nombre
 
contraseña Entrar
Registrarse | Olvidó su contraseña

Como escribir un libro de texto

   01 02 03 04 05 06 07 08 09 10   

15 enero 2007


Más sobre este asunto de las relaciones sexuales. La aplicación del modelo ético –del GPH- a los comportamientos concretos se guía por dos principios:
 

  1. Son lícitos los actos que no son incompatibles con el PGH
  2. Son buenos los actos que, además, favorecen la realización del GPH.

Creo que este doble principio permite introducir la “ética de mínimos”, que defiende Adela Cortina, con una “ética de máximos” que pretende realizar el GPH. Me interesa aplicarlo a la ética sexual. 
Hay una norma básica, derivada del principio primero: Cualquier acto sexual es lícito si se realiza voluntariamente entre adultos y no hace daño ni a los protagonistas ni a terceras personas. Por ejemplo, Barbara Hatcher, presidenta del SIECUS (The Sexuality Information and Educational Council of the United States) define una relación sexual moral por cinco características: sin explotación de uno por el otro, honesta, placentera para ambos y protegida del embarazo no deseado y de las enfermedades de transmisión sexual. (Castell, P. Y Silber, T.J.: Guía práctica de la salud y psicología del adolescente, Planeta, Barcelona, 1998). Le falta algo para, además de ser lícita, ser buena. La relación sexual puede integrarse en proyectos personales diferentes: proyectos puramente hedónicos, proyectos de comunicación afectiva, proyectos de convivencia, proyectos de procreación. Un proyecto, vuelvo a decir, absolutamente hedónico es difícilmente compatible con el GPH, que exige colaboración e interés por los demás.Es decir, la relación sexual será buena si está integrada en proyectos compatibles y que ayuden a realizar el GPH.

En "El rompecabezas de la sexualidad" expliqué las razones por las que todas las culturas han regulado de alguna forma la sexualidad, lo que da relevancia moral a la sexualidad, y en cambio no se la da a la gimnasia, por ejemplo.

  1. La procreación. Incluso en la actualidad, cuando en los países desarrollados se ha generalizado el uso de los anticonceptivos, el poder procreador de la sexualidad continua exigiendo una responsabilidad ineludible a las relaciones sexuales. Incluso en muchas culturas en que no se daba mucha importancia a las relaciones prematrimoniales, el embarazo cambiaba radicalmente la situación.
  2. La fuerza del deseo. Todas las sociedades han tenido que regular los deseos que por su fuerza podían  alterar la convivencia. El deseo de venganza, por ejemplo.  Lo mismo se hizo con el deseo sexual.
  3. Las expectativas. La relación sexual, y los prolegómenos, pueden despertar expectativas en las personas que van más allá de la puntual relación. En algunos casos hay una promesa de fidelidad implícita o explícita. El acto de infidelidad no es malo por el carácter sexual del hecho, sino porque faltar a las promesas es malo.

Intentaré introducir estas cosas en esta complicada Unidad 7 que he titulado " La convivencia con los cercanos". 


jam @ 11:44


18 enero 2007


La familia es el otro tema que se va a mirar con lupa en este libro de texto. Por presiones de la Conferencia Episcopal se cambió el enunciado de este ítem en el Currículo mínimo. En una primera versión de hablaba de “formas de familia”. La polémica abierta sobre el “matrimonio homosexual” sesgó el significado de este neutro enunciado, que se interpretó como la aceptación de la familia homosexual, y el Ministerio accedió a cambiarlo por uno más aséptico todavía: “La familia según la constitución española”.

La ideología de la familia parece una tragicomedia de las equivocaciones. La he contado en parte en "La Revolución de las Mujeres". En el siglo XX, la izquierda consideró que la familia era una institución conservadora, patriarcal y clerical, por lo que se enfrentaron a ella. Después las aguas se apaciguaron y apareció la realidad  tal como era: la familia puede no ser conservadora, ni patriarcal, ni clerical. Es una institución básica de la sociedad. Pero a esas alturas, la izquierda ha perdido la batalla simbólica. La idea de “familia” ha sido monopolizada por los movimientos conservadores y religiosos. Si alguien ve en España una manifestación encabezada por una pancarta que diga: “En defensa de la familia”, pensará inmediatamente que es de derechas. Esto es un disparate. Nadie en su sano juicio puede tomarse a la ligera esta institución social, ni desear que las familias sean estables, felices, y eduquen bien a sus hijos. ¿Cómo va a ser deseable el divorcio? Los investigadores familiares –me estoy acordando en este momento de Gottman- lo que intentan es que las familias funcionen.

