EL NIÑO Y LA FAMILIA 
Françoise Dolto
Guías para padres - Paidós, 0
Nº de páginas: 182

Resumen y traducción: Mercedes Delicado Escudero
 

COMENTARIO

En este libro Françoise Dolto trata de explicarnos los condicionamientos para la formación integral del niño en función de su lugar de nacimiento, del momento que esté viviendo la pareja y de la situación familiar. También analiza otros factores que van a influir en el desarrollo emocional del niño, tales como la edad de los padres, el número de hermanos, si el niño padece alguna enfermedad, si es adoptado, si los padres están separados, etc.
INDICE

CAPITULO 1. SITUACIÓN ACTUAL DE LA FAMILIA

En este primer capítulo Françoise Dolto pretende, desde su posición de psicoanalista, transcribirnos su experiencia para abordar el problema de la familia actual. El psicoanalista también se preocupa por los problemas de la educación normal, por los problemas simplemente humanos, que a veces son la raíz de traumatismos graves en la vida de los individuos. La familia se transforma. Estamos asistiendo a una fragmentación de las estructuras tradicionales en la familia. Los padres ya no tienen prestigio y su autoridad se siente como autoritarismo. Es una realidad que la familia se ha transformado. No tiene la misma identidad que anteriormente puesto que cambia continuamente de lugar, las casas se han hecho más pequeñas y ya no es posible “almacenar” recuerdos familiares; en definitiva, ya no hay raíces. A esto se añade que, con la aparición de la televisión, se introdujo en las familias un ambiente completamente extraño, donde aparecen personas que se convierten en el centro de la vida de adultos y niños. Como consecuencia de ello, las familias conversan muy poco y sólo hablando se conocen las personas. Las imágenes mentales del padre y de la madre. En el estado de cosas actual ¿qué puede representar la familia para un niño? Para un niño, el padre es lo que corresponde al aspecto discontinuo de su psicología, es alguien con quien el niño se identifica cuando es varón, alguien que le señala sus quebrantamientos de la ley, que le apoya en su evolución social y que le da una moneda de cambio, el dinero; un padre es la persona que le introduce en la ley de los intercambios sociales. Para el niño, la madre es el ser que le da de comer y le cuida; es una entidad que satisface sus necesidades y encuentra siempre la manera de atenderle cuando él “no puede con su alma”. Gracias a esta idea de la madre consoladora y el padre rector que llevan en su interior, los adolescentes pueden resolver la mayor parte de sus problemas. Los períodos difíciles del destete y de tocarlo todo. Si estos dos difíciles períodos del niño han transcurrido bien, ningún acontecimiento tendrá ya graves repercusiones en la vida del adulto. El destete, que es una separación del cuerpo a cuerpo con la madre, se debe acompañar de una mayor cantidad de palabras y gestos. Si este periodo se vive bien, el niño prosigue su desarrollo hacia la motricidad (que siempre debe tener lugar antes de la educación de los esfínteres), la habilidad con su cuerpo (movilidad de manos, subir y bajar escaleras, etc.), es decir, su desarrollo normal. La edad de tocarlo todo también es muy importante. Dura aproximadamente un mes o mes y medio entre los 14 y 18 meses de edad. Si en ese periodo la madre está presente y verbaliza constantemente las experiencias del niño (por ejemplo, hay que coger de tal forma la tetera caliente o una plancha para no quemarse), si para todas las tareas peligrosas que realice le acompañamos con la palabra y el gesto, se advertirá que el niño se hace pronto muy prudente. También es cierto que puesto que la educación tiene como fin la autonomía de la persona, el niño debe saber que si le pasa algo malo no le regañarán por eso, puesto que la causa es que lo hizo mal, pero también podía haberlo hecho mal un adulto. De esta forma, sintiéndose en el mismo lado que los adultos, consiguen una plena formación. El niño y la ley. Hay que poner en conocimiento de los niños la existencia de las leyes lo más pronto posible. Lo que sí es cierto es que cuando establezcamos una ley para ellos, debemos tener presente que se trate de una verdadera ley y no de algo que establezcamos nosotros en un momento determinado porque nos resulte cómodo. Si hay una prohibición y el niño la transgrede, se siente culpable y ese sentimiento se aplaca con un castigo, pero ha de ser un castigo que el niño conozca de antemano (el niño debe conocer que si hace algo prohibido tendrá tal castigo). La generosidad. Hay una edad de la generosidad. Pero antes de esta fase, el niño ha tenido que pasar por la fase de la posesividad y posteriormente por la edad del trueque, fase esta última que normalmente los padres desaprueban: un niño cambiará una pluma estilográfica por una canica; pero no debemos mezclarnos en los trueques de los niños, hay que dejarles llegar a un acuerdo, pues el conocimiento del valor del dinero viene más tarde, hacia los 7 u 8 años. Sólo entonces puede hablarse de generosidad, cuando hay conocimiento del valor de las cosas. El pudor. La creencia de que pasearse completamente desnudos delante del niño es bueno para ellos, es del todo falsa. Dejémosle en la ignorancia, salvo de aquello que tratará de mirar él solo, por ejemplo, por el agujero de la cerradura. De este modo es como respetamos su pudor y su libertad. Asimismo, debemos ausentarnos del aseo del niño desde el momento en que ya no necesita nuestra ayuda; permitámosle incluso que se cierre la puerta con llave si insiste en ello (evidentemente, sabiendo que tenemos opción a entrar en caso de apuros).

