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Como escribir un libro de texto

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27 octubre 2006


Queremos celebrar la libertad que debemos tener para beber en la calle

He elegido este lema de la convocatoria de un  "macrobotellón" en Huelva para mi sección de "La frase" que se publicará el próximo domingo en EL MUNDO. En  esta convocatoria se hace una curiosa definición de "Botellonología": Ciencia que se basa en las relaciones sociales durante los fines de semana en la calle, no precisamente bebiendo". A continuación anima a luchar por los derechos. He dedicado muchas horas a estudiar la historia de los derechos, y el tema me interesa. ¿Hay un derecho a divertirse? No lo creo. En todo caso hay un derecho a que mi comportamiento en el espacio público no sea impedido sin causa justificada. ¿La hay en este caso? Los convocantes no lo creen, pero piden "más vigilancia, porque si no la hay las peleas sí que hacen daño. Este es el problema, y no el botellón". Es decir, los jóvenes botelloneros piden a la policía que les proteja de sí mismos.

La Ordenanza cívica de Barcelona prohíbe la bebida especialmente cuando "el consumo se pueda hacer de forma masiva por los ciudadanos o invita a la aglomeración de estos". Es decir, en este fenómeno social se manifiestan dos problemas: el alcohol y la aglomeración. Ambos parecen provocar alteraciones
del orden público. Hay un tercer elemento. ¿Qué sucede con los derechos de los vecinos que soportan el botellón? Problemas como este deben ser tratados rigurosa y sistemáticamente en la nueva asignatura de Educación para la ciudadanía. ¿Cómo es posible que alguien pueda oponerse a ella?


jam @ 12:15


8 diciembre 2006


    La polémica  sobre EpC sube y baja, como las mareas. Sospecho que a merced de intereses estratégicos. Me parece que para la Conferencia episcopal es un elemento para negociar la asignatura de religión. Ni la religión ni la ciudadanía merecen eso. Olegario González de Cardedal ha escrito un artículo a favor de la asignatura que me ha parecido valiente. Pero pronto han surgido voces en contra. La FERE también la ha defendido, y también me parece bien. Pero la prensa más intransigente ha atacado esta muestra de sensatez. La Concapa ha presentado su propuesta y el PP la suya. Me parece una buena decisión. Lo importante no es rechazar ciegamente algo que tomo el mundo sabe que es necesario, sino ayudar a que se haga mejor.

            El día 28 se celebró en el Centro de Estudios Constitucionales una jornada de trabajo para hablar de la EpC. Abrió el acto la ministra y Alejandro Tiana, secretario general del Ministerio, y gran promotor de esta asignatura. Nos habían convocado como "expertos" a Gregrorio Peces Barba, Victoria Camps, Salvador Giner, Fernando Vallespín y a mí. Actuó como anfitrión y participante Alvárez Junco, actual director del Centro. El público era muy reducido y seleccionado. Cuando me preguntaron si  creía que debían invitar a alguien más de los convocados, sugerí al cardenal Cañizares, pero no parece que la idea cuajara, no sé por qué. Me hubiera gustado hablar con el cardenal, para ver si me convencía o si yo le convencía. No tener miedo a la discusión me parece una de las condiciones imprescindibles para el rigor intelectual. Hablar con convencidos me parece poco interesante, porque tal vez se limiten a confirmar prejuicios. No me interesa tener razón, sino estar en lo cierto. Rendirse ante un argumento más fuerte me parece una admirable y valerosa rendición, pero es que no oigo ese argumento. Escucho descalificaciones y simplezas. En una tertulia dirigida por Carlos Dávila, he llegado a escuchar que se trata de una confabulación masónica. ¡A estas alturas!

