EL ADOLESCENTE Y SUS RETOS 
La aventura de hacerse mayor
Castillo Ceballos
Pirámide, Colección Ojos Solares, 2009
Nº de páginas: 236

Resumen y traducción: R. Bernabeu
 

COMENTARIO

Esta guía para padres, de la colección Ojos Solares, es de utilidad para repasar los problemas que pueden preocupar más a los educadores de adolescentes. Es muy cercana a las dificultades concretas que se dan en el día a día y además hace un análisis interesante de la personalidad adolescente. Aunque es de tipo psicoanalítico, una aproximación teórica que no está en la línea más actualizada y fiable. Por otra parte, ofrece una aproximación cultural al adolescente muy confusa: enfatiza su vida interior y sus virtudes, pero al mismo tiempo considera la adolescencia una crisis que hay que pasar, lo cual deja de nuevo una imagen negativa del adolescente, que sabemos que no se confirma en los estudios actuales. Generaliza y termina ofreciendo soluciones muy concretas, sin incluir su pedagogía. Es más descriptivo que educativo. Pero es interesante para reflexionar sobre las distintas visiones de la adolescencia: queda claro que la sociedad y sus valores van a marcar la trayectoria vital de los jóvenes entre los 12 y 16 años, porque su crecimiento se puede describir desde muchos puntos de vista y comprenderse de distintas formas. Por eso es cierto que esta es una edad abierta, una oportunidad pero también un momento de gran desafío y complejidad educativa.
INDICE

CAPITULO 1. La adolescencia: ¿etapa de la vida o invento social?

Cambios de la pubertad, de tipo biológico y transformaciones psicológicas. La educación familiar dependerá de la concepción de la adolescencia que tengan los padres. Se puede ver la crisis de la adolescencia como oportunidad para ayudarle a crecer. Cómo interpretar de forma más adecuada esta etapa. La salida de la infancia supone que esperamos de ellos ciertos comportamientos, y esto se logrará mejor si se les comprende. Históricamente, en otras edades, la adolescencia era un momento en el que al individuo se le imponía socialmente un rol, en cuanto podía ejercerlo: no podía elegirse libremente cómo vivir, ni había tiempos prolongados de aprendizaje. Por primera vez en el siglo XVIII se concibe la adolescencia como un “segundo nacimiento doloroso, de tensiones emocionales y conflictos, desequilibrio psicológico” (Rousseau). En la Psicología del siglo XX Stanley Hall (1904) define en los mismos términos la adolescencia: inestabilidad psicológica, perturbaciones de la conducta, tensiones, mayor emotividad. Aunque se pasa de una visión biologicista (es un cambio del organismo), a estudiar los cambios en la personalidad (maduración, toma de conciencia de uno mismo). Piaget, más adelante, estudia esta etapa dentro de su teoría de estadios del desarrollo humano: la capacidad de reflexionar favorece el “descubrimiento del yo”, la formación de una identidad personal y las elecciones morales. Otros autores han enfatizado la influencia de la afectividad sobre la vida psíquica, la individualización del comportamiento, las diferencias de personalidad (y por el sexo), como rasgos de un estadio evolutivo diferenciado. Entre los 12 y 18 años hay un periodo crítico, que parece universal incluso en culturas que no lo han considerado una etapa diferenciada. La indisciplina y el rechazo a la autoridad en estos años se consideraba normal en Grecia y Roma. El siglo XVII, el romanticismo alemán, transmitió una imagen del adolescente desgarrado, de tensiones y conflictos internos (Goethe).

“La visión de la adolescencia como la edad de las anomalías del comportamiento es una visión pesimista y negativa que ignora la aparición que en ella se da de nuevas e importantes capacidades, lo que supone un salto cualitativo en el desarrollo de la personalidad” (p. 28). Una visión negativa del adolescente puede favorecer en los padres el autoritarismo, la incomprensión, la falta de respeto, la intolerancia, la impaciencia, la desconfianza, incomunicación y conflicto. Es una crisis de crecimiento, que conlleva dificultades de adaptación, desencadenada por: cambios fisiológicos (pubertad), desequilibrio en el ajuste personal, formación de la identidad (crisis de identidad, Erikson), cambio en la propia imagen y necesidad de elegir como se quiere ser. Qué se encuentra en proceso de cambio: crecimiento físico, cambios afectivos, surge la sexualidad, afirmación e independencia, crisis de ideas, crisis espiritual, y pueden darse a veces crisis agudas (depresiones y otros trastornos), y crisis que provienen de años anteriores.