CAPITULO 2. CONFLICTOS ENTRE LOS HIJOS DE UNA MISMA FAMILIA

Como en todos los problemas que afectan a las relaciones familiares, la actitud que se debe adoptar tiene al menos dos aspectos: ¿Cómo prevenir las rivalidades entre los hijos de una misma familia? La llegada de un hermano normalmente introduce el desconcierto en la vida del hermano mayor. Por lo general, ante la actitud hostil del mayor hacia el pequeño, se le regaña, se le razona, se le trata de probar con dulzura que su comportamiento es egoísta y feo, etc. ¡Qué gran error! La manera de prevenir los celos de los hermanos durante la infancia es permitirles expresar todo su despecho ante la llegada del rival. Sólo él conoce su aflicción y no podemos disminuirla persuadiéndole; únicamente podemos decir que le comprendemos y que en efecto, su hermano es muy pesado. Con esta actitud, normalmente el hermano mayor una vez tocado fondo, comienza con gran rapidez a salir en defensa del menor: “no, no es verdad que sea pesado, es que es muy pequeño”; aquí la madre ya no debe seguir insistiendo, sino que diga: “¿tu crees?” o, si acaso, “quizás tengas razón”. Poco después el menor habrá sido aceptado definitivamente y ello porque se ha dejado al mayor expresar su sufrimiento sin despojarle de su autoestima (lo que sucede cuando se le censura al mostrarse celoso). ¿Cómo actuar cuando la rivalidad se ha declarado y los hermanos están discutiendo constantemente? Sobre todo, no hay que intervenir nunca para proteger a uno, con el pretexto de que es el más pequeño o el más débil, o de que es una niña y es vergonzoso atacarla. Si un niño se queja de los otros hermanos, se deben escuchar sus quejas, compadecerlo, pero nunca censurar al supuesto atacante. Es el niño quien debe sacar las conclusiones respecto al comportamiento. El adulto debe limitarse a cuidar, compadecer y alentar, pero nunca juzgar a los beligerantes, sí animar a la víctima a que aprenda a salir mejor de las dificultades en el porvenir. Si un niño se queja de que se favorece a tal hermano de alguna u otra manera, sobre todo hay que procurar no negar el hecho. Tratando de justificarnos empeoramos la situación; hagamos lo que hagamos nunca se sentirán tratados con equidad, porque la equidad, para ellos, sería que los trataran siempre según sus deseos y sus apetitos. Por tanto, debemos admitir que quizás no seamos justos, pero que el mundo tampoco es siempre justo. Normalmente los conflictos de celos con esta actitud se difuminarán. Si una trifulca entre hermanos ha producido daños, no deben distribuirse castigos; hay que hacer que todos los participantes contribuyan a la reparación sin entrar en valoraciones, a menos que uno de ellos se declare libremente responsable único y capaz de reparar el daño él solo.