            Lo cierto es que, por más que intento juzgar con imparcialidad lo que dicen los que se oponen a la asignatura, me parece que están cayendo en un vicio que se extiende peligrosamente en la vida política y social española: juzgar intenciones. Intenciones que, además, no se conocen, sino que se sospechan. No me entusiasma el currículo de mínimos de la asignatura, me indigna la reducción a 35 horas, y no me gusta que en varias comunidades el primer curso de EpC en secundaria se vaya a dar en segundo curso, y no en tercero. Pero lo que no veo por ninguna parte es la "eliminación de la libertad",  el "pensamiento único", el "adoctrinamiento socialista", el ataque a la familia, la confabulación de "laicistas radicales, homosexuales y feministas", y otras lindezas que se han oído. Estoy demasiado preocupado por la educación como para no escuchar todas las opiniones, pero lo único que sé es que estoy escribiendo un libro de texto ateniéndome a los contenidos mínimos, para cumplir con la ley, pero incluyendo todo lo que me parece necesario que un adolescente sepa de ética. Mientras no se censure o prohíba mi texto, no puedo decir que haya en esta asignatura un oscuro propósito político o ideológico. Lo que digo en este libro lo diría en Sebastopol, si me lo pidieran. Se lo explicaría a conservadores, socialistas, nacionalistas, masones, teólogos de la liberación, miembros del Opus Dei, comunistas, liberales, terroristas, víctimas del terrorismo, e incluso a un extraterreste, si se pusiera al alcance.

            La reunión en el Constitucional fue interesante, pero se perdió en pronunciamientos teóricos. En mi turno dije que la asignatura me parecía importante, el currículo un cajón de sastre que intentaba contentar a demasiados, y el proyecto ministerial bienintencionado pero didácticamente verde. Pregunté a Tiana a cuento de qué venía esa reunión si todo estaba ya decidido y me aseguró y luego aseguró en público que todavía se podían realizar algunos cambios.

            Mientras tanto, continúo redactando el libro. Cada vez me interesa más el género. Si es una introducción a la ética, y la etica es algo que debe interesarnos porque es la mejor protección y la más brillante ayuda que tenemos, el libro debería interesar a los alumnos, más allá de la obligación de estudiarlo. Más aún, debería interesar a todo el mundo que no tuviera ideas muy claras acerca de cómo comportarse. ¿Y si me empeñara en hacer un libro de texto que fuera más allá de lo escolar, que se dirigiera a todo el mundo?  Sería estupendo que fuera de la escuela se leyera un libro de texto. Ya sé que el libro de texto impone unos formalismos que pueden ahuyentar a otros lectores . Hay procedimientos didácticos, actividades, repeticiones didácticas, y cosas así. Pero, si lograra escribir un libro que pudiera interesar también a los padres, conseguiría tender un puente de comprensión entre generaciones diferentes. Si la ética es la solución más inteligente de nuestros conflictos, también debería servir para resolver los conflictos -o al menos el distanciamiento y las incomprensiones-entre padres e hijos.


jam @ 10:41


19 diciembre 2006


La elaboración del libro de texto plantea muchos problemas de fondo y de forma. Quiero hacer un texto de ética fundamental, una gran argumentación ética que se pueda ir ampliando, desarrollando, fundamentando a lo largo del proceso educativo. Pero esto hay que hacerlo cumpliendo todos los requisitos del  decreto de enseñanzas mínimas y, además, en 35 horas.
 