La sociedad actual ha prolongado el periodo de dependencia del adolescente respecto de su familia, y ha dejado más abiertas las opciones vitales, pero sin que todos los jóvenes logren esas oportunidades: con lo cual, se está estableciendo la adolescencia como etapa de inmadurez muy prolongada, de conflicto, como crisis aguda e insatisfacción. La adolescencia y la juventud se convierten así en sociedades aparte, o subculturas, que tienen sus propios ritos (sustituyendo los ritos de paso de las sociedades primitivas), y que a menudo derivan en bandas juveniles. Pero por este motivo, se puede decir que hay distintas maneras de ser adolescente, según cómo la sociedad enfoque esta edad de transición vital. Lo que ya no tenemos es ese paso sencillo desde la infancia a los roles adultos, propio de sociedades tribales o más tradicionales y simples. Además el concepto del adolescente ha empeorado, se confía menos en ellos, se les tutela más. Es una edad que dependerá mucho del contexto social, de las metas y oportunidades de cada adolescente. La sociedad da una cierta “moratoria” al adolescente, para que pueda prepararse bien para ejercer responsabilidades adultas, en unos entornos más complejos que los anteriores. El autor hace una propuesta original, para otorgar responsabilidades a los adolescentes desde temprano y evitar esa inmadurez: estudiar y hacer trabajos ocasionales, estudia y hacer prácticas en el futuro campo de trabajo, aprender gradualmente un oficio, estudiar y colaborar con ONGs.

CAPITULO 2. La difícil conquista de la madurez personal.

La juventud debe suponer independencia vital y libertad interior (madurar). Definir su identidad personal, tener estabilidad afectiva, tolerar las frustraciones, tomar decisiones, soportar dificultades, relacionarse bien: son tareas evolutivas que muchos jóvenes no han logrado en la adolescencia, que no pueden asumir bien las responsabilidades de la vida adulta. Características de la primera adolescencia, que deben irse corrigiendo: imprevisibles, impacientes, perezosos, desordenados, pesimistas, incoherentes. Es una inmadurez normal ante un nuevo crecimiento, no son retrocesos, sino el modo de transitar por ese desarrollo. Quieren hacerse mayores y comportarse con mayor autonomía de los padres, pero no tienen experiencia previa y lo hacen por ensayo y error; la personalidad en desarrollo tiende a los extremos. La educación familiar debe orientarles hacia el esfuerzo personal y la superación de sus límites. Es una transición global, de la personalidad como un todo, son nuevas posibilidades evolutivas que hay que ejercitar, hay una unidad en las tareas de desarrollo.

Maduraciones que se producen biológicamente, mentalmente, afectivamente, socialmente, y en la personalidad. Cambia su cuerpo para hacerse adulto, el pensamiento se hace abstracto y puede crear sus propias visiones del mundo, puede hacerse cargo de sus procesos de pensamiento, pasa a los sentimientos diferenciados y que puede analizar y que le mueven con fuerza a actuar, aprende el autocontrol y la expresión emocional, se relaciona en un contexto social más amplio, personaliza sus relaciones, aparece el enamoramiento, la conducta sexual y los roles propios de adultos, los hábitos de cooperación y convivencia, la interiorización de sí mismo, el descubrimiento de la intimidad. Tienen importancia las diferencias sexuales: el desarrollo sigue cursos distintos entre chicos y chicas, hay una identidad asociada al rol sexual, la autoestima se refiere a logros distintos, la relación familiar es distinta en chicos o chicas, aprenden de manera distinta, y los rasgos de personalidad son diferentes.

CAPITULO 3. La mitificación de la adolescencia en la sociedad actual.

