COMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA 
Jose Antonio Marina, Rafael Bernabeu
Alianza, 2007
Nº de páginas: 160

Resumen y traducción: Rafael Bernabeu
 

COMENTARIO

En este libro se demuestra la necesidad de introducir las competencias sociales y ciudadanas en todos los niveles educativos, tanto formales como no formales. Es una competencia que unifica saberes psicológicos y propuestas éticas. A lo largo del libro se estudian los factores de esta competencia, distinguiendo sus círculos de aplicación (familia, escuela, redes sociales), las edades en que se va desarrollando y los recursos pedagógicos, así como los obstáculos para su educación. La tesis del libro es que para educar las competencias sociales tenemos primero que definir una teoría de los valores y un modelo de sociedad. Esta competencia debe configurar la asignatura de Educación para la ciudadanía, que debe ser una asignatura radial, que a partir de un currículo irradie sugerencias a otras asignaturas, a las tutorías, a los departamentos de orientación y a las familias.


INDICE

CAPITULO 1. ¿Hacía falta introducir un concepto nuevo en educación?

El concepto de competencia se introduce en los sistemas educativos para dar respuesta a una necesidad de las sociedades: que los alumnos al terminar el ciclo escolar tengan un conjunto de capacidades mínimas para afrontar con posibilidades de éxito sus proyectos personales, es decir, que adquieran los recursos que son necesarios para resolver los problemas de la vida real con el mayor nivel de autonomía posible. Se determina así un conjunto de competencias básicas que permiten responder a las “demandas complejas” de la realidad, y este marco teórico da origen al llamado “currículum por competencias”. El concepto proviene del campo de la motivación (McClelland) y del estudio del lenguaje infantil (Chomsky), aunque se ha popularizado en el mundo empresarial antes que en la educación, donde hacía referencia a las destrezas que debe tener un empleado para cumplir eficazmente la tarea propia de un puesto de trabajo. Esta nueva perspectiva educativa ha sido impulsada por la Unión Europea, a partir del Consejo de Lisboa de 2000, y por organismos internacionales como la OCDE y la UNESCO. Enlaza además con otros conceptos como el de “life skills” (habilidades para la vida) o el de “life long learning” (aprendizaje a lo largo de la vida). Y tiene sentido dentro de una sociedad que vive cambios culturales y tecnológicos acelerados, lo que origina situaciones cambiantes a las que los individuos tienen que adaptarse con flexibilidad e iniciativa. Sin embargo, no es sólo un concepto pragmático, ya que las competencias son recursos psicológicos que se aplican en contextos sociales, por lo que tienen una dimensión ética. En las discusiones entre expertos para la definición y selección de las competencias básicas se ha tratado del problema de qué es una vida exitosa, en qué consiste una buena vida y, lo más importante, qué tipo de sociedad queremos construir. El conjunto de competencias básicas - que todos los alumnos deben adquirir-, debe permitir: a) responder a las demandas de la realidad, y b) tomar decisiones con autonomía y responsabilidad.

CAPITULO 2. La educación de la convivencia.

Gran parte de los problemas de la sociedad nos hacen ver la necesidad de una educación para la convivencia. Aunque no se puede responsabilizar a la escuela de todos los problemas en el desarrollo de los alumnos, ni de los problemas de las familias, tampoco la escuela puede renunciar a la educación social de los alumnos. Por otra parte, en la psicología se produce en los últimos años un cambio de paradigma, surgiendo un nuevo interés por aquellos aspectos de la conducta que tienen que ver con las emociones, las relaciones interpersonales, la autorregulación, las redes sociales, etc… Las investigaciones se centran en problemas concretos como la violencia escolar, la comunicación familiar o las situaciones de riesgo y su prevención, entre otros. Además, la psicología cambia su foco: del individuo para a estudiar el contexto, el entorno de relaciones en el que vivimos, y la forma en que éste sistema social determina o influye en nuestro comportamiento (y al revés, cómo nuestro comportamiento influye en sistema). El concepto de competencia se introduce en el campo educativo y debemos aprovecharlo para esta educación de la convivencia que actualmente es tan necesaria. La competencia social y ciudadana estaría compuesta de habilidades psicológicas y sociales, valores, hábitos, razonamientos y conocimientos (según los objetivos que marca la LOE). Esta competencia requiere unas habilidades psicológicas, pero debe completarse con hábitos éticos, ya que la convivencia no puede considerarse simplemente una cuestión de destreza, sino que interviene también la voluntad y las decisiones del sujeto, es decir, tiene una dimensión moral. Los autores distinguen ocho factores de la competencia social y ciudadana, que conforman las habilidades, conocimientos, hábitos y virtudes que son necesarios para convivir:

