DESCUBRIENDO EL PODER DE LA MENTE 
Cómo el cerebro crea nuestro mundo mental
Chris Frith
Ariel, 2007
Nº de páginas: 315

Resumen y traducción: Rafael Bernabeu
 

COMENTARIO

Este libro explica la relación entre el cerebro y la mente. El autor sostiene que nuestra percepción del mundo es una creación del cerebro, una ilusión mediante la cual podemos predecir en cada situación lo probable, ajustando así nuestra atención a nuestras intenciones. Nuestra concieencia sería una “fantasía controlada” que el cerebro construye usando modelos de predicción, que constantemente van actualizándose para ajustarse a lo real, pero no sólo eso, sino que tienen como principal criterio nuestros propios objetivos. La capacidad cerebral de discriminar entre estímulos a los que merece la pena atender y otros es un filtro entre lo real y el sujeto, que hace posible el comportamiento voluntario. Precisamente este paso intermedio, en el que el cerebro está haciendo muchas cosas sin que nos demos cuenta, explica la diferencia entre cerebro y mente. El cerebro trabaja para que la mente pueda organizar un comportamiento adaptativo: relacionarnos con el entorno físico y relacionarnos con las demás personas. Es un libro interesante ya que actualmente la ciencia nos permite estudiar el cerebro y esto tiene repercusiones para la educación. La principal conclusión de este libro es que creamos activamente nuestra visión del mundo, ya sea de los objetos físicos o de los mundos mentales. Los estudios neuro-cognitivos parecen estar respaldando la teoría constructivista o cognitiva, en la que se considera al niño un constructor activo de su inteligencia.
INDICE
PARTE 1: Introducción

Introducción

CAPITULO 0. Prólogo: Los verdaderos científicos no estudian la mente

Entre los científicos se considera la psicología como una ciencia blanda. En las últimas décadas el estudio del cerebro (neurociencia cognitiva) y el uso de ordenadores (análisis de datos) parecen aumentar el carácter científico de la psicología. La teoría de Freud, por ejemplo, no es contrastable desde este paradigma científico. Los psicólogos tratan de descubrir las propiedades fundamentales de la mente. Lo que no se puede verificar es la experiencia subjetiva. Esto se ha tratado de resolver estudiando sólo la conducta, como hizo el “conductismo”, pero no es suficiente y hoy día se vuelve a estudiar la experiencia subjetiva, las percepciones, recuerdos e intenciones. “Pero el problema sigue ahí: la categoría de las cosas mentales que estudiamos es totalmente distinta de la de las cosas materiales que estudian otros científicos” (p. 19). Se puede estudiar la conducta (pulsar un botón) y se puede estudiar la actividad meramente mental (imaginar que se pulsa un botón), se activan las mismas áreas cerebrales en los dos casos. Los escáneres cerebrales permiten comprobar que el sujeto está imaginando algo (está quieto, pero está cumpliendo una instrucción del experimentador, imaginar que pulsa un botón). El autoinforme se contrasta con la actividad cerebral que mide el escáner. El autor considera que los únicos argumentos aceptables son los que derivan de experimentos prácticos, y no los argumentos filosóficos. Considerando así la psicología, sin el contraste de los datos no se puede rastrear el origen de las ideas o teorías sobre el ser humano. Parece haber una brecha insalvable entre realidad física objetiva y experiencia mental subjetiva. “Ningún instrumento de ésos nos permite ver qué está pasando en la mente. El contenido de la mente no es real” (p. 30). Aunque no hayamos resuelto este problema, de hecho las interacciones en la vida cotidiana entre las personas son tanto físicas como mentales. Pensamos en lo que otros piensan (teoría de la mente). La hipótesis del autor es que la distinción entre mental y físico es falsa, es una ilusión creada por el cerebro: “la conexión del cerebro con el mundo físico de los objetos no es más directa que su conexión con el mundo mental de las ideas. Al ocultarnos todas las deducciones inconscientes que hace, nuestro cerebro crea la ilusión de que tenemos contacto directo con los objetos del mundo físico. Y al mismo tiempo el cerebro crea la ilusión de que nuestro mundo mental está aislado y es privado. Mediante estas dos ilusiones nos experimentamos a nosotros mismos como agentes que actúan de manera independiente sobre el mundo; pero, al mismo tiempo, podemos compartir nuestras experiencias en el mundo. A lo largo de milenios, esta capacidad para compartir experiencias ha creado cultura humana, lo que, a su vez, ha modificado el funcionamiento del cerebro humano” (p. 32)