Al hablar de este asunto tropiezo con un problema que  sorprenderá al profano. ¿Un matrimonio sin hijos es una familia? No he encontrado una respuesta adecuada. Comparto la idea de quienes dicen que la familia emerge como figura ética y jurídicamente independiente con la aparición de un hijo. Hasta entonces hay sólo la “sociedad conyugal”, que es un contrato que afecta a dos adultos con capacidad para contratar. El nacimiento de un niño introduce la gran novedad, porque en ese momento hay un tercer miembro de la “sociedad”, que no ha participado en el contrato originario y, además, que no puede defender sus derechos.


jam @ 12:23


8 febrero 2007


He pasado unos días en Cuba. Lo cuento aquí porque tiene relevancia para el tema de este blog. Una de las críticas que se han hecho a la educación para la ciudadanía es que se trata de una operación de adoctrinamiento político. Si por cada vez que he oído decir que se trata de una “formación del espíritu nacional” me dieran un euro, tendría una fortunita. Pues bien, hete aquí que en Cuba la “educación en valores”  tiene una enorme importancia. Las calles, las carreteras, los muros están llenos de consignas cívicas. Copio algunas: “Luchamos por valores y por ideas”, “El pensamiento y las convicciones pueden más que el terror y la muerte”, “Sin cultura no hay libertad posible”, “Las ideas justas son invencibles”. “La razón vencerá”, “Patria es humanidad”, “La justicia es más poderosa que la fuerza”. El régimen comunista ha enarbolado la enseña de los valores, frente a un capitalismo implacable y mercantil.

La ética tiene mala suerte. Como es femenina acaba adoptando el apellido del cónyuge. Si se acerca a la religión, se convierte en religiosa. Si se acerca al comunismo, se convierte en comunista. ¡Qué estupidez! Esto me recuerda un texto de Antonio Machado:

La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
Agamenón: Estoy de acuerdo.
El porquero: No me convence.

Hay que ser Agamenón para aceptar que una cosa es verdadera, la diga quien la diga. O sea que “la justicia es más poderosa que la fuerza” es una consigna hermosa y deseablemente verdadera, la diga Fidel Castro o Juan XXIII.

He leído, sentado en una terraza de La Habana, un libro titulado “La educación en valores en el contexto universitario”, escrito por el Colectivo de autores CEPES (La Habana, 2003). Adoptan una definición de “valor” tomada de la psicología de Vigotsky:"Son complejas unidades funcionales cognitivo-afectivas a través de las cuales se produce la regulación de la actuación. Eso significa que para que un valor regule la actuación no basta con que el sujeto conozca el contenido del valor, sino que es necesario además que el sujeto sienta la necesidad de actuar en correspondencia con el referido valor" (40). Los autores dan una gran importancia al papel educador de la familia, pero añaden "en la medida que las sociedades se hacen más complejas en su organización social y política, los procesos tradicionales de enseñanza de valores morales y de socialización resultan insuficientes, precisándose de un proceso más formal y unificado de formación ciudadana: esta misión es asumida entonces por las instituciones educacionales;" "Si aceptamos el punto de vista de que las escuelas son la mejor medida de las sociedades, y la creencia de Durkheim de que son el nexo crucial y necesario de socialización entre la familia y la sociedad entonces la mas alta prioridad de la escuela es el desarrollo moral" (138). Este interés en la formación axiológica de los estudiantes también se expresa con fuerza en la educación superior. En la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, celebrada en París, en 1998, se señala la necesidad de que en este nivel de enseñanza se preste particular atención..."a los principios fundamentales de la ética humana, aplicados a cada profesión y a todos los ámbitos del quehacer humano". (140)
Critican, con razón, la enseñanza moral basada en la “clarificación de los valores”, es decir en el descubrimiento por el alumno de sus propios valores. La crítica que hago a este sistema es la misma que hago a toda la pedagogía por descubrimiento. Tiene un aspecto bueno: el alumno hace suyo lo que ha descubierto. Tiene un aspecto malo: la lentitud. Sin duda alguna, un alumno puede descubrir la aritmética, pero posiblemente tardaría varios años hasta descubrir por su cuenta las reglas de cálculo. Con los valores sucede lo mismo. La ética es producto de una larguísima experiencia, y no se puede reconstruir espontáneamente.

