Los secretos de la motivación 
José Antonio Marina
Ariel, 2011
Nº de páginas: 0

Resumen y traducción: María Teresa Rodríguez de Castro
 

COMENTARIO

Este libro está dirigido a los padres y docentes, y trata sobre la motivación, es decir, los deseos que nos lanzan a la acción, los antecedentes de nuestros actos, la energía que nos mueve. El libro no busca convertirnos en teóricos de la motivación, sino en prácticos de la misma, en personas capaces de detectar las manipulaciones emocionales, y también expertas en animar a los demás y en animarse a sí mismas.

Cada uno de los capítulos tratados se completa con una sección titulada “cafetería del campus”, en la que se conversa con algún autor experto en temas tratados en el mismo, y otra sección titulada “consultorio radiofónico”, en la que supuestos oyentes conversan con el autor en un consultorio educativo. Además, se termina el libro con una "zona wifi",para ayudar a nuestros hijos o alumnos a aprender algunos de los conceptos del libro.
INDICE

CAPITULO 1. Los mecanismos de la motivación

La motivación se compone de tres elementos fundamentales: el deseo, el valor objetivo, y los facilitadores para la tarea. Deseo es la conciencia de una necesidad/falta/carencia o la anticipación de un premio. Siento deseo cuando necesito imperiosamente algo, o cuando lo echo en falta o siento un déficit. Y también cuando anticipo un premio posible. Pero la acción está dirigida por el objetivo, la meta, o mejor dicho, lo que en ella hay de aliciente, de incentivo para quien lo desea. Lo que nos atrae, por tanto, es el valor que una cosa tiene para nosotros. Si queremos intensificar el deseo, debemos aumentar la necesidad, o hacer más atractiva la meta, el valor, el incentivo. El tercer elemento de la motivación serían los facilitadores para la tarea, los factores que favorecen o dificultan nuestra inclinación a hacer algo. Ponen de manifiesto que entre el deseo y el objetivo hay una tarea, un trabajo que hacer, un trayecto que recorrer.

Ejemplos de deseos: hambre, sed, sexo, comodidad, ser querido, admirado o reconocido, sentirse capaz, etc. Ejemplos de incentivos: comida, bebida, sexo, dinero, vacaciones, fama, cargos importantes, etc. Ejemplos de facilitadores: probabilidad de alcanzar la meta, sentimiento de capacidad, conocimiento de las estrategias, ayuda, etc.

El deseo de aprender de un niño (fuerza de motivación) se verá favorecido:

-si la meta es interesante, es decir, si enlaza con algunos de sus intereses (deseo),
-si, además, está presentada atractivamente (valor, incentivo),
-si la tarea es fácil, si se siente capaz de alcanzarla y si le indicamos las estrategias debidas para que pueda hacerlo (circunstancias facilitadoras).
Existen dos tipos de motivación: la motivación de inicio (cuando estoy motivado para hacer algo; me siento con energía, ánimo, convicción. He tomado una decisión), y la motivación para la tarea (mantener la actividad, esforzarse, aplazar la recompensa, que necesitan de un tipo de ánimo diferente a la motivación de inicio). La motivación de inicio debe ser prolongada por una tenacidad realizadora, por la adquisición de nuevos hábitos de vida.
Educar es fomentar la motivación adecuada. Cuando tratemos de motivar o de motivarnos, debemos actuar sobre alguno de los tres factores que hemos descrito.


CAPITULO 2. El cambio de conducta

Mediante la educación intentamos pasar de las motivaciones espontáneas a las motivaciones dirigidas por un proyecto ideal de personalidad. Para conseguirlo, tenemos que utilizar los ocho recursos educativos:

-premios,
-sanciones,
-modelos (la educación a través del ejemplo),
-selección de información y cambio de creencias,
-cambio de sentimientos,
-el razonamiento,
-el entrenamiento (la repetición como medio de adquirir hábitos),
-la eliminación de los obstáculos para el aprendizaje.