PARTE 2: Penetrar en las ilusiones del cerebro

Penetrar en las ilusiones del cerebro

CAPITULO 1. Pistas de un cerebro dañado

Cómo la actividad de los fotoreceptores del ojo se convierte en experiencia mental de color. El lenguaje cerebral puede afectar a nuestra experiencia del mundo. Cadena de sucesos: la luz llega a los receptores del ojo, estos mandan mensajes al cerebro, la actividad cerebral crea la experiencia del color y la forma mentalmente (estos dos últimos pasos son desconocidos). Todo conocimiento mental del mundo físico debe estar representado en el cerebro de alguna manera. Caso de un sujeto que aprendía de un día para otro destrezas motoras, pero que sin embargo olvidaba cada día al experimentador y la tarea. Los cambios cerebrales no tenían ningún efecto sobre su mente consciente. “El cerebro puede saber del mundo cosas que la mente desconoce” (p. 43). Otro sujeto que no puede decir si una barra está en posición vertical, horizontal o inclinada, pero que la coge sin problemas. Personas con “visión ciega”, lesión de la corteza visual primaria, que impide ver parte del campo visual. Weiskrantz descubrió que no es un área realmente ciega. El sujeto con esta lesión no ve un punto de luz moverse en esa parte de su campo visual, pero si le preguntan si se mueve hacia arriba o hacia abajo acierta en un 80% de los casos, aunque no ve nada. Su cerebro sabe cosas que le permiten conjeturar algo que conscientemente no existe para él. Ilusiones, la actividad en el área del color se incrementa antes de que una persona vea manchas de color que no existen. La actividad cerebral puede crear una experiencia falsa del mundo. Las personas que tienen ataques de epilepsia tienen una experiencia de “aura”, que puede ser un olor o un sonido, formas de color que se mueven, etc… y la sensación que tienen está relacionada con la función que realiza el área del cerebro donde se inicia el ataque epiléptico (actividad descontrolada de las neuronas). Esta actividad mental anómala puede hacer que el sujeto tenga un conocimiento falso sobre el mundo físico. Es lo mismo que sucede con las drogas alucinógenas. El autor considera que el principal problema es saber cómo distinguir las percepciones falsas de las verdaderas. Lo primero que sabemos es que para adquirir información sobre el mundo los sentidos tienen que están en contacto con el entorno. Cuando percibo algo muy improbable, o imposible, puedo descartarlo porque sé que no sucede en la realidad. Pero si lo que percibo es verosímil, aunque sea falso, ¿cómo saberlo? Hay personas que oyen voces, experiencias falsas que para ellos son verdaderas sin duda (es el caso de la esquizofrenia). Tratan de explicar racionalmente cómo algo imposible puede ser real. Pueden cambiar sus ideas sobre cómo es el mundo antes que negar la realidad de una alucinación. Lo curioso, según el autor, es que estas alucionaciones no son de formas o sonidos, sino que están ligadas al mundo mental: las voces opinan sobre sus actos, les dan consejos o órdenes. Es un mundo mental falso creado por el cerebro que al sujeto le parece completamente verdadero. “El cerebro puede crear una experiencia vívida sin ningún fundamento en la realidad” (p. 56).