Creo que estoy  atendiendo a demasiados frentes a  la vez. Suelo darme la excusa de que me interesa mantener abiertos todos los canales de información que pueda, pero  hoy me ha ocurrido un desagradable incidente que me hace reflexionar.  Por la mañana tuve una reunión en la Fundación Alcohol y Sociedad, donde un Comité en el que estamos Santiago Grisolia, Arturo Fernández Cruz, Domingo Comás, Javier Elzo y yo estuvimos terminando la redacción de un Manifiesto sobre la bebida en jóvenes y menores. Se trata de iniciar una campaña de educación para el consumo responsable. 
Mi propuesta en este tema, como en otros que tienen que ver con las adicciones, consiste en reconocer la limitación de unos argumentos basados en los peligros para la salud, y la necesidad de acompañarlos con una argumentación ética. Lo malo de beber en exceso no es sólo que perjudica la salud del bebedor –eso lo hace también la falta de ejercicio, la comida excesiva, y muchas cosas más-  sino que limita la libertad de quien lo hace. Y nuestra convivencia social exige ciudadanos responsables. Es el mismo discurso que estoy haciendo en el libro de texto. Al final de la reunión sugerí que se aprovechara la nueva asignatura de EpC para introducir estos asuntos en el currículo educativo. Javier Elzo me contestó que siendo una asignatura tan controvertida, que podría convertirse en  uno de los temas electorales en las próximas elecciones, le parecía mejor no mezclar ambas cosas.
 

A la salida me fui a la Dirección General de la Mujer donde tenía que dar una conferencia en una jornada dedicada a Educación para la ciudadanía y cuestiones de género. Meses antes los convocantes de una manifestación en Madrid contra la EpC denunciaban que los partidarios de esta asignatura eran un puñado de “laicistas radicales, homosexuales y feministas”. Después, don Ricardo de la Cierva ha descubierto que no, que lo que son fundamentalmente son una tropa de masones. El caso es que cuando Ana Mañeru me invitó, hace ya dos meses, pensé que sería interesante ir a esa reunión para pedir que ayudasen a la consolidación de la asignatura.  Llevaba escrito un resumen de la conferencia: ¿Qué es la educación para la ciudadanía? ¿Cómo deben seleccionarse los contenidos? El currículo básico. El tema de la discriminación por razones de género. La situación actual. Qué pretendemos conseguir. Cómo hacerlo. Como hacerlo en tan poco tiempo.
 Las asistentes eran mujeres jóvenes, entre ellas algunas profesoras de filosofía. Llegué a escuchar gran parte de la conferencia de Amelia Valcárcel, que fue muy interesante. Hizo una exposición de las paradojas de la democracia. Es la gran creación moral de nuestra historia, legitima la adopción de normas, pero ha conducido a un individualismo que es contradictorio con la misma democracia de la que nace. Es decir, una forma de convivencia  produce un individualismo feroz que dificulta la convivencia. Amelia hizo un estupendo planteamiento teórico de la ciudadanía, y de la igualdad de la mujer como un legado no querido de la ilustración. En aquel momento pensé que para contrarrestar la abstracción sería interesante hablar de un tema concreto, de trinchera: mencionar  las dificultades que está teniendo la asignatura y exponer cómo intento resolver el problema. Es decir,  comencé a explicar que el gran antídoto de los comportamientos injustos contra la mujer es la ética, que debe exigir muchos cambios en la afectividad individual, en el comportamiento, en la legislación.
 Hablé de problemas reales. Por ejemplo, expuse mi preocupación hacia comportamientos que no acabo de entender, como que la publicidad dirigida a mujeres utilice el cuerpo femenino como vehículo publicitario. Es posible que entendieran que pretendía culpabilizar a las mujeres sobre algo de lo que eran víctimas. Debí hacerlo muy mal,  porque mi exposición produjo una gran irritación. El auditorio detectó muchos giros machistas en lo que decía, por ejemplo en el lenguaje, al no especificar en cada caso “ciudadano” y “ciudadana”.  Una oposición tan total me desconcertó completamente y en el coloquio posterior no estuve muy fino. En fin, una intervención desdichada, de la que me hago responsable. Me equivoqué al enfocar la cuestión y no hay más que hablar. Lo siento mucho porque creo que la colaboración de las mujeres más comprometidas en la lucha contra la discriminación es de gran importancia.
 Como las críticas me las tomo en serio, por si acaso tienen razón y, sobre todo, porque si quieres comunicar algo no puedes exponerte a ser malinterpretado,  estoy revisando todo lo que me parece indispensable decir sobre  los problemas de género, y todo lo que me parece conveniente, pero que acaso no se pueda incluir por cuestión de tiempo.