Hay jóvenes que siguen viviendo como adolescentes, porque no han resuelto la crisis normal de esa etapa y no han madurado. Es la adolescencia ampliada, que se une al retraso en la emancipación. Ser adolescente debe ser una condición de cambio, no permanente más allá de los 18 años. Hay jóvenes de 20 años que son inmaduros y no son capaces de dirigir su comportamiento ni de responsabilizarse. No se comprometen, no tienen un proyecto de vida. Son jóvenes que viven en un presente sin horizonte, sin proyecto. “En la actualidad algunos jóvenes prefieren alargar el estatus social de etapas anteriores (infancia y adolescencia) porque es menos exigente que el estatus de adulto” (p. 68). Esto ha dado lugar a la adolescencia como modo de vida, al culto a la juventud, a convertir una etapa de transición en una etapa permanente, elogiar la inmadurez. Dos factores importantes son la falta de oportunidades de empleo y la emancipación tardía. Entre los 18 y 29 años el 70% de los jóvenes sigue viviendo con sus padres, y el paro afecta al 40% de la población juvenil y sólo uno de cada dos jóvenes puede vivir de sus ingresos antes de los 29 años. Esta situación muchos adolescentes la terminan tomando como excusa en la veintena y aparecen las actitudes narcisistas y conformistas. Se mitifica socialmente la juventud. Ser joven es valioso porque es un mercado para la publicidad y el consumo, mientras que ser adulto se valora menos: la meta es llegar a la adolescencia y quedarse en ella, ya no lograr valerse por sí mismo. Es un modelo social de vida. Se caracteriza por:
- Es una edad prolongada más allá de los 18 años, de manera artificial
- Hay adultos con fijaciones adolescentes, que legitiman malos comportamientos como parte de una actitud “juvenil” (falsa, porque no se basa en la búsqueda de ideales, sino en el mero divertirse)
- Hay una jerarquía errónea de los valores de cada etapa del ciclo vital: ser adulto es liberarse, ya no es ser responsable, tener deberes, servir, trabajar, esforzarse, exigirse, tener disciplina
- Es una ideología que elogia las debilidades y las convierte en valores: el egoísmo es realizarse, el descontrol es liberarse, la falta de pudor es ser sincero
- Ser mayor, o ser viejo, son realidades vitales que la sociedad actual tiende a rechazar; los hijos se suelen sentir incómodos con sus padres “juveniles”
- Los valores de esta subcultura juvenil son la espontaneidad, el narcisismo, el exceso, el presente por encima de todo proyecto, y el individualismo

Además los adolescentes han asimilado unos modelos de comportamiento, que en vez de ser héroes, son personas débiles o fracasadas, son ídolos con pies de barro. La educación familiar está sufriendo esa inversión de los valores y en muchos casos han dejado de preparar a los hijos para la vida adulta. El bienestar material y el éxito social no son suficientes metas vitales, si no incluyen la responsabilidad, la convivencia honesta. Los mayores no son valiosos en esta sociedad adolescente, por lo que no tienen criterios ni funciones educativas: pierden misión e identidad. Se olvidan los ideales y los modelos, se educa de manera permisiva. Los modelos de perfección clásicos (el caballero, el ciudadano, el héroe, el sabio) definían así la adolescencia: el punto de referencia es la madurez del adulto, la educación le prepara para afrontar las responsabilidades de ser adulto, hay etapas sucesivas en la iniciación a la vida adulta para facilitar esta transición, los ejemplos de los mayores son esenciales, y hay que formar el carácter y ejercitar las virtudes para tener una vida feliz.

CAPITULO 4. El despertar de la personalidad.

La adolescencia supone un despertar de la personalidad infantil. Aparece el deseo de ser mayor y hay que “espabilarse”. Pero el ensimismamiento tiene también una función necesaria en la personalidad. Se descubre el yo y esto incluye revisar y cambiar la identidad infantil. Aparece la intimidad, la identidad personal elegida. En cuanto al desarrollo de la identidad, el adolescente quiere ser original, quiere tener su propio espacio, quiere encontrarse y quiere reformular el concepto de sí mismo. Los cambios en sus capacidades cognitivas, afectivas y de relación social le van a llevar descubrirse a sí mismo como “realidad única e irrepetible”, como un individuo singular y diferente de los demás; puede reflexionar sobre sí mismo. Aparecen los sentimientos de soledad, la necesidad de estar consigo mismo: la capacidad para la vida interior. Pueden descubrir sus motivos profundos y el contenido humano de su comportamiento. Por eso es el momento en que se define el proyecto de vida: los ideales y las ilusiones que surgen en ese mundo interior tienen que encontrar oportunidades de realizarse en el mundo real. Aparecen conductas de reafirmación personal, “ser uno mismo”. Necesitan ser originales y diferenciarse, que dan lugar a conductas a veces llamativas, a un lenguaje propio, o a los comportamientos de riesgo.

CAPITULO 5. El desarrollo de la identidad personal.