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CAPITULO 2. Lo que un cerebro normal nos dice del mundo

Nada más abrir los ojos somos conscientes del contenido del lugar donde estamos, no sentimos que tenemos que pensar o esforzarnos. Pero es un conocimiento adquirido. Helmholtz descubrió en 1852 que la velocidad de la conducción nerviosa es menor de lo que se pensaba: el impulso nervioso de las neuronas sensoriales tarda unos 20 ms. en recorrer un metro. Los tiempos de reacción son todavía más lentos, de unos 100 ms. Así que no percibimos los objetos del mundo exterior de manera inmediata. “Helmholtz comprendió que en el cerebro deben producirse varios procesos antes de que aparezca en la mente la representación de un objeto del mundo exterior. Sugirió que la percepción del mundo no era directa sino que dependía de “inferencias inconscientes”. En otras palabras, antes de que podamos percibir un objeto, el cerebro ha de deducir cuál podría ser ese objeto partiendo de la información que llega a los sentidos” (p. 60). La visión periférica es borrosa, pero muy sensible al cambio. Si el cerebro detecta movimiento en el borde de la visión mueve el ojo inmediatamente para mirar con detalle esa parte de la escena. Pero tiene que saber dónde se está produciendo un cambio, dentro del campo visual, para atender a ese punto. Hay una demora: lo que tarda el cerebro en hacer las inferencias insconscientes por las que llegamos a tener conciencia de una escena (de lo que vemos). Cuando somos conscientes de lo que hay en nuestro campo visual, sólo la parte central, hacia dónde miramos, la vemos con claridad, el resto permanece borroso y sin que percibamos los detalles. Tenemos una experiencia de lo que vemos que consiste más en lo “potencialmente disponible” que en lo representado con detalle en el cerebro. Experimento de Robert Zajonc: se muestra una secuencia de caras desconocidas enmascaradas por líneas (la persona no es consciente de que las ve pero el cerebro las está viendo), luego se presentan varias caras visibles, y al preguntar al sujeto cual era la que prefería, lo más probable era que eligiese la que había visto antes sin ser consciente, subliminalmente. Otro ejemplo de que el cerebro organiza lo que percibe es el Partenón de Atenas: las columnas se construyeron con ligeras correciones en sus ángulos, que no son del todo rectos, pero nosotros las percibimos como si fuesen perfectamente rectas. El cerebro no da una simagen verdadera del mundo, sino que hace inferencias sobre el mundo basándose en sensaciones elementales que recibe a través de los sentidos. Pero las informaciones que llegan desde los órganos sensoriales pueden ser erróneas. Por otra parte, “el cerebro sabe montones de cosas que nunca llegan a la mente consciente” (p. 82).


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CAPITULO 3. Lo que el cerebro nos dice del cuerpo

