ESPACIO TRIBUCAN
“La competencia de emprender” (introducción al proyecto TRIBUCAN)
La “competencia de emprender” es una de las competencias básicas que los organismos internacionales y el Ministerio de Educación consideran imprescindible que los alumnos adquieran, para que puedan responder con éxito a las demandas vitales y profesionales que se les van a plantear en su incorporación a la vida adulta al finalizar la educación obligatoria. Una competencia básica es un conjunto de conocimientos, actitudes, habilidades y destrezas que permiten a un individuo responder a las demandas de una situación concreta. No se trata de un concepto meramente pragmático, sino que tiene un contenido ético, porque se considera competente al individuo que es capaz de desempeñar adecuadamente una tarea valiosa para sí mismo y para la sociedad. Todos los autores que han trabajado en la definición de las competencias clave consideran imprescindible un marco ético común que es el de las sociedades democráticas y el respeto a los derechos humanos. Dentro de este marco el concepto de competencia reconoce la iniciativa individual, la promueve como la forma más adecuada de integrarse en una sociedad del conocimiento. Es un concepto que surge en la psicología en los años 70, para distinguir entre la capacidad potencial y su actualización en una acción concreta. De la psicología pasa a la empresa, donde se populariza la gestión por competencias, que trata de definir las capacidades que debe tener un trabajador para desempeñar bien las tareas de su puesto de trabajo. Desde hace unos años, de la empresa llega a la educación, ampliándose a todo aquello que es necesario saber hacer hoy día para integrarse en la sociedad y tener una buena vida. Lógicamente esto conlleva la definición de qué es una buena vida, es decir, nos introduce en el campo de la ética, como veremos más adelante.
La creación de los currículos por competencias responde a un objetivo ambicioso, que las materias escolares proporcionen oportunidades para el desarrollo de conocimientos, actitudes y habilidades con las que el alumno pueda responder a las exigencias que sus propios proyectos personales y la sociedad en que vivimos le planteen. Como ya sucede desde hace tiempo, la clave se encuentra en la posibilidad de transferir los conocimientos del campo meramente teórico a la práctica. El concepto de competencia proviene de los estudios sobre la eficacia de la educación, que trataban de medir la transferencia de los conocimientos a las exigencias de la vida real. Por este motivo los aprendizajes se organizan para el desarrollo de una serie de competencias clave. La dificultad estriba en conectar unos aprendizajes con otros, unas disciplinas con otras, ya que es la única forma de que el alumno adquiera flexibilidad en la aplicación de sus capacidades a la vida real. Las competencias deben haberse adquirido al finalizar la educación obligatoria en unos niveles mínimos - como los que establece la LOE-, y a lo largo de un aprendizaje permanente el individuo puede ir adquiriendo lo que se conoce como “capacidades de experto”, que serían la profundización de una competencia o varias en el desempeño de unas funciones complejas. Las competencias básicas en la LOE adaptan las competencias seleccionadas por la Unión Europea al currículo escolar de nuestro país, enunciadas como sigue:
- competencia en comunicación lingüística,
- competencia matemática,
- competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico,
- tratamiento de la información y competencia digital,
- competencia social y ciudadana,
- competencia cultural y artística,
- competencia para aprender a aprender,
- autonomía e iniciativa personal.
La competencia de emprender se denomina de varias maneras en los informes y legislaciones educativas: “actuar autónomamente” (OCDE), “espíritu emprendedor” (UE), “autonomía e iniciativa personal” (LOE). En cada una de sus definiciones encontramos factores de competencia similares que consisten en conocimientos, actitudes y habilidades que permiten, por un lado, adaptarse a los cambios con una actitud positiva, y por otro, ser uno mismo agente de cambios en el entorno personal o social. Es una competencia esencial en las sociedades actuales, donde las circunstancias cambian rápidamente, lo que exige un aprendizaje permanente de nuevas destrezas. En otros informes se insiste en el concepto de “habilidades para la vida”, que es similar al de competencia, aunque está relacionado con la educación para el desarrollo sostenible y con la educación en las sociedades con menos recursos. Las teorías del capital humano y del capital social también deben tenerse en cuenta, ya que permiten situar el concepto de competencia en un marco más amplio, enfatizando un aspecto fundamental del mismo, y es que no se limita a la educación o al ejercicio de una profesión, sino que afecta a todas las áreas de la vida.
De la misma forma que la competencia social y ciudadana es indispensable para el ejercicio responsable de las demás competencias - porque toda competencia se manifiesta en una situación social-, la competencia de emprender tiene también un sentido transversal, porque es el alumno quien, mediante unos hábitos de autonomía e iniciativa personal, podrá aplicar lo aprendido a las situaciones de su vida real y al desarrollo de sus proyectos personales, ejercitando así el resto de competencias. Muchas de las capacidades que forman parte de estas dos competencias se solapan, como por ejemplo el trabajo en equipo, el liderazgo de proyectos, o la autocrítica.
La iniciativa y la autonomía personal son rasgos necesarios para la convivencia social. La actitud positiva ante la innovación resulta en mejores oportunidades individuales y en una sociedad más abierta. Por este motivo, uno de los objetivos prioritarios de una escuela que eduque para el mundo en el que vivimos, que forme ciudadanos capaces de mejorar la sociedad, debe ser el desarrollo de la competencia de emprender. Por todo lo cual nos parece imprescindible favorecerla y afianzarla mediante múltiples experiencias de aprendizaje.