La adolescencia como proceso de autoconocimiento: comprenderse, conlleva crear una imagen de uno mismo y una opinión. Quiere ser interesante y valioso para los demás, por eso no es un concepto narcisista, sino socialmente construido. La retroalimentación de la sociedad consiste en: descubrirle su propia valía, reconocerla, reforzar su sentido de ser una persona distinta, aceptarle y hacerle sentir aceptado, reforzar la valía personal. Autoconcepto: cómo me veo, cómo soy. Son representaciones sobre uno mismo en todas sus dimensiones vitales. Los valores y la opinión que tienen de él los adultos es su punto de referencia. Necesita la aprobación de sus padres y profesores, aunque no del mismo que en la edad infantil, sino según su nuevo deseo de independencia. Son valoraciones sobre sí mismo: aspecto físico, personalidad, comportamiento, normas morales, relaciones sociales.

La autoestima es la confianza en las propias posibilidades, la seguridad personal, que no debe llevarles hacia “falsas autoestimas”: egolatría, autocomplacencia y permisividad. La preocupación excesiva por la autoestima en algunas sociedades ha llevado a un culto al “yo”, en el que se deja a los adolescentes sin recursos que van a necesitar posteriormente para enfrentarse a la vida adulta. Chicos que no aceptan fuera de sus familias las críticas, y que no logran vivir por sí mismos. Es necesario formar el carácter y educar la voluntad, educando las virtudes. Además es necesaria la perspectiva, la capacidad de salir de sí mismo y ver las cosas con las ven los demás. El adolescente se pregunta quién es: busca una identidad coherente. Necesita redefinirse, dar estabilidad a su vida, hay identidades que se van sucediendo en el proceso madurativo, pero tiene que haber una continuidad, ser la misma persona. Consiste en una elección del sistema de valores, de la profesión, y del patrón de conducta sexual y de relación con el otro sexo, y de emancipación de la tutela familiar.

CAPITULO 6. La adolescencia temprana o pubertad.

La pubertad supone dejar de ser niño, y se inicia biológicamente con los cambios hacia la madurez física y sexual. En la adolescencia temprana el cuerpo se transforma, se acelera el crecimiento y cambia la forma física, aparecen los caracteres sexuales secundarios propios de los adultos y se desarrollan los órganos genitales, junto con la capacidad reproductora. Estos cambios están muy vinculados a la experiencia de la sexualidad: la cultura tiene una fuerte influencia sobre nuestra visión del sexo, y en nuestra sociedad se están dando comportamientos problema en edades tempranas. La adolescencia temprana supone un descubrimiento de nuevas funciones del cuerpo (órganos sexuales), lo que produce también impulsos, curiosidad, tentaciones, que no siempre se asimilan bien al principio.

Un problema actual es la precocidad de las relaciones sexuales y algunas de sus consecuencias: embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual. Se previenen por medio de una buena educación sexual, retrasando la edad de la primera relación sexual, y con el uso del preservativo. Además hay una cultura que considera el sexo una actividad neutral, sin consecuencias, sin que forme parte de la relación afectiva: “no puede haber encuentro de persona a persona cuando el otro es visto como un mero objeto de placer para la propia satisfacción”. Otro problema es la aceptación de la propia imagen, porque los cambios físicos se producen en un momento en el que la vida afectiva es más intensa y lo mismo la convivencia con otros chicos y chicas. Se describen a sí mismos según rasgos psicológicos, pero al comienzo de la adolescencia, los rasgos físicos tienen una gran importancia: tienen también ideales de belleza, que se basan en las modelos y que muchas veces no son realistas, sino creaciones de la publicidad.

El comienzo de la adolescencia supone también la emotividad: los chicos son más entusiastas, apasionados, con respuestas emotivas exageradas, y enfados frecuentes. Son reacciones emocionales primarias, que todavía son poco conscientes, aunque empiezan a ser como las de los adultos. Son emociones sin controles, por eso hay al principio momentos de inestabilidad y cambios de humor. En otros casos las frustraciones las vive de manera más exagerada, o se evade en su mundo interior. Son todavía formas del “yo” que tiene que ir desarrollando. Se sienten a veces culpables, tristes, con necesidad de ser queridos y comprendidos. Además cambian por completo su contexto social, progresivamente se irá ampliando, necesita salir del entorno familiar y escolar, para formar grupos de iguales: necesitan menos estar con sus padres y más con sus amigos. La buena relación familiar facilita los grupos de amigos, no los entorpece. Son grupos muy cohesionados, con ideas muy similares, que tienen las mismas conductas y definen su identidad diferenciándose de los demás. Son más gregarios, y pueden entrar en relaciones de dominación o servilismo. Los grupos todavía no permiten esas relaciones de intimidad y de amistad al comienzo de la adolescencia (relaciones amorosas, mejores amigos).