A pesar de que hay una conexión muy directa entre el cerebro y las manos, no somos conscientes de lo que las manos hacen. La frontera entre el cuerpo y el mundo exterior no es tan clara como solemos pensar: si utilizamos una herramienta manual, el cerebro al poco tiempo considera esa herramienta como parte del cuerpo. En un sentido, mi cuerpo termina donde mi mano toca la herramienta, pero en cuanto al control que ejerce el cerebro, está fuera del cuerpo y llega hasta el objeto que estoy manipulando. Al revés, cuando tengo la intención de escribir, el brazo y la mano llevan a cabo esa tarea como si fuesen herramientas exteriores al cuerpo. Experimento de Benjamin Livet: los sujetos tenían que levantar un dedo cuando tuviesen ganas de hacerlo. Se medía la actividad cerebral. Antes de cualquier movimiento espontáneo hay un cambio en la actividad cerebral. Livet descubrió que los sujetos sentían las ganas de mover el dedo unos 200 ms antes de moverlo. Pero lo importante es que el cambio en la actividad cerebral se producía 500 ms antes de que hiciese el movimiento, 300 ms antes de que sintiese ganas de mover el dedo. Esto puede interpretarse como una predeterminación, no tomamos decisiones, sino que el cerebro ya las ha tomado antes de que seamos conscientes de ello. Esta conclusión no es válido por completo, ya que las acciones son muy triviales. Cuando son acciones más complejas o importantes, intervienen los valores morales o las expectativas sociales, y el proceso de decidir no es tan simple. “Esto no significa que no hayamos decidido libremente, sino tan sólo que en ese momento anterior no éramos conscientes de estar tomando la decisión (…) Nuestra experiencia del tiempo en que se producen las acciones no guarda relación fija con loq ue está pasando en el mundo físico” (p. 91). Primero el cerebro toma la decisión inconsciente de realizar una acción, y a continuación somos conscientes y llevamos a cabo la acción. Lo que solemos hacer más conscientemente es elegir un conjunto de acciones posibles en una situación determinada, del cual saldrá una acción concreta. Tarea del doble paso: el sujeto tiene que coger una barra, el investigador la mueve 150 ms. después de que haya iniciado la acción, y el sujeto cambia la trayectoria de la mano para coger la barra, en muchas ocasiones sin ser consciente de ello. El cerebro sí advierte el cambio y modifica el movimiento que está haciendo: “En este caso el cerebro puede generar acciones adecuadas sin que el individuo ni siquiera sepa de la necesidad de las mismas. En otros casos, el cerebro puede generar acciones adecuadas aunque sean distintas de las que el individuo piensa que deberían realizarse” (p. 93).
Hasta la década de 1980 se pensaba que desde los 16 años el cerebro había madurado hasta su tope y dejaba de crecer. Actualmente se sabe que el cerebro es muy plástico, lo es más en la juventud, pero no deja de serlo durante toda la vida: se hacen y deshacen constantemente conexiones para responder al entorno cambiante.
Daniel Wegner sugiere que no tenemos conocimiento directo de ser la causa de nuestras acciones: sabemos que queremos actuar y un poco después tiene lugar la acción, deducimos que nuestra intención originó la acción. Experimento de Wegner: una persona tiene intención de mover la mano para situar un cursor sobre un objeto en una pantalla, pero el experimentador hace ese movimiento entre 1 y 5 segundos antes (situando el cursor sobre el objeto). Como resultado, el sujeto creerá que ha movido la mano, aunque en realidad no lo ha hecho.
Jerarquía del conocimiento mediante el que hacemos que nuestro cuerpo actúe en el mundo: conocimiento sobre la posición del cuerpo en el espacio, conocimiento sobre cuándo o como movernos, conocimiento de que uno es agente, que realiza los movimientos. Experimento de Elodie Varraine: el sujeto recibía una instrucción – cuando la resistencia de una máquina de andar aumente, cambiar el ritmo de los pasos- y la ejecutaba varios segundos antes de que aumentase la resistencia, sin que el sujeto se diese cuenta (el cambio el gradual y el cerebro lo detecta y cumple la instrucción antes de que el sujeto sea consciente de que está cambiando su acción). “Es posible decidir y poner en práctica acciones basadas en instrucciones arbitrarias sin ser conscientes de ello” (p. 104). Experimento con hipnosis: a sujeto hipnotizados (inconscientes) se les pide que asocien una palabra a cada palabra que dice el experimentador, pero se les dice también que olviden esa tarea. Cuando despiertan y se les pide que digan las palabras que se les ocurran, no repiten las que dijeron estando hipnotizados. Cuando esto mismo se hace con sujetos amnésicos (que estaban conscientes cuando les enseñaron esa lista de palabras, pero no la recuerdan al momento siguiente), suelen decir las mismas palabras. Luego “observamos que nuestro cerebro puede establecer y controlar una estrategia compleja para la acción sin que nosotros sepamos nada (…) Hay muchas cosas que mi cerebro oculta y muchas que se inventa” (p. 107). Nuestro cerebro crea la ilusión de que tenemos contacto directo con el mundo o con nuestro propio cuerpo porque “nos oculta” los procesos complejos implicados en el descubrimiento de cosas, no somos conscientes de todas las inferencias y elecciones que el cerebro debe hacer constantemente.