CAPITULO 3. AMOR, MATRIMONIO Y FELICIDAD

En la actualidad, por desgracia, las parejas “cojas” son demasiado corrientes. Se oye decir que tal o cual cónyuge, en un matrimonio con problemas, tiene la culpa y que tal otro es un infeliz digno de lástima, sobreentendiendo su virtud. Vivimos en un mundo en que el hecho de ser una víctima hace estimable a una persona. Ahí está el error. ¿Cómo favorecer las posibilidades de un matrimonio feliz? Hagamos una comparación: antes de acometer, por ejemplo, un largo viaje por una tierra desconocida, nos ponemos a prueba a nosotros mismos, después de habernos preparado debidamente primero. Sólo nos decidimos a partir cuando todo está dispuesto y hemos previsto al máximo los medios para superar las circunstancias que dependen de condiciones ajenas a nosotros. Esto es la prudencia. Pues bien, ¿cuántos hombres y mujeres se lanzan al matrimonio sin preparación, sin haberse puesto a prueba a sí mismos? Y subrayamos a sí mismos, porque normalmente durante el noviazgo los jóvenes suelen poner a prueba al otro, pero nunca a sí mismos. Y ¿cómo ponerse a prueba a sí mismo? Pasando de forma natural por las diferentes fases de evolución de la elección del compañero en la vida afectiva. Desde la infancia cada uno de nosotros se orienta hacia la idea de un ser al que amar por elección. La palabra “amar” corresponde a planos de atracción de tres órdenes: sensual, sentimental y cerebral. Si el desarrollo de un ser humano se hace armoniosamente, el desarrollo intelectual (la inteligencia), el afectivo (el corazón) y el físico (los instintos) tendrán lugar de forma simultánea. A modo de ejemplo, podríamos decir que un árbol no puede dar fruto antes de haber dado hojas y después flores. No se puede hacer trampas con la biología. Si no se ha llegado a la edad adulta, sobre todo desde el punto de vista de la madurez del corazón y del pensamiento, lo único que se puede hacer es fingir que se es marido o mujer. El problema es que esa madurez sólo puede revelarse a través del comportamiento de cada uno y sólo cada persona, en su fuero interno, puede saber a qué móvil obedece en su elección de pareja; y ese móvil depende exclusivamente del estadio de evolución afectiva al que la persona ha llegado. Cuántos hombres y mujeres adultos deciden construir su vida socialmente en un momento de su evolución que no es duradero, porque es un estadio infantil y, más pronto o más tarde, su desarrollo natural rechazará la elección. A veces se mantiene en interés de los hijos que han nacido, pero ese matrimonio no es más que una fuente de sufrimiento e incluso de fracaso social. El futuro, sin embargo, a este respecto, no está en los matrimonios tardíos, sino en el desarrollo más equilibrado de los jóvenes, sin bloqueos de su vida afectiva. No se trata tampoco de recomendar la precocidad sexual, ni el matrimonio a prueba. Pero haría falta que, en cada edad de la infancia y de la juventud, se viviera con libertad la edad amorosa correspondiente. Así, llegados a la edad adulta, los jóvenes de uno y otro sexo habrían alcanzado de manera completamente natural la edad afectiva adulta.