Encontré también un librito de segunda o quinta mano, editado por el Grupo de Desarrollo Sociocultural en 1999. Se titula como un libro mío “Aprender a convivir”,  y está escrito por Alicia Minujin, Lucrecia Cruz y Rita maría Avendaño.  Es un libro delicioso. Anima a los niños a educarse a sí mismos, a cambiarse y a cambiar el mundo.
"¿Tu puedes modificar por ti mismo una norma social sin consultar a los demás? Por supuesto que no, porque las normas y reglas surgen del acuerdo colectivo y no tienen sentido si no son cumplidas por grandes grupos de personas, Entonces ¿no hay modo de cambiar lo ya establecido? Claro que si. Pero... ¿cómo? Poniéndonos de acuerdo entre todas las personas que participamos en una actividad, un centro de trabajo o de estudios, o en una familia". 


jam @ 13:20


10 febrero 2007


Reviso las páginas rojas del libro de texto. ¿Qué debe saber un adolescente sobre sentimientos? The Carnegie Council propone una serie de objetivos para la educación de los adolescentes de 10 a 14 años: 

  1.  Integrarse y ser apreciado en un grupo constructivo.
     
  2. Sentirse valioso como persona.
     
  3. Tener una base suficiente para hacer elecciones informadas
     
  4. Saber como aprovechar los sistemas de apoyo que están a su disposición
     
  5. Expresar una curiosidad constructiva y una conducta exploradora.
     
  6. Creer en un futuro prometedor con  oportunidades reales.
     
  7. Encontrar vías para ser útiles a los demás.

Dos de estos puntos me interesan especialmente: “Sentirse valioso como persona”. Esto es una sana noción de autoestima, que está relacionada con la dignidad, y que se concreta en exigencia de respeto. También me parece importante “creer en un futuro prometedor con  oportunidades reales”.  Estas creencias tienen que ver con otras más fundamentales: la de la propia eficacia o capacidad para actuar. A estos sentimientos voy a dedicar las páginas rojas de la Unidad 9 y en parte los he tratado al hablar de la motivación y de la necesidad de emprender.

David Hamburg, en su libro "No more Killing Fields", (resumido en el Banco bibliográfico de ME) habla de cómo crecer  en un tiempo de violencia. Advierte que la especie humana es susceptible del genocidio.Llos registros históricos lo demuestran con abundante claridad. Cuando se moviliza el odio étnico las consecuencias pueden ser terribles. El mismo autor, en otro libro también resumido "Learning  to live together" habla de la importancia del aprendizaje cooperativo, y menciona la utilidad del Service Learning. En Estados Unidos, la National Comission on Service Learning propuso en 2002 que todos los niños, desde primaria a secundaria, tuviesen la oportunidad de participar en un aprendizaje a través de los servicios de la comunidad, como parte de su educación formal.

En el influyente libro de Kevin Ryan "Building Character in Schools" (Cf. Banco bibliográfico) se propone un programa de siete puntos, el primero de los cuales es “tomarse en serio como personas”. Me parece un buen consejo. Me recuerda el famoso título de Dworkin: “Tomarse los derechos en serio”.
 
El programa de educación afectiva que he incrustado en el libro de texto es el siguiente:

  1. ¿Qué es la inteligencia afectiva? Diferencia entre sentimientos agradables y desagradables, y sentimientos buenos y malos.
  2.  Malos sentimientos: la furia, la falta de humanidad. Buenos sentimientos: empatía, compasión,  tolerancia
  3.  Gratitud y admiración. Optimismo y pesimismo.
  4.  El respeto. La autoridad.
  5.  ¿Cómo puedo hacer lo que no tengo ganas de hacer?
  6.  El miedo y la valentía.
  7.  Los sentimientos amorosos
  8.  Los sentimientos que impiden la convivencia: odio, xenofobia, racismo
  9.  El ánimo para emprender grandes cosas. La creación y el entusiasmo.


jam @ 13:41


11 febrero 2007


Leo con mucha atención el libro de Catalina Albacete, Isabel Cárdenas y Consuelo Delgado "Enseñar y aprender democracia" (Síntesis, Madrid, 2000), un trabajo minucioso, informado y útil, que plantea las bases teóricas de una educación para la ciudadanía, y presenta una unidad didáctica para los alumnos del primer ciclo de ESO, que se corresponde con los objetivos de este libro.