1. Conciencia de la vinculación social.
2. Autonomía personal. Responsabilidad. Autocontrol. Asertividad. Competencia moral.
3. Comunicación, comprensión y empatía.
4. Cooperación y colaboración.
5. Resolución de conflictos.
6. Sentimientos prosociales: solidaridad, altruismo, compasión, conductas de ayuda.
7. Respeto hacia todo lo valioso.
8. Conductas de participación democrática.

Se dedica un capítulo a cada uno de los factores. Sobre cada factor se describe en qué consiste, por qué es importante, cuales son sus edades de aprendizaje y sus círculos de aplicación, los obstáculos o fuerzas contrarias y los procedimientos pedagógicas más indicados.

CAPITULO 3. Primer factor: La conciencia de la vinculación social.

Vivimos en una sociedad con grandes sistemas de solidaridad (seguridad social, sanidad, educación), y las interdependencias son cada vez mayores. Pero al mismo tiempo se promueve una “libertad desvinculada”, lo que nos hace perder fácilmente la conciencia de nuestra vinculación con la comunidad. Los alumnos deben aprender a ser protagonistas de su realidad social, descubrir que pueden tener un papel activo y ejercer una responsabilidad en los distintos entornos en los que conviven, desde los más cercanos a los más distantes o globales. La vinculación no significa perder los derechos individuales, sino más bien darles sentido, situarlos en un proyecto compartido, en el que también aparecen los deberes. Por otra parte, los sentimientos juegan un papel importante en la comprensión del mundo social, porque nos permiten valorar qué significa ser ciudadanos de una democracia. La sociabilidad de educa primero en la familia y se expande en la escuela: el ajuste de los padres con el niño en las primeras etapas del desarrollo es fundamental. La escuela es el entorno de normas formales en el que progresivamente se va integrando el niño, donde convive con los demás en un plano de igualdad. Durante la educación primaria el niño participa en juegos de mayor complejidad (juegos de reglas) y adquiere hábitos de trabajo y responsabilidad. En la educación secundaria trata de definir su lugar en relación con los iguales, así como sus proyectos personales.

CAPITULO 4. Segundo factor: Autonomía personal.

Podemos resolver la tensión entre el individuo y la sociedad cuando educamos la autonomía responsable, que puede ser una definición ética de la libertad, ya que “supone poseer los recursos personales necesarios para desarrollar los propios planes de vida, pero no arbitrariamente, sino respondiendo de ellos, y responsabilizándose de sus consecuencias”. Las habilidades que forman parte de la autonomía personal son de tres tipos: capacidad de autorregularse, responsabilidad sobre el propio comportamiento y capacidad de defender los propios intereses o deseos (asertividad). En los primeros años el niño logra regular sus emociones – en lo que la madre tiene un papel fundamental, al contenerle emocionalmente-, pasando de un control externo de sí mismo a un control interno. El lenguaje es el instrumento indispensable para la autorregulación a partir de los dos o tres años de edad. Le entrada en la escuela debe suponer un nuevo impulso a la autonomía del niño, ya que se encuentra en un entorno formal, en donde adquiere además nuevas habilidades motrices y aprende a controlar su atención en tareas de tipo cognitivo. Es importante ayudar a los niños en esta fase a perseverar en sus actividades, en lugar de darles las cosas echas o de facilitárselas en exceso. En la educación primaria el niño descubre cuales son sus capacidades y cómo es su personalidad, adquiere una idea de sí mismo (autoconcepto) que es importante para la autonomía. Tiene además que definirse en algunos casos en contra de lo que quieren o piensan los demás, es lo que conocemos como asertividad. La adolescencia requiere una nueva aproximación a la autonomía, en la que la responsabilidad es fundamental: las dificultades de comunicación que suelen experimentar los adolescentes pueden resolverse cuando han adquirido una buena regulación de su comportamiento en años anteriores. En la familia es importante desde la primera infancia reconocer las capacidades del niño y promover su autonomía, permitirle hacer las cosas a su manera, dentro unos límites. En la escuela la autonomía se adquiere en el plano de la convivencia y en el de las tareas cognitivas, los amigos tienen un papel muy importante en el desarrollo de la autonomía personal, lo mismo que los hermanos. Por otra parte, la autonomía se adquiere cuando en la familia y en la escuela se asignan responsabilidades al niño o al adolescente. La educación indulgente que en cierto modo se ha extendido en los últimos años tiene malas consecuencias. Los niños tienen que asumir desde pequeños tareas y deberes, y son necesarias la disciplina y las normas de comportamiento, ya que de otro modo es imposible que desarrollen una autonomía responsable. Junto a esta precisión, hay que tratar el aprendizaje de la asertividad, ya que la autonomía consiste también en no diluirse en el grupo, en mantener las propias ideas e intereses.