CAPITULO 3. Los tres grandes deseos

Cuando queremos motivar a una persona o motivarnos a nosotros mismos, es imprescindible activar alguno de nuestros deseos fundamentales, o relacionar la meta querida con alguno de esos deseos fundamentales. Esos tres deseos son:

-el deseo de bienestar personal (deseo que se caracteriza por buscar placeres que se encierran en el propio sujeto, bien en su cuerpo o en alguna meta centrada exclusivamente en su propia satisfacción. Es un deseo hedónico),

- el deseo de relacionarse socialmente, formar parte de un grupo o ser aceptado,

- y el deseo de ampliar las posibilidades de acción, que es el deseo más específicamente humano.

Estos son los deseos matriciales, que son matrices que engendran a los deseos concretos. Cada persona tiene un perfil motivacional diferente. A partir de estos deseos tenemos que construir nuestro proyecto educativo, un modelo de personalidad en el que esos mecanismos, que tantas veces son utilizados para esclavizarnos, ayuden a la libertad, a la autonomía, a la resistencia


CAPITULO 4. Sesión de entrenamiento

En el capítulo primero se señalaba que para dirigir la motivación ajena o propia hacia una meta debíamos intervenir en alguno del los tres factores de la fórmula que se describe (deseos, incentivos, facilitadores). Esta intervención ha de hacerse utilizando los recursos básicos para influir en la conducta.

¿Cómo influir en los deseos? Hay tres posibles situaciones: no tiene tal deseo, lo tiene pero no está activado; y lo tiene, y además está activado, pero en ese caso se plantean problemas extrínsecos a la motivación (por ejemplo, la prohibición, la imposibilidad física, etc). Para hacer surgir un deseo nuevo, existen algunos procedimientos eficaces: enlazar ese objetivo con los tres grandes deseos o su derivaciones, quitar los obstáculos que puedan impedir ese enlace, despertar alguna emoción que impulse hacia la nueva meta, premiar cualquier acercamiento a esa meta o el cumplimiento de una acción, mostrar que una actividad es un medio para conseguir algo que se desea. Cuando se quiere intensificar un deseo ya existente, un procedimiento habitual es aumentar la privación o la conciencia de necesidad.

¿Cómo influir en los valores e incentivos? La capacidad de la inteligencia humana para aumentar, variar o combinar los incentivos, los premios, permite una enorme flexibilidad de los deseos básicos y una inagotable fuente de motivación. Los procedimientos para hacer más atractivo un incentivo son aumentarlo, ampliarlo, o presentarlo de manera atractiva para el sujeto al que queremos motivar.

¿Cómo intervenir en los facilitadores? El método de actuar se basa en aumentar la competencia del sujeto para la tarea (cosa que se consigue mediante el entrenamiento), o en cambiar las creencias del sujeto sobre sus competencias (aumentar las expectativas, la conciencia de mi capacidad para alcanzar la meta, la facilidad para la tarea, la atribución del control).

En cada caso concreto tenemos que saber cómo utilizar los ocho recursos educativos para enlazar con los tres deseos básicos…o sus ramificaciones.


CAPITULO 5. Toma de decisiones. Comienza la humanización

La evolución cultural ha gestado un magnífico y precario proyecto de humanización: aumentar el ámbito de nuestra libertad, el poder de nuestra autonomía. No nacemos libres, pero la sociedad nos anima y nos exige que actuemos libremente, es decir, con responsabilidad. La responsabilidad impone como tarea educativa adueñarnos de nuestras acciones. Nuestro hallazgo evolutivo es convertir la autonomía humana, la libertad humana, en un proyecto. El trabajo de formar una personalidad libre, a la que aspiramos, nos exige a los educadores un doble esfuerzo: educar los deseos, y ayudar a adquirir los sistemas ejecutivos.

La educación consiste en introducir los valores deseables en el circuito de los valores deseados por el niño. Guiamos nuestra conducta no solamente por valores vividos, sino también por valores pensados, que no despiertan nuestro deseo de conseguirlos. De esta dualidad de posibilidades deriva mi libertad.