Es por otra parte una edad de malos modales: suele haber malos comportamientos, negativos o contra las normas sociales. Desorden, impuntualidad, desobediencia, excesos o riesgos, excentricidades, faltas de respeto. Necesitan afirmarse y romper algunos modelos de comportamiento, necesitan sentirse parte de un grupo, tienen desequilibrios emocionales y prefieren seguir la cultura de sus iguales a la convencional – estas son según el autor algunos caracteres de la edad que la convierten en más conflictiva-. Los padres tienen mucha labor educativa que hacer, tienen que ser pacientes, serenos, objetivos, comprender por qué se comportan así, escucharles, interesarse por lo que les pasa, tener paciencia y perseverar, comprender cómo van cambiando los adolescentes y así su comportamiento, darles un trato distinto si son chicos o chicas, aceptar que necesitan vivir más lejos de los padres.

CAPITULO 7. La adolescencia intermedia.

Predominan los cambios psíquicos (14 a 18 años). El ánimo, las respuestas a cuestiones existenciales, la armonía con el cuerpo físico, son logros de esta edad. Esto depende del descubrimiento consciente del propio yo. Ya no solo se diferencian de los demás, sino que se tratan de comprender a sí mismos. Es una edad en la que se aprende la intimidad, se aumenta la introspección, y se desarrolla el pensamiento reflexivo. Se diferencia la personalidad: se elige de entre distintas formas de ser, se busca la autonomía personal. Se afirma la personalidad y aparecen también conductas ambivalentes: entre ser independientes y dependientes, entre conformarse y rebelarse, entre abrirse o retraerse. Cuando la inseguridad es predominante puede aparecer una rebeldía agresiva. El pensamiento reflexivo (etapa de las operaciones formales), consiste en pensar por sí mismo y sobre el propio pensamiento, o sobre sí mismo. Tienen sus propios criterios y pueden poner en duda los argumentos de autoridad. Piensan en lo posible: es posible aquello que se admite en lo real (piensa en adulto), es real lo que yo veo posible (piensa el adolescente). Es una inteligencia abstracta pero vital, que guía su comportamiento práctico. Pero al ser un pensamiento en desarrollo, suelen aparecer conductas poco racionales, dogmáticas, emocionales, con poco control, o con excesivo control. La vida moral se hace individual, porque las normas se comprenden como valores que hay que integrar, y es el propio adolescente quien va a elegir, y quien tiene que mantener un sentido del deber. La presión externa no puede ser el motivo de su comportamiento, sino sus propias decisiones. Los valores se integran en su vida y son valores elegidos, se concretan en la vida diaria.

Es una etapa de sentimientos, que son de afecto, ternura, alegría, amistad, amor, y otros de tipo trascendente, como la estética, la moral o la religión. Los sentimientos negativos son los agresivos o los de inhibición. Surgen dificultades emocionales, porque necesitan forjar su identidad, necesitan afecto y realización de sus potencialidades, y porque necesitan independencia, al mismo tiempo que ampliar sus relaciones sociales. Surgen las relaciones de amistad y de amor, por una parte se dan las idealizaciones del otro y por otra se dan las pertenencias. En la amistad o el amor buscan encontrarse a sí mismos, mejorarse y probar sus sentimientos. Los sentimientos de confianza y simpatía son muy importantes, junto con la lealtad, el apoyo mutuo, la pertenencia. Es el principio de relaciones más desinteresadas, en las que se comprende mejor a los demás. Necesitan una respuesta educativa de padres y profesores basada en el refuerzo del buen comportamiento, el respeto y una confianza en que van a terminar bien esta etapa.

CAPITULO 8. La adolescencia tardía o edad juvenil.