CAPITULO 5. Tercer factor: La comunicación, la comprensión y la empatía.

En los niños encontramos una disposición natural a la comunicación, que sin embargo debe ir educándose progresivamente para adquirir una relevancia ética: de la comunicación en un entorno familiar el niño pasa a la comunicación en la escuela y con su grupo de iguales. Aprende la intencionalidad comunicativa, su valor en las relaciones sociales. Es importante ya en la primera infancia desarrollar las capacidades expresivas, hay muchos niños a los que les resulta difícil hacerse entender. Las conversaciones familiares son una fuente de experiencia expresiva y de comprensión de los demás, por lo que es importante que los padres le dediquen tiempo. De forma similar en la escuela hay que favorecer la expresión hablada, enriquecer las capacidades lingüísticas del alumno. En la adolescencia la comunicación suele desequilibrarse, surgen nuevas formas de expresión y silencios que dificultan las relaciones familiares. A lo largo de las edades el niño evoluciona hacia una mayor capacidad de comprensión de los demás, en el nivel cognitivo supera el pensamiento egocéntrico y en el nivel afectivo desarrolla las respuestas empáticas. Pero la maduración natural del niño no es suficiente para que ejercite adecuadamente sus capacidades de comprensión, es necesario el modelado por parte de las figuras de referencia, como son sus padres y profesores. Estos deben además animarle y proporcionarle ocasiones para escuchar a los demás, comprender diferentes puntos de vista, interesarse por las circunstancias de otras personas, etc... De la misma forma es necesaria una pedagogía contra los prejuicios, enseñar a los alumnos a reconocerlos y a desmontarlos, para asegurar que puedan tener una visión ajustada de la realidad en la que viven. La empatía es una respuesta afectiva sensible a la situación de los demás, que se desarrolla y profundiza a medida que el niño madura, pero que igualmente requiere de una pedagogía muy cuidadosa, ya que lo que nos interesa es que la respuesta empática lleve a un comportamiento prosocial. En la primera infancia la empatía surge ante situaciones que el niño observa directamente, y a medida que crece se convierte en una respuesta menos inmediata, más elaborada y ajustada a la situación, formando parte de una visión coherente del mundo y de las circunstancias vitales de uno mismo y de los demás.

CAPITULO 6. Cuarto factor: cooperación y colaboración.

En la escuela y en el mundo de la empresa se insiste desde hace unos años en la importancia de la inteligencia de los grupos: es necesario aprender a trabajar en grupo, el éxito de un proyecto empresarial muchas veces depende de la dinámica de los grupos humanos. La pedagogía introduce en el aula el aprendizaje cooperativo y las comunidades de aprendizaje, entre otras estrategias, para favorecer la cooperación entre los alumnos. Hay expertos que incluso proponen evaluar en la escuela a los grupos y no a los alumnos individuales. En todo caso la sociedad actual requiere una capacidad de trabajo en equipo indudable, a pesar de ser una sociedad competitiva e individualista, se reconoce la importancia de la colaboración en muchas áreas de la vida personal y profesional. El niño puede aprender desde muy pequeño habilidades de cooperación en la familia y en la escuela, para lo que es importante que se le asignen tareas y responsabilidades. El juego es una de las experiencias que tienen mayor relevancia en el aprendizaje de la cooperación, y sus características cambian a lo largo del curso del desarrollo, lo mismo sucede con la amistad, en donde se ejercitan importantes destrezas sociales. La reciprocidad es un aprendizaje fundamental, una de las bases de la amistad. La importancia de este factor de la competencia social y ciudadana estriba en que puede ayudar a establecer una ética de la ayuda mutua en la sociedad.