La motivación es una producción de la inteligencia generadora, que nos lleva a las puertas de la decisión. Con ella entramos en el dominio de la inteligencia ejecutiva. Supone aceptar la motivación, convertirla en un proyecto mío, y comprometerme con él. El compromiso es una creación cultural relacionada con el sentido del deber, que constituye un nuevo modo de motivación, exclusivamente humano. Hay cosas que debo hacer, aunque no tenga ganas de hacerlas, porque es mi obligación realizarlas.

El deber es el gran estabilizador de la conducta. Añade a la motivación afectiva una motivación más racional que, sin embargo, debe aprenderse. “Todos tenemos que cumplir nuestras obligaciones” es un principio básico de nuestra estructura personal. Pero el contenido de los deberes tiene que ser también liberador, y para eso necesitamos desarrollar un pensamiento crítico.

Hay, pues, una motivación afectiva, basada en el deseo, que proviene de la inteligencia generadora, y una motivación ejecutiva, basada en el deber, y que proviene de la inteligencia ejecutiva.


CAPITULO 6. La motivación para la tarea

Una vez tomada la decisión hay que realizar la tarea, lo que puede exigir esfuerzo. Por eso, junto a la motivación inicial, hay que admitir una motivación para la tarea, igualmente necesaria. La perseverancia, la resistencia, el aplazamiento de la recompensa, son las virtudes de la fidelidad al proyecto.

En la motivación para la tarea hemos de utilizar los mismos elementos que en la motivación inicial y aprovechar la ecuación básica: fuerza de motivación=reactivar el deseo+ intensificar el incentivo+ aumentar los facilitadores.

La creencia en la capacidad del ser humano de mejorar sus capacidades-incluida su inteligencia-mediante el entrenamiento, es fuente de optimismo y de energía. Proponer una mentalidad de progreso, un vivo concepto de las posibilidades, ayuda a soportar la frustración. Además, tiene importancia el modo de interpretar el fracaso. La tercera creencia importante que hay que fomentar es la de saberse competente para enfrentarse con los problemas.
La perseverancia es el gran facilitador. Para enlazar nuestro deseo de fomentar la tenacidad, debemos utilizar los ocho recursos educativos.


CAPITULO 7. La personalidad bien motivada

Hay que introducir lo que sabemos sobre motivación en una teoría de la personalidad, teniendo en cuenta que la personalidad no es el origen, sino una tarea, un proyecto. Hay una parte heredada (el temperamento), una parte aprendida (el carácter) y una parte elegida (el proyecto personal).

No actuamos sólo para conseguir placer y huir del dolor. Deseamos vincularnos afectivamente con los demás y alcanzar algún grado de excelencia. Estos dos deseos se integran en una “excelencia compartida”, el gran anhelo que debemos despertar en todos, niños y grandes. La vinculación afectiva y la búsqueda de la excelencia, de la autonomía, de la creatividad, del sentido, del control de mi vida, se designa por los psicólogos norteamericanos con la palabra “flourishing”, florecimiento personal, plenitud. La personalidad bien motivada sabe valorar todo esto y ponerlo en práctica.

Una personalidad alegre se convierte en objetivo educativo.

Debemos tener presente la importancia del entrenamiento. Debemos trabajar para adquirir una buena inteligencia generadora, que nos proporcione buenos y poderosos deseos, brillantes ocurrencias, y que nos permita disfrutar de lo bueno y soportar lo malo, enfrentándonos a la vida con confianza. Y también hay que trabajar para adquirir una eficaz inteligencia ejecutiva, capaz de seleccionar nuestras mejores ocurrencias y metas, de acuerdo a un adecuado criterio de evaluación, y que sepa mantener el esfuerzo mientras sea razonable.

Debemos educar a nuestros hijos a través de una vía directa (nuestra relación con ellos) y una vía indirecta (a través del entorno que influye sobre ellos).