PARTE 3: Cómo lo hace el cerebro

Cómo lo hace el cerebro

CAPITULO 4. Progresando mediante la predicción

El cerebro siempre piensa correctamente, crea imágenes del mundo a partir de señales sensoriales muy limitadas e imperfectas. En la infancia aprendemos sin que nadie nos enseñe, por ejemplo el lenguaje. Aprendizaje asociativo (Pavlov), se aprende a asociar un estímulo arbitrario y un estímulo gratificante o de castigo. El color puede ser una señal de si una fruta está madura y podemos comerla. “Un estímulo arbitrario es interesante sólo si predice que en el futuro va a pasar algo bueno o malo. Si el estímulo aparece tras el suceso importante, no tiene ningún interés. En este caso, ya sabemos acerca del suceso. Un estímulo así no nos dice nada nuevo, así que lo pasamos por alto” (p. 116). Thorndike descubrió el aprendizaje por ensayo y error: aprender las acciones necesarias para conseguir algo. Si la acción va seguida de algo bueno, tiene más probabilidades de repetirse. Este tipo de aprendizaje nos permite saber qué acciones influyen sobre nuestro futuro. Para aprender de esta manera, por asociación, no tenemos que ser conscientes de que estamos aprendiendo. El cerebro sabe muchas cosas por asociación, por eso parece tan fácil percibir y actuar, porque no somos conscientes de todo el conocimiento que hemos adquirido para interactuar con la realidad. Predecimos de dos formas: señales que indican lo que va a pasar y acciones que harán que pasen determinadas cosas. El cerebro hace esta predicción. Las celulas nerviosas dopaminérgicas predicen las recompensas: si llega lo que esperamos cuando lo esperamos no emiten ninguna señal, si llega de improviso emiten una señal positiva, si no llega cuando esperábamos emiten una señal negativa. “Estas señales sobre los errores de nuestras predicciones nos permiten aprender sobre el mundo sin necesidad de profesor” (p. 123). Concepto importante en el aprendizaje asociativo: valor. El cerebro adjunta un valor a cada suceso, objeto o lugar. El valor de una acción aumenta cuando nos acerca a la recompensa. Desarrollamos un modelo interno de mundo gracias al aprendizaje y la experiencia. Este aprendizaje por predicción permite explicar la conducta de las abejas que buscan las mejores flores. El cerebro crea un mapa de acciones posibles que indica las que con más probabilidad desembocarán en una recompensa. Es un mapa de valor que el cerebro construye sobre la realidad: objetos y acciones de valor elevado o inferior. Por eso para el cerebro nuestro entorno no es una confusión de estímulos, sino “UN MAPA DE SIGNOS SOBRE POSIBILIDADES FUTURAS”. Este mapa conecta íntimamente nuestro cuerpo con el mundo inmediato, nuestra mente se incrusta en el mundo físico. El cerebro hace que me experimente en el mundo físico, pero yo me percibo despegado de mi entorno (distinto), estoy dentro del mundo sin ser consciente de ello a cada momento. El aprendizaje asociativo es vital para sobrvivir, porque nos mantiene dentro de la realidad física y organiza nuestras respuestas para que sean rápidas y eficaces. Tenemos un conocimiento muy importante del mundo físico del que apenas somos conscientes. El cerebro predice lo que vamos a sentir, o la acción que vamos a realizar y suprime muchas respuestas y sensaciones porque no son necesarias para la suepervivencia. Es necesario que esté alerta de cuando alguien me toca, pero no de cuando me toco yo, por eso, por ejemplo, uno no puede hacerse cosquillas a sí mismo. Cuando sabemos lo que va a pasar sentimos que tenemos el control y en este estado el cerebro suprime las sensaciones corporales, no sentimos nada en particular. Esto es debido a que el cerebro está pudiendo predecir lo que sucede: “Mientras tenga el control no he de preocuparme del mundo físico de las acciones y las sensaciones. Puedo permanecer en el mundo subjetivo de los deseos y los placeres” (p. 135). Tenemos más conciencia de las intenciones que de las acciones, porque mientras logremos hacer realidad esas intenciones, no tenemos que atender a las acciones que llevamos a cabo. “Aprendemos por predicción. Mi cerebro predice lo que va a suceder cuando me muevo y se vale de los errores en la predicción para hacerlo mejor la próxima vez” (p. 137). Cuando nos movemos la información que llega a los sentidos cambia constantemente, pero apenas somos conscientes, porque el cerebro PREDICE esas sensaciones y evita que seamos conscientes. El cerebro nos liga al mundo “con muchos hilos fuertes” mediante su capacidad para aprender y predecir. Asigna valores a cada cosas y por eso en el entorno todo ejerce atracción o rechazo.