CAPITULO 4. LA EDAD DE LOS PADRES

La edad de los padres es un tema muy amplio, ya que en realidad, hay padres de todas las edades. Lo realmente cierto es que los niños necesitan protección, seguridad y, por otra parte, independencia. Desde este punto de vista plantearse la pregunta de la mejor edad de los padres en función de la fecha de calendario no tiene mucho sentido. Los hijos pueden desarrollarse con total plenitud tanto con padres jóvenes como con padres mayores. Lo realmente importante es que tanto unos como otros les proporcionen lo que realmente necesitan y que hemos apuntado anteriormente, protección, seguridad e independencia. El único caso en el que podrían plantearse ciertos problemas es el del hijo único de padres mayores: este niño se siente el punto de mira y la esperanza total de sus padres, lo que puede suponerle ciertos problemas en el curso de su desarrollo. Pues bien, esta es una dificultad que puede no obstante volverse en provecho del niño, cuando los padres son lo suficientemente comprensivos para hacer que conviva mucho con jóvenes de su edad. Pues bien, visto que en la mayor parte de los casos la edad que figura en el carné de identidad de los padres no tiene importancia, hablaremos del tipo de amor que los niños necesitan para desarrollarse. En todo caso, partimos de que no existen verdades absolutas. Por ejemplo, el niño necesita unos padres que no sean posesivos, que no jueguen con él como con un objeto; en cambio, sufre mucho si le parece que no son nada posesivos. El niño debe sentir que sus padres consideran que él les pertenece (sobre todo hasta los 7 u 8 años), pero debe sentir también que no les pertenece sólo a ellos y que los padres aceptan “prestarlo” a los demás. Otro tipo de amor muy vulnerante para el niño es el amor de identificación. Hay que saber hablar el lenguaje del niño identificándonos con él, pero sólo debe hacerse de modo pasajero: los padres no deben identificarse totalmente con su hijo, ya que cuando la identificación es constante, el niño puede sentirse paralizado y frenarse en su desarrollo. Parece, por tanto, bastante difícil encontrar el término medio. Pero el punto más delicado en la educación es lo que llamamos el “amor de acoplamiento”, cuyas consecuencias vemos constantemente en los niños aquejados de problemas afectivos. Cuando hablamos de amor de acoplamiento, hacemos alusión al hecho de que los niños han servido a sus padres de objeto de complemento, de centro de interés afectivo; cuando un adulto no puede prescindir, afectivamente hablando, de uno de sus hijos, en la mayor parte de los casos se trata de un fenómeno inconsciente. Ocurre a veces en madres que se acoplan a su bebé desde que nace; sucede, tanto en matrimonios jóvenes como en los menos jóvenes, que la madre pierde todo el interés por su cónyuge y el niño acapara todo su afecto. Ella no se da cuenta de que hay un intercambio sexual, ya que desde la llegada del niño, ha dejado de buscar a su cónyuge. Pues bien, este niño tendrá dificultades en el porvenir. Normalmente, cuando los padres son advertidos de este hecho, consiguen reaccionar. Entonces, ¿qué tipo de afecto es el que conviene al niño? Los padres tienen necesidades de sentimientos y el niño también, pero ¿bajo qué forma son provechosos para el niño? Los sentimientos que necesitan los niños son de cooperación: necesitan sentir que cuando están tristes, los padres cooperan y comparten su pena con ellos. Igual que cuando los padres tiene una pena o una alegría, los niños necesitan compartirla con ellos. Se trata pues de crear en el hogar un clima de confianza, de tal forma que todos puedan hablar de sus propias penas cuando quieran. Y es importante hacerlo desde que el niño tiene 3 ó 4 años. No obstante, hay asuntos que conviene no abordar con los niño: en particular, los conflictos conyugales. Nunca un cónyuge debe hablar mal del otro a su hijo cuando existen problemas con el otro cónyuge .Por tanto, de una manera general, con excepción de las quejas conyugales, los padres deben confiar sus dificultades a los hijos. Este amor de cooperación se hace más importante cuando se inicia la vida sentimental del joven, cualquiera que sea su sexo. Lo más normal es que el joven no hable de sus amoríos cuando las cosas van bien, pero que experimente la necesidad de hacerlo cuando las cosas no marchan. Pero hemos debido preparar esa situación cuando el niño es pequeño para que cuando tenga 15 ó 16 años sea capaz de confidencias. Hay que cooperar con el niño en su nivel, ayudándole a soportar el sufrimiento o a salir de él a su manera; no se trata de darle una solución ya hecha, que sería una solución de identificación, sino de apoyarle durante algún tiempo y permitir su desarrollo tan pronto como haya pasado la crisis. Esta cooperación de apoyo es absolutamente indispensable.