Es la salida de la crisis de la adolescencia. Se recupera el equilibrio interior. Se tienen ya nuevas capacidades que saben poner en juego. Suelen ser más optimistas, se pueden centrar en sus tareas con más perseverancia, necesitan ponerse a prueba y superarse a sí mismos. Es una maduración más continuada y estable, en la que hay un equilibrio entre extroversión e introversión. La capacidad de profundizar en un campo de estudio les da mucha estabilidad y seguridad mental. Deben tener ya una vida interior, la capacidad de reflexionar y hablarse a sí mismos, la capacidad de no perderse, de no aislarse y de mantenerse en su realidad personal y social. La vida interior y exterior, el pensamiento y los ideales y lo que logran hacer, deben armonizarse, algo que es difícil de lograr y muchos jóvenes no alcanzan. El paso supone abrirse a los demás, rebelarse para ser, superación, solidaridad, alegría de vivir, tolerancia y flexibilidad, aprender de los demás y aceptar ayuda. Son rasgos de la personalidad juvenil cuando se ha logrado superar la edad adolescente bien. Es el momento de hacer elecciones sobre el proyecto de vida y esto supone comprender cual es su aportación posible a la sociedad, qué pueden hacer de valor, proyectándose más allá del tiempo presente. La respuesta educativa debe pasar por ser buenos estudiantes, trabajar con autosuficiencia, leer mucho, tener oportunidades para poner a prueba sus capacidades y tener claras las normas de buen comportamiento. Además es importante que sigan aprendiendo sobre la verdadera amistad, siendo capaces de controlar por sí mismos sus relaciones sociales. Puede ser muy positivo que participen en ONGs o servicios sociales, y que se emancipen de sus padres lo antes posible, o bien que tengan experiencias fuera de su familia, como viajes de estudios o prácticas de trabajo.












CAPITULO 9. El adolescente y la vida de ocio

Cuales son los retos del adolescente cuando sale a divertirse: tener su propia personalidad, tener verdaderos amigos, no obligarse a seguir al grupo constantemente, tener responsabilidad sobre su comportamiento, saber divertirse sin alcohol y drogas, buscar unos sentimientos verdaderos, tener su propio contexto social y sus normas, y que tenga actividades variadas que hacer en su tiempo libre. Para los padres los retos educativos son: tener actividades compartidas en la familia, tener tiempo para divertirse con los hijos, tener cosas interesantes que hacer juntos, dar un objetivo educativo al tiempo libre, fomentar hábitos responsables de ocio, darles criterios para la lectura, el cine, o la televisión, saber dónde y cómo pasan el tiempo libre sus hijos, tener una opinión sobre su grupo de amigos y el modo como se divierten, informarles sobre los efectos del alcohol y las drogas, mantenerles unos horarios razonables, no dejarse presionar ni dejarles que les presionen para romper sus normas familiares, conseguir que dediquen tiempo libre a causas sociales o trabajos de media jornada, tener buenos lugares de vacaciones donde haya buenas relaciones sociales.

CAPITULO 10. El adolescente y la vida de estudio.

La tensión que provoca el estudio requiere de adolescente una disciplina. Si no se van adquiriendo estos hábitos de trabajo llega el fracaso o la aversión a los estudios. Hay valores sociales que están presionando mucho contra el hábito de estudio. El estudiante se suele encontrar en peor situación que los que se divierten o trabajan, porque tampoco la sociedad le valora ni hay tantas oportunidades. Les cuesta sobre todo seguir el horario estricto de trabajo, tener que responder a la presión de los exámenes, someterse a los controles de los profesores o de los padres, que pueden ser intensos y presionarles. Superar los bajones de rendimiento, que es muy común entre los adolescentes debido a los cambios de su personalidad. Aparece en algunos adolescentes la decisión de abandonar los estudios, ante la que hay que identificar en primer lugar las causas. Necesita encontrar las motivaciones para estudiar, que empezaron siendo externas (infancia) y que ahora va a interiorizar: tiene que superar sus dudas, aumentar su confianza, mantener sus amistades, ser solidario con los demás, y todo esto va a influir sobre su capacidad de estudio: está aprendiendo muchas cosas a la vez y sabe que los estudios son recursos fundamentales para atender a necesidades y valores. Para motivarse en los estudios, es importante que sean capaces de:

- Comprender el sentido y finalidad de la materia y la tarea
- Aprender para responderse a preguntas
- Conectar aprendizajes previos con los nuevos
- Aplicación práctica de lo que conoce
- Estudiar por deber y por compromiso con los demás
- Estudiar como parte de la amistad, compañerismo
- Realizarse como persona por medio de los estudios

Los retos que deben afrontar los adolescentes en el estudio: no distraerse por su mundo interior en ebullición (horarios de estudio, lugar de estudio fijo, estudio activo), superar las dificultades del tema de estudio, hacer las tareas de manera completa y no a medias, no abandonar antes de haberse esforzado de verdad, saber prepararse para estudiar y saber hacerlo por deber cuando no tienen ganas. Los padres tienen que ser capaces de: adaptar la exigencia al estado psicológico del adolescente, relacionarse con confianza y ánimo, enseñarles métodos de estudio (consultar expertos), no obligarles a seguir estudiando si prefieren aprender una profesión, apelar más a la motivación intrínseca que a la simple obligación o coacción, atender a su uso del tiempo libre para que no le impida estudiar.