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CAPITULO 5. Nuestra percepción del mundo es una fantasía que coincide con la realidad

El aprendizaje asociativo y por ensayo y error es muy rudimentario. Experimento colores y formas, pero veo objetos que reconozco y nombro. (p. 144) La transmisión del impulso eléctrico de un área cerebral a otra intensifica o inhibe la actividad en las células de esa área: es la base de la percepción de objetos. La teoría de la información explica cómo aprendemos, mide lo que sabemos cuando hemos recibido un mensaje. El conocimiento se incrementa cuando varias posibilidades quedan reducidas a una certeza (cuando dos posibilidades se reducen a una certeza es un bit de información, si seis se reducen a una, son 2,58 bits). Cuando un mensaje contiene bits de información superflúos es más fácil decidir cual es el correcto, porque si son diferentes el cerebro puede saber dónde se han producido errores en la recepción. Si se envían tres mensajes y coindicen dos, estos dos son el mensaje correcto. El cerebro, cuando percibe, tiene que distinguir entre lo real y los errores. Al hablar con alguien miramos el movimiento de sus labios para tener una idea más clara del mensaje recibido. Inteligencia Artificial, término utilizado desde 1956 para la ciencia de construir máquinas que hiciesen procesos inteligentes. El problema más difícil de resolver ha resultado ser la percepción. La teoría de la información no tiene en cuenta al observador, por eso no se pudo preveer que sería tan difícil que una máquina percibiese. Los observadores siempre son distintos, lo mismo que su experiencia. Sus experiencias pasadas y sus expectativas difieren, lo que afecta a sus percepciones. Un mensaje es informativo si es inesperado y sorprendente, pero además hay que tener en cuenta que puede serlo para una persona y no serlo para otra. Un mensaje que contiene información modifica la visión del mundo y la conducta. Modifica además las creencias del observador sobre el mundo. Beyes midió el cambio en las creencias tras recibir un mensaje. La expectativa del receptor de que se iba a producir ese mensaje influía en el valor informativo del mensaje. Calculamos constantemente la probabilidad de que ocurran cosas. Un dato nuevo nos hace cambiar nuestras creencias si es convincente y sólido. El cerebro funciona como un observador ideal porque elige en el entorno atender a los datos que con más probabilidad corregirán sus creencias iniciales. Hay dos factores en la ecuación, por una parte el cambio de creencias ante un nuevo dato, por otra, el dato que es más probable recibir del entorno, dadas nuestras creencias. En este sentido, el cerebro es un dispositivo de predicción y que además detecta sus errores de predicción. Predice el patrón de actividad que deberían captar los ojos en una situación física determinada, y si hay errores en esa predicción, los utiliza para actuar su modelo y mejorarlo. Esto sucede constantemente, en unos 100 ms el cerebro ha realizado varios de estos bucles hasta que los errores de su modelo son irrelevantes. Los modelos no tienen que ser exhaustivo, no recoge todos los aspectos de una realidad, pero sí debe recoger con precisión los más importantes. LA PERCEPCIÓN DEPENDE DE CREENCIAS PREVIAS. La percepción comienza en realidad en el interior, un modelo del mundo donde hay objetos en el espacio, sobre el cual el cerebro predice las señales sensoriales que va a recibir, compara esas predicciones con las señales reales y detecta los errores, con los cuales mejora el modelo (todo esto sucede varias veces, en unos 100 ms). Si toco un vaso de té y está frío, puede sorprenderme si mi creencia es que estará caliente, porque siempre lo tomo caliente. Pero no si lo tomo frío habitualmente. El conocimiento previo paraq percibir proviene en primer lugar de la evolución humana, que ha incoporado al cerebro hipótesis previas sobre muchas cosas, como por ejemplo el color de la fruta madura. En segundo lugar, durante los primeros meses de vida las experiencias visuales son estímulos con los que se van formando conexiones cerebrales (hard wiring). Hay hipótesis previas que se vuelven muy sólidas: durante millones de años la principal fuente de luz, para ver los objetos, provenía del Sol. Los objetos los veíamos iluminados desde arriba, por eso el cerebro tiene dificultades para ajustar sus predicciones cuando hay formas cóncavas o convexas cuyas sombras rompen ese patrón de “luz que proviene desde arriba”. Son creencias muy fuertemente arraigadas que el cerebro no consigue corregir. Percepción y acción están ligadas: aprendemos con el cuerpo sobre el mundo. El autor considera acciones los movimientos con objetivos, que ayudan todavía más a percibir. “Mi percepción no es del mundo sino del modelo creado por mi cerebro” (p. 167). La acción tiene que ir verificando la predicción sobre lo que hay en el mundo, de otra forma el modelo predictivo del cerebro se modifica. Estos modelos están ligados a intenciones. ¿Por qué al mirar el cubo de Necker pasamos de una imagen a otra sin decidirnos a ver una de las dos? Porque no tenemos motivos para percibir la una o la otra. Cuando percibimos el color el cerebro también está haciendo ajustes con la longitud de onda: un tomate bajo luz blanca es rojo, pero bajo luz azul no refleja luz roja, y sin embargo lo seguimos viendo rojo. ¿Por qué? Porque es el color pronosticado (el que nos sirve para la intención, que es identificar ese alimento). Percibimos los modelos del mundo que el cerebro ha creado. Si percibiésemos de forma directa seríamos “esclavos de los sentidos”, nuestra atención saltaría de una cosa a otra. “Mediante el uso de la fantasía controlada el cerebro elude la tiranía del entorno” (p, 172). La verdad de los modelos del cerebro se pone a prueba mediante la comunicación interpersonal, en la que descubrimos modelos del mundo distintos al nuestro. En nuestra mente no tenemos que resolver estos problemas predictivos, si imaginamos una cara no es necesario corregir esa imagen con la imagen real. La creatividad, sostiene el autor, no está en imaginar, sino en expresar, exteriorizar, lo imaginario. Es cuando “sacamos provecho de lo inesperado de la realidad. Es por este continuo carácter inesperado por lo que interaccionar con el mundo real es tan placentero” (p. 175).