CAPITULO 5. LOS ABUELOS

El papel de los abuelos en la educación de los niños plantea diversos problemas de interferencia en las relaciones de los padres con el niño. ¿Qué esperan los padres de los abuelos? - Que sean una seguridad: es un resto de la infancia de los padres, que sobrevive en su madurez. - Que sean una autoridad: los padres llegados a adultos quieren que la autoridad de los abuelos venga en apoyo de la suya, que los aprueben siempre en lo que hacen por el niño. - Que consideren a los padres como adultos y los dejen evolucionar libremente como tales. El problema es que para los abuelos, los padres nunca son adultos, siguen siendo los “niños” que ellos han tenido y que no pueden ver como iguales. - Que no capten a los niños. La realidad es que los padres quieren que los abuelos estén siempre ahí cuando ellos los necesitan, pero también que no estén ahí cuando no los necesitan. ¿Qué son, qué quieren y qué sienten los abuelos? Los abuelos son engendradores de engendradores, padres de padres. De modo que, lejos de satisfacer las necesidades de los padres frente a sus hijos, a veces no hacen mas que añadir a estas dificultades las que ellos conocieron también en otro tiempo cuando eran niños y después cuando fueron padres. Así, los sentimientos de inseguridad, inferioridad, complejos no resueltos, sentimientos de culpabilidad, insatisfacciones, etc., que tuvieron durante su juventud y que no fueron superados, surgen de nuevo en esta etapa de abuelos, originando todo tipo de conflictos posibles, multiplicados en la vida cotidiana, si además los padres y los abuelos se ven obligados a vivir juntos. ¿Qué espera el niño de sus abuelos? El niño espera que sus abuelos se perfilen en el mismo eje que sus padres. Pero es bueno que el niño comprenda que sus abuelos no piensan como sus padres, pues así él también se sentirá con derecho a no pensar como sus padres, lo que constituye una etapa importante de su desarrollo. Pero es malo que los niños sientan que sus abuelos juzgan, invalidan o condenan las determinaciones de sus padres y que éstos, por su parte, rivalicen con ellos, ya que esta situación puede perturbar el desarrollo y el equilibrio infantiles. En todo caso, los padres siempre deben suavizar ante los niños las actitudes “exageradas” de los abuelos, pero sin que suponga un enfrentamiento o desprecio de los niños hacia los abuelos. Hay que exponer tranquilamente las diferencias de opinión: “es la edad... en su época se pensaba así...”; no hay que tratar de conseguir un triunfo sobre el abuelo, de hacer que el niño dé la razón a uno u a otro, ya que el niño no podría soportar esa tensión. El rol real de los abuelos es el de ser cimiento genético de la familia. “El es el que me ha dado la vida y por eso te la he podido dar a ti...”. De esta forma se presenta ante los niños la justificación del deber de respeto a los abuelos; en nombre de la vida que ellos nos han dado, el niño comprende que el amor que se les debe tener está más allá de los que son ahora. ¿Qué deben hacer los abuelos? El rol de los abuelos es hablar mucho de su pasado personal y del pasado familiar que recuerdan. Deben contar las historias que se transmiten de generación en generación, las anécdotas, cómo se vivía en su época, insistiendo en la diferencia de costumbres.Por otra parte, los abuelos deben abstenerse de corregir o encauzar a sus nietos. No deben criticar, enjuiciar, culpar o felicitar ni los actos de los padres ni los actos de los hijos. Y ante todo, los abuelos no deben inspirar miedo a los niños. De esta forma los niños encontrarán junto a sus abuelos una seguridad diferente a la que le dan sus padres, aunque tan necesaria como ella y más primitiva.

CAPITULO 6. LOS PADRES SEPARADOS

Importancia de la edad del niño en el momento de la separación de los padres. El niño siente las desavenencias de los padres tanto más profundamente cuanto más pequeño es en la época en que se ponen de manifiesto. Si el niño es muy pequeño se puede decir que hay un verdadero traumatismo; después de los 5 ó 7 años, el niño tiene que superar grandes dificultades, pero no hay necesariamente traumatismo. Las necesidades del niño menor de 7 años durante su evolución. El niño muy pequeño necesita ante todo, seguridad. Y esta seguridad la encuentra junto a su madre. Pero después de los 7 años, tanto el niño como la niña que hasta entonces coincidían en la necesidad común y única de la madre, tienen necesidad de una presencia masculina en el hogar. Por eso, el niño que se queda con uno solo de sus padres, siente pronto la falta del otro, ya que este otro también es esencial para su propia construcción. Si la separación de los padres tiene lugar después de este período crítico, se recupera mucho más fácil y mucho más rápidamente, ya que a partir de esta edad, el niño se hace autónomo más aprisa y de esta manera sale a flote. Dificultades propias de los hijos de padres separados. Los hijos de padres separados, cuando son un poco mayores, presentan a menudo una actitud de inadaptación, tanto desde el punto de vista intelectual como afectivo. La relación de odio que siente que une a sus padres le impide encontrar esa seguridad indispensable para su desarrollo. Es preciso que el niño sienta que no tiene nada que ver en la separación de sus padres y que puede paralelamente seguir queriéndoles a pesar del fracaso de los mismos. Algunos niños encuentran obstáculos en su adaptación a la sociedad y se convierten en pequeños delincuentes en el momento de la adolescencia. De esta forma intentan acercarse, identificarse con sus padres, a quienes consideran también en cierto modo delincuentes por la consecución de ese acto “muy malo” que ha sido para ellos el divorcio de sus padres. Cuando los padres no superan la separación y mantienen una actitud neurótica, se produce un verdadero drama. El comportamiento de los padres separados ante el niño es importantísimo: es esencial no adoptar una actitud de víctima y dar testimonio de un dinamismo constructivo, de una asunción de las propias responsabilidades, de una voluntad de vivir. Es de importancia capital el que nunca se menosprecie ante el niño la actitud del otro cónyuge, lo que por otra parte suele ser bastante corriente. En todo caso, lo que asegura el desarrollo correcto del niño es la seguridad, el afecto y la confianza que encuentre junto a cada uno de sus dos padres, incluso por separado.