CAPITULO 7. Quinto factor: Resolución de conflictos.

Los conflictos son inevitables en las relaciones humanas, y desde la perspectiva de la educación lo que nos interesa es enseñar a los alumnos a resolverlos inteligentemente y dentro de unas coordenadas éticas. Nuestra sociedad tiene muchos rasgos violentos, que afectan a nuestra formación como personas, desde los conflictos bélicos hasta la agresividad consumista, los niños y los adolescentes observan modelos de comportamiento negativos. La escuela padece la llamada “violencia escolar”, que indica un grave fallo de los sistemas morales de la sociedad y que produce mucho sufrimiento a los alumnos y a las familias. Este deterioro de la convivencia requiere la participación de toda la comunidad escolar para recuperar el prestigio de la institución y la autoridad de los profesores. Las soluciones que hasta ahora han dado mejor resultado son las que implican a los alumnos en procedimientos de mediación para resolver los conflictos cotidianos, aunque parece necesario mejorar el clima de convivencia escolar en todos sus aspectos. Al tratar este factor nos encontramos con que las soluciones a los conflictos no pueden ser sólo utilitarias, sino que requieren una aproximación ética, es decir, una reflexión sobre nuestro modo actual de vida, sobre los valores.

CAPITULO 8. Sexto factor: Sentimientos prosociales: altruismo, solidaridad, compasión y conductas de ayuda.

La sociedad occidental es contradictoria, porque al mismo tiempo que mantiene mecanismos de solidaridad promueve el individualismo. El sentimiento prosocial puede fomentarse (aunque no inducirse ni ser obligado) y tiene importancia como fundamento de los comportamientos éticos y políticos que consideramos más valiosos. El altruismo es el sentimiento que atiende a las necesidades de los demás antes que a las de uno mismo, la solidaridad nos permite captar las situaciones de dificultad de otras personas y nos mueve a actuar para ayudarlas, la compasión consiste en sentirnos afectados por el sufrimiento de otros. La solidaridad crea una conciencia de “humanidad compartida”, así como redes sociales de gran importancia, redes de confianza mutua. Finalmente las conductas de ayuda serían la consecuencia de los sentimientos anteriores. La evolución de los sentimientos prosociales en los niños y adolescentes ha sido estudiada en profundidad y se considera que va ligada a la maduración cognitiva: al aumentar la capacidad del niño de tomar perspectiva ante lo que observa en los demás aumenta su capacidad de ayudar. Otra maduración importante es en el terreno moral: de los motivos egoístas en las relaciones sociales a los motivos altruistas, basados en criterios de justicia y en una visión ética del mundo. En cuanto a la pedagogía, es muy necesaria una educación moral orientada a la práctica, situada en contextos reales de experiencia, sin quitar importancia al conocimiento ni a la reflexión.

CAPITULO 9. Séptimo factor: El respeto a todo lo valioso.

Existe en nuestra sociedad un sistema invisible que ha desprestigiado el respeto, la autoridad y las normas, dejando al individuo en una situación de aparente libertad: por este motivo es imprescindible para la competencia social y ciudadana educar en el respeto a todo lo valioso, ya que el respeto nos impone límites, nos vincula a proyectos, da significado a la libertad. Lickona propone dos virtudes fundamentales para una educación del carácter: el respeto y la responsabilidad, ya que considera que forman parte de una “moralidad pública universal” que todos compartimos a pesar de las diferentes visiones morales. En la educación infantil se educa el respeto a partir del entorno más cercano y ya desde la primera infancia: cuidar de las cosas, de plantas y animales, mantener un orden, apreciar lo que es de todos y querer conservarlo. La educación del respeto debe ser paciente y constante, premiando las conductas adecuadas y sancionando proporcionadamente las que no lo son. En la educación primaria se debe tratar el tema de la dignidad de los seres humanos y el de la justicia, todos queremos ser tratados justamente, para lo que necesitamos en primer lugar comprender en qué consiste la dignidad y cómo se protege. En secundaria es el momento para desarrollar el sentido crítico, aprender a respetar sólo lo respetable, hay que promover el respeto a los bienes públicos y la figura del ciudadano, sujeto de derechos y deberes. Los modelos de comportamiento cívico - los “héroes ciudadanos”- son muy eficaces, por lo que deberían introducirse en la educación. Por otra parte, la familia y la escuela no pueden educar sin la colaboración de toda la sociedad: el respeto a lo valioso debe aprenderse en todos los aspectos de la vida cotidiana (es la educación informal).