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CAPITULO 6. Cómo el cerebro modela la mente

¿Cómo entramos en los mundos mentales de los demás? De esto se ocupa parte de la ciencia de la psicología. Creamos nuestro conocimiento del mundo mental de otras personas de la misma forma que creamos el conocimiento del mundo físico. Es un modelo de las creencias, deseos e intenciones de los demás. Al percibir los movimientos de un objeto o de una silueta, el cerebro atiende a las claves que le indiquen la intencionalidad de esa acción, en eso consiste la sorpresa: nos llama la atención lo que indica una intención inesperada, que no predecíamos. También observamos a dónde atienden los demás, para saber sus intenciones y no podemos evitar mirar o actuar en la misma dirección. “El cerebro tiene una tendencia automática a imitar cualquier movimiento que vemos” (p. 183), no a realizar el movimiento, sino a imaginarlo, lo que supone activar las mismas áreas cerebrales que se encargarían de realizarlo (neuronas espejo). Para comrpender los objetivos de los demás construimos modelos internos que llenen ese vacío, entre mi pensamiento y el de otros. Estos modelos los creamos prediciendo los objetivos de la acción, los niños, por ejemplos, interpretan que un movimiento se hará siempre de la manera más cómoda y sencilla. Cuando observamos a otra persona estamos indagando sobre sus intenciones. Los movimientos que persiguen un objetivo son a los que atendemos antes que a otros. El cerebro imita movimientos de personas, pero no así de piedras o de hojas, porque no son agentes. Si un sujeto está realizando un movimiento, con otra persona al lado haciendo un movimiento distinto, su movimientos es más variable. Pero si a su lado se mueve un robot, esto no altera su forma de moverse, porque no se percibe al robot como un agente con objetivos e intenciones, luego no antendemos a su movimientos. Experiencia de ser agentes: el pensamiento puede hacer que pasen cosas en el mundo físico, a través de la acción voluntaria. El cerebro vincula causas y efectos para comprender cómo podemos actuar sobre el mundo, predice y elabora pautas temporales. Las causas y efectos se unen en unidades, acciones realizadas por agentes. El momento mental de una acción no es el mismo que el momento físico, hay un pequeño desfase por el cual el cerebro acerca mentalmente el suceso “acción” con el suceso “resultado de la acción”. Si la acción no es voluntaria (una descarga eléctrica me hace mover un dedo) el cerebro hace lo contrario, el desfase entre momento físico y mental alarga la distancia entre acción y resultado de la acción. Cada uno experimenta su condición de agente de manera distinta, pero lo que hacemos igual es predecir las relaciones de causa y efecto para crear un modelo que nos permite actuar sobre la realidad. Si observo una acción que realiza otra persona, el cerebro también hace un desfase entre momento físico y momento mental que acerca mentalmente acción y resultado. Percibimos la condición de agente de otros de la misma manera que percibimos la nuestra, por las relaciones de causa y efecto. Aunque no podemos compartir esa experiencia.