¿Qué es lo imprescindible?

  1.  Hablar de la historia de la discriminación femenina, de los mitos que la legitimaban, de la larga lucha por la igualdad, de las protagonistas de esa lucha a las que nuestros alumnos deben conocer y valorar, y del fundamento ético de todo este proceso: el derecho a la igualdad. Esta igualdad se define en igualdad ante la ley y en igualdad de oportunidades.
     
  2. Explicar con insistencia que la “dignidad” de todas las personas es el fundamento de toda nuestra estructura ética, y que de ella se derivan todos los derechos, entre ellos, claro está, el de igualdad. El respeto es el sentimiento y la actitud adecuada a la dignidad. Todos los seres humanos merecemos respeto por lo que somos, aunque merezcamos rechazo por lo que hacemos. La discriminación, la humillación y, más aún, la violencia son ataques contra la dignidad.
  3.  Hablar del peso que tienen en todos nosotros los prejuicios y los estereotipos, y como fomentan conductas injustas. Entre los prejuicios más dañinos están los que discriminan a las personas por su color, religión, aspecto físico o sexo. 
  4.  Exponer la situación de la mujer en España y en el resto del mundo. La desigualdad del trabajo en el hogar. El problema del cuidado de personas dependientes.La violencia de género. Las discriminaciones laborales. La feminización de la pobreza. La situación de la mujer en otras culturas. La mujer en las leyes españolas. 
  5.  Implantar hábitos de cooperación y respeto, detectando el “currículo discriminador oculto”. Enseñarles a descubrir situaciones discriminatorias –incluso vejatorias- en la publicidad, los medios de comunicación, las películas, los videojuegos.

 ¿Qué es lo conveniente?
 

  1. Sin duda, muchas cosas. Por ejemplo, explicar cómo los adolescentes y las adolescentes van construyendo sus diferentes identidades: Identidad sexual, social, personal, religiosa, política. Lo único que podemos decir es que cada persona va a tener que hacer la suya propia teniendo como único límite el marco ético. Dentro de ese marco, las opciones son respetables. Fuera de ese marco, no. Pero sería conveniente indicarles cómo ir realizando esa búsqueda de identidad de manera libre, responsable, autónoma. Señalarles las dificultades y también los recursos personales que tienen.
     
  2. Otro asunto importante es como favorecer el entendimiento afectivo entre personas del mismo o de diferente sexo. La diferencia entre sexo y sexualidad. Los modelos de moral sexual que coexisten en nuestro país, y lo que la ética tiene que decir sobre ellos.
     
  3. Por último, conviene estudiar la estructura familiar que es, entre otras cosas, un sistema de comunicación. La necesidad de que el sentimiento sea organizado por la justicia. La distribución del trabajo en el hogar.  Las dificultades de la comunicación. ¿De qué es responsable cada miembro de la familia?


jam @ 11:47


20 diciembre 2006


El libro de texto avanza a buena marcha. Va a constar de nueve unidades didácticas, que presentarán una argumentación ética completa, tratando al mismo tiempo todos los temas exigidos por el currículo oficial. Mis editores de SM -en especial Violeta Calvo y Javier Rambaud, que son grandes profesionales- me insisten en que cada unidad didáctica debe ser autosuficiente, tener un esquema cerrado que se pueda enseñar y aprender con una cierta autonomía. Sin duda, cada unidad debe tener una razón de existir. Este troceamiento debe acomodarse a la anatomía de la asignatura y al ritmo temporal en que va a impartirse. Pero me parece desastroso romper la hilazón argumental. Los actuales libros de texto están plagados de recuadros, materiales, ejercicios, más recuadros. Estamos haciendo una “didáctica flash”, unos textos que favorecen un zapping  pedagógico.