CAPITULO 10. Octavo factor: Conductas de participación democrática.

A partir de los años 90 la preocupación por las conductas incívicas de los adolescentes, como la violencia, el uso de drogas o los embarazos adolescentes, además de la falta de compromiso con la comunidad social llevaron a los expertos en educación a considerar urgente educar para la vida cívica. Se consideró importante enseñar conductas cívicas, formar a los alumnos en el funcionamiento de la democracia, para asegurarse de que puedan participar como ciudadanos competentes y responsables en su sociedad. En Inglaterra y en Estados Unidos, por ejemplo, se desarrollaron programas curriculares de educación para la ciudadanía o de civismo y gobierno. Se caracterizan por ser programas que tienen un contenido teórico pero que enfatizan la dimensión participativa, enseñando a debatir, a informarse, a influir en decisiones, a elegir representantes, a organizar campañas de movilización, etc... Es además común que estos programas se complementen con otros de “service learning”, de aprendizaje servicio, en los que los alumnos aprenden a prestar un servicio en sus comunidades, en distintos ámbitos, como la sanidad, los servicios sociales o la administración. En el desarrollo evolutivo del niño la educación de estas conductas comienza por el respeto en las relaciones familiares. Posteriormente se amplía con la responsabilidad en la familia y en la escuela, en las tareas y en la convivencia. En la adolescencia es importante educar la iniciativa personal, que puede concretarse en la participación en diversas actividades escolares o de otros tipos. Es importante en la educación secundaria desarrollar en los alumnos la capacidad de reflexión sobre los problemas de la sociedad actual y animarles a participar en su comunidad.

CAPITULO 11. La educación para la ciudadanía: instrumento para el desarrollo de la competencia social y cívica

En los últimos años la educación para la ciudadanía se ha introducido en el currículo escolar en la mayoría de las democracias avanzadas. La Unión Europea declaró 2005 el año europeo para la ciudadanía a través de la educación, la UNESCO ha publicado varios informes sobre la importancia de la educación cívica para promover la paz, en Estados Unidos se fijaron los estándares nacionales para la asignatura de “Civics and Government” por parte del prestigioso Center for Civic Education, que además ha contribuido a extender la educación cívica a democracias emergentes (programa Civitas Exchange). Nos encontramos en una corriente global que impulsa la educación cívica, considerándola clave para el éxito de la sociedad democrática en las próximas décadas. Además se han desarrollado en los últimos años iniciativas análogas a la educación cívica, movimientos como el de la educación del carácter, la educación de las habilidades sociales, la filosofía para niños, la psicología positiva, la educación para la convivencia, entre otros. Todos ellos indican la importancia de educar la socialización de los alumnos, promover sus capacidades emocionales y de auto-regulación para lograr una mejor armonización con la sociedad. En España la LOE introduce la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos en sexto de primaria y en segundo o tercero de ESO, además de Educación Ético Cívica en cuarto de ESO y Filosofía y Ciudadanía en primero de Bachillerato. Los autores consideran que deben asignaturas “radiales”, no limitarse a una materia más, sino estar en contacto con el resto del currículo escolar y con la misma actividad de la escuela, dando origen a ideas e iniciativas que eduquen en una ciudadanía práctica y responsable, rigurosa y también optimista. Por otra parte, la formación de los profesores para esta asignatura debe ser bien planificada, ya que se trata de una materia que exige conocimientos de Derecho, Filosofía y Política. Para tener éxito la educación para la ciudadanía debe plantearse como una materia de gran importancia, ya que de otro modo tendrá pocas posibilidades de éxito.

CAPITULO 12. Anexo

Contribución de las distintas materias al desarrollo de la competencia social y ciudadana.