PARTE 4: Cultura y cerebro

Cultura y cerebro

CAPITULO 7. Mentes compartidas, como el cerebro crea la cultura

El mayor logro del cerebro es hacer posible la comunicación interpersonal. Transferir ideas y crear y comunicar mundos imaginarios. Pero cómo sabemos si una idea en la mente de otra persona es la misma que la mía. Primero el cerebro formula una hipótesis sobre cual puede ser la intención comunicativa de una persona, lo que quiere decir con sus palabras, el significado que trata de compartir. Empezamos a comunicarnos a partir de juicios previos y estereotipos, que son muy simples pero eficaces. Sirven para saber aproximadamente qué conocimientos compartimos. En una conversación lo que hacemos es sincronizarnos, aunque el significado en mi mente no es comparable directamente con el signficado en la mente de otro, el cerebro elabora un modelo a base de conjeturas y predicciones, para hacer posible la comunicación: “Del mismo modo, cuando estoy intentando decir algo a una persona, no tengo su idea en mi mente, pero mi cerebro, nuevamente por medio de predicciones y conjeturas, confecciona en mi mente un modelo (representación) de la idea del otro. Ahora tengo en la mente dos cosas: 1) mi idea, 2) mi modelo de la idea del otro. Puedo comparar directamente. Si se parecen, probablemente comunicaré satisfactoriamente mi idea a la otra persona. Si son diferentes, seguro que no” (p. 214). Al formar un modelo de la mente de la persona con quien hablo, puedo modificar el modo de comunicarme. Es lo que hacen las madres al hablar a sus bebés: les hablan de tal modo que el bebé aprende a hablar. El objetivo de la madre es lo que guía su comunicación, el bebé no aprende sólo porque oye a su madre hablar, sino porque oye que le habla a él y con la intención de que él aprenda a hablar. “El niño sabe cuando su madre le está enseñándo nombres de cosas”. El intercambio comunicativo en una conversación cara a cara es una operación cooperativa: el significado es como un campo gravitatorio. “En una comunicación satisfactoria, se llega al punto en que mi modelo del significado del otro corresponde a mi propio significado, y ya no necesito señalarle que hay un problema”, y lo mismo la otra persona. El cerebro resuelve el problema de cómo entrar en la mente de los demás construyendo modelos de sus mentes. Estos modelos han dado lugar al lenguaje y a la cultura. Mientras que en un mundo puramente físico la conducta cambia por premios y castigos, en un mundo que es también mental la conducta es decidida por el pensamiento. A lo que podemos aspirar es a desarrollar modelos del mundo cada vez mejores, aunque al final de esta serie infinita lo que tiene que haber es la verdad. El programa científico tiene como meta esa verdad.