En un momento en que la mundialización parece imponer un pensamiento único, que vacía la democracia de contenido (Dahl, Comsky), eliminando cualquier perspectiva de transformación de las relaciones sociales, e insistiendo en el predominio del individualismo, piensan que la solución es profundizar la democracia, y que en esa tarea la educación juega un papel importante. “La idea más importante que atraviesa nuestra propuesta didáctica es que la necesaria transformación de la sociedad ya no puede descansar  históricamente. Como hasta ahora ha ocurrido, en la violencia, sino en la profundización democrática como expresión todopoderosa de la voluntad de la mayoría, y en ese sentido la incorporación del respeto a la democracia es clave”(28). Sólo tengo una crítica que hacer. Las autoras proceden del campo de las Ciencias Sociales. Lo que dicen es cierto, pero debe ser completado desde el marco ético. La democracia, como indica mi admirado Garzón Valdés, es una institución suicida si no está sometida a normas éticas. Si la democracia es buena es porque es el sistema político que colabora más eficazmente a la realización de un modelo ético. Hacen una breve historia de la introducción de la democracia en la escuela, hablando de Dewey (“hay que incrementar la capacidad de los individuos para actuar como guardianes directivos de esta organización”), la Escuela Nueva, Habermas.

Desde el punto de vista didáctico enfatizan la necesidad de desarrollar la capacidad crítica, y el conocimiento de las desigualdades del mundo actual. Insisten en el aprendizaje de “conceptos clave” para conseguir ese conocimiento y esa aptitud, y señalan que  el énfasis debe ponerse en la convivencia social. “Se trata de ayudar a los alumnos a convertirse en ciudadanos conscientes, independientes, con capacidad de crítica y de disciplina para consigo mismos, responsables de su papel individual y participativo, y con clara conciencia de que han de intervenir en actos deliberados y conscientes en el ámbito social en que viven”;  en segundo lugar, que  hay que tener en cuenta que el proceso de creación de hábitos es lento y difícil; y finalmente que el profesor debe ser un claro partidario de los valores democráticos.  Además han elaborado un programa para toda la enseñanza obligatoria:

  •  6-8 años: Nos relacionamos y formamos grupos
     
  •  8-10 años: Nos organizamos mediante normas
  • 10-12 años: Iguales pero diferentes
  • 12-14 años: Somos ciudadanos. Participamos y decidimos
  • 14-16 años: La democracia actual, entre la realidad y la utopía.

 Afirman dos principios didácticos que me parecen fundamentales: si se fragmentan los argumentos o los problemas se impide la comprensión. El segundo es que consideran  conveniente un concepto cíclico del currículo, en que las mismas nociones se puedan retomar a lo largo de todo el proceso educativo, a distintos niveles de profundidad.

Presentan la unidad didáctica del periodo 12-14 años, que organizan en cuatro bloques:
 

  1. Somos ciudadanos.- La condición de ciudadano es la garantía para la consecución de los derechos humanos y democráticos, tanto de las personas como de los grupos sociales. Derechos y deberes de los ciudadanos. Los derechos de los ciudadanos no pueden estar en contradicción con los derechos y deberes de la comunidad.
     
  2. Participamos y decidimos. Soberanía popular. Formas de participación: directa e indirecta. Ámbitos de participación: las distintas organizaciones sociales. Participación política: elecciones municipales, nacionales y europeas. Ideas que representan los diferentes partidos políticos.
  3. La democracia requiere normas. Normas y leyes que regulan la vida de los ciudadanos. La Constitución de 1978: principios, atribuciones de los poderes del Estado. Derechos y deberes que reconoce la Constitución a los ciudadanos. División del territorio nacional en comunidades autónomas. Los estatutos de autonomía.
     
  4. Formas de ejercer el poder político. Rasgos peculiares de una sociedad democrática en contraposición a los de una sociedad autoritaria. La división de poderes como fundamento y garantía de la convicción democrática. Funciones específicas de los poderes legislativos, ejecutivos y judiciales en la nación española y en las comunidades autónomas.

Leo este libro, sobre todo, para comprobar si hay algún asunto importante que no haya tratado. Compruebo con satisfacción que todos estos puntos están incluidos.
 


jam @ 10:42


   01 02 03 04 05 06 07 08 09 10   


acerca de | nota legal | condiciones de uso | contacto | Optimizada para Internet Explorer 800x600
© Empresas Filosóficas S.L. | joseantoniomarina.net | | Diseño web