPITULO 27. LA INFLUENCIA DE LAS DROGAS Y EL ALCOHOL SOBRE LA COMUNICACIÓN FAMILIAR:

La primera consideración de la autora es que los padres de chicos que consumen drogas tienen un conflicto entre dos objetivos de crianza de sus hijos: el apoyo afectivo y el control. La paradoja se presenta cuando los padres tratan de mantener la relación anterior con el hijo y al mismo tiempo de controlar su comportamiento de abuso. El comportamiento de apoyo del padre o la madre puede reforzar el abuso en el hijo. Lo mismo ocurre cuando el abuso se da en uno de los miembros de la pareja o del matrimonio. Se da alternativamente un refuerzo y un castigo del comportamiento de abuso. Las estrategias de comunicación son inconsistentes. Por otra parte, Coombs, Paulson y Richardson (1991) comprobaron que la influencia de los padres sobre los hijos adolescentes respecto al consumo de drogas era mayor que la de los amigos y que la buena relación con los padres promovía un menor uso de las drogas. Sin embargo, los mensajes de apoyo y de control alternos predicen el abuso de las drogas en la adolescencia. Por otra parte, la socialización y el vínculo que se forma durante la infancia en la familia está relacionado con la probabilidad de consumir drogas o alcohol abusivamente en la vida adulta. El tipo de vínculo que adquieren los hijos de padres alcohólicos o drogadictos favorece que estos a su vez repitan el mismo tipo de comportamiento, como forma recrear el entorno familiar en el que crecieron. Esta teoría está siendo revisada.

Cuando uno de los miembros de la familia tiene un problema de alcoholismo o drogas, todos los demás miembros de la familia se ven afectados, así como el entorno familiar. Este tipo de comportamientos produce en el resto de la familia mayores niveles de depresión, de ansiedad y de falta de control sobre su propio comportamiento. Además se produce un efecto de modelado (aprendizaje por imitación)del abuso del alcohol o las drogas, que aumenta la probabilidad de que otros miembros de la familia tengan problemas similares. La autora considera que la familia puede tener efectos positivos en la recuperación de este problema, cuando aprenden a comunicarse de forma no paradójica.


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CAPITULO 28. VIOLENCIA Y ABUSO EN LAS FAMILIAS.

Los autores consideran que la violencia en la familia es una forma de comunicación motivada por el deseo de comunicar un mensaje a la víctima – generalmente exigiendole obedecer -. Se objetivo es obtener el control sobre uno o varios de los miembros de la familia. Los motivos de la violencia en la familia pueden ser: unas expectativas demasiado elevadas, miedo, vergüenza, deseo de venganza o deseo de ser reconocido (Gilligan, 1996). La violencia tiene un fin instrumental (controlar) y expresivo (mostrar el enfado o la frustración). Algunas sociedades legitiman el uso de la violencia en la familia por la costumbre o por la ley. Las mujeres y los niños sufren las consecuencias más graves de la violencia en la familia.

Se ha demostrado la asociación entre la violencia en la familia y el déficit de habilidades de comunicación en los miembros de la familia, así como de estrategias de resolución de problemas y de negociación positiva. Las personas violentas interpretan los actos de comunicación de otros miembros de su familia como hostiles o agresivos con mayor probabilidad que las personas no violentas. Los patrones de interacción entre personas de la misma familia que predicen la violencia son: el vínculo inseguro (los modelos de relaciones aprendidos en la infancia se desarrollan en las relaciones posteriores), el comportamiento de demanda y retirada (se produce al revés de lo que es frecuente en las parejas en las que no hay violencia: el marido hace un intento de comunicación para pedir algo o expresar una queja y la mujer se retira), reactividad emocional (las parejas violentas tienen más probabilidad de percibir las palabras y acciones del otro como amenazantes).

Los adultos y los niños que viven en familias violentas tienen pocas posibilidades de experimentar situaciones de comunicación positivas y por ello no desarrollan suficientes habilidades de comunicación. La violencia en la familia produce ansiedad, miedo, déficits en el desarrollo del lenguaje y en competencia social en los niños, perdida de confianza en uno mismo y menor capacidad para tener buenas relaciones sociales. En estas familias se aprenden procesos de interpretación de la comunicación desviados, que aumentan la percepción de las amenazas. Además se produce un aislamiento de los miembros de la familia de su entorno social, se reducen sus relaciones positivas con otras personas. La exposición de los niños al abuso o al abandono predice soledad y aislamiento posteriormente en la juventud. Los chicos suelen responder a la violencia familiar con comportamientos agresivos y antisociales y las chicas suelen manifestar depresión y otros problemas de internalización. Se considera que la relación entre la violencia en la familia y sus procesos de comunicación es bi-direccional – la relación causal se da en ambas direcciones.


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CAPITULO 29. INFLUENCIAS DE LA FAMILIA SOBRE LA SALUD:

La exposición continuada a situaciones de estrés en la familia da lugar a alteraciones permanentes de varios sistemas fisiológicos, lo que aumenta el riesgo de enfermedad. Los niños que controlan mejor su activación emocional, y que por tanto tienen menos estrés, están en menor riesgo de tener un problema de salud. Lo mismo sucede en los adultos. Los problemas familiares continuados están relacionados con la depresión de alguno de sus miembros. El conflicto y la agresión en la familia se relaciona con un mayor riesgo de problemas de internalización en los niños, incluyendo la depresión. Por otra parte, muchos de los hábitos se salud se aquieren en la familia o dependen de la colaboración de la familia para facilitarse. Los conflictos en la familia están relacionados con el aprendizaje de malos estilos de afrontamiento y con peores hábitos de salud, lo mismo que con el abuso de alcohol o el consumo de drogas. Hay factores del contexto de la familia que influyen en la probabilidad de que sus miembros tengan buena o mala salud: el estatus socioeconómico, las demandas o limitaciones impuestas por el entorno, la disponibilidad de servicios de prevención y atención a enfermedades, o la estructura de la familia, además de la étnia, la clase social y la cultura.

PARTE 7: Epílogo y comentario

Epílogo y comentario

CAPITULO 30. LA FAMILIA DEL FUTURO: ¿QUÉ NOS ESPERA?

La autora propone las siguientes posibilidades para las familias del futuro:

- Aumento de la diversidad de concepciones del individuo, variaciones en la estructura de la familia y cambios socio-culturales.

- Conexiones entre cuatro o incluso cinco generaciones en la familia, por el aumento de la longevidad y los cambios en la tasa de natalidad, lo que hará que el desarrollo de los niños se produzca en contacto con varias generaciones.

- Descubrimientos genéticos y avances médicos, lo que aumentará la atención hacia el individuo dentro del sistema familiar.

- Entornos que cambian con rapidez por el avance tecnológico, nuevos problemas y patrones de relación en las familias, debidos a mejoras en la tecnología, en áreas como las comunicaciones, la medicina y la educación.

- Nuevas formas de proteger y de enriquecer la vida familiar, mayor entendimientos de las cuestiones religiosas y étnicas en la vida de las familias, con un resurgimiento de los aspectos espirtuales, educativos y de autoridad en las familias. Mayor esfuerzo psico-educativo. Más atención a cuestiones del entorno (comunidades y vecindarios).

Los campos actualmente más importantes en el estudio de la comunicación en la familia son: la unidad familiar considerada como un grupo en el que se producen los procesos de socialización, y las relaciones en el matrimonio y entre padres e hijos.