CAPITULO 7. QUÉ HAY QUE DECIR A LOS NIÑOS CUANDO LOS PADRES SE SEPARAN

Hay que decirle de manera muy simple las cosas tal como son: “tu padre y yo no podemos vivir juntos; hemos dejado de entendernos; seguirás siendo nuestro hijo, pero nosotros viviremos cada uno por nuestro lado...”. Hay que evitar que el niño se sienta responsable de la separación de sus padres. Se puede hablar con un niño de cualquier edad, diciéndole la verdad y sin inventar historias para él. Sin embargo, cuando los padres están en plena crisis conyugal, a veces es mejor que sea una tercera persona neutral quien dé una explicación al niño, eximiéndole asimismo de cualquier tipo de culpa. También se les debe explicar que, aun cuando ellos ocuparán una parte muy importante de la vida de los padres y que serán atendidos por ambos en todas sus necesidades, sin embargo también el padre y la madre tendrán su propia vida afectiva por separado, ya que es necesario para su propio desarrollo personal. Consecuentemente, el divorcio, si se vive bien, puede ser para el niño un factor de maduración, de cohesión personal y de conservación del afecto tanto hacia el padre como hacia la madre, a pesar de las adversidades. Pero es cierto que en muchos casos, el egoísmo e infantilismo de los adultos hacen todavía de él una desgracia.

CAPITULO 8. REFLEXIONES SOBRE LA ADOPCIÓN

Hay tres puntos básicos que Françoise Dolto trata de transmitirnos en lo que se refiere a la adopción: Primero. Si el niño tiene ya conciencia de su nombre y ha sido adoptado en este momento, no se debe cambiar su nombre porque puede causarle mucho daño; se sabe que al hacerlo se toca lo esencial de una estructura narcisista primera, a saber, la cohesión simbólica cuerpo-lenguaje. A veces los nuevos padres le cambian el nombre para borrar todo recuerdo del pasado de su nuevo hijo. Segundo. Los padres adoptivos normalmente desean que el niño olvide, que desconozca su pasado, porque creen que de lo contrario el niño se va a sentir herido. Sin embargo, el niño tiene siempre la intuición de su historia; si se le dice la verdad sobre sus orígenes, esa verdad le construye; esas palabras verídicas dichas por sus nuevos padres, son el pilar de un tierno amor en el que los tres están seguros de haberse escogido y se dan la alegría recíproca de haberse conocido un día .Sin embargo, aun en la actualidad se descubren niños que lo ignoran todo sobre su origen, al menos hasta la mayoría de edad; ello supone una auténtica desgracia para los niños, son niños engañados, casi raptados más que acogidos. La experiencia prueba que lo no dicho, las lagunas en la historia personal, originan traumatismos graves que a menudo están en la base de las neurosis e incluso de las psicosis en los niños. Tercero. La adopción no significa posesión, como tampoco el hijo genético es una posesión de sus padres biológicos. Pero cuando se trata de padres adoptivos, hay que estar todavía más vigilantes. Precisamente eso hace psicótico a un niño: ser el centro de amor de sus padres adoptivos, ser el sustituto del hijo y no su hijo.

CAPITULO 9. FAMILIAS DE ACOGIDA, DINERO Y PODER DEDECISION

La colocación de niños en familias de acogida no es un objetivo en sí mismo, sino una solución entre otras para resolver una situación familiar crítica. Se recurre a ella a fin de acudir en ayuda de los niños y los padres con dificultades. En este capítulo Françoise Dolto no se refiere al concepto que nosotros tenemos de acogida de niños por familias de forma desinteresada. Aquí se están refiriendo a niños que se entregan a familias durante períodos concretos porque los padres no pueden ocuparse y a cambio estas familias reciben una compensación económica. Es un método que parece se lleva a cabo en Francia, en colaboración con asistentes sociales, que son los que coordinan el movimiento de los niños. En estos casos muchas veces los padres dejan de visitar a sus hijos y nadie les habla de su vida anterior, por lo que al final muchos necesitan de una ayuda psicológica. Téngase en cuenta que estos niños son inadoptables puesto que sus padres los han entregado a una institución para que “gestionen” su cuidado, pero no han renunciado a ellos. En estos casos también es importante hablar a los niños de sus padres de nacimiento. También es importante que sepan que a las personas a las que se les encomienda el Estado les paga por ocuparse de ellos. Sin embargo, lo normal es que los niños encomendados a estas instituciones, a menudo no se les informe de nada de lo que les sucede. Ese espíritu hay que cambiarlo, pues a un niño hay que poder decirle toda su verdad.