Mi libro de texto cuenta un argumento –el Gran Proyecto Humano- dentro del cual se van situando los grandes logros de la Humanidad para organizar una convivencia más justa. Sin referencia a ese argumento básico, todos los contenidos se convierten en adoctrinamientos bienintencionados y bastante inanes. El peligro de fragmentación inconexa existe en esta asignatura porque, supongo que con el deseo de complacer a todos los interlocutores sociales, el decreto de contenidos mínimos se ha convertido en un cajón de sastre en el que coexisten los derechos humanos, los sistemas de protección civil, el Derecho Humanitario, el consumo, la organización política de España, la participación del Ejército español en misiones de paz, el trato a las personas dependientes, etc.

ADALEDE, Asociación de Diplomados en Altos Estudios de la Defensa Nacional ha publicado un libro titulado “La defensa, compromiso activo al servicio de la paz. Un valor a incluir en el sistema educativo”. Como resultado de una jornada de estudios celebrada en diciembre del 2005, proponen incluir en EpC los siguientes  contenidos:

  1. El valor de la paz como legítima aspiración de los pueblos, que requeriría abordar temas como: el conflicto armado y sus consecuencias en el desarrollo de los países. Las situaciones de genocidio por motivos étnicos o religiosos, entre otros, y las guerras no declaradas. La seguridad y las amenazas a la seguridad en nuestra convivencia.
  2. La defensa al servicio de la paz en el contexto internacional: las misiones militares internacionales de paz bajo mandato de  los Organismos Internacionales. La consecución de la paz entre contendientes y la intervención humanitaria. Colaboración entre Fuerzas Armadas y ONGs. El esfuerzo en defensa para poder actuar activamente en favor de la paz y la seguridad.

 Otras instituciones también han propuesto contenidos e incluso programas completos, como Amnistía Internacional, Intermon-Oxfam y algunos colectivos femeninos.  El Ministerio ha aceptado unas sugerencias y ha rechazado otras, como era inevitable.

Me interesa tratar todos estos asuntos –como es preceptivo- pero dentro de la historia de la búsqueda de la dignidad, que es la historia en la que podemos y debemos reconocernos todos los humanos. El argumento es muy sencillo. El ser humano movido por su búsqueda del bienestar y su necesidad de ampliar sus posibilidades ha fundado organizaciones sociales cada vez más amplias, que junto a los beneficios provocan conflictos. La influencia de la experiencia social, de la enseñanza de los maestros espirituales y religiosos, las críticas y propuestas filosóficas y de los múltiples movimientos de reivindicación, ha ido diseñando un modo deseable de convivencia, que se concreta en conseguir ciertos valores fundamentales: la supervivencia, la libertad, la igualdad, la seguridad y la paz. El acceso a esos valores se ha protegido y garantizado mediante el sistema de derechos, y la justicia y la solidaridad son los dos mecanismos para ponerlos en práctica. La política se legitima cuando está al servicio de este Gran Proyecto de la Humanidad, que proporciona enormes ventajas a los ciudadanos, pero también les exige participación el cumplimiento de los deberes correspondientes.

La ventaja de este esquema es que puede utilizarse a cualquier nivel educativo: en primaria, ESO, bachillerato o universidad. Lo único que cambiará será la extensión y profundidad de los contenidos. Esto evita a esta asignatura el peligro de adoctrinamiento. Las matemáticas se enseñan así. En primaria y en secundaria no se demuestran todas las cosas. Pero se tiene la absoluta seguridad de que se podrán demostrar en el momento adecuado. El adoctrinamiento consiste en enseñar dogmáticamente cosas que sólo se podrán seguir enseñando dogmáticamente durante toda la vida.


jam @ 12:23


3 enero 2007


Leo el librito “Ciudadanía” (Marcial Pons, Madrid, 2006), escrito por el jurista Pietro Costa. “Ciudadanía es la relación política fundamental; es decir, la relación entre un individuo y el orden político-jurídico en el cual está inserto” (35). La palabra llena un vacío léxico y permite designar el nexo individuo-orden, para el que carecemos de vocablo. Incluye las expectativas y la exigencia, los derechos y los deberes, las modalidades de pertenencia y los criterios de diferenciación, o las estrategias de inclusión y exclusión. El “discurso de la ciudadanía” es el “discurso de los derechos”. Por esta razón estudia la genealogía de los derechos.

La Revolución francesa tuvo que apoyarse en el iusnaturalismo para fundar la universalidad de los derechos. Fue, sin embargo, una aceptación no justificada. Tanto la declaración americana como la francesa admitían sin más los derechos imprescriptibles intrínsecos a la naturaleza humana. A mediados de siglo pasado, después de la II guerra mundial, aparece un iusnaturalismo de segunda generación al que nos hemos referido María de la Válgoma y yo en “La lucha por la dignidad”. Este iusnaturalismo se basa –más que en el concepto de naturaleza- , en el concepto de dignidad, que permite eludir los problemas metafísicos y teológicos de la idea de “naturaleza” como prescriptora ética o jurídica.

La idea que he defendido en mis libros es que desde el punto de vista filosófico puede considerarse la afirmación de la dignidad humana como una afirmación “performativa”, que dicen los lingüistas, es decir, una afirmación que crea el objeto afirmado. Una afirmación constituyente. Nos afirmamos como seres dotados de dignidad y, al hacerlo, nos constituimos como tales. Podríamos denominar al concepto de dignidad una “ficción jurídica”, en el profundo significado de esta expresión que ha estudiado María de la Válgoma. Es una suposición que resulta necesaria para poder construir el Gran Proyecto Humano. Para las religiones, esa dignidad procede de Dios. Me parece muy bien. De hecho, la idea de dignidad humana tiene un origen en gran parte religioso. Homo res sacra homini, escribió Séneca. “El hombre es una cosa sagrada para el hombre”. Y el cristianismo reforzó esta idea con su concepción del hombre como hijo de Dios. Esto permite que en el Gran Proyecto Humano basado en la idea de dignidad puedan integrarse distintas explicaciones de los orígenes de esa dignidad, en cuyas oposiciones no vale la pena entrar. Jacques Maritain, que asistió a las reuniones preparatorias de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, comprobó que gentes de todas las tendencias podía ponerse de acuerdo en el reconocimiento de los derechos fundamentales “con tal de que no se entrara en su fundamentación”. Años después dio una explicación acorde con el punto de vista que defiendo. La experiencia histórica de la humanidad forma un gran argumento fundamentador de la ética de los derechos humanos. Algo semejante defendió Hayek es su espectacular obra sobre la genealogía del derecho y la evolución espontánea de las ideas éticas.

Esto no quiere decir que los derechos de la ciudad tengan mayor jerarquía que los derechos universales, sino que el razonamiento práctico de la ciudad confiere a los individuos derechos previos a la ciudad para así estabilizar el orden. En eso consiste la ficción jurídica. La sociedad hace posible la individualidad, de la misma manera que el individuo, que sólo puede nacer en sociedad acaba siendo definido como previo e independiente de la sociedad. Lo diré de una manera estrepitosa: los derechos naturales son una creación social, igual que lo son el lenguaje, la inteligencia humana y la voluntad. Pero esos derechos se reconocen, precisamente, para librar al individuo de los peligros de ser deglutido por la sociedad. Este juego de independencia y dependencia, de libertad y sumisión, forma parte del drama de la creación ética. Siendo la moral una creación social, las morales modernas –por influencia también del cristianismo- defienden la autonomía del individuo, incluso su autonomía moral, con lo que se convierten en instituciones suicidas, si no se restauran los vínculos sociales de esas individualidades. Esta es la razón teórica y práctica más determinante de mi interés por esta asignatura. La EpC tiene que colaborar a recuperar la urdimbre de responsabilidad social sin la cual no se mantiene la ética.


jam @